Confía, deléitate, encomienda y calla
“No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. Porque como hierba serán pronto cortados, y como la hierba verde se secarán. Confía en Jehová, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón. Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará. Exhibirá tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía. Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, por el hombre que hace maldades”. Salmos 37:1-7
Este salmo de David expresa su experiencia y es una promesa de bendición futura para el remanente fiel a Dios en este tiempo. Nos exhorta a no impacientarnos cuando vemos prosperar a los malvados, mientras los justos sufren. Así como David debemos llegar a la conclusión de que algún día los malvados serán cortados como la hierba. Dios no se ha olvidado de sus hijos, anhela que nos mantengamos fieles mientras estemos en esta tierra y confiemos porque Él nos cuida, nos guarda y nos sustenta, jamás nos desamparará. Él, a través de la obra de Jesucristo en la cruz nos ha bendecido con toda bendición espiritual y continuará derramando sobre nuestra vida las bendiciones que Él tiene para nosotros, por eso “Deléitate asimismo en el Señor y él te concederá las peticiones de tu corazón”, es el secreto del contentamiento y madurez cristianos, que implica disfrutar de nuestra comunión con el Señor cada día, que, como un Padre amoroso nos concederá los deseos más profundos de nuestro corazón. Un corazón nuevo dado por la vida de Cristo impartida en nosotros. “Encomienda al Señor tu camino, confía en él y él hará”. Aquí nos pide que pongamos nuestra vida en sus manos. Es una entrega sin reservas a Él. Dándole tiempo a Dios para que obre en nosotros, porque Él es bueno y sabe lo que necesitamos. En el tiempo preciso el Señor hará todo, Él siempre actúa en respuesta a la oración con fe. “Guarda silencio ante el Señor y espera en Él”. Simplemente descansemos en el Señor. Es maravilloso poder esperar pacientemente que Él actúe. No debemos preocuparnos cuando los malvados prosperen. No debemos permitir que el éxito de los malvados en sus estratagemas nos irrite ni nos ponga nerviosos. A veces el creyente es atraído por el aparente éxito de gente sin escrúpulos; otras veces sencillamente se enoja contra Dios o solamente dentro de sí mismo. El salmista exhorta al justo a no enojarse; no hace falta porque Dios es justo, y como dice Santiago 1:20 “porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios”. En esta porción hay cuatro verbos imperativos: Confía, deléitate, encomienda, guarda silencio (calla), esto nos lleva a ejercitar nuestra fe y a vivir tranquilos porque descansamos en la fidelidad de Dios y entendemos que la fe y la obediencia van juntas, cuando confiamos en sus promesas y hacemos su perfecta voluntad. Aprendamos con sus promesas a preservar nuestras mentes en tranquilidad en medio de todas las situaciones, como dice Isaías 26:3 “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado”. La fe implica paciencia; por eso debemos aprender a esperar porque Él siempre cumplirá sus propósitos en su tiempo, y nos da un consejo: “No te alteres con motivo del que prospera en su camino, por el hombre que hace maldades”. La mansedumbre no es debilidad, por el contrario, requiere valentía y paciencia cuando esperamos en Dios y cuando colocamos nuestros ojos en lo eterno y no en lo terrenal, que es efímero. Oración.
Amado Señor, cuando miro mi corazón me pregunto: ¿cuáles son mis deseos? es amarte, conocerte y permitir que fluyas a través de mi vida, por eso anhelo deleitarme en tu Presencia, porque en ella encuentro la plenitud y el gozo que necesito y estar siempre agradecido por todo lo que has hecho en mi vida y en los que me rodean. Conocer tu gran amor me ha llenado de deleite. Amén.