El último encargo
«que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de
tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.», 2 Timoteo
4:2
«Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra
de evangelista, cumple tu ministerio.», 2 Timoteo 4:5
El último encargo de Pablo a Timoteo es a predicar la Palabra
de Dios; le encarga encarecidamente esta misión, sabiendo que iba a ser
sacrificado, que su tiempo había terminado, pero estaba pasando la antorcha
encendida con la luz verdadera; con la Palabra de vida y salvación acerca de
Cristo.
Por esto, no había otra cosa más importante para Pablo que
recomendarle la misión de anunciar el evangelio, pues ya durante muchos años,
con persistencia y a pesar de persecuciones, cárcel y muchas dificultades,
había guardado la fe, había acabado su carrera, pero con gran detalle y mucho
amor, delega su misión a Timoteo para que continúe, siguiendo su ejemplo con
toda paciencia y doctrina (2 Timoteo 4:7-8)
El último encargo de Pablo a Timoteo, es también para
nosotros, para cada creyente: permanecer fieles a aquel que es fiel y que juró
volver, y seguir anunciando las buenas nuevas de salvación, a tiempo y fuera de
tiempo. Esto quiere decir que debemos aprovechar todos los recursos, todos los
días, todas nuestras fuerzas para continuar la carrera de la fe, que implica
permanecer en Cristo y no callar, no parar, no desistir de hablar de él.
Porque como el mismo Pablo, por el Espíritu lo declaró: “Pues
si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta
necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!” (1 Corintios 9:16)
Anunciamos el evangelio para mostrar sus gloriosas riquezas,
andando en el Espíritu como hemos aprendido en los anteriores devocionales,
mostrando el fruto de amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
mansedumbre, templanza que está presente en nosotros. Anunciamos a Cristo
mismo, permitiendo que su vida crezca y florezca en nosotros; con esto
evangelizamos al mundo con el ejemplo y cuando abramos nuestra boca, nuestro testimonio
será contundente y consistente con nuestra fe, para cumplir nuestro ministerio
con excelencia, para gloria de su nombre.
Oración.
«Padre, tengo una misión de vida que define mi propósito,
guíame por tu Santo Espíritu a que sea revelada en mí la vida de Cristo y ya no
viva yo, que mi viejo hombre se quede en la cruz, y ahora sea la nueva
naturaleza en Cristo Jesús que sea manifiesta en mi vida para gloria de tu
nombre, amén.