jueves, 30 de abril de 2026

Tu presencia es el cielo para mi

 Tu presencia es el cielo para mi

“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero”. 1 Pedro 1:3-5

“¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo!” esta porción empieza con una oración a un Dios que no es distante, ni desconocido, sino a un Dios que por medio de Jesucristo podemos llamar Padre y acudir con confianza filial. Gracias a la muerte y resurrección de Cristo, tenemos acceso directo a su Presencia, y como dice el versículo nos hizo renacer para una esperanza viva.

Hemos nacido de nuevo, por la voluntad y la acción de Dios para vivir la vida nueva en Cristo, Juan 12:12-13. Este nacimiento es obra del Espíritu, Juan 3:5-6. El resultado de este nuevo nacimiento es que llegamos a ser primicia de una nueva creación, Santiago 1:18; esto nos pone en contacto aquí y ahora con la vida eterna. Es la Palabra creadora de Dios en Jesucristo lo que produce este nuevo nacimiento,1 Pedro 1:23. Nacemos de nuevo para una esperanza viva, nacidos no de simiente corruptible, sino incorruptible, lo que hace que tengamos en nosotros la naturaleza de Dios; y, por tanto, tenemos una vida que ni el tiempo ni la eternidad podrán destruir, todo esto por la resurrección de Jesucristo, que derrotó para siempre la muerte.

El nuevo nacimiento nos introduce en la integridad, 1Juan 3:9. Por este nuevo nacimiento somos purificados de los pecados que nos encadenaban y de los hábitos que nos dominaban; y recibimos un poder que nos permite caminar en integridad. No es decir que ya no pecaremos más; pero sí que cada vez que caigamos recibiremos poder y gracia para levantarnos otra vez. También el nuevo nacimiento nos introduce en el amor, 1 Juan 4:7. Al estar Dios en nosotros, somos limpiados de todo resentimiento y amargura de la vida egocéntrica, para vivir en el amor sacrificial y perdonador de Dios. Por último, el nuevo nacimiento nos introduce en la victoria, 1 Juan 5:4. La vida deja de ser derrota y empieza a ser victoria sobre el yo, el pecado y las circunstancias, Cristo vive en nosotros para que vivamos una vida victoriosa.

Además, hemos recibido una gran herencia, como una posesión segura. Pedro usa tres palabras que presentan tres cualidades que la describen: incorruptible, incontaminada e inmarcesible quiere decir, imperecedera, también indestructible. No puede ser dañada de ninguna manera, esa herencia es inmaculada, lo cual nos indica que no puede ser manchada o contaminada por nada. Es una herencia que no se marchitará ni perderá su valor porque es eterna. Esta herencia describe la gloria de Dios otorgada a los creyentes.

¿Cuál es, entonces, esa heredad que posee el cristiano nacido de nuevo? la heredad del cristiano es Dios mismo. El salmista lo dijo: “Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa; tú sustentas mi suerte. Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, y es hermosa la heredad que me ha tocado”. Si lo tenemos a Él lo tenemos todo. En nuestro viaje a través del mundo hacia la eternidad somos protegidos por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.    Oración.

Gracias mi amado Jesús porque por tu obra redentora, me diste una nueva vida, una esperanza viva y una herencia eterna, reservada en los cielos para cada uno de los que te hemos recibido como nuestro Señor y Salvador. Haz que coloque mis ojos en lo eterno, para no desanimarme por todo lo que sucede en esta tierra. Sé que me espera un futuro glorioso en Cristo, gracias por guardarme y perfeccionarme cada día hasta tu regreso, amén. 



miércoles, 29 de abril de 2026

Confía, deléitate, encomienda y calla

 Confía, deléitate, encomienda y calla

“No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. Porque como hierba serán pronto cortados, y como la hierba verde se secarán. Confía en Jehová, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón. Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará. Exhibirá tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía. Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, por el hombre que hace maldades”. Salmos 37:1-7

Este salmo de David expresa su experiencia y es una promesa de bendición futura para el remanente fiel a Dios en este tiempo. Nos exhorta a no impacientarnos cuando vemos prosperar a los malvados, mientras los justos sufren. Así como David debemos llegar a la conclusión de que algún día los malvados serán cortados como la hierba. Dios no se ha olvidado de sus hijos, anhela que nos mantengamos fieles mientras estemos en esta tierra y confiemos porque Él nos cuida, nos guarda y nos sustenta, jamás nos desamparará. Él, a través de la obra de Jesucristo en la cruz nos ha bendecido con toda bendición espiritual y continuará derramando sobre nuestra vida las bendiciones que Él tiene para nosotros, por eso “Deléitate asimismo en el Señor y él te concederá las peticiones de tu corazón”, es el secreto del contentamiento y madurez cristianos, que implica disfrutar de nuestra comunión con el Señor cada día, que, como un Padre amoroso nos concederá los deseos más profundos de nuestro corazón. Un corazón nuevo dado por la vida de Cristo impartida en nosotros. “Encomienda al Señor tu camino, confía en él y él hará”. Aquí nos pide que pongamos nuestra vida en sus manos. Es una entrega sin reservas a Él. Dándole tiempo a Dios para que obre en nosotros, porque Él es bueno y sabe lo que necesitamos. En el tiempo preciso el Señor hará todo, Él siempre actúa en respuesta a la oración con fe. “Guarda silencio ante el Señor y espera en Él”. Simplemente descansemos en el Señor. Es maravilloso poder esperar pacientemente que Él actúe. No debemos preocuparnos cuando los malvados prosperen. No debemos permitir que el éxito de los malvados en sus estratagemas nos irrite ni nos ponga nerviosos. A veces el creyente es atraído por el aparente éxito de gente sin escrúpulos; otras veces sencillamente se enoja contra Dios o solamente dentro de sí mismo. El salmista exhorta al justo a no enojarse; no hace falta porque Dios es justo, y como dice Santiago 1:20 “porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios”. En esta porción hay cuatro verbos imperativos: Confía, deléitate, encomienda, guarda silencio (calla), esto nos lleva a ejercitar nuestra fe y a vivir tranquilos porque descansamos en la fidelidad de Dios y entendemos que la fe y la obediencia van juntas, cuando confiamos en sus promesas y hacemos su perfecta voluntad. Aprendamos con sus promesas a preservar nuestras mentes en tranquilidad en medio de todas las situaciones, como dice Isaías 26:3 “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado”. La fe implica paciencia; por eso debemos aprender a esperar porque Él siempre cumplirá sus propósitos en su tiempo, y nos da un consejo: “No te alteres con motivo del que prospera en su camino, por el hombre que hace maldades”. La mansedumbre no es debilidad, por el contrario, requiere valentía y paciencia cuando esperamos en Dios y cuando colocamos nuestros ojos en lo eterno y no en lo terrenal, que es efímero.   Oración.

Amado Señor, cuando miro mi corazón me pregunto: ¿cuáles son mis deseos? es amarte, conocerte y permitir que fluyas a través de mi vida, por eso anhelo deleitarme en tu Presencia, porque en ella encuentro la plenitud y el gozo que necesito y estar siempre agradecido por todo lo que has hecho en mi vida y en los que me rodean. Conocer tu gran amor me ha llenado de deleite. Amén.



martes, 28 de abril de 2026

¿Confiamos en Dios en medio de las crisis?

 ¿Confiamos en Dios en medio de las crisis?

“Y tomó Ezequías las cartas de mano de los embajadores, y las leyó; y subió a la casa de Jehová, y las extendió delante de Jehová. Entonces Ezequías oró a Jehová, diciendo: Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste los cielos y la tierra. Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira; y oye todas las palabras de Senaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente. Ciertamente, oh Jehová, los reyes de Asiria destruyeron todas las tierras y sus comarcas, y entregaron los dioses de ellos al fuego; porque no eran dioses, sino obra de manos de hombre, madera y piedra; por eso los destruyeron. Ahora pues, Jehová Dios nuestro, líbranos de su mano, para que todos los reinos de la tierra conozcan que sólo tú eres Jehová”. Isaías 37:14-20

Este pasaje nos enseña la actitud del rey Ezequías frente a una gran crisis que amenazaba a Judá y a su ciudad capital Jerusalén, que iban a ser destruidas por Senaquerib rey de Asiria. Frente al temor que le generó a todo el pueblo, el rey Ezequías se levantó como un líder ejemplar e hizo lo que debía: confió en Dios sus asuntos diarios, consultó con su líder espiritual, enviando a sus mensajeros a buscar a Isaías, este fue otro acto de fe pues quería escuchar la Palabra de Dios del profeta, acudió a Dios en momentos de crisis y elogió a Dios cuando respondió su plegaria.

Ezequías era un rey temeroso de Dios, gobernó durante 29 años en Judá. En sus antecedentes históricos vemos que en su reinado tuvo que sostener una carga dura pagando tributo a Asiria. Su gobierno fue importante por los grandes esfuerzos que hizo para establecer el culto a Jehová, haciendo desaparecer los “lugares altos” y la destrucción de la “serpiente de bronce”. También llaman la atención otros acontecimientos importantes en su vida como su enfermedad, la sanidad milagrosa y la promesa de Jehová de prolongarle la vida por quince años más.

Dice aquí, que le llegó un rollo con información de las amenazas de Senaquerib, en el que desafiaba abiertamente el poder de Dios; inmediatamente entró a la presencia de Dios y extendió esas cartas delante de Él, haciendo una poderosa oración de fe, reconociendo a Dios como Majestuoso, Creador, Soberano y Poderoso, y no un ídolo de madera o piedra, capaz de librarlos de sus enemigos y de reivindicar su Nombre, para que demostrara que es el Único Dios Verdadero. Ezequías buscó la intervención divina en lugar de confiar en alianzas humanas.

Cuando dijo: “entregaron los dioses de ellos al fuego”, se refería a que la política de los asirios para enajenar a los pueblos conquistados de su propio país, era llevarlos a otras partes y destruir los ídolos tutelares de su nación, por ser el lazo más fuerte que los ligaba a su país natal. Ezequías reconocía que Senaquerib estaba blasfemando contra el Dios Viviente y Él no se lo iba a permitir.

Con esa actitud humilde, Ezequías esperó la respuesta de parte del Señor que no tardó en contestar frente a la crisis de Asiria y ante las blasfemias de Senaquerib. Dios prometió proteger Jerusalén por amor a sí mismo y a su promesa a David. Dios defiende su propia gloria, y de manera sobrenatural el ángel de Jehová derrota al ejército asirio, demostrando la soberanía divina frente a la idolatría y la impotencia de los falsos dioses, Isaías 37:35-38.

Recordemos que Dios conoce nuestras necesidades antes que le pidamos, Isaías 65:24; pero Él se deleita cuando nos acercamos con un corazón contrito y humillado para colocar nuestros asuntos en sus manos, confiando en su grandeza y no en nuestros propios razonamientos, en otras personas, o en cosas que representan ídolos, Salmos 51:17. En situaciones límites, el Señor prueba nuestra fe. ¿Confiamos plenamente en su protección divina?”   Oración.

Amado Señor, enséñame a confiar en ti en medio de las crisis, a entender que la oración es el primer recurso al que debo echar mano, reconociendo que eres Soberano, el dueño de la historia y que defiendes tu honor ante las blasfemias que otros dicen de ti. Recuérdame que mi seguridad no depende de mis fuerzas, ni de alianzas humanas, sino de tu protección divina, quiero confiar plenamente en ti. Guarda mi corazón y mis pensamientos, en el Nombre de Jesús, amén.  



lunes, 27 de abril de 2026

¿Quién es Jesús para ti?

 ¿Quién es Jesús para ti?

“Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros. Y todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?” Lucas 4:20-22

Ese día en Nazareth sus amigos debieron quedar atónitos cuando Jesús se sentó en el lugar de los maestros en la sinagoga para enseñar las Escrituras, había leído el Libro de Isaías exactamente donde decía “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos”, Lucas 4:18 Después de cerrar el rollo de Isaías, se sentó diciendo que esa Escritura se había cumplido ese día, declarando abiertamente que era el Mesías prometido. Esencialmente estaba indicando dos cosas importantes sobre sí mismo, primero que tenía una misión específica y segundo diciendo que era más que el hijo de un carpintero. Quizás los que lo conocían desde niño se estarían preguntando: ¿no es este el hijo de José el carpintero y María, con el que jugábamos y crecimos juntos?, y algunos otros dirían: ¿Quién se cree que es? Los años que nuestro Señor vivió en Nazaret, como un ciudadano más, hasta que empezó su ministerio, le había hecho demasiado común, lo que incapacitó a los nazarenos para apreciarlo, como le apreciaban otros que eran menos familiares. Desde entonces la gente ha estado dividida acerca de Jesús, algunos lo aceptan, como dice en Lucas 4:22 “Y todos daban buen testimonio de Él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?”, otros se enfurecen con Él como se registra en Lucas 4:28 “Al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira”. En Lucas 4:29 dice: “y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle”. Aunque Nazaret no está edificado sobre la cumbre, está rodeado en parte al oeste por sierras, que tienen varios precipicios. El despeñamiento era un modo de castigo capital no raro entre los romanos. Este fue el primer insulto que recibió el Hijo del hombre, y vino de parte de “los de su casa”. Lo que más enfureció a la gente fue el elogio que Jesús pareció dedicar a los gentiles cuando se refirió en Lucas 4:24 “Y añadió: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su propia tierra”; hablando de la viuda de Sarepta que sustentó al profeta Elías, y de Eliseo que sanó a Naamán el sirio; ya que los judíos estaban convencidos que eran el pueblo escogido de Dios y despreciaban a los demás. El nuevo mensaje de Jesús era para toda la humanidad, algo que ellos no esperaban. Eligió un pasaje que anunciaba el sublime objeto de toda su misión, su carácter divino y sus dotes especiales para ella y lo adaptó singularmente a Él. Fue el primer abrir de su boca en su capacidad profética, al anunciar su misión en esta tierra. Podemos preguntarnos: si hubiéramos estado en esa sinagoga ese día ¿cuál sería nuestra reacción frente a esa afirmación?, ¿sabemos quién es Jesús para nosotros?   Oración.

Señor Jesucristo, sé quién eres tú, eres mi Señor y Salvador, viniste a rescatarme, a redimirme y a restaurarme. Me diste vida nueva y me acercaste por medio de tu sangre preciosa al trono de gracia, me reconciliaste con nuestro Padre celestial. Ahora te pertenezco, mi patria es el cielo y mi destino la eternidad junto a ti. Simplemente gracias Señor, por tu amor inagotable demostrado en la cruz por mí y por toda la humanidad, amén.   



domingo, 26 de abril de 2026

En el poder del Espíritu

 En el poder del Espíritu

“Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos”. Lucas 4:14-15

Jesús fue equipado con el poder del Espíritu Santo para iniciar su ministerio terrenal, que empezó en Galilea, era la región del norte de Palestina, este nombre quiere decir círculo, y viene del hebreo “galil”. Se llamaba así porque estaba rodeada de naciones no judías. Tenía una gran densidad de población. Esa fue la tierra en la que empezó Jesús. Era su propia tierra; y le dio, por lo menos al principio, una audiencia dispuesta a escucharle y a interesarse por su mensaje. En toda esa región comenzaron a hablar de Él cuando inició enseñando en las sinagogas. Se empezó a sentir su influencia. La sinagoga era el verdadero centro de la vida religiosa de Palestina. Este período del ministerio de Jesús se ha llamado “la primavera galilea”. Jesús llegó con un mensaje nuevo diciendo que el reino de los cielos se había acercado. Los corazones humanos estaban hambrientos de la Palabra de Dios, y aún no se habían dado cuenta del golpe que había de dar Jesús a la ortodoxia de su tiempo. La oposición aún no se había cristalizado.

El ejemplo de Jesús nos muestra que también hemos sido llamados a continuar la obra del ministerio para extender el reino de los cielos en esta tierra, pero, así como Jesús, necesitamos empoderamiento espiritual, porque aunque era Dios hecho hombre no operó en su propia fuerza, sino lleno del Espíritu Santo, tras haber sido tentado en el desierto, demostrando que la victoria sobre la tentación habilita el servicio.

Jesús nos ha dado “la primavera galilea”, y es el ministerio en el lugar donde estamos en este momento y tenemos que entender que se realiza bajo la dirección y poder del Espíritu Santo, buscando enseñar la Palabra con la autoridad que proviene de la obediencia a Dios. Es evidente que los períodos de prueba nos ayudarán a moldear el carácter de Cristo y a hacernos más sensibles para la obra del ministerio, no es de extrañar que cuando decidimos servir al Señor, empezarán todos los ataques del enemigo, para desanimarnos o para que desistamos en cumplir el mandato de ir y hacer discípulos a todas las naciones.

Hebreos 2:17-18 nos dice: “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados”. Nuestro Señor se identificó con nosotros, y de esta manera, después de su prueba en el desierto, necesitó el fortalecimiento del Espíritu Santo para cumplir su ministerio, ¡cuánto más lo necesitamos nosotros! Por eso sigamos adelante en el cumplimiento del llamado que Dios nos ha hecho a través del Señor Jesucristo.   Oración.

Amado Jesús, gracias por darme tu ejemplo y por entender que solo podré cumplir el mandato de la Gran Comisión guiado y dirigido por tu Santo Espíritu, quien me empodera para llevar tu mensaje y hacer discípulos donde quiera que esté. Enséñame a ser sensible a la voz de tu Espíritu y obediente a las enseñanzas de tu Palabra, en el Nombre de Jesús, amén. 



sábado, 25 de abril de 2026

Jesús mi refugio seguro

 Jesús mi refugio seguro

“Oración de David. Oye, oh Jehová, una causa justa; está atento a mi clamor. Escucha mi oración hecha de labios sin engaño. De tu presencia proceda mi vindicación; vean tus ojos la rectitud. Tú has probado mi corazón, me has visitado de noche; me has puesto a prueba, y nada inicuo hallaste; he resuelto que mi boca no haga transgresión. En cuanto a las obras humanas, por la palabra de tus labios yo me he guardado de las sendas de los violentos. Sustenta mis pasos en tus caminos, para que mis pies no resbalen. Yo te he invocado, por cuanto tú me oirás, oh Dios; inclina a mí tu oído, escucha mi palabra. Muestra tus maravillosas misericordias, tú que salvas a los que se refugian a tu diestra, de los que se levantan contra ellos. Guárdame como a la niña de tus ojos; escóndeme bajo la sombra de tus alas” Salmos 17:1-8

Esta oración la hizo David cuando estaba en peligro. Parece que estaba en el desierto y Saúl y sus hombres lo tenían acorralado y casi logran capturarlo. Este salmo revela la confianza de David en Dios y también puede ser una oración para nosotros en la actualidad, cuando nos encontramos en situaciones de pruebas, ansiedad y peligro.

Es una oración sincera donde el salmista le dice a Dios lo que realmente está sintiendo, cuando dice que su “oración está hecha de labios sin engaño”. Necesitamos, como David, clamar con sinceridad en momentos de angustia. David declaró su integridad ante Dios, sometiéndose al examen divino, para que Él le hiciera justicia. Cuando el Señor prueba nuestro corazón siempre encuentra algo. ¿Estaríamos dispuestos a que el Señor examine nuestra vida?

Esto me lleva a recordar la perfección de Jesús, porque nunca cometió pecado, ni se halló engaño en su boca, que cuando lo maldecían, no respondía con maldición, cuando padecía no amenazaba, sino que encomendaba la causa al que juzga justamente, 1 Pedro 2:22-23. Esto nos ayudaría a pedir más compasión y misericordia por aquellos que nos quieran hacer daño y también a no decir cosas de las cuales tengamos que arrepentirnos después de haberlas dicho. Esto destaca la importancia de la pureza interna y el compromiso de no pecar con nuestra boca. Sabemos que en el mundo siempre habrá maldad, por la presencia de Satanás, el príncipe de este mundo, y siempre habrá “sendas de violentos”, es por eso que como hijos de Dios debemos permanecer alerta, como lo estuvo David con sus enemigos y orar para que las tinieblas retrocedan, para que podamos vencer la tentación y no seamos presa del enemigo.

Siempre debemos decir al Señor que afirme nuestros pies para no resbalar y tener la certeza de que Él escucha nuestra oración. Recordemos Éxodo 19:4 “Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí”. Hemos sido colocados bajo la sombra de sus alas, recordándonos que Él es nuestro refugio, nuestro lugar seguro, debemos confiar en su protección divina y descansar en Él.  Oración.

Maravilloso Padre celestial, gracias por tu Santa Palabra, por poder apropiarme de ella y poder decirte: “examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad y guíame en el camino eterno”. Me dirijo a ti con sinceridad, reconociendo que dependo de ti, que tú eres mi refugio y sé que tú me guardas como a la niña de tus ojos y me amparas bajo la sombra de tus alas, en ti me siento seguro y confiado, amén.  



viernes, 24 de abril de 2026

Servir a Dios, sabia decisión

 Servir a Dios, sabia decisión

“Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová”. Josué 24:15

Josué fue un joven que acompañó a Moisés sacando al pueblo de Israel de Egipto y haciendo la travesía por el desierto hasta llegar a la tierra prometida. Josué fue testigo del poder y la fidelidad de Dios en esos tiempos de conquista. Al final de su liderazgo él comprendió que lo más importante no era conquistar territorios sino, la determinación de servir al Señor, por eso dijo: “Yo y mi casa serviremos a Jehová”.

Determinó servir al Señor e invitó a todo el pueblo a hacerlo. En Josué 24:15 los confronta preguntándoles ¿a quién van a servir? Servir al Señor es un llamado para todo creyente.

Muchos en la iglesia de hoy solo quieren recibir bendiciones y el favor de Dios, pero todavía no se deciden a servir. La vida cristiana se trata de llegar al punto donde digamos: “No solo quiero demandar, quiero ofrecer”, “yo dispongo mi vida para que la puedas usar”. La palabra “serviremos” viene del hebreo “abad” que significa trabajar, servir, rendir culto, arar, cultivar y hacer; pero también es el sentido de obedecer, honrar y ser sumisos.

Hay tres verdades fundamentales en la determinación de servir al Señor:

El servicio a Dios comienza con un llamado a la santidad, Josué 24:14, Debemos servirle con integridad y con verdad. Es un llamado claro a la santidad, antes de tomar cualquier decisión debemos mirar la condición de nuestro corazón. La esencia del servicio es enfocarnos solo en Jesús. El servicio genuino no comienza con actividades sino con una vida rendida a Dios.

El servicio a Dios demanda una decisión radical, Josué 24:15. Josué modeló la radicalidad al decir: “yo y mi casa, serviremos a Jehová”. Entonces escojamos hoy a quién servir.

Servir es una muestra de gratitud por la fidelidad eterna de Dios. Josué 24:16-18, el pueblo respondió que iba a servir al Señor, recordando lo que Él había hecho. Su compromiso fue una respuesta a la fidelidad de Dios.

Hoy tomemos esta sabia decisión que va a ser de bendición no solo para nosotros, sino para nuestras generaciones, para que ellos no solo teman al Señor y lo adoren, sino que pongan sus vidas al servicio de Dios, para que otros conozcan el inagotable amor de nuestro Rey, que trae salvación y vida eterna.   Oración.

Maravilloso Padre celestial, hoy te pido que toques mi corazón, que puedas usar mi vida para ser bendición en mi hogar, ayúdame a ser un instrumento tuyo para traer sabiduría, entendimiento y dirección para otras personas que me rodean. Que me pueda levantar con disposición a servirte, adorarte y obedecerte, entregándote mi corazón para que sigas obrando a través de mí, amén. 



jueves, 23 de abril de 2026

La Trinidad actuó para traernos salvación

 La Trinidad actuó para traernos salvación

“Pedro, apóstol de Jesucristo, a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas”. 1 Pedro 1:1-2

En este pasaje Pedro se presenta como apóstol de Jesucristo. Él estaba escribiendo a los extranjeros que se habían dispersado por todo el Imperio Romano. Eran los judíos, llamados “la diáspora” porque ya no se encontraban en las tierras de Palestina. Debido a la persecución y a otros factores, se habían establecido por todo el imperio. Y se refiere a ellos como los elegidos según el previo conocimiento de Dios Padre, en santificación del Espíritu para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesús. Podemos ver que la Trinidad es mencionada aquí, aplicando la obra redentora en cada creyente.

Recordemos que el Apóstol Pedro estaba escribiendo aquí a aquellos que habían crecido en el judaísmo. Judíos creyentes que vivían en Asia Menor y que estaban sufriendo persecución. Conocían el Antiguo Testamento y comprendían que, en el día de la expiación, el sumo sacerdote llevaba con él la sangre cuando entraba en el Lugar Santísimo, y rociaba la sangre siete veces en el propiciatorio o tapa del arca del pacto. Ahora, entendían que el Señor Jesús había tomado su propia sangre al dirigirse al trono de Dios, fue en la cruz donde fuimos juzgados como pecadores y el lugar donde se roció su sangre por toda la humanidad. Él entregó su vida y pagó el castigo que nos correspondía. En este momento, el trono de juicio y castigo (la cruz) se convirtió en el trono de la gracia de Dios, a donde podemos acudir para recibir la salvación.

Simón Pedro había conocido la gracia y la paz a través de la sangre de Cristo, porque Jesús mismo le había hablado de ello. La conocía porque había visto morir a Cristo, había contemplado cómo le sepultaban y después vio al Cristo resucitado. Y este hombre, que había sido indeciso, había llegado a ser un hombre con un carácter firme como una piedra. Este hombre pudo ponerse en pie en el día de Pentecostés y predicar sobre la muerte y resurrección de Cristo. Pudo ser llevado a la cárcel, ser perseguido, fue capaz de escribir una carta como ésta y, finalmente, ser crucificado por causa del evangelio.

Muchos creyentes no están seguros de su salvación. Quizás podemos preguntarnos: ¿cómo saber que soy uno de los elegidos? Por haber creído en Jesucristo, venir a Él y obedecerle. Cuando la preciosa sangre de Jesús fue derramada en la cruz por nosotros adquirió un valor salvador para nosotros, porque nos perdonó nuestros pecados y nos dio la vida eterna.

Cristo derramó en la cruz toda su sangre. La explicación del mensaje del evangelio debe incluir el rociamiento con la sangre de Cristo, que nos limpia de todo pecado. La gracia y la paz son multiplicadas sobre nuestras vidas, porque toda la obra de la Trinidad actuó en nosotros para traernos salvación: Dios Padre pensó en nosotros, Cristo murió por nosotros y el Espíritu Santo ha venido a morar en nosotros para regenerarnos.

Sin la gracia de Dios, nunca conoceríamos la paz que Él nos puede dar. Si no creemos que Cristo derramó su sangre por nuestros pecados, no podremos tener paz en nuestro corazón. La paz, la certeza y la alegría viene cuando sabemos que nuestros pecados han sido perdonados.

Hoy necesitamos entonces recordar que el Padre nos eligió desde antes de la fundación del mundo. Fuimos elegidos para ser consagrados para Él. El Espíritu Santo despertó dentro de nosotros anhelo por el Señor, nos convenció de pecado, nos guió a la Cruz de Cristo donde podíamos encontrar el perdón, y nos llenó de su fruto y para que sepamos, que mediante la sangre de Jesucristo, entramos en una nueva relación con Dios en la que nuestros pecados son perdonados y tenemos una vida nueva.   Oración.

Amado Señor, qué hermoso entender que toda la Trinidad actuó en mi para alcanzar la salvación. Mi Padre celestial pensó en mí y tuvo mi nombre en su memoria, el Espíritu Santo me convenció de pecado, justicia y juicio, para llevarme a aceptar lo que Cristo hizo en la cruz por mí, y tú Jesús derramaste tu sangre preciosa para el perdón de mis pecados y para darme vida eterna. Gracias mi Dios por darme tu salvación y llenarme de tu gracia y paz, amén.



miércoles, 22 de abril de 2026

Incomprensible amor

 Incomprensible amor

“para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: He aquí mi siervo, a quien he escogido; mi Amado, en quien se agrada mi alma; pondré mi Espíritu sobre él, y a los gentiles anunciará juicio. No contenderá, ni voceará, ni nadie oirá en las calles su voz. La caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará, hasta que saque a victoria el juicio. Y en su nombre esperarán los gentiles”. Mateo 12:17-21

Mateo aprovecha para señalar una vez más que Jesús estaba cumpliendo las profecías mesiánicas, dichas por el profeta, en Isaías 42:1-4. La palabra “siervo” viene del griego “páis” que significa niño, lleva la idea de una relación tierna entre padre e hijo. Esta profecía identifica al siervo ideal de Jehová con nueve características que apuntan a Jesús: Tres de las expresiones tienen que ver con la iniciativa de nuestro Padre Dios al pensar en su plan de Salvación para la humanidad caída: Su “siervo” (su Hijo), es el escogido, el Amado y el Ungido por el Espíritu y seis expresiones describen el carácter y ministerio del siervo: obediencia radical, complacencia al Padre, mensajero, pacífico y suave, de trato delicado, obtendrá la victoria y es la esperanza de las naciones.

“La caña cascada y la mecha que humea” son figuras de personas débiles y frágiles, de poca fe. Jesús trataría a tales personas con sumo cuidado y delicadeza para no herirlas, ni desanimarlas, con un amor incomprensible. Un contraste con el concepto que tenía el pueblo de Israel sobre el Mesías que esperaban, que pensaban que era un político-militar que llegaría con mano fuerte y conquistaría con armas de guerra. Nunca se imaginaron que el triunfo del juicio se refería a la cruz y a la resurrección de Jesucristo, que trajo perdón de pecados, vida eterna y victoria sobre Satanás y sus huestes, Colosenses 3:13-15. El resultado final es que las naciones, los gentiles pondrán su esperanza en Él.

Jesús vino a traer justicia a la humanidad y nos mostró cómo vivir de tal manera que expresemos el amor, tanto a Dios como a nuestros semejantes. En su vida terrenal, no se enfrentaría con nadie, ni gritaría de forma que se le oyera en las calles, nunca se pelearía con la gente. En Él se dio la inalterable serenidad del que busca conquistar mediante el amor a quienes lo escuchan.

Así como esa caña cascada quizás muchos estén astillados, heridos y no pueden mantenerse firmes, y necesiten ser sujetados o vendados. Y quizás muchos como el pábilo pueden estarse apagando, porque están faltos de combustible, faltos de la llenura del Espíritu Santo, o desanimados por las tormentas de la vida y necesitan ser limpiados, restaurados y nutrirse de Cristo para volver a dar luz.

El testimonio de una persona puede que sea vacilante y débil; la luz de su vida puede que sea parpadeante; pero Jesús vino para animar, por eso dijo con comprensión: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. Mateo 11:28-30. Jesús jamás extinguirá la llama vacilante, sino que la cuida para que vuelva a dar luz más fuerte y brillante.

Jesús es nuestra esperanza, en Él, Dios se acerca a cada persona, ofreciendo su incomprensible amor, un amor que excede nuestro entendimiento.   Oración.

Amado Señor Jesús, gracias por tu obra en mí. Me tocaste con ternura y con tu amor incomparable, suficiente para levantarme de mi condición de pecador y darme una nueva esperanza. Gracias porque con tu obra en la cruz, derrotaste las tinieblas, al pecado y me diste una vida nueva, fortaleciste mis manos débiles, afirmaste mis rodillas y me colocaste en lugar espacioso y seguro, en la Roca firme que eres tú Señor, gracias por consolarme y animar mi corazón, amén.  



martes, 21 de abril de 2026

Mi Amado, el más bello entre todos

 Mi Amado, el más bello entre todos

“Cantar de los cantares, el cual es de Salomón. ¡Oh, si él me besara con besos de su boca! porque mejores son tus amores que el vino. A más del olor de tus suaves ungüentos, tu nombre es como ungüento derramado; por eso las doncellas te aman. Atráeme; en pos de ti correremos. El rey me ha metido en sus cámaras; nos gozaremos y alegraremos en ti; nos acordaremos de tus amores más que del vino; con razón te aman”. Cantares 1:1-4

El libro de Cantar de los cantares atribuido al rey Salomón, describe la historia de una campesina, una Sunamita, que reside en una región montañosa. Cierto día llegó al lugar un pastor y ella se enamoró de él y él se enamoró de ella. Él salió de viaje, pero le prometió que regresaría algún día. Él no regresó tan pronto como ella había esperado, pero un día se anunció que había llegado a la región el rey Salomón y que quería verla. Ahora, ella no podía creerlo. Y cuando ella fue llevada a su presencia ella reconoció en él al pastor a quien amaba.

Aunque este libro exalta el amor sagrado del matrimonio, también, esta historia, es una hermosa figura de la relación de amor que existe entre el creyente y el Señor Jesucristo, que vino a buscarnos cuando estábamos perdidos, que entregó completamente su vida por amor a nosotros muriendo en una cruz, pero también resucitó victorioso y está sentado a la diestra de nuestro Padre celestial, y que ha prometido volver por su iglesia, por su novia para estar siempre con ella.

Como en otros libros Dios usó Cantares para hablarnos a nosotros sus hijos. Porque en la redención, Cristo no solamente nos rescata, sino que también nos da libertad. “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”, Juan 8:36. Pero, ¿qué clase de libertad es esa? Es la libertad de poder acercarnos a Él sin nada que se interponga y presentarnos ante Él, como una iglesia santa, sin mancha, una iglesia gloriosa ataviada como una novia, para disfrutar la eternidad con Él, Efesios 5:25-27.

Hemos leído en Cantares la frase, “porque mejores son tus amores que el vino”. Lo que nos recuerda Efesios 5:18 que dice: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu”. Ser llenos del Espíritu nos lleva a experimentar esa alegría de pertenecer a Cristo y de tener una relación de comunión y compañerismo con Él.

Pedro nos dice que, aunque en este momento no veamos físicamente a Jesús, nos gocemos con gozo inefable y glorioso mientras lo esperamos. 1 Pedro 1:8 lo expresa así: “a quien amáis sin haberle visto, en quien, creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso”. Por eso, permitamos que el Espíritu de Dios, que Él nos dejó para experimentar la vida en Cristo, nos llene con su Presencia y siga derramando el amor de Dios en nuestros corazones, para así experimentar esa unión con Cristo de una manera real, trayendo plenitud a nuestra vida.

El nombre de Jesús es como “ungüento derramado” como dice Cantares, esto porque cuando Cristo comenzó su vida en la tierra, le trajeron mirra para que fuera colocada en su cuerpo. Hubo una fragancia, un aroma en toda su vida en este mundo que le acompañó desde su nacimiento hasta su muerte. ¿Y qué diremos de la fragancia de su amor por nosotros cuando murió en la cruz?

No nos queda más que exclamar como la Sunamita: “Atráeme; en pos de ti correremos. El rey me ha metido en sus cámaras; nos gozaremos y alegraremos en ti; nos acordaremos de tus amores más que del vino; con razón te aman”. Esta es una expresión de amor del creyente hacia Jesús, con el que quiere una unión espiritual de intimidad y comunión total con Él. Sabemos que podemos llegar a ese nivel de unidad, al nacer de nuevo, para estar en Cristo. Jesús dice en Juan 14:20 “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros”. Estamos en Él. Su Palabra dice que estamos sentados en los lugares celestiales, aceptos en el Amado, unidos a Él, resucitados con Él, donde todo lo tenemos con Cristo y le pertenecemos, Colosenses 3:1.

Entender este nivel de intimidad debe llevarnos a decir como la Sunamita: “Mi amado es mío, y yo suya” Cantares 2:16a. La iglesia es la novia de esta historia, por eso digamos junto al Espíritu: “Ven Señor Jesús”, somos hijos de Dios, tenemos acceso a su presencia, a sus habitaciones, a su morada eterna.    Oración.

Mi Jesús, mi Amado, gracias por venir a darme vida abundante, tú quieres que viva y disfrute de tu Plenitud, que sienta gozo de mi unión contigo. Quiero estar más cerca de ti y conocerte profundamente, tener más intimidad y comunión contigo. Espíritu Santo lléname con tu Presencia y permíteme experimentar ese nivel de intimidad con mi Jesús. Amén.



lunes, 20 de abril de 2026

 Abundando en acciones de gracias

Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias”. Colosenses 2:6-7

Aceptar a Cristo como Señor de nuestra vida es el comienzo de una vida con Él. Pero debemos seguirle día a día, a través de su Palabra y la guía del Espíritu Santo para poder arraigarnos, edificarnos y fortalecernos en la fe. Esto se logra si vivimos para Él, dedicándole nuestras vidas y sometiéndonos a su voluntad como dice Romanos 12:1-2; aprendiendo de Él, de su vida y sus enseñanzas, estudiando su Palabra, como Él lo dijo en Juan 5:39; y reconociendo el poder que nos fue dado por el Espíritu Santo, Hechos 1:8.

Pablo dice que debemos estar arraigados en Cristo para recibir su fortaleza, así como las plantas están arraigadas por sus raíces al suelo para poder nutrirse y fortalecerse. Cuanto más dependamos de Él, menos posibilidades habrá de ser engañados por filosofías de vida basadas en ideas humanas, que no tienen en cuenta a Dios. Resistamos la herejía renovando nuestra mente con el estudio de su Palabra y enfocándonos en Cristo.

Pablo nos dice “andad en Él”; o sea que nuestra vida debe ser en Cristo, caminando con Él. Siendo conscientes de su Presencia, profundizando y edificándonos con su Palabra. Seremos entonces como un gran árbol que tiene las raíces bien profundas en el suelo para recibir sustento y fuerza. Como creyentes debemos recibir de nuestra fuente de vida, que es Cristo, la fuerza para permanecer en nuestro andar cristiano. Como una casa que si tiene buenos cimientos se mantiene firme ante las inclemencias del tiempo. Nuestra vida debe resistir cualquier tempestad si está fundamentada en Jesucristo, Mateo 7:24.

Mientras vivamos bajo el Señorío de Cristo, veremos que Él actúa poderosamente en nosotros y nuestras vidas deben abundar en acciones de gracias. El verdadero creyente se mantiene firme en la fe que ha recibido y no olvida las enseñanzas fundamentales acerca de Jesús, porque la Verdad inalterable es que Jesucristo es el Señor. Una característica constante en su vida cristiana debe ser la gratitud, por todo lo que ha hecho en él, por su gracia y amor. Si estamos llenos del Espíritu Santo seremos agradecidos, como lo dice el Señor en Efesios 5:18-20 “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”.

Hagámonos esta pregunta: ¿Tenemos un espíritu alegre y agradecido independientemente de lo que pase en nuestras vidas? A veces perdemos nuestro gozo cuando nos dejamos atrapar por las responsabilidades, luchas y desafíos de la vida y nos olvidamos de ser agradecidos con Dios. Si la gratitud no está en nuestro corazón no la podemos practicar. Muchas veces hay más queja en nuestra boca que gratitud. Por eso recordemos quiénes somos en Cristo y todo lo que hemos recibido de Él, entonces nos desbordaremos en gratitud y alabanzas hacia Él.   Oración.

Amado Padre, quiero ser una persona que abunde en acciones de gracias, que reconozca que tú eres la fuente de todo; que toda bendición que recibo proviene de ti. Solo el hecho de tener a tu Hijo Jesús en mi corazón como mi Señor y mi Salvador es un motivo de gratitud. Gracias por haberme escogido desde antes de la fundación del mundo, por hacerme tu hijo y coheredero de todas tus riquezas en gloria, Amén.



domingo, 19 de abril de 2026

Este es mi testimonio

 Este es mi testimonio

“Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo”. Juan 9:25

Muchas veces nos preguntamos ¿Cuál es la mejor manera de evangelizar y alcanzar el mundo para Cristo? La verdad es que, aunque existen numerosos métodos de evangelización, campañas evangelísticas donde presentamos el sencillo mensaje del evangelio, la manera más contundente de atraer otras personas a Cristo es contando nuestra propia historia.

El testimonio personal es la oportunidad que tenemos de contarle a otros lo que Cristo ha hecho en nuestra vida. Aunque muchos de los que nos escuchan no conocen a Jesús y quizás piensan de Él como pensaban los fariseos de ese entonces, que lo consideraban un lunático, un charlatán, un pecador y hasta un endemoniado por las señales que hacía, podemos decir como el ciego: “si es pecador, yo no lo sé, lo único que sé es que Él me salvó, me sanó, me liberó, me transformó, etc.”

La Palabra de Dios está llena de testimonios de hombres y mujeres cambiados por el conocimiento y el poder de Cristo, además millones de personas siguen testificando sobre la transformación de sus vidas al haberse encontrado con Jesús. En el Antiguo Testamento se afirma que sólo Dios tiene el poder para dar vista a los hombres, veamos Éxodo 4:11 “Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?”; y también se consideraba una dimensión de la obra del Mesías en Isaías 29:18 dice: “En aquel tiempo los sordos oirán las palabras del libro, y los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de las tinieblas”.

La sanidad hecha por Jesús, de este ciego, debería ser la señal más clara de su divinidad, apoyando el reclamo que le hacían los religiosos de su época porque decía ser el Hijo de Dios. Este episodio reúne los dos aspectos del ministerio de Jesús, el de ser la luz del mundo que ilumina a los que creen, pero a la vez el que resulta en juicio y ceguera espiritual para los que lo rechazan. Nuestra ceguera no fue física pero el Señor nos sanó de nuestra ceguera espiritual, para que diéramos testimonio de lo que ha hecho en nuestra vida. Contemos nuestra historia con autenticidad, contemos nuestra historia persistentemente, contemos nuestra historia humildemente, Proverbios 12:17; Juan 9:11-12

Después de que son abiertos nuestros ojos espirituales y nos convertimos al Señor, en la medida que empezamos a conocerlo, cambia nuestra percepción de Él, y comenzamos a adorarlo como nuestro Señor y Salvador. Entender lo que es nuestra historia de vida cuando recibimos a Cristo, es una de las maneras de dar testimonio de su amor y misericordia y de llevar la luz de Jesús a las personas que nos rodean. No subestimemos nuestro testimonio, alguna persona puede identificarse con nosotros y desear conocer del Señor.    Oración.

Señor Jesús, quizás mi historia no es tan dramática como la del ciego de nacimiento, pero tengo una historia que tiene poder para acercar a otros a Cristo, ayúdame a contar mi testimonio desde mi corazón, con honestidad y autenticidad. Así como Bartimeo “yo era ciego y ahora veo”, puedo testificar de que me encontraste, que abriste mis ojos espirituales, me sanaste, me liberaste y me salvas; y ahora quiero que otros experimenten lo mismo. En el nombre de Jesús, amén.  



sábado, 18 de abril de 2026

Dios usa nuestra vida para sus propósitos

 Dios usa nuestra vida para sus propósitos

“Y vino el ángel de Jehová, y se sentó debajo de la encina que está en Ofra, la cual era de Joás abiezerita; y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas. Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente. Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas. Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo? Entonces le respondió: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre. Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre”. Jueces 6:11-16

Esto sucedió en un tiempo donde el pueblo de Israel estaba oprimido y los enemigos los tenían asediados, les dañaban los cultivos, y se robaban sus ganados para hacer padecer hambre a la gente, dice este pasaje que venían como langostas para devastar la tierra, trayendo pobreza a Israel y debilitándolos cada día, ellos tenían temor y esto era lógico.

En esa crisis tan dura, empezó el pueblo a clamar a Dios y el Señor los escuchó. Es aquí donde aparece Gedeón que estaba guardando el trigo en un lagar, escondiéndolo de sus enemigos para que no los saquearan. Allí es donde Dios le llama. Dios se le aparece a Gedeón, le habla a su corazón y le muestra su propósito.

Dios nunca nos va a llamar por estar desocupados o esperando a que algo sobrenatural pase. Él siempre nos llama en medio de las circunstancias que estamos viviendo. El temor es el primer obstáculo para cumplir con nuestro propósito. No hay nada más limitante en la vida que el miedo. Cuando éste nos domina, paraliza, estanca, genera duda y descontrol. En el caso de Gedeón tenía a todo el pueblo escondido. Hoy pregunto: ¿Qué nos atemoriza? Es humano temer, el problema es que este miedo se enseñoree de nosotros.

En esta historia, primero aprendamos a escuchar lo que Dios dice de nosotros. Cuando Dios se dirige a Gedeón lo llama “valiente guerrero”, eso es lo que Dios dice de él, aun cuando él estaba escondido. ¿En este escenario podemos ver a un guerrero valiente? No vemos un guerrero valiente, sino un hombre miedoso y apocado. Pero lo mejor es que Dios no ve sólo las circunstancias, Dios no ve solo lo que nos ha pasado, Dios no ve solo nuestro estado actual, Él ve lo que podemos llegar a ser en sus manos, Él ve el propósito. Él ve nuestro potencial, Dios ve lo que los hombres no ven. Él ve nuestro corazón. Por eso no le dice a Gedeón: miedoso, ven acá, sino que le dice guerrero valiente.

Muchas veces el miedo se fortalece porque creemos más en lo que otros dicen o lo que las circunstancias dicen, o lo que el enemigo dice, que lo que el Señor dice de nosotros. Si queremos levantar nuestra fe tenemos que ver qué dice su Palabra. Somos nuevas criaturas, el Señor nos perdonó, fuimos hechos a su imagen y semejanza. A veces dudamos de lo que Dios ha puesto en nosotros, como Gedeón que se sentía insignificante cuando dijo: “He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre”, en otras palabras, yo soy muy pequeño, no soy nada.

Cuando Dios llama a Gedeón, no lo hace solo para ayudarlo a él, sino para usarlo como un instrumento para salvar a su pueblo. Él tiene propósitos que van mucho más allá de nuestras necesidades personales. Le dice: “Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas”. Ve con tu fuerza y conquista.

Dios tiene un propósito mayor con cada uno de nosotros. El temor surge cuando vemos las limitaciones, pero nos olvidamos del propósito. Recuerda 1 Corintios 1:27-28 dice: “sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es”. La pregunta es: ¿tenemos claro nuestro propósito?    Oración.

Amado Dios, así como llamaste a Gedeón atemorizado y débil, hoy te pido que hables a mi corazón, recuérdame que tú ves más allá de mis limitaciones, ves propósito en mi vida. Que el miedo, la insuficiencia, el temor al fracaso o cualquier situación difícil no paralicen mi llamado. No es en mi fuerza sino en tu Presencia, Dios Soberano que habita en mí, que cumpliré con el propósito para el cual me escogiste. No temo porque tú estás conmigo todos los días hasta el fin del mundo, amén.



viernes, 17 de abril de 2026

Todo acerca de Jesús. Segunda parte

 Todo acerca de Jesús. Segunda parte

“y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz”. Colosenses 1:18-20

Ayer decíamos que Pablo quiso condensar en estos versículos verdades de Quién era Jesús, al escribirle a los colosenses que estaban dudando de su divinidad y su soberanía. Pablo pone primero el origen de la creación natural por Él, y, en segundo lugar, el de la nueva creación. “Y él es la cabeza del cuerpo, la iglesia”,“Él es el primogénito de los muertos” y de la resurrección, origen de la nueva vida y Él es Dios en toda su plenitud. “Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud”, como lo reafirma Colosenses 2:9 “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”.

Él es el reconciliador de la humanidad consigo mismo, Él es el santificador de la raza pecadora. Jesucristo es el mediador de la redención. Este derecho a ser llamado como tal, comienza en la afirmación de que todo fue creado por medio de él y para él. Como Señor de la iglesia, tiene autoridad sobre ella. Cuando dice la Palabra que es el “principio”, es un absoluto que no admite nada antes de Él. Nuevamente se usa el término “primogénito de entre los muertos”, la primogenitura de su resurrección está íntimamente vinculada con ser la cabeza de la iglesia, su resurrección no tiene paralelo, porque fue el único que resucitó para no volver a morir.

Efesios 1:19-23 “ nos dice: “y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”.

Esta primogenitura tuvo un propósito, la manifestación histórica de su supremacía, el “primero” porque no puede compartir su supremacía con nadie. La resurrección es la confirmación de que Jesús es el Mesías. El Señor Jesús es el primero de todo: Señor del universo, Señor de la iglesia, Señor de todo. Cristo es todo lo que necesitamos, no hace falta nada más.

Colocando todo esto en una sola frase:Jesús es el máximo agrado o complacencia del Padre, Marcos 1:11 dice: “Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia”.

El propósito del Padre fue que en Jesús habitara la plenitud.

La naturaleza divina reside en Cristo, de tal modo que nada de la deidad le falta y lo más hermoso es que al estar nosotros en Cristo somos participantes de esa naturaleza divina, de esa plenitud, porque vive en nosotros. La única alternativa para hacer la paz era la sangre de la cruz, Jesucristo tenía que pagar el precio de la redención para hacernos libres. El evangelio, el mensaje de reconciliación es un llamamiento a una vida diferente.   Oración.

Gracias amado Jesús porque tú eres el primero en todo, el primogénito de entre los muertos, esto prueba tu Señorío sobre todas las cosas y eso incluye mi vida, has vencido la muerte, me has hecho partícipe de tu resurrección y de esa nueva vida, porque en ti habita toda la plenitud de la deidad, en ti no me falta nada, porque tú lo llenas todo, amén.   



jueves, 16 de abril de 2026

Todo acerca de Jesús. Primera parte

 Todo acerca de Jesús. Primera parte

“Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten”. Colosenses 1:15-17

Esta porción de la Palabra de Dios contiene información bastante concentrada de Quién es Jesús y para asimilarlo vamos a ir poco a poco con algunos versículos, ya que presentan importantes revelaciones sobre Él. Este libro a los colosenses fue escrito por Pablo, para contrarrestar el impacto de las enseñanzas de algunos falsos maestros que estaban influyendo en la iglesia y distorsionando el evangelio.

Algo que debemos tener en cuenta en la sana doctrina, es que Jesús debe ser el centro de toda nuestra creencia, lo contrario es una falsa enseñanza. Por eso, Pablo ofrece una descripción concentrada de Jesús. El punto central es que Jesús es Dios: “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación”. Es la imagen de Alguien que no se puede ver, y quizás por eso, muchos consideran a Dios como un ser distante, pero Pablo nos dice que se ha acercado a su creación por medio de su Hijo. Esto quiere decir que Jesucristo es la verdadera y máxima revelación del Padre, Juan 1:18 dice: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”.

El mismo Jesús dijo a Felipe: El que me ha visto, ha visto al Padre, Juan 14:9. Hay que notar también el uso del tiempo presente “Él es”, no fue, ni será, sino “es”, hablándonos de un Cristo preexistente, un Cristo eterno que ahora ha llegado a la creación.

Jesús es: “el primogénito de toda creación”, es decir, el principio de toda creación, el que está sobre toda la creación. Se nos dan las dos razones por las que Él tiene esta primogenitura de la creación. En Él fueron creadas todas las cosas: significa que todas las leyes y propósitos que guiaron la creación residen en Él. Aquel que es la imagen, el Cristo, es el punto de reunión de toda la creación. No hay un solo elemento que escape de su soberanía. Todo es sometido al señorío de Cristo. Si hablamos de cosas que están en nuestro entorno, Él es el creador; si hablamos de cosas que están fuera de nuestra realidad presente, Él es el creador, de lo que vemos y de lo que no vemos. Él es eterno, antes de todo y es el sustentador de todas las cosas. Si una persona quisiera saber cómo es Dios, entonces deberá volverse a su Palabra y enterarse de todo acerca de Jesús, porque él nos muestra perfectamente cómo es el Padre.

Todos los seres humanos, estamos en deuda con el Señor Jesús como Creador y Sustentador; porque no solamente ha creado a todas las personas que entran en el mundo, Él sustenta también sus vidas diariamente, dando vida y aliento a cada uno. Pero aquellos que no le honran ni le agradecen, deben arrepentirse y volverse a Él en fe, Romanos 1:21.

Nosotros que estamos en Cristo y lo conocemos como nuestro Señor y Salvador, deberíamos expresar más gratitud hacia Él, viviendo vidas santas y consagradas, siendo testimonio para que los que no creen lleguen a los pies de Cristo.   Oración.

Gracias Padre, por tu Hijo Jesucristo y por tu Santa Palabra, que nos afirma la naturaleza divina de Jesús. Un Dios que de la eternidad vino al tiempo y que se hizo carne para habitar en medio de nosotros y darnos a conocer al Padre. Qué privilegio que te acercaste a nosotros, para liberarnos de la esclavitud del pecado, de la muerte y de la potestad de las tinieblas. Eres el Señor de todo, eres Santo y tienes toda autoridad para juzgar al mundo. La verdad central de mi fe es que tú Jesús, eres Dios en toda tu plenitud, por eso mereces toda mi adoración, amén.  



miércoles, 15 de abril de 2026

Cristo mi realidad viviente

 Cristo mi realidad viviente

“Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios”. Filipenses 1:9-11

¿Qué son frutos de justicia? ¿Por qué el Señor nos pide estar llenos de ellos por medio de Jesucristo? Aquí los frutos de justicia son los frutos que el Espíritu Santo produce en nuestra vida, y que forman el carácter de Cristo y el reflejo divino de su gloria en nosotros. Esto debe honrar a Dios y ensalzar su Nombre. El Señor nos está llamando a la santidad, llevando un estilo de vida en obediencia a sus demandas, este estilo de vida es señal de una conciencia de pertenecer a Dios y estar apartados para vivir conforme al propósito divino.

“Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor”. Pablo intercede por los filipenses desafiándolos a la plenitud y a la madurez, pidiendo que el amor abunde en ellos, un amor que crezca en conocimiento y en todo discernimiento espiritual, llevándolos a mayor sabiduría y claridad mental, o sea capacidad para distinguir lo bueno y lo mejor.

“A fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo”. Es un llamado a una vida superior, una vida saturada de Cristo que se caracteriza por ser limpia, amigable, una vida que ama, perdona y sirve. Una vida sincera sin mezcla de impureza.

La palabra “sinceros” proviene de los tiempos del Imperio Romano, cuando en Roma se vendían objetos artísticos de mármol de una sola pieza. Pero algunos objetos tenían fisuras o defectos que se los emparejaba o disimulaba con cera y, una vez pulidos, semejaban ser íntegros, pero al exponerse al sol las imperfecciones se hacían visibles, o la cera se derretía. Otros eran “sin cera”, o sea que estaban completos, sin faltas. Pablo pide que los cristianos vivamos vidas superiores, genuinas, verdaderas, sinceras. Una vida irreprensible, sin ofensa, sin ser causa de tropiezo, una vida transparente que glorifique a Dios, para no tener que temer un juicio adverso, no sólo desde el punto de vista humano, sino ante el juicio de Cristo mismo.

“Llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios”. Nos pide que tengamos una existencia fructífera. El fruto aquí no es algo cuantitativo que se pueda contabilizar como tantos convertidos o tantas horas pasadas en oración o tantas cosas que hacemos para el Señor. Es más bien un fruto cualitativo, fruto de justicia. Es el fruto que viene por medio de Jesucristo, y no busca la glorificación y la fama humana, sino la gloria y alabanza de Dios.

¿Es Cristo una realidad viva en nuestras vidas? ¿Podemos ver su Presencia divina en cada situación que vivimos? ¿Podemos decir como Pablo “porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia”?

Si Cristo es una realidad viviente, podremos estar gozosos en medio de las crisis y vislumbrar el cielo azul en medio de la adversidad, la soledad y la tristeza. Porque cuando el corazón está en estrecha relación con el corazón del Señor, cuando Jesucristo es el factor principal detrás de todos los detalles de la vida, se puede experimentar alegría y paz en todas las circunstancias. Cristo, la realidad viviente, hará la diferencia en la vida que se abre a su llenura y plenitud.   Oración.

Señor lléname de tu fruto cada día para poder reflejar lo que tú eres a los demás. Haz que mi corazón abunde en amor y en todo conocimiento espiritual para ser testimonio a otros en rectitud y sinceridad, llevando una vida irreprensible llena del Espíritu Santo, para dar gloria y alabanza a Dios con mi vida, amén. 



martes, 14 de abril de 2026

Queja en vez de alabanza

 Queja en vez de alabanza

“Partió luego de Elim toda la congregación de los hijos de Israel, y vino al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, a los quince días del segundo mes después que salieron de la tierra de Egipto. Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto; y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud”. Éxodo 16:1-3

En este pasaje vemos cómo Dios sacó milagrosamente al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto y los hizo cruzar por el mar Rojo en seco, pero a lo largo de su travesía por el desierto, y a pesar de las señales que el Señor hizo delante de ellos, vemos a un pueblo inconforme y quejumbroso, que murmuraba contra sus lideres espirituales Moisés y Aarón. Nunca estaban satisfechos. La palabra murmuró se menciona siete veces en los primeros once versículos de este capítulo. Eso hizo que Moisés perdiera la paciencia con este pueblo, tanto que en Éxodo 16:20 dice: “Más ellos no obedecieron a Moisés, sino que algunos dejaron de ello para otro día, y crió gusanos, y hedió; y se enojó contra ellos Moisés”.

Dios tenía un propósito con su pueblo al sacarlos de la esclavitud y era que aprendieran a depender absolutamente de Él, ese Dios de maravillas que había demostrado su poder todo el tiempo, quería que confiaran, por eso al no proveer de antemano para todas sus necesidades, estaba probando su fe, les daba conforme a la urgencia del momento. Su providencia se mostró constantemente demostrándoles su cuidado, al mismo tiempo utilizó cada situación didácticamente para que aprendieran a desarrollar su confianza en Él.

Al proveer el maná les enseñó que no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Cada uno tuvo que confiar que el Señor supliría lo necesario y aprenderían la importancia de obedecer la instrucción que les había dado como dice Éxodo 16:4-5 “Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no. Más en el sexto día prepararán para guardar el doble de lo que suelen recoger cada día”.

Además de esto les proveyó codornices y agua para que calmaran su hambre y su sed. Pero con frecuencia murmuraban, pensando en la comida de Egipto y aun deseando otra vez la esclavitud, antes que morir de hambre en el desierto, lo cual sabemos que no pasaría pues el Señor siempre les suplía todo lo que necesitaban.

Cuando pasamos por dificultades familiares, de trabajo o de la iglesia, quejarse o enojarse no arreglará la situación. El Señor usa nuestros momentos de debilidad para enseñarnos a crecer en fe. Recordemos que Jesús es el verdadero pan del cielo que puede satisfacer la mayor necesidad que tenemos y es una vida restaurada y eterna con Dios, Juan 6:48-51. Él siempre suplirá todo lo que nos falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús, Filipenses 4:19.

¿Cuánto agradecemos por el pan de cada día? Mateo 6:11, ¿Será que siempre nos quejamos porque nunca estamos satisfechos?     Oración.

Perdóname, Señor, por las veces que murmuro acerca de las situaciones que suceden en mi vida, enséñame a confiar plenamente en ti, en tu amor y provisión. Ayúdame a enfocarme en todo que he recibido de ti y en la manera como me has bendecido. Quiero detenerme y agradecerte por las cosas buenas que has hecho en mi vida. Cambia mi queja por alabanza, reconociendo tu grandeza, majestad y soberanía sobre mi vida. Amén.



lunes, 13 de abril de 2026

Enséñanos a vivir por fe

 Enséñanos a vivir por fe

“Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo: Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación”. Lucas 2:25-30

“Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad”. Hebreos 11:13-16

¿Quién era Simeón? La Biblia solo dice que era un hombre justo y piadoso que vivía esperando la promesa de un Mesías y que el Espíritu Santo estaba sobre él. Son cualidades que necesitamos para estar en comunión con Dios y recibir la revelación de Dios por medio del Espíritu Santo. Como dice el Salmo 25:14 “la comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto”.

El Espíritu Santo le había revelado a Simeón que no moriría hasta ver al Ungido del Señor. Fue movido por el Espíritu a ir al templo y encontró a Jesús, cuando sus padres lo estaban presentando conforme al rito de la ley. Tomó al niño en los brazos y con lágrimas de gozo bendijo al Mesías que tan solo era un bebé, diciendo sobre Él estas palabras: “Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel”, Lucas 2:29-32

Qué hermoso relato entre tanta multitud que iba y venía al templo de Jerusalén, un anciano esperaba el cumplimiento de una promesa. Su fe lo mantenía con la esperanza viva de que no moriría sin antes ver al Mesías, en un instante toda una vida de espera encontró su descanso. Simeón no vio milagros, ni escuchó sermones, pero sostuvo al Salvador en sus brazos, ese niño era el cumplimiento de todas las promesas de Dios.

Esto debe enseñarnos a esperar en fe cuando todavía no vemos el resultado, entendiendo que la fe mira más allá de lo visible porque confía en la fidelidad de Dios. Es buscar, como Simeón, comunión con el Dios que es fiel a sus promesas, esperando su respuesta en su tiempo.

Es vivir por fe a pesar de lo que no veamos, confesando como el salmista: “¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; más la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre” Salmos 73:25-26. ¿Será que independientemente de lo que estamos pasando, podemos confesar lo mismo?

El tesoro de Simeón no era el templo, ni la vida larga, sino el Salvador en sus brazos. Jesús sería luz para revelación de los gentiles y gloria de su pueblo Israel. Simeón comprendía que el alcance del evangelio sería universal, la salvación que sostenía en sus brazos no era solo para su nación, sino para el mundo entero. Lo que él esperaba en sombras, ahora nosotros lo vemos con claridad. La luz del mundo ha venido y esa luz es Jesucristo que sigue disipando la oscuridad de los corazones.   Oración.

Señor, mis ojos han visto tu salvación, haz crecer mi fe para no flaquear cuando no vea respuestas, recuérdame que muchos en el Antiguo Testamento murieron esperando la promesa del Mesías, pero su fe no flaqueó porque tenían la esperanza celestial, “todos estos murieron creyendo”. Que tu Espíritu que proveyó para sostener la esperanza de Simeón y proveyó para su gozo, me enseñe a vivir por fe, por eso, quiero esperar con gozo y vivir en paz hasta verte cara a cara, amén.



domingo, 12 de abril de 2026

El río de tu Espíritu

 El río de tu Espíritu

“Y salió el varón hacia el oriente, llevando un cordel en su mano; y midió mil codos, y me hizo pasar por las aguas hasta los tobillos. Midió otros mil, y me hizo pasar por las aguas hasta las rodillas. Midió luego otros mil, y me hizo pasar por las aguas hasta los lomos. Midió otros mil, y era ya un río que yo no podía pasar, porque las aguas habían crecido de manera que el río no se podía pasar sino a nado. Ezequiel 47:3-5

“Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, Sangre y fuego y vapor de humo; el sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, Grande y manifiesto; y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”. Hechos 2:17-21

Esta es parte de una visión profética dada a Ezequiel, donde él veía un río que fluía directamente del templo, señalándolo como una fuente de bendición para el pueblo de Dios. En esa visión el Señor mostraba ese río como un milagro que traía vida, crecimiento, vitalidad, renovación, fertilidad, esperanza y seguridad. Esta visión le llamó a Ezequiel poderosamente la atención ya que Jerusalén es la única ciudad del mundo antiguo que no está situada junto a un río y sabemos que un suministro de agua es esencial para la vida y la defensa.

Estas aguas fueron aumentando de volumen, hasta no poder cruzar el río sino a nado, haciendo referencia a los torrentes de agua que fluirían en los creyentes al ser llenos del Espíritu Santo, como lo profetizó Jesús en Juan 7:38-39a “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él”.

Aunque el río en Ezequiel tiene un significado simbólico, apunta al río que habrá en el reino venidero del Mesías, que a lo largo de sus riberas producirá árboles que proveerán abundante fruto y sanidad a las naciones. Joel 3:18 lo expresa así: “Sucederá en aquel tiempo, que los montes destilarán mosto, y los collados fluirán leche, y por todos los arroyos de Judá correrán aguas; y saldrá una fuente de la casa de Jehová, y regará el valle de Sitim” y Zacarías 14:8 “Acontecerá también en aquel día, que saldrán de Jerusalén aguas vivas, la mitad de ellas hacia el mar oriental, y la otra mitad hacia el mar occidental, en verano y en invierno”. El río simboliza la vida que proviene de Dios y las bendiciones que fluyen de su trono. Es un río manso, seguro y profundo, que se extiende a medida que fluye.

Sin embargo, por analogía espiritual, este pasaje nos muestra una imagen poderosa del progreso y profundidad crecientes en nuestra vida espiritual, cuando permanecemos en la Presencia de Dios. Ilustra una progresión desde los tobillos, a las rodillas, a la cintura, hasta profundidades donde uno ya no puede tocar el suelo y debe nadar. Es disfrutar cada vez más de la vida abundante de Cristo en nosotros. Para ello debemos crecer en nuestra comunión con Dios, permitir ser transformados por su Palabra, experimentando la pureza de Cristo y su santidad en nuestra vida, hasta que la longitud, profundidad, anchura y altura del amor de Cristo, sean evidentes en nosotros, hasta que lleguemos a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, Efesios 4:13.

Dios proveerá a la humanidad, en su momento, la respuesta definitiva a sus más complejas preocupaciones a través del fluir de su Espíritu. Alegrémonos de que el derramamiento del Espíritu Santo de Dios profetizado para los tiempos que estamos viviendo, producirá sanidad y restauración a todas las naciones. Acojamos con gozo esta gracia en nuestra vida, recordando que las aguas provienen del altar de Dios, en otras palabras, de estar en su Presencia, ya que todo lo que llega a nosotros por medio de bendiciones viene por medio de la cruz de Cristo y de permitir que Él viva a través de nosotros.    Oración.

Gracias Jesús, por haber dado la promesa del derramamiento de tu Espíritu para tu iglesia. Todas las profecías sobre las aguas de las que fluyen bendiciones anticiparon la obra del Espíritu Santo en mi vida y en la vida de cada uno de los creyentes. Desde el momento en que creí en ti y te recibí en mi corazón como mi Señor y Salvador, tu Espíritu vino a morar en mí y quiero caminar cada día en su plenitud. Ayúdame a profundizar en mi intimidad contigo, para reflejar siempre tu presencia, amén.



sábado, 11 de abril de 2026

Florecer en esperanza

 Florecer en esperanza

“Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo”. Romanos 15:13

En este versículo Pablo hace resonar grandes palabras de la fe cristiana que irradian luz una tras otra. “El Dios de esperanza”, nos muestra que Él es la fuente de esperanza. Confiar en Dios es la clave para superar las pruebas y fortalecer nuestra vida espiritual. En este mundo inestable es la única base segura que tenemos, como dice Salmos 71:5 “Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza, seguridad mía desde mi juventud”. Su gracia es suficiente para todas nuestras necesidades por eso, no hay situación desesperada sino creyentes que han desviado su mirada de la fuente, nadie está sin esperanza mientras exista la gracia de Jesucristo y no hay situación desesperada mientras exista el poder de Dios. El “gozo y paz en el creer” es el medio, porque estas virtudes se experimentan al confiar en las promesas de Dios y son el fruto del Espíritu Santo que resultan de nuestra comunión con Dios, cuando le creemos y activamos nuestra fe. El gozo no depende de nada que esté fuera de nosotros, mana de la Presencia del Señor, de la certeza de que nada nos puede separar de su amor. La paz también es un fruto del Espíritu Santo y solo no lo experimentamos cuando dejamos de rendirnos a Cristo y no le permitimos que tome el control de nuestra situación. La preocupación por las cosas externas nos puede robar esa paz. Si estamos seguros del amor de Dios podemos pasar las adversidades entendiendo que el Señor tiene un propósito con todo, aunque en el momento no lo comprendamos. Como resultado debemos abundar en esperanza, porque Dios es Soberano sobre nuestras vidas, como dice Hechos 2:26 “Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, y aun mi carne descansará en esperanza”. Por último, el “poder del Espíritu Santo” que nos transforma y nos ayuda en nuestra debilidad; recordándonos que por nosotros mismos no podemos hacer nada, pero que todo es posible con Dios. Ante situaciones difíciles la esperanza se encuentra en su fidelidad. Cuando hay unidad en la iglesia, la esperanza es compartida y nos ayuda a soportar las debilidades de otros y a mantener la paz entre todos. La esperanza cristiana permite tener gozo y paz inquebrantables, incluso en medio de la tristeza y el sufrimiento. Todo el plan de redención está diseñado para que nos reconciliemos con nuestro bondadoso Dios y con nuestros semejantes, de modo que podamos alcanzar la esperanza permanente de la vida eterna por medio del poder santificador y consolador del Espíritu Santo. Nuestro propio poder nunca lograría esto. Todo verdadero gozo y paz es por la obra poderosa del Espíritu Santo.  Oración

Señor, confío en ti, que tu gozo y tu paz refuercen mi fe, trayéndome esperanza, poder y fuerza para seguir adelante. Que el poder de tu Santo Espíritu, produzca fruto en mi corazón para reflejar siempre a Cristo a través de mi vida, amén.



viernes, 10 de abril de 2026

Caminar en la Verdad

 Caminar en la Verdad

“El anciano a la señora elegida y a sus hijos, a quienes yo amo en la verdad; y no sólo yo, sino también todos los que han conocido la verdad, a causa de la verdad que permanece en nosotros, y estará para siempre con nosotros: Sea con vosotros gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo, Hijo del Padre, en verdad y amor. Mucho me regocijé porque he hallado a algunos de tus hijos andando en la verdad, conforme al mandamiento que recibimos del Padre. Y ahora te ruego, señora, no como escribiéndote un nuevo mandamiento, sino el que hemos tenido desde el principio, que nos amemos unos a otros”. 2 Juan 1:1-5

Aquí el apóstol Juan se identifica como el “anciano,” sugiriendo que era mayor que otros cristianos y que podía aconsejarlos gracias a su conocimiento y fe más madura, ya que en ese entonces la iglesia estaba siendo atacada por maestros itinerantes que propagaban herejías y perturbaban la fe los creyentes.

Esta carta describe a la iglesia como una familia unida por lazos de amor, con sus miembros ofreciéndose hospitalidad unos a otros; sin embargo, ambiciones egoístas y celos amenazaban la fraternidad de la iglesia, por eso, Juan los exhorta a dejar esas actitudes y a esforzarse por mantener las relaciones de amor entre sí.

Les advierte de tener cuidado a quiénes deberían recibir y a cuáles rechazar en sus casas, reconociendo a los que eran genuinos creyentes de aquellos que enseñaban herejías y negaban la encarnación de Jesús, y se habían separado de la verdadera doctrina. La señora elegida quizás se refería a una respetable madre cristiana cuyos hijos perseveraban en la fe y que era ejemplo para otros, o a la misma iglesia representada como una familia.

Juan presenta a Jesús como la Verdad en la cual debemos andar. Caminar en amor es la evidencia de que Él vive en nosotros. Nos alienta a seguir mostrando hospitalidad hacia nuestros hermanos, además nos recuerda que debemos recibir a Jesús como el Hijo de Dios, presentando tanto la deidad de Cristo como su humanidad, porque todo el que niega la verdad fundamental sobre la persona divina y humana de Cristo no tiene a Dios. Juan ve en el compañerismo un rasgo distintivo de la vida cristiana dando testimonio de la verdad concerniente a la persona de Cristo. todo esto nos insta a nosotros a reconocer fielmente a Jesús y a distinguir las falsas doctrinas que hoy están surgiendo en el mundo en contra del Ungido de Dios, su Hijo amado.

Las palabras de Juan escritas con ternura, no nacen de la teoría, sino de una vida sumergida en Cristo; y al pensar en la iglesia, como sus hijos espirituales se llena de gozo, porque algunos están andando en la verdad, conforme al mandamiento que recibimos del Padre. Entonces, como quien recuerda algo esencial que nunca debe olvidarse, añade en 2 Juan 1:5: “y ahora te ruego, señora, no como escribiéndote un nuevo mandamiento, sino el que hemos tenido desde el principio, que nos amemos unos a otros”. Como lo enseñó el Señor Jesús y que marcó la vida de sus discípulos, porque el amor no es una nueva idea, sino una medida más alta que debemos alcanzar por medio de Cristo y es amar como Él lo hizo. Veamos Juan 13:34 “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros”.

Andar implica movimiento diario, decisiones constantes, pasos visibles, significa que el amor se debe notar en cómo hablamos, cómo respondemos, cómo perdonamos, cómo servimos, incluso cuando nadie nos ve. Por eso Juan reafirma en 2 Juan 1:6: “Y este es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio”  Oración.

Señor, caminar en amor es la evidencia de que tú vives en mí, es elegir hoy paciencia cuando quiero reaccionar, es extender tu gracia cuando preferiría justicia, es decir la verdad, pero con ternura como lo hizo el apóstol Juan. Es permanecer fiel aun cuando amar duela, y mientras camino así, descubrir que tú obras a través de mí. Señor camina conmigo, que cada paso que dé, esté alineado con tu voluntad y que mi obediencia a tus mandamientos sea el fruto de un corazón que te ama, amén.



jueves, 9 de abril de 2026

 Plantados en la presencia de Dios. Parte 2

“Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes, para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto, y que en él no hay injusticia”. Salmos 92:14-15

Ayer aprendimos a través del Salmo 92:12-13, que florecemos y damos fruto plantados en la Presencia de Dios. La experiencia de vida de un creyente fiel a Dios debe ser que fructifique aun en la vejez, siendo ejemplo para aquellos que apenas están creciendo. Los versículos del 14 al 15 nos describen la prosperidad, fortaleza y longevidad espiritual del justo, que, como el cedro del Líbano, sigue dando fruto, manteniéndose fuerte, vigoroso y testificando de la rectitud de Dios, porque ha permanecido plantado en la casa de Dios, en su Presencia, dependiendo de Él en cada temporada de su vida.

Tanto la palmera, como el cedro del Líbano representan la rectitud, la victoria y la capacidad de florecer en ambientes difíciles, como en el desierto, porque en sus años de caminar con el Señor ha florecido no por sus fuerzas, sino por la gracia que recibe. Estos árboles, con lo que es comparado, simbolizan la fuerza, la firmeza, la longevidad porque ha aprendido a confiar y esperar en Dios en medio de los desafíos de la vida. Recordemos lo que dice Isaías 40:29-31 “El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”.

El verdadero crecimiento no ocurre fuera de la voluntad de Dios, sino en la comunión continúa con Él. Estar plantados significa estabilidad, perseverancia y cercanía a Dios, que es la fuente de vida que asegura la vitalidad espiritual.

A diferencia de las filosofías de este mundo, donde la vejez se ve muy a menudo como una etapa de decadencia, la Palabra de Dios promete que el justo seguirá dando fruto aun en su vejez, porque la energía espiritual y la vitalidad interior no dependen de él, sino del poder del Espíritu Santo que habita en su vida, incluso cuando su cuerpo físico envejece, como lo dice 2 Corintios 4:16 “Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día”.

Hemos sido trasplantados al reino de Dios y colocados en una nueva posición por el plan y trabajo del Jardinero, nuestro Señor Jesucristo. Nos ha adoptado como sus hijos y nos ha otorgado la seguridad de estar en su Presencia. Por eso ahora más que nunca debemos anunciar más fuerte que Jesús es nuestro Señor y Salvador, nuestra Roca fuerte y entre más años de edad tengamos, más determinación espiritual debemos tener para proclamarlo.

Entonces no hay excusas para cumplir con nuestro objetivo final en esta tierra, tanto jóvenes como ancianos, debemos entender que nuestro propósito es anunciar que Dios es recto, que es fiel y justo. La pregunta que deberíamos hacernos es: ¿Refleja nuestra vida la rectitud de Dios ante los demás, sin importar la edad? ¿Qué frutos estamos dando hoy?    Oración.   

Mi amado Señor, que el justo florezca como la palmera significa estar firme por encima de las circunstancias de la vida. Que veas en mí, un hijo recto, fuerte y sólido que ha aprendido a confiar y a esperar en ti cualquiera que sea la temporada que esté viviendo. Solo por tu Santo Espíritu tengo la fortaleza y vitalidad que necesito para seguir adelante, produciendo siempre frutos espirituales, siendo fiel hasta el final y enseñando a mi generación la experiencia de servicio a ti, desafiándolos a crecer en tu Presencia y florecer espiritualmente. Amén.