En el poder del Espíritu
“Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos”. Lucas 4:14-15
Jesús fue equipado con el poder del Espíritu Santo para iniciar su ministerio terrenal, que empezó en Galilea, era la región del norte de Palestina, este nombre quiere decir círculo, y viene del hebreo “galil”. Se llamaba así porque estaba rodeada de naciones no judías. Tenía una gran densidad de población. Esa fue la tierra en la que empezó Jesús. Era su propia tierra; y le dio, por lo menos al principio, una audiencia dispuesta a escucharle y a interesarse por su mensaje. En toda esa región comenzaron a hablar de Él cuando inició enseñando en las sinagogas. Se empezó a sentir su influencia. La sinagoga era el verdadero centro de la vida religiosa de Palestina. Este período del ministerio de Jesús se ha llamado “la primavera galilea”. Jesús llegó con un mensaje nuevo diciendo que el reino de los cielos se había acercado. Los corazones humanos estaban hambrientos de la Palabra de Dios, y aún no se habían dado cuenta del golpe que había de dar Jesús a la ortodoxia de su tiempo. La oposición aún no se había cristalizado.
El ejemplo de Jesús nos muestra que también hemos sido llamados a continuar la obra del ministerio para extender el reino de los cielos en esta tierra, pero, así como Jesús, necesitamos empoderamiento espiritual, porque aunque era Dios hecho hombre no operó en su propia fuerza, sino lleno del Espíritu Santo, tras haber sido tentado en el desierto, demostrando que la victoria sobre la tentación habilita el servicio.
Jesús nos ha dado “la primavera galilea”, y es el ministerio en el lugar donde estamos en este momento y tenemos que entender que se realiza bajo la dirección y poder del Espíritu Santo, buscando enseñar la Palabra con la autoridad que proviene de la obediencia a Dios. Es evidente que los períodos de prueba nos ayudarán a moldear el carácter de Cristo y a hacernos más sensibles para la obra del ministerio, no es de extrañar que cuando decidimos servir al Señor, empezarán todos los ataques del enemigo, para desanimarnos o para que desistamos en cumplir el mandato de ir y hacer discípulos a todas las naciones.
Hebreos 2:17-18 nos dice: “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados”. Nuestro Señor se identificó con nosotros, y de esta manera, después de su prueba en el desierto, necesitó el fortalecimiento del Espíritu Santo para cumplir su ministerio, ¡cuánto más lo necesitamos nosotros! Por eso sigamos adelante en el cumplimiento del llamado que Dios nos ha hecho a través del Señor Jesucristo. Oración.
Amado Jesús, gracias por darme tu ejemplo y por entender que solo podré cumplir el mandato de la Gran Comisión guiado y dirigido por tu Santo Espíritu, quien me empodera para llevar tu mensaje y hacer discípulos donde quiera que esté. Enséñame a ser sensible a la voz de tu Espíritu y obediente a las enseñanzas de tu Palabra, en el Nombre de Jesús, amén.
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