Compartir de nuestra esperanza con poder
“pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”, Hechos 1:8
En el devocional de ayer, se planteó una base sólida para compartir el evangelio.
Si esta base es sólida, la evangelización está en el poder del Espíritu Santo y no en la obra humana, así que luego de entender este fundamento, que es Cristo mismo en nosotros, necesitamos llevar a la persona al nuevo nacimiento, como hizo Jesús con Nicodemo. Es necesario que la persona nazca de nuevo, sino corremos el riesgo de estar luego discipulando gente muerta.
Para sustentar ésto miremos que en Hechos 18:24-28, vemos el caso de Apolos, quien necesitaba el mensaje verdadero, preciso, para poder ser salvo, sus buenas obras y su gran conocimiento no eran garantía de salvación sino solo el nuevo nacimiento, por el Espíritu. Miren lo que dice el Espíritu Santo de él: “varón elocuente, poderoso en las Escrituras. Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan”. Así que Aquila y Priscila lo llamaron aparte y le llevaron a recibir al Espíritu, es decir, a ser uno con Cristo; de esta manera le explicaron “más exactamente el camino de Dios”.
Miremos también en Hechos 19:1-7 está el caso de otros 12 hombres, “Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso, y hallando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo. Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan. Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban. Eran por todos unos doce hombres.”
El amor de Dios se derramó en sus corazones; entonces no importa qué tanto sabes, sino quien te habita, quien te conoce. Este conocimiento es la unión con Cristo, no un conocimiento intelectual, bíblicamente el conocimiento de Dios no es “saber algo” es “tener a alguien”, a Cristo mismo.
No hay una técnica o estrategia mejor que otra, pero sí es Cristo mismo el que nos usa para que lo conozcan y los que crean lo reciben como Señor y Salvador, es impactante y contundente. Hermano, cuando conozcas a alguien, ora por esa persona, explícale con entendimiento que sucedió en ti, háblale acerca de la justicia, del pecado, del estado del hombre sin Dios, háblale de los mandamientos, pues esto lo hará ver su condición y su necesidad del Salvador (Hechos 24:25), pero luego sin demora llévalo a la gracia, a compartirle por gracia lo que tú mismo has recibido por gracia.
Entonces, guía la oración para que esta persona nazca de nuevo, que confiese con su boca y crea en su corazón, para que sea salvado por Cristo mismo (Romanos 10:14-17). Oración.
Padre, por el Espíritu que has puesto en mi, he recibido el poder para ser testigo cierto de Cristo, pues he sido unido a Él, lo he visto realmente a través de los ojos de la fe, y percibo su acción transformadora en mí, no solo me dio vida nueva sino también con él todas las cosas, úsame ahora para mostrar tu gloria y amor, compartiendo el evangelio de gracia y salvación. Amén.
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