Las dimensiones de la fe
“puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.” Hebreos 12:2
"Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó." Juan 8:56
“Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.” Gálatas 3:7
La fe no se puede reducir a una sola definición, sino que debe explorarse desde múltiples aristas y perspectivas; explicar de manera sencilla no significa cortar o volver “simplista” un tema tan profundo, sobre todo si este es la base de toda nuestra experiencia cristiana.
La primera vez que la Escritura menciona el tema de la fe es en Génesis, y se refiere a la fe imputada como justicia al creer lo que Dios promete. Es decir, la fe se revela como la vía por la cual Dios declara justo al hombre al poner su mirada en la promesa divina, mostrando el efecto que tuvo la fe de Abraham: “Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia” (Génesis 15:6).
Pero hay algo clave: el mismo Señor Jesucristo revela el objeto real de la fe de Abraham y el fin de la promesa dada cuando dice en Juan 8:56 “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó”.
Lo que le fue mostrado a Abraham fue a Cristo mismo y, con Él, todas las cosas; lo cual quiere mostrar que la fe patriarcal no se apoyaba en recompensas terrenales ni geográficas, sino en la revelación de la persona del Mesías, del Salvador, por medio del cual la bendición dada por Dios pertenece a todos los que creemos en Jesús: “Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.” (Gálatas 3:7). Esta bendición nos alcanza plenamente, colocando un sello definitivo y de garantía total: “para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu” (Gálatas 3:14).
La promesa, hermanos, fue Cristo mismo. Nos fue dado el regalo inmerecido y el cumplimiento de su bendición definitiva dada a Abraham. Dios trae a todos los creyentes la fe al levantar a Cristo de los muertos y colocarnos en Él: “por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17:31). Oración.
Padre, gracias por levantar a Cristo de los muertos, por darnos como regalo su vida eterna en nosotros y por unirnos a Él. Amado Señor, gracias porque por la fe en Cristo soy transformado. Guíame a aprender plenamente las dimensiones de esta fe para colocarla en acción.

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