El Dios que renueva, restaura y abre caminos
“No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad”. Isaías 43:18-19
Isaías 43 es un mensaje dirigido a Judá durante su exilio en Babilonia. Habían sido llevados cautivos como consecuencia de su desobediencia, pues abandonaron al Señor por ir detrás de ídolos. En el cautiverio se sintieron abandonados por Él; pero no era así, en medio de su desesperanza, el profeta Isaías les da una promesa de parte de Dios, recordándoles su poder creador y redentor. Así como en el pasado abrió el mar Rojo y los liberó, ahora promete “una cosa nueva”: un nuevo acto de salvación que superará al anterior.
El último suceso al que evidentemente se alude, es la futura restauración de Israel. De manera que “las primeras cosas” son los acontecimientos de la destrucción de Senaquerib y el regreso de Babilonia. “Las cosas viejas” son sucesos más antiguos todavía, como la liberación de Egipto, la del Mar Rojo y la entrada en Canaán. Dios habla a un pueblo cansado, cargado de culpa y sin esperanza: “yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz”. Así como Israel fue guiado y abastecido de agua por Jehová en el camino del desierto, desde el Mar Rojo hasta entrar en Canaán; la nueva liberación será seguida de manifestaciones del poder y amor de Dios que eclipsará a la antigua.
Esta también es una promesa para nosotros. Tan maravillosas serán las futuras interposiciones de Dios a nuestro favor, que las pasadas, comparadas con éstas, serán echadas en el olvido, la gloria venidera que tendremos nublará todos nuestros padecimientos temporales de este mundo. Porque Él no se limita al pasado, lo que ha hecho antes ha sido glorioso, pero su obra no se agota allí. Él abre camino en lo imposible. Un desierto no ofrece salida y una tierra seca no da agua; sin embargo, Dios transforma los escenarios más áridos. Su propósito es restaurar y guiar. Aun cuando no veamos nada, Él ya está obrando.
Hoy también enfrentamos “desiertos”, problemas que no tienen solución, rutinas que parecen estancadas, relaciones secas, pero Isaias nos recuerda que la historia no termina con el dolor porque el Dios que nos rescató sigue actuando con poder. Por eso nos dice: “Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad”. Esos ríos expresan la influencia del Espíritu Santo en nuestra vida, Juan 7:37-39.
Participemos de lo nuevo, de nuestra nueva naturaleza, porque su promesa nos invita a reconocer la obra de Dios. “¿No la conoceréis?” Para ello requerimos ojos atentos, oración, obediencia y confiar en el Dios que renueva, restaura y abre caminos donde parece que no hay salida. Oración.
Señor, cuando miro mi pasado agradezco a ti que me diste un nuevo comienzo, confío en tu cuidado y provisión porque ahora veo ríos de agua viva en mi interior por la presencia de tu Espíritu Santo. Sé que haces cosas nuevas aun cuando no las percibo. Abre mis ojos para ver tu obra, fortalece mi fe para caminar en tus promesas y haz que por tu Espíritu corran ríos de agua viva en mí. En el Nombre de Jesús, amén.