¿Con qué me presentaré ante Dios?
“¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios”. Miqueas 6:6-8
Esta porción bíblica comienza con una pregunta que nos hemos hecho alguna vez: ¿Con qué me presentaré ante Dios, y adoraré al Dios Altísimo? Quizás nos sentimos indignos para buscar la presencia de Dios, que no tenemos nada para agradarlo y para dar, y realmente es así, nosotros en nuestra propia naturaleza no tenemos nada para ofrecerle a un Dios tan Sublime, pero Él quiere de nosotros un corazón sincero.
El pueblo de Israel y de Judá estaban en una decadencia espiritual y social, se habían apartado de Dios, confiando en sacrificios externos y en rituales religiosos, pensaban que estaban cumpliendo con sus deberes de la religión según la ley. Pero, realmente su corazón estaba lejos de Dios, ya que vivían en injusticia, opresión y falta de amor hacia su prójimo. Postrarse, presentar holocaustos, o sacrificar becerros solo eran rituales vacíos que no tocaban el corazón de Dios. Hoy puede estar sucediendo lo mismo con muchos creyentes que no toman en cuenta la actitud de su corazón, no adoran en espíritu y en verdad, solo asisten a una iglesia por costumbre y religiosidad. Es necesario reflexionar y preguntarnos: ¿Qué le estamos ofreciendo a Dios?
Para Dios, el acto de adorar va de acuerdo con el valor de la vida y actitud del adorador. Jesús dijo: “…los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad”, Juan 4:23 Lo que realmente Dios desea no son ofrendas vacías, sino un corazón obediente, sumiso a Él, y una vida realmente transformada.
Lo que Él demanda son tres cosas y Jesús las tenía claras en su mente, veamos Mateo 23:23 “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello”.
Hacer justicia, tiene que ver con nuestra relación para con otros, es decir, con nuestra conducta externa. Se trata de vivir con integridad, ser honestos en lo que hacemos, rechazar la corrupción, defender a los vulnerables y tratar a los demás con equidad. Debemos actuar a favor de la justicia.
Amar misericordia (o fiel amabilidad), tiene que ver con nuestra disposición interior; lo que sentimos y somos en nuestro interior. No basta con tener misericordia ocasionalmente, Dios nos llama a amarla, a deleitarnos en perdonar a otros, a ayudar y mostrar compasión siempre. Debemos reflejar el mismo corazón de Dios como dice Miqueas 7:18 “¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia”.
Andar humildemente, obvio tiene que ver con nuestra relación con Dios. Nos debemos humillar andando con Dios. La verdadera espiritualidad no es altiva ni arrogante, implica humildad, dependencia diaria, reconociendo que no se trata de nuestras fuerzas y méritos sino de su gracia divina.
Amados, Dios no nos está pidiendo sacrificios grandiosos, ni actos externos para impresionarlo, lo que Él quiere es que nuestra vida refleje justicia en nuestro trato con otros, misericordia en la manera de servir y perdonar, y humildad en el caminar con Él. Oración.
Señor quiero vivir de la manera que tú me pides, haciendo justicia, amando misericordia y humillándome ante ti; así podré mostrarle al mundo que eres un Dios real, cercano y transformador de vidas. Gracias por mostrarme lo que realmente esperas de mí, anhelo que mi vida sea una ofrenda para ti, en el Nombre de Jesús, amén.