lunes, 28 de septiembre de 2026

Por tu palabra echaré las redes

 Por tu palabra echaré las redes

“Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red”. Lucas 5:3-5

El ser humano tiene la necesidad de acercarse al Señor, de escuchar su voz, porque fuimos creados a través del poder de la Palabra de Dios. Asimismo, recordemos “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”, Romanos 10:17.

La fe viene por el oír, recordemos lo importante que era esto para los judíos, que cada mañana recitaban el Shemá que está en Deuteronomio 6:4-7a: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos”. Cuando el Señor dice “Oye, Israel”, es un llamado a escucharlo, a escuchar su Palabra.

Cuando inclinemos nuestro oído a escuchar lo que Jesús dice, la fe nacerá en nuestro corazón. Por eso, escuchemos a Jesús en nuestra rutina, a veces pensamos que solo lo podemos oír en la congregación o reunión espiritual de la iglesia, pero el Señor tiene otra forma de hablar más y es cuando se acerca a nosotros en medio de lo que hacemos. Lo hizo con la mujer Samaritana cuando fue al pozo a sacar agua, y Jesús le empezó a hablar y después de hablar con Él corrió al pueblo a decirles a todos que había encontrado a un hombre que le había dicho todo lo que había hecho; muchos de los samaritanos creyeron en Él por el testimonio que ella daba y otros creyeron por lo que oyeron directamente de Jesús.

Una palabra de Jesús en medio de la rutina puede cambiarlo todo. Esto pasó con Mateo cuando estaba en el banco de los impuestos, Jesús pasaba por ahí y solamente le dijo “Leví, sígueme” y al instante Mateo abandonó todo, le siguió y su vida fue transformada y hoy tenemos el evangelio de Mateo, por haber escuchado la voz de Jesús.

La Biblia nos dice que Pedro, quien era pescador, después de trabajar toda la noche no pescó nada y se encontraba limpiando las redes, estaba en su rutina, y Jesús se acercó y le pidió que apartara su barca y desde allí comenzó a enseñar. Después, “Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; más en tu palabra echaré la red”, Lucas 5:4-5, al obedecer su Palabra vino la pesca milagrosa.

Estos tres personajes tuvieron la sensibilidad de reconocer su voz y responder a ella. Hoy entendemos que muchas veces Dios intenta interrumpir nuestro día de trabajo, nuestra rutina con un versículo, una imagen, con algo que vemos, pero vamos tan distraídos que no prestamos atención a lo que nos dice. Vale la pena dejarse incomodar por el Señor, porque es muy probable que podamos cambiar la vida de alguien si escuchamos cuando Él nos habla.

Es tiempo de que comprendamos que la iglesia no es solo un cuerpo de domingo, sino que somos de lunes a domingo un pueblo que responde, unos oídos que escuchan y una fe que está atenta en medio de la rutina; salgamos de las cuatro paredes de la iglesia a hacer lo que Él nos pide: llevar su mensaje y hacer discípulos en todas las naciones. Digámosle a Jesús: “por tu Palabra Señor echaré la red.   Oración.

Señor Jesús, quiero escucharte en medio de mi batalla, en medio de mi historia, en medio de mi realidad, de mi enfermedad, en medio de cada situación de mi vida; ahora que tengo pocas fuerzas, que tengo mi mente perdida, solo quiero oír tu voz y quiero que cuando hables todo mi ser y mi corazón sean tocados por tu Presencia y "en tu Palabra echaré la red". Te necesito mi Jesús, amén.