viernes, 25 de septiembre de 2026

Vivir con la medida del cielo

 Vivir con la medida del cielo

“No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir”. Lucas 6:37-38

Estos versículos están dentro del Sermón del llano en Lucas 6:17, donde Jesús describe la ética del Reino que debemos vivir los que hemos sido hechos hijos de Dios por gracia. Nos muestra el juicio que Jesús prohíbe, el juicio hipócrita, arrogante que usurpa el lugar de Dios y nace de un corazón no transformado. Desde una visión cristiana reconocemos que el corazón humano está afectado por el pecado, Romanos 3:10-12 “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”. Por eso, cuando juzgamos desde la carne, solemos medir a los demás con dureza, pero a nosotros con suavidad. Olvidamos que también somos pecadores perdonados. Ocupamos el trono de juicio que solo le pertenece a Dios. Jesús rechaza este espíritu farisaico, podemos discernir el mal, pero debemos hacerlo con una actitud humilde quebrantada por la gracia.

También nos enseña la misericordia como fruto de la gracia. El perdón y la generosidad no son obras para ganar el favor de Dios, sino la evidencia de que ya hemos recibido misericordia. “Perdonad y seréis perdonados” este es el lenguaje del Reino. Quien ha sido perdonado por Dios perdona, quien ha recibido gracia inmerecida muestra gracia, quien ha sido tratado con paciencia divina, trata con paciencia. Nuestras acciones deben reflejar el tipo de corazón que poseemos, un corazón redimido, rendido al Señor.

La medida del Reino se ve en esta promesa: “porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir”. Muestra el principio de siembra y cosecha, no como un sistema de mérito humano, sino como coherencia moral del Reino. Dios actúa en su pueblo produciendo: humildad, mansedumbre, generosidad, disposición a perdonar, no porque somos buenos, sino porque su Espíritu Santo nos conforma al carácter de Cristo. Gálatas 5:22-23

Jesús nos ha dado la Regla de Oro que nos manda a hacer a los demás lo que quisiéramos que ellos nos hicieran a nosotros. El amor de Dios abraza por igual al santo y al pecador. Ese es el amor que debemos imitar; si procuramos todo lo mejor hasta para nuestros enemigos, seremos verdaderos hijos de Dios. La persona que ama de esa manera recibirá el mismo amor de parte de Dios. La persona que no juzga a otros no será juzgada por Dios, y la persona que da generosamente recibirá una amplia retribución.

Podemos concluir con lo que Jesús dijo: “Dad”, también dijo: “Y se os dará”. El dar y el recibir van juntos. Solamente dando nos colocamos en posición de esperar, recibir y cosechar. Y Jesús dijo que la cosecha será medida buena, apretada, remecida y rebosante.    Oración.

Señor y Padre misericordioso te doy gracias porque no me trataste conforme a mis pecados sino según tu gran compasión mostrada en Cristo. Líbrame del juicio orgulloso, de la dureza y de la hipocresía. Hazme consciente de mi propia necesidad de gracia para que pueda extender gracia a los demás. Que refleje el carácter de Jesús en mis palabras, decisiones y actitudes. Obra en mí por tu Espíritu para vivir de manera digna del evangelio que he recibido. En el nombre de Jesús, amén.