viernes, 23 de octubre de 2026

Lo que Dios unió que no lo separe el hombre

 Lo que Dios unió que no lo separe el hombre

“Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.”, Mateo 19:6

“Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer.” 1 Corintios 1:10

En el diseño original, todos estábamos unidos a Cristo.

Los apóstoles confirmaron que el verdadero evangelio consiste en recuperar ese diseño eterno, negando al hombre que divide, para vivir plenamente unidos a la cabeza que es Cristo. Eso es la iglesia, un solo cuerpo, “un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Efesios 4:5-6)

Pero en la realidad observamos que hay divisiones en la iglesia, y la escritura nos da el diagnóstico raíz, para que hallemos por el Espíritu una solución.

¿Cuándo hay divisiones? Cuando operamos en la mente propia, la carnal, y no en la mente que nos ha sido dada, la mente de Cristo.

Cuando operamos en el hombre antiguo, en la naturaleza de Adán,

Cuando operamos en nuestro esfuerzo, tratando de hacer en vez de permanecer, aún en lo que llamamos “espiritual”.

Porque las divisiones son algo de la naturaleza carnal, que describe en detalle Gálatas 5:20: “idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,”

En 1 Corintios observamos que hay divisiones y por esta razón, Pablo guiado por el Espíritu, les ruega que hablen todos una misma cosa y que no haya divisiones. Usa el griego airesis, que significa secta, exhortando a estar “perfectamente unidos a una misma mente y en un mismo parecer” (1 Corintios 1:10). La mente de Cristo es una mente corporativa, donde no hay divisiones, donde todo pensar es el de Cristo, no el individual.

En muchas de sus cartas los Apóstoles exhortan a dejar cualquier división y advierten, en esencia, que cuando un creyente toma algo genuino de Cristo pero lo utiliza para expresarse separado del cuerpo (diciendo “Yo soy de Pablo” o “Yo soy de Apolo”), está operando en la vieja naturaleza de separación. Pablo declara que él mismo debe permanecer crucificado para que se vea a Cristo, enfatizando que nadie puede abrazar la cabeza sin el cuerpo. (1 Corintios 1:10-13, 1 Corintios 3:4-9, Colosenses 2:19)

La iglesia es el cuerpo y la esposa de Cristo, y en esta similitud con el matrimonio, no podemos separar lo que Dios unió expresándonos en una naturaleza de división e hipocresía. Por esta razón en Efesios 4:13, se coloca la meta apostólica para todos nosotros hermanos queridos: “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”, viéndonos en un solo cuerpo y una sola vida, sin separar lo que Dios unió.    Oración.

Padre, gracias porque tu amor me ha vinculado íntima y profundamente con mis hermanos, en una unión orgánica en la iglesia, para mantenernos unidos en un mismo pensar, sentir y obrar, que es en Cristo, para perfección de todos y expresión de tu gloria en nosotros, amén. 



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