Arrepentimiento y santificación
“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio”, Hechos 3:19
Debemos reconocer la importancia del arrepentimiento. Sin embargo, no debe entenderse como una obra humana mediante la cual primero logramos vencer el pecado para luego poder acercarnos a Dios.
En el evangelio, nos volvemos a Dios por medio de Cristo, y es Dios quien realiza la obra de liberación, perdón y transformación actuando en nosotros, mediante el mismo Espíritu que resucitó a Cristo de los muertos. (Efesios 3:20)
En Hechos 3:11-26 se explica muy bien este proceso; Pedro está hablando a personas en el contexto de la sanidad de un cojo de nacimiento que es sanado por la fe en Cristo y les habla de la muerte de Jesús y les dice que el pueblo actuó en ignorancia, pero que Dios cumplió lo que había anunciado por los profetas, que Cristo había de padecer, pero sería levantado de los muertos y los exhortó diciendo:
«Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio» (Hechos 3:19)
Por lo tanto, existe una diferencia estructural clara entre intentar vencer o corregir los pecados antes de acercarse a Dios y acudir a Dios por la fe en Cristo para que, como consecuencia, los pecados sean borrados. Esta distinción representa una diferencia teológica fundamental.
Por lo tanto, no debemos considerar el arrepentimiento como una obra previa o aislada mediante la cual limpio o mejoro mi vida para hacerme aceptable delante de Dios. Me vuelvo a Dios por medio de Cristo; y es Dios, por su gracia y por su Espíritu, quien perdona, limpia, libera y transforma. (Filipenses 2:13, Romanos 6:14, Hebreos 13:20-21).
Pero este arrepentimiento es diario, en el proceso de santificación; pues vamos cambiando de dirección en cada pensamiento, intención del corazón o acción, para que sea el obrar Cristo.
Este proceso es imposible sin la obra del Espíritu Santo, que en nosotros produce la tristeza que obra para arrepentimiento: y hace que cada día, Cristo sea formado en nosotros. Más de Él, menos de mí (2 Corintios 7:10, Gálatas 4:19)
Al transformar la forma de pensar, el corazón cambia, y cuando el corazón cambia, la conducta se transforma naturalmente. El cambio moral actúa como un fruto del proceso, no como su fundamento. El llamado es a cambiar de mente y creer que Dios ya nos ha recibido en Cristo. (Mateo 12:33, Efesios 1:6).
Hermanos, el peligro de querer perfeccionarse en la carne y confiar en el esfuerzo moral propio para mantenerse, implica decir que la muerte de Cristo fue suficiente para empezar pero insuficiente para sostener. El evangelio no son buenas intenciones, son buenas nuevas, que producen una transformación profunda pero que implican un cambio de mente radical y una fe que permanece para producir fruto. (Gálatas 3:3, Romanos 12:2, Juan 15:5). Oración.
Padre, gracias te doy por Jesucristo, porque Él es mi realidad y la fuente de mi obrar ahora, fijando mi mirada en Él, voy siendo formado en su carácter. Que cada pensamiento e intención de mi corazón sea direccionado a ti cada dia, para hacer tu voluntad. Amén.

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