martes, 13 de enero de 2026

Dios de pactos.

 Dios de pactos. 

“De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama”, Lucas 22:20

“Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.” Hebreos 8:13

Siempre hemos expresado que Dios nos llama a tener una relación personal con él, pero la doctrina bíblica expresa algo mucho más sustancial y trascendente. Es decir mucho más orgánico, íntimo y profundo. (Efesios 5:30-32)

Observemos por ejemplo, que para los profetas el problema de Dios con su pueblo es que el pacto fue quebrantado “No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová” (Jeremías 31:32), mostrando a Israel como una esposa infiel que quebrantó el pacto.

Pero ya que ese antiguo pacto no fue eficaz y reveló la incapacidad del hombre de cumplirle a Dios, entonces, Él provee un nuevo pacto, uno incondicional y eternamente perdurable, que no depende del hombre, sino de Dios completamente; entonces profetizando este nuevo pacto, dice la escritura: “Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo” (Jeremías 31:33).

Este nuevo pacto tiene fundamento legal y eterno, no depende de nuestros sentimientos, es inmutable, define nuestra identidad, destino y misión, y es el Hijo quien lo cumple, lo ejecuta y lo sostiene. ¿Y nosotros?

Pues lo primero es que nosotros, eramos ajenos a los pactos de la promesa, pero ahora somos el pueblo del pacto por la iniciativa soberana de Dios, y solo por la fe en Cristo, mediante un nuevo nacimiento, somos incluidos en él, colocados en él, unidos a él. Este énfasis de “incluidos”, “colocados”, “unidos” es clave para entender la más profunda base del evangelio: Somos una nueva creación “en” Cristo. (Efesios 2:12-13)

Por esta razón en el nuevo testamento aparece aproximadamente 164 veces la palabra “en” Cristo, pues esto corrobora nuestra inclusión en Cristo, mediante el nuevo pacto, de manera orgánica, objetiva, real e inquebrantable. (Efesios 5:30,32).

Tu, yo, y todo el que cree es unido a Cristo: “aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz”, (Efesios 2:15), un solo y nuevo hombre, en Cristo, un nuevo nacimiento por el Espíritu: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.” (1 Corintios 12:13). Este es el sentido y significado verdadero del bautismo del Espíritu Santo.

Por lo tanto, no estamos renovando una relación con Dios, somos una nueva creación, entramos por gracia por medio de la fe, por un acto soberano de Dios, en su Hijo amado y somos, vivimos y nos movemos en Él.

Mañana reflexionaremos en las implicaciones de esta realidad de haber sido colocados en el pacto “en” Cristo Jesús.   Oración.

«Padre, gracias porque me has incluido en Cristo. En él estoy completo y no me hace falta nada, pues por el pacto eterno sellado con su preciosa sangre derramada en la cruz, tengo al Hijo y por tanto tengo la vida eterna. Ayúdame a compartir esta gracia con los que no tienen verdadera vida. Para gloria de tu nombre, amén. 



lunes, 12 de enero de 2026

La gloria de Dios, no la gloria del hombre.

 La gloria de Dios, no la gloria del hombre. 

“Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios”, Juan 12:42-43

“Y él dijo: Yo he pecado; pero te ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, y vuelvas conmigo para que adore a Jehová tu Dios”, 1 Samuel 15:30

La gloria de Dios es la expresión de sus atributos, su amor, su poder, su misericordia, su revelación, la expresión misma de su naturaleza en todo lo creado. (Salmo 19:1).

Todo lo creado manifiesta su gloria, pero nosotros debemos reconocer su gloria, como nos enseña Romanos 1:21-23, que incluso habla de lo que no es la gloria de Dios o el contraste con aquello que no reconoce la grandeza de Dios: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.”

La gloria que el hombre busca es impedimento para creer y para crecer: “¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?”, Juan 5:44.

Impide el accionar y crecimiento de la fe, porque toda gloria del hombre es buscar lo suyo propio (Juan 12:42-43).

Aun el Señor Jesús, no buscaba su propia gloria, sino expresar al Padre, glorificándolo en todo, como dice Juan 8:54 “Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es; mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Dios.”,

Y aun el Espíritu Santo busca glorificar al Hijo “Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.” (Juan 16:14).

Nosotros fuimos creados para su gloria y nuestra misión es por el Espíritu glorificar al Padre, cuando el Hijo es formado en nosotros, por el poder de su Espíritu: “todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice.” Isaías 43:7 y Efesios 2:10 nos confirma: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”, observemos que dice creados “en” Cristo Jesús.

Mañana miraremos cómo aplicar este conocimiento bíblico en nuestra vida diaria, mientras tanto podemos reflexionar ¿Qué cosas en nuestra vida no le dan la gloria a Dios?    Oración.

«Padre, no a nosotros, sino a tu nombre es toda la gloria, que tu Hijo sea formado en mí para expresar en mi una gloria plena e inmarcesible, por el poder de tu Santo Espíritu, amén.



domingo, 11 de enero de 2026

Restaurados plenamente

 Restaurados plenamente

“Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos” Isaías 53:11

Cuando venga a nuestra mente, por alguna situación, la desesperanza de la pérdida, el dolor del pasado, el trauma de lo vivido, debemos ir nuevamente a la cruz, al monte donde se escuchó su grito de angustia, pues su alma fue angustiada para que tú y yo tuviéramos paz: “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos” (Isaías 53:11).

‘Y aun así, despierto siempre en el mismo lugar en el monte que te oyó gritar’, esto quiere ilustrarnos poéticamente que el único trauma que debería conmover nuestras entrañas, cada vez que lo recordamos, es la muerte de Cristo en la cruz. Porque allí también estuvimos nosotros, escuchamos su grito, pero también morimos juntamente con Cristo, para luego ser resucitados juntamente con él. (Romanos 6:6, 8). Es el único trauma que tiene recompensa eterna, que tiene cruz y que tiene resurrección.

Es cada día, sí, ir a la cruz, negándonos a nosotros mismos, no confiando en nuestro propio corazón, en lo que “siento”. Cuando nos negamos, surge la vida que nos saca de nuestros propios traumas, la vida de Cristo que nos fue impartida, donde todo está resuelto y sanado; “todo está consumado” (del griego ‘tetelestai’, significa pagado es, vencido es, liberado es). La vida que nos habita surge, cuando salgo de mi, de mi yo, de mi propio dolor, voy mejor al trauma de la cruz y a la libertad de la cruz, y en el poder de su resurrección, entonces se expresa plenamente la vida de Cristo. (Lucas 9:23, 1 Juan 1:2)

Pero tenemos que verlo, nos tiene que ser revelada esa vida que nos habita, este es el sentido por lo cual suceden las dificultades: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria;”, (2 Corintios 4:17).

La leve tribulación es mucho menor y es usada por Dios para producir en nosotros una gloria que durará para siempre y que es de mucho más valor que las dificultades, ¿cuál es esta gloria? o ¿cómo glorificamos a Dios en las dificultades? Cuando Cristo es formado en nosotros, pues él, es el resplandor de la gloria de Dios (Hebreos 1:3).

Cuando pasemos por un sufrimiento, cuando recordemos un trauma pasado, vayamos a la cruz a negarnos a nosotros mismos, para que la vida de Cristo se exprese libremente a través de nosotros: “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.” (1 Pedro 5:10).

El trauma de la cruz sana cualquier trauma de nuestra vida humana, pues su alma fue afligida para que la nuestra fuera redimida, restaurada y vivificada.    Oración.

«Me amaste en el dolor mi Señor Jesús, Padre, me salvaste en tu infinito amor dándome el regalo de tu Hijo unigénito, Espíritu Santo, que mi vida sea restaurada plenamente para que viviendo Cristo en mí, pueda glorificar al Padre. Amén.   



sábado, 10 de enero de 2026

Restaurados de nuestros traumas

 Restaurados de nuestros traumas

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.”, Hebreos 2:14-15

En el devocional anterior, quedó la pregunta de cómo el Señor Jesús, restauró a sus discípulos luego de que resucitó, ante el trauma experimentado por ellos por los acontecimientos de los días anteriores.

Lo primero que les dice es “paz a vosotros” (Juan 20:19), ya sabemos que no es cualquier paz, es su paz, que anuncia el triunfo, la derrota del enemigo, Él vence el mayor temor que tenemos los seres humanos, ¡Cristo venció la muerte¡.

Como lo dice contundentemente Hebreos 2:14-15 “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.”

También a Pedro lo restaura con amor y le coloca una misión: apacentar el rebaño (Juan 21:15-19), Jesús llevó a Pedro a que pasara de «soy un traidor» a «soy un pastor».

Cuando nuestro Señor resucitó estuvo 40 días (Hechos 1:3), enseñándoles a vivir en la nueva naturaleza, pero inicia restaurando a sus apóstoles: Calma el miedo («Paz a vosotros»), valida la realidad («Palpad y ved»), normaliza la vida (Come pescado), reescribe la historia de ellos (Preguntas y nueva misión a Pedro). (Lucas 24:36-45, Juan 21:17)

¿Cómo podemos entonces aplicar esta enseñanza para superar un trauma? Veremos la conclusión en el devocional de mañana.  Oración.

«Padre, el mayor temor de nosotros los seres humanos fue vencido en la cruz por tu Hijo, ya el que tenía el imperio de la muerte no tiene poder sobre los que creemos, pues somos tuyos, fuimos comprados por tu preciosa sangre derramada, mi historia ha sido reescrita en Cristo Jesús, amén. 



viernes, 9 de enero de 2026

Superando nuestros traumas

 Superando nuestros traumas

«Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres», Isaías 52:14

“Mas todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron”, Mateo 26:56

Los discípulos vivieron un trauma tremendo que los acompañó toda su vida. Vieron a Jesús morir de manera violenta y expresaron miedo, huyeron y se aislaron (Mateo 26:56, Juan 20:19). Quedaron paralizados y no pudieron seguir ejerciendo su ministerio en ese momento, por temor a repetir lo que le había pasado a su Maestro. Pero algo sucedió que los sacó de ese trauma, para que pudieran seguir ¿qué fue lo que sucedió?

Ahondando más profundamente en lo que les sucedió a los discípulos, vemos que en Isaías 52:14 dice: «Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres.», La palabra «Asombraron» usada en este texto, traducida del hebreo original bíblico implica quedar atónito, devastado y desolado.

Psicológicamente, describe un ‘shock cognitivo’. La mente de los discípulos no podía procesar el nivel de violencia («desfigurado») que estaban viendo, incluso todos los sucesos de esa noche fueron un golpe de realidad que no pudieron asimilar.

En el caso de Pedro, el trauma es complejo porque mezcla la violencia externa con el colapso de su propia identidad (pues él juró defenderlo y falló, entonces, se llenó de culpabilidad.). Veamos en Lucas 22:61-62 «Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro… Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.

¿Cómo nuestro Señor Jesús trata este asunto cuando resucita? ¿cómo restaura a los apóstoles? Lo veremos en el devocional de mañana.  Oración.

«Padre, he sufrido muchas cosas, pero nada se iguala a lo que Jesús sufrió por mí en la cruz, quiero que venga a mi entendimiento y a lo más profundo de mi conciencia, lo que sucedió ese día, porque yo también estuve allí por mi pecado, pero tú, me salvaste cuando yo no lo merecía, gracias por Jesucristo. Amén.



jueves, 8 de enero de 2026

Amor al dinero

 Amor al dinero

“Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.” Mateo 19:21-24

El amor al dinero es un sentimiento de confianza desbordado por las posesiones materiales, que imposibilita a una persona para servir verdaderamente a Dios, puesto que confían más en ellas que en Dios. Y esto es lo que le sucedió al joven rico cuando el Señor le pidió vender todo lo que tenía, darlo a los pobres y seguirlo a Él; su reacción inmediata fue entristecerse y no creer o confiar en lo que Jesús le decía. Es sorprendente ver la increíble y maravillosa promesa del Señor para él, pues le dijo “Tendrás tesoro en el cielo”, pero el amor de este joven por sus riquezas le imposibilitó servir a Dios y entender aquello tan grande que el Señor le estaba prometiendo.

Lo mismo sucede hoy en día, la vanagloria de tener riquezas y el amor a ellas no nos permite servir a Dios a través de estas, puesto que nos impide tres cosas:

En primer lugar, amar a Dios con todo nuestro corazón, alma y mente, como lo dice su gran mandamiento en Mateo 22:37-38.

Segundo, reconocerlo como nuestro Dios proveedor, ya que de Él son y provienen las riquezas, la gloria, la fuerza y el poder (1 Crónicas 29:12).

Tercero, dar con generosidad y alegría, porque para esto el Señor nos ha enriquecido (2 Corintios 9:11).

Por esto es que el Señor nos quiere recordar su exhortación con respecto a este tema, dice su Palabra en 1 Timoteo 6:17 “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos.   Oración.

«Padre, que la abundancia de tus bendiciones no produzca en mí vanagloria, altivez y amor a ellas; te pido por la gracia de Jesucristo que guardes mi corazón y me permitas en todo tiempo reconocerte como mi Dios proveedor, que me enriquece en todo para disfrutar y compartir. Gracias Señor por tu amor y generosidad, Amén.  


miércoles, 7 de enero de 2026

El misterio transformador

 El misterio transformador

“un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo” , Efesios 4:5-7

¿Qué implica entonces para nosotros que nos sea revelado el misterio de la iglesia?

Nuestro crecimiento, edificación, bendición y propósito dependen de nuestra vida orgánica en la iglesia. No de nuestra vida natural, o en nuestros propios esfuerzos independientes. Nuestro propósito está en la permanencia, dinámica y fluir en la iglesia. Los nutrientes que necesitamos para crecer espiritualmente son impartidos en la iglesia, en una interacción viva y orgánica, por la expresión de la vida de Cristo de nosotros hacia nuestros hermanos y viceversa. No somos estanques, somos ríos fluyendo hacia otros.

En la iglesia se manifiesta el obrar de Dios, pero la iglesia no es algo que nosotros hacemos para Dios, es algo que Dios hace a través de nosotros. La expresión divina manifestándose a través de lo humano, su presencia real en medio de los suyos. Por ejemplo, Salmos 22:22 revela lo que Cristo hace después de su resurrección: “Anunciaré tu nombre a mis hermanos; En medio de la congregación te alabaré”; Él mismo, en cada uno de nosotros, su cuerpo alaba al Padre.

Entonces la comunión, es la participación mutua que tenemos todos juntos en una sola vida, la de Cristo; que tiene una mente, la mente de Cristo; un sentir, el de Cristo; un obrar en el cuerpo de la iglesia: “un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo”, Efesios 4:5-7

La comunión no es algo que hacemos, es ‘alguien’ que expresamos. A Cristo. Por esto, debemos ser “solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;” (Efesios 4:3), en mantenernos en unidad, a pesar de las diferencias, estas diferencias están en el alma, pero debemos madurar hasta aprender a mantenernos como nos enseña Romanos 12:16: “Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión.    Oración.

«Ya no estoy solo Padre, no hay vacío en mi, tú lo llenas todo y provees todo lo que necesito para ser edificado mutuamente con mis hermanos, gracias por que me llamas a permanecer, a vivir con comunión con mis hermanos para que Cristo sea formado en mi, para gloria de tu nombre, amén.