jueves, 13 de marzo de 2025

Lo que NO es la gracia de Dios

 Lo que NO es la gracia de Dios

“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.” Tito 2:11-14

“Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros, pues no estáis bajo la ley sino bajo la gracia” .Romanos 6:14

Vamos a aclarar qué no es la gracia de Dios, de acuerdo a la escritura. Lo primero que debemos aclarar, como base, es que NO es perseverar en el pecado:

La escritura dice “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?” (Romanos 6:1) y la respuesta contundente en Romanos 6:2 es: “En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?”. Así como Cristo murió, cada uno de nosotros, que hemos creído lo que Él hizo por nosotros, hemos muerto al pecado y hemos recibido plenamente el favor inmerecido de Dios.

Para ejemplificar: si estamos practicando la fornicación y decimos que estamos bajo la “gracia”, ¡no estamos experimentando la gracia sino el engaño! Necesitamos ser llevados de manera amorosa a la gracia, para verdaderamente ser liberados porque si el Hijo nos libera somos verdaderamente libres, porque el Hijo es “lleno de gracia y verdad” (Juan 8:36, Juan 1:14)

Si en alguna área de nuestra vida, estamos esclavos de algo que nos hace daño o hace daño a los demás, un vicio, pornografía, la comida, emociones descontroladas, iras explosivas, orgullo o cualquier conducta pecaminosa, nos hace falta experimentar la gracia de Dios en este aspecto, porque Romanos 6:14 dice: “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros, pues no estáis bajo la ley sino bajo la gracia”.

Si realmente vivimos bajo la gracia, no estaríamos dominados por algún pecado porque este no reinará sobre nosotros o nos llevará esclavos, porque no estamos bajo la ley que nos demanda pero no puede proveernos lo que la gracia sí: poder para vencer el pecado. Ninguno que viva en pecado puede usar legítimamente la gracia como excusa para pecar, porque es contrario a las Sagradas Escrituras de Dios.

La gracia de Dios, como lo dice el versículo de hoy, nos enseña a renunciar, nos lleva a tomar decisiones que nos alejen de la impiedad y de los deseos mundanos, para vivir sobria, justa y piadosamente. Esto es maravilloso, el mundo puede estar bajo la mayor depravación moral, pero nosotros por la gracia de Dios, somos guardados, apartados para vivir vidas moralmente agradables a Dios (santidad).

En conclusión, la gracia de Dios no es persistir en el pecado, sino que la gracia de Dios nos impulsa a tomar decisiones que nos alejen del pecado y nos acerquen a Dios, para permanecer en Cristo y cumplir lo que dice 1 Juan 2:6: “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.”   Oración.

«Padre, qué revelación tan maravillosa de tu favor inmerecido, pero disponible para todos por medio de la fe en Jesús; has manifestado tu sobreabundante gracia para que no perseveremos en el pecado, sino que permanezcamos en Cristo

 

miércoles, 12 de marzo de 2025

Vivamos según las riquezas de su gracia

 


Vivamos según las riquezas de su gracia

“en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia,” Efesios 1:7

Lastimosamente un mal entendimiento de la gracia de Dios ha alejado a muchos predicadores de enseñar la gracia de Dios y a nosotros mismos de reflexionar profundamente en esta doctrina tan importante. Un tema que al entenderlo y aceptarlo por fe, nos llevará a una transformación profunda, un cambio de dentro hacia afuera para que se haga realidad la enseñanza de nuestro Señor: “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.” (Lucas 6:45).

Por esto, al abordar este tema resuenan las palabras que por el Espíritu, Pablo dice a Timoteo: “Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús” y “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Tim. 2:1, 15).

No es un tema fácil de abordar, requiere andar en el Espíritu, ante la proliferación de falsas enseñanzas y paradigmas de pensamiento religioso que han impregnado nuestra vida, pero como Pablo le explica a Timoteo, la gracia no es algo, es alguien y ese alguien es Cristo.

Mi encuentro con la gracia de Dios fue tan real y ha seguido transformando de manera tan radical y continua mi vida, que me es dada necesidad de no callarlo: “Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24).

¿Has tenido un encuentro con la gracia de Dios? Te animo a descubrir y a experimentar por fe en los siguientes devocionales el poder de la gracia de Dios actuando en tu vida para que vivamos según las riquezas de su gracia.   Oración.

«Padre, me has dado todas las riquezas de tu gracia por medio de Cristo, tanto favor inmerecido para que ahora viva en Cristo toda la plenitud de la libertad del pecado, para gloria de tu nombre. Se que andando en el Espíritu, puedo aprovechar cada tesoro que me has entregado para vivir en la victoria que tú quieres que yo viva. En el nombre de Jesús. Amén.

martes, 11 de marzo de 2025

Renovación mental

 


Renovación mental

“y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.” Efesios 4:23-24

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”, Romanos 12:2

Cambiar nuestra manera de pensar es fundamental en un mundo que busca imponer ideas contrarias al plan de Dios, pero también donde el engaño prolifera. Se han introducido mentiras envueltas en verdades, se ha cambiado el mismo sentido y significado de palabras para disminuir o menospreciar el impacto de una idea verdadera, o potencializar una idea falsa.

Por ejemplo, la dura realidad del aborto la han disfrazado como algo bueno al llamarla “interrupción voluntaria del embarazo”, tratando de ocultar que se trata de la vida de un niño en estado de gestación, y si hay un derecho presente es el derecho a nacer. La Palabra de Dios dice una verdad contundente frente a este tema: “Mi embrión vieron tus ojos, Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas, Que fueron luego formadas, Sin faltar una de ellas” (Salmos 139:16). Dios creó, diseñó y puso en acción los mecanismos para que se desarrollara nuestra vida; los datos organizados perfectamente en el ADN no se crean solos.

Así que cuando creemos en Cristo y lo aceptamos en nuestro corazón, nuestra mente es despejada y liberada del engaño, de las ideas dañinas y mentirosas del mundo, que no son consistentes, ni coherentes, ni siquiera prácticas. ¿Ha podido el aborto disminuir la pobreza y acabar con el sufrimiento? Al contrario, genera violencia, dolor y más pobreza. Pero la buena noticia es que Dios perdona a todo el que viene a Cristo y cambia su manera de pensar, de esto se trata el arrepentimiento verdadero no religioso: Aceptar la verdad transformadora del evangelio en mi corazón, para que sean abiertos nuestros ojos a esta verdad y podamos experimentar todo el amor de Dios en Cristo Jesús.  Oración.

«Padre, soy nueva criatura en Cristo Jesús, antes mis pensamientos eran confusos y estaban en oscuridad, pero tu gracia me alcanzó y confiando en ti, experimenté tu inmenso amor, liberándome de mis cadenas de opresión. Ahora mi mente es tuya y quiero cada día renovar mi pensamiento siguiendo la verdad de tu Palabra. En el nombre de Jesús, amén.

lunes, 10 de marzo de 2025

ADOPTADOS HIJOS SUYOS

 


ADOPTADOS HIJOS SUYOS

“en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado”, Efesios 1:5-6

“Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”, Romanos 8:15-16

La nueva relación que tenemos con Dios es que hemos sido adoptados como hijos en su familia, esto nos da derechos y obligaciones al mismo tiempo. Sabemos que los procesos de adopción son sumamente serios y complicados, por eso cuando se adopta a un niño hay que realizar muchos trámites legales hasta que se concede el certificado de que esa persona es hija de alguien y por ende su heredera. La vida anterior de una persona adoptada se borra completamente; si tenía deudas estas quedan canceladas, se le considera una nueva persona que empieza una nueva vida sin vinculación con su pasado. Su ceremonia de adopción se lleva a cabo en frente de testigos.

Cuando conocemos a Dios y nos hace hijos por su voluntad, adquirimos todos los derechos de un hijo legítimo, nos volvemos herederos y coherederos con Cristo. Nuestro pasado automáticamente es borrado y nos hace nuevas criaturas. 2 Corintios 5:17 “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. Somos hijos de un nuevo Padre en todos los sentidos. Como es una adopción espiritual que se hizo en la cruz del calvario, el testigo de nuestra ceremonia de adopción es el Espíritu Santo, quien da testimonio a nuestro espíritu de que somos de verdad hijos de Dios.

Antes de ser adoptados estábamos bajo el control de nuestra naturaleza humana pecadora; pero Dios en su misericordia nos ha tomado como su exclusiva posesión, el pasado ya no tiene ningún derecho sobre nosotros, Dios tiene ahora el derecho absoluto, el pasado está cancelado y nuestras deudas borradas por la sangre preciosa de Jesús.

Ahora tenemos una nueva vida con Dios, por eso el apóstol Pablo nos dice que hemos recibido el Espíritu de adopción para ya no estar más en temor, ya no somos esclavos sino libres. No volvamos a esclavitud viviendo bajo los parámetros del mundo, vivamos en la libertad que Cristo nos dio por medio de su sacrificio, en una vida bajo los preceptos divinos, una vida abundante y de bendición.

Tengamos una relación íntima con nuestro Padre quien nos restaura y nos convierte en sus hijos. Hemos heredado su vida y su gloria, vivamos conforme a lo que su Palabra dice que somos: santos y amados. Acerquémonos con confianza y digámosle: Abba Padre.           Oración.

"Gracias Padre celestial, porque sin merecerlo, me tomaste cuando estaba perdido, cuando andaba en pecado y me adoptaste por el puro afecto de tu voluntad. Enséñame a andar en libertad y a caminar como un verdadero hijo de Dios, obedeciendo tu Palabra, teniendo siempre una íntima comunión contigo y disfrutando de todas las promesas y de la gloria que he heredado. Amén.  

domingo, 9 de marzo de 2025

¿CUÁNTO ME AMASTE SEÑOR?

 


¿CUÁNTO ME AMASTE SEÑOR?

“Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”, Mateo 5:43-48

¿Cuánto amó Jesús a sus amigos? ¿Pero cuánto más amó a sus enemigos? Amar a las personas que nos aman es tan sencillo, pero cuán difícil es amar a las personas que nos hacen daño. Jesús fue odiado y maldecido por proclamar la verdad, pero nunca hubo una gota de odio y lamentación. Nunca hubo una palabra de desprecio hacia nadie. Vino a amar y sólo a amar.

Demasiado grande y Admirable, deberíamos anhelar ser como Él. Amar a quienes nos hacen daño y bendecirlos como nos enseña en su Palabra, muestra lo que realmente hay en nuestro interior. Podemos restaurar nuestras familias y el mundo que nos rodea sólo con su perfecto amor. Hagamos la diferencia incluso en las situaciones más tensas. Aprendamos a ser pacientes, bondadosos, inofensivos, dejemos el orgullo y el enojo. Seamos mansos y justos, humildes y amorosos.

Cuando vengan situaciones que no podamos controlar, cuando nos hieran con palabras, todo lo que se levante en nuestra contra, Dios lo usará para nuestra bendición. Sus promesas siguen en pie, su gracia y fortaleza permanecen. El Señor nos dice “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. Cuando entendamos esto sabremos que nada pasa por azar, Él está formando nuestro carácter para que sea como el suyo a través de todo lo que nos sucede, aun cuando creamos que no merecemos eso y que nos parece injusto.

Recordemos que nosotros no dimos nada para recibir la salvación, Jesús dio todo por nosotros. Jesús cambió con su muerte en la cruz el destino eterno de la humanidad caída, por eso sufrió en silencio, dejando que se cumpliera el plan de salvación y todo lo hizo por amor. Como dice Isaías 53:7 “Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.  Oración.

"Señor enséñame a amar. Seré un verdadero hijo de Dios cuando ame a otros sin esperar nada a cambio a pesar de todas las heridas y daño que me hagan. Nadie puede darme de lo que no tiene, debo dar del amor que me has dado y así poder ser perfecto como me pides. Amén. 

sábado, 8 de marzo de 2025

Un verdadero profeta

 


Un verdadero profeta

«El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia...», 1 Corintios 14:4

“Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces”, Mateo 7:15

La palabra profeta se usa en relación con grandes profetas de la Biblia como Isaias, Jeremías, Daniel o Elias, pero también, se ha entendido de manera equivocada, que se refiera a personas que supuestamente dicen cosas que van a pasar en el futuro, como una especie de adivino. Muchos han sido manipulados o sugestionados por este tipo de mal llamados profetas. Según la Biblia un profeta no es un adivino, ni el que te dice cosas que van a pasar en el futuro sino alguien que tiene un mensaje de Dios, como inicia Hebreos 1:1 “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,;”, pero que además debe comunicarlo fielmente como por ejemplo en Ezequiel 11:5: “Y vino sobre mí el Espíritu de Jehová, y me dijo: Di: Así ha dicho Jehová: Así habéis hablado, oh casa de Israel, y las cosas que suben a vuestro espíritu, yo las he entendido.”, el profeta comunica, incluso de diversas maneras el mensaje que Dios quiere llevar a su pueblo, pero en el contexto correcto y en el tiempo específico de manera precisa.

Sin embargo, los profetas dieron mensajes incómodos para el pueblo de Israel, denunciando el pecado y las injusticias que practicaba el pueblo, también su religiosidad, por eso la mayoría de ellos fueron amenazados, perseguidos o acusados injustamente, incluso llevados a la muerte; denuncia que el mismo Señor Jesucristo hizo en Mateo 23:37 y sus discípulos lo recalcaron (Hechos 7:52).

El profeta recordaba al pueblo su identidad, propósito, hacia dónde van y hacia dónde deberían ir. Dios cuando hablaba del futuro por medio de los profetas, le interesaba más el hecho presente. Es decir que el mensaje dado, transformara el corazón de los que escuchaban el mensaje y los llevara a la obediencia en el tiempo presente.

La razón es que Dios no quiere que la gente viva con temor o ansiedad del futuro sino que manteniéndose fieles a la dirección de Dios, cumplan su propósito.

Es decir, el fin de la profecía es alentar al pueblo para que se mantenga fiel a Dios, pero su énfasis principal no es el predecir hechos futuros para alentar la curiosidad.

En pocas palabras su tarea esencial no era predecir el futuro, sino más bien denunciar el pecado del pueblo cuando se apartaba de Dios y también ser “atalayas”, anunciando el inminente peligro del avance del mal ante la desobediencia a la Palabra de Dios. Por esto, el pueblo muchas veces no quería escuchar: “Mas la casa de Israel no te querrá oír, porque no me quiere oír a mí; porque toda la casa de Israel es dura de frente y obstinada de corazón” (Ezequiel 3:7).  Oración.

«Padre en tu palabra está la paz y la esperanza, Cristo mismo, anunciado por los profetas con siglos de anticipación para que no haya duda de tus planes de salvación y amor con la humanidad, y con cada uno de nosotros. Permítenos atender tu palabra y mantenernos fieles a ti en cualquier tiempo. En el nombre de Jesús, amén.

viernes, 7 de marzo de 2025

Nuestra convicción frente al futuro

 


Nuestra convicción frente al futuro.

“Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”, Ezequiel 36:24-27

Por amor a su santo nombre que estaba siendo deshonrado, Dios hace algo extraordinario, difícil de entender incluso para su pueblo. La vergüenza del pueblo de Israel por haber sido exiliado de su tierra, Dios la usó para glorificar su nombre y exaltar su poder; su soberanía y sus propósitos mucho más altos que los de los hombres fueron revelados en el momento menos glorioso de Israel. ( Ezequiel 36:22, Ezequiel 36:24-25).

Ante esta situación tan extrema, Dios les anuncia por medio de verdaderos profetas dos cosas importantes: primero que los iba a regresar nuevamente a su tierra, pero en un tiempo determinado por Él (70 años). Mientras tanto deberían casarse, tener hijos, edificar casas, continuar su vida (Jeremías 29:5-6) y les advierte que no deben creer en falsos profetas que Él no ha enviado, que les dan falsas esperanzas (Jeremías 29:8-9), puesto que él enviaría su buena palabra otra vez y los sacaría del cautiverio y los llevaría nuevamente a Jerusalén (Jeremías 29:10) y allí es donde ocurre lo que dice el Señor: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.”, (Jeremías 29:11). Dios tenía un plan con Israel, mucho más alto y mejor de lo que ellos podrían esperar o tan siquiera imaginar, pues la vergüenza de Israel sería el medio para glorificar su nombre y mostrar su poder. Efectivamente Dios los devuelve a su tierra y los restaura, cumpliendo sus promesas.

¿Qué tiene que ver la situación que le sucedió a Israel en ese tiempo con nosotros ahora?. Pues ahora para nosotros Dios ha enviado su buena palabra (el evangelio) y nos ha liberado en Cristo Jesús, estamos en el mundo pero no somos del mundo, hemos seguido viviendo nuestras vidas, pero estamos llamados como lo fue Israel en su momento a glorificar el nombre de Dios donde sea que estemos y en la situación que estemos pasando.

La iglesia ha caído muchas veces en vergüenza, ante el mal actuar de algunos, sin embargo el Señor usa esa vergüenza para glorificar su nombre, Él envía su evangelio a cada momento para restaurarnos y mostrar su poder, para que la gloria sea de Él y no de nosotros.

En muchas circunstancias de nuestra vida sentimos pena y hasta llegamos a preguntar dónde está Dios, pero él tiene planes de bendición para nosotros no de mal, pero no para que nosotros seamos exaltados, sino para que Él sea exaltado a través de nuestras vidas.

Hermano, atesora esta conclusión: Que la situación que estás pasando hoy, en manos de Dios, sea para que Dios sea exaltado y tú bendecido.   Oración.

«Padre, te entrego cada situación de mi vida, mis debilidades y dificultades; en Cristo tengo seguridad que todo obrará para mi bien, pero esencialmente para tu gloria, que tu nombre sea exaltado y mi vida bendecida. En el nombre de Jesús, amén.