domingo, 11 de octubre de 2026

Inconmovible.

 Inconmovible.

“Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se quebrantará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti.”, Isaías 54:10

“Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida,

Y se traspasen los montes al corazón del mar;

Aunque bramen y se turben sus aguas,

Y tiemblen los montes a causa de su braveza.”, Salmos 46:2-3

La naturaleza nos recuerda nuestra fragilidad, como nos dice el apóstol Santiago por el Espíritu: “¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.” (Santiago 4:13-14)

Cuando reconocemos nuestra fragilidad y pequeñez, también debemos reconocer la grandeza y majestad de Dios, por eso debemos salir del temor. Pasar del miedo a la confianza inmediatamente: “Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, Y se traspasen los montes al corazón del mar; Aunque bramen y se turben sus aguas, Y tiemblen los montes a causa de su braveza.”, Salmos 46:2-3

Cuando perdemos el punto de referencia, pensamos que todo se desmorona. De un día para otro podemos perder la salud, la vivienda o el negocio que durante años luchamos por mantener, o perdemos un ser querido; al ver que lo perdimos todo, entramos en desesperación y perdemos la paz. Si dejamos que el río de la angustia nos lleve, entramos en el peor escenario posible: entrar en incredulidad y finalmente perder el propósito real perdiendo la mirada de lo eterno.

El Padre quiere que sepamos algo, que si perdemos todo, lo único que nos queda es el Tesoro invaluable de mayor precio, la perla de gran precio, como dice en Mateo 13:44-46: “Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo. También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.”, este tesoro es lo único que necesitamos, es nuestra base, nuestra roca, desde donde podemos recomenzar cada día.

Porque el Padre nos ha tenido misericordia y se ha compadecido de nosotros, y no nos dio algo, se dio así mismo, por medio de Cristo, (Salmos 103:13-14, Romanos 8:32).

Entonces quiere que seamos conscientes de la verdad, que todos los días debemos vivir como si lo perdiéramos todo, para ganar lo eterno, pero en esto también hay sabiduría, aunque tengamos todo y muchas bendiciones, el vivir como si no tuviéramos nada de lo temporal, sólo como administradores de bienes temporales, nos hace ser sensibles con los que no tienen o lo pierden todo, y podemos ser empáticos; acercarnos en medio de su dificultad para compartirles el tesoro que nosotros ya tenemos, a Cristo y con él todas las cosas “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (Romanos 8:32).    Oración.

Señor, tú eres mi roca fuerte, todo se moverá pero tu Palabra y tu Espíritu permanecen conmigo para siempre, mi seguridad no se basa en las circunstancias sino en tu poder, en tus promesas y en la confianza plena que tengo en Cristo. Amén. 



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