Inofendible
“Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.”, Santiago 1:19-20
“Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y otros le abofeteaban, diciendo: Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó”, Mateo 26:67-68
Vemos en varias ocasiones cómo los fariseos y religiosos continuamente, a través de acusaciones, trampas e insultos, trataban de que Jesús cayera en sus provocaciones, pero Él les respondía con una sabiduría perfecta, en equilibrio y calma, confrontaba con preguntas pero sin caer en devolver insulto por insulto.
Su actitud era Inofendible porque su identidad y autoridad no dependían de la aprobación humana, sino de la aprobación del Padre que con su Espíritu le guiaba en todo, conforme a las escrituras. (Mateo 12:3-4, Mateo 19:4-5, Lucas 20:3-4)
Inofendible no se trata de nunca ofenderse, sino, de no permanecer en la ofensa, ni de devolver con ofensa. Esto es imposible para la carne, necesitamos de la cruz y de aprender de Aquel único manso y humilde de corazón para hallar paz en medio de la confrontación, es decir, un corazón inofendible es aquel que elige no guardar rencor ni dejar que la ofensa controle sus emociones, negándose a mantenerse en enojo y permitiendo así el reflejo de la mansedumbre de Jesús. (Mateo 11:28, Efesios 4:26).
Nuestro Señor, fue víctima de las más grandes ofensas, le acusaron falsamente, le escupieron en el rostro, lo cual en esa época era la peor ofensa posible, pues significaba insulto, asco y burla. Pudiendo, con una sola orden, acabar con sus acusadores y perseguidores, se negó y se despojó de su deidad, por amor (Mateo 26:53, Juan 18:6).
Aquí está el punto clave, es el amor que hubo en Cristo el que le llevó a callar y cuando se le exigió razón, declaró la verdad que lo llevó a la cruz: Él es el Cristo, el Hijo de Dios. (Mateo 26:63-64).
Reflexionemos, ahora que por la fe la vida de Cristo ha sido colocada en nosotros, cuando nos ofendan ¿quien es ese que se ofende y responde al insulto? la respuesta es que somos nosotros, el viejo Adán, que se hiere, se lastima, se ofende sobremanera y reacciona como víctima. Mas Cristo en nosotros es Inofendible, permanece en dominio propio y en mansedumbre, no paga mal por mal, sino que coloca la otra mejilla. Permitamos hermanos, que la vida inofendible de Cristo en nosotros, sea la que calle o responda en amor. Oración.
Padre, has colocando tu Espíritu Santo para que ahora pueda reaccionar ante la ofensa como Cristo lo hizo, en toda sabiduría y amor, buscando siempre glorificar tu nombre y cumplir el propósito de que Cristo sea formado en mí, amén.

