viernes, 23 de julio de 2021

Mi gozo está en el Señor

 


Mi gozo está en el Señor

“Me alegraré y me regocijaré en ti; cantaré a tu nombre, oh Altísimo.” Salmo 9:2

Nuestro gozo debe estar en el Señor y no en las circunstancias. Estamos contentos, pero no porque tengamos a determinada persona a nuestro lado, o porque podamos salir, viajar, o porque tengamos todo lo que queremos materialmente o por cualquier otra cosa externa y pasajera; la verdad es que, si no tenemos a Dios en nuestro corazón, si no tenemos esa comunión íntima con Él, no hay verdadero gozo, y lo que en realidad experimentamos es un profundo e inexplicable vacío que se ve reflejado en tristeza, desánimo o amargura.

Muchas veces nos engañamos a nosotros mismos tratando de buscar y aceptar ese gozo en las cosas materiales o en otras personas, y la realidad es que es pasajero, superficial e insuficiente, son tan solo momentos de alegría o de risas, pero no es la verdadera felicidad.

En cambio, si tenemos a Dios presente en nuestras vidas, si lo reconocemos y lo aceptamos como nuestro Padre, se puede estar acabando el mundo, pero nosotros estaremos en paz y alegres, llenos de esperanza, de fe y de amor, porque es precisamente esto lo que nos da el Señor (Gálatas 5:22). En ningún otro lo podemos hallar, pues solo Dios llena todo y solo en Él está nuestro verdadero gozo.

Hermanos, aún si estamos pasando por días difíciles, recordemos que las aflicciones de este tiempo no son comparables con la gloria venidera que en nosotros se manifestará (Romanos 8:18), El Señor nos ha dado una esperanza cierta y Él es fiel, así que “Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación” (Habacuc 3:17-18).    Oración

Poderoso Dios, conoces mi corazón y sabes que en algunos momentos he perdido mi gozo, por no ver ni obtener aquello que deseo, te pido perdón y te ruego me recuerdes que mi gozo siempre debe estar en ti, en el Dios de paz, en el Dios de amor, en el Dios que me ha salvado. Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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jueves, 22 de julio de 2021

¿Por qué dudamos?

 


¿Por qué dudamos?

“Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, ¡no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” Mateo 14:26-31

Para quienes creemos en Dios, muchas veces hemos sentido cómo el Señor Jesús camina sobre nuestro mar de dificultades, cómo se mueve poderosamente ante cualquier situación de nuestra vida, por difícil o imposible que parezca, el Señor siempre está por encima de ellas; somos testigos reales de su gran poder y misericordia, creemos fielmente en Él y diariamente vivimos sorprendidos y maravillados por su gran amor.

Pero, resulta que vienen las dificultades, esos momentos donde se pone a prueba nuestra fe, y generalmente iniciamos creyendo, teniendo fe en que nuestro Dios es poderoso y está con nosotros, que nada se sale de su control y que todo tiene un propósito, escuchamos su voz que nos dice “¡Tened ánimo; yo soy, ¡no temáis!” Y entonces empezamos a caminar sobre las aguas, le creemos a Jesús y con nuestra mirada puesta en Él vemos que lo imposible puede ser posible; pero a medida que van pasando los días y no vemos la solución tan pronta como nosotros la quisiéramos, nos empezamos a fijar en las circunstancias, quitamos nuestra mirada de Cristo para ponerla en lo grande del problema o en lo difícil de la situación, dejamos de creer para empezar a dudar, y es precisamente ahí donde nos sucede lo que al apóstol Pedro, nos comenzamos a hundir, aún con Cristo delante de nosotros, nos dejamos agobiar por las circunstancias, perdemos el ánimo y nos llenamos de temor.

La pregunta es ¿por qué dudamos? y la respuesta es, por desviar nuestra mirada. Cuando ponemos cualquier cosa por encima de Cristo, viene la derrota; escuchar y creer otras voces diferentes a la de Dios, produce en nosotros falta de fe. Por el contrario, si mantenemos nuestra mirada y nuestros oídos atentos a Jesús, Él nos dice, “Si puedes creer, al que cree todo le es posible.” (Marcos 9:23) “¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?” (Juan 11:40).

Creer y no dudar, es la clave para andar sobre el mar.   Oración.

«Papito Dios, perdón, perdón por dudar de ti, por no creerte y por compararte; tú eres bueno, poderoso y misericordioso, y en Cristo Jesús me has dado todo. Gracias Padre por tu fidelidad y por renovar tu misericordia cada mañana; te pido espíritu de sabiduría y de revelación en tu conocimiento y que aumentes mi fe. En el nombre de Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 21 de julio de 2021

Agua y pan de vida

 

Agua y pan de vida


“Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.” Juan 6:35

Trabajamos día a día fuerte y disciplinadamente por conseguir la comida que perece, pero ¿Qué tanto trabajamos por hallar el alimento que da vida eterna?

Jesús es el pan de vida y el agua viva que fluye para vida eterna.

Por lo general, nos pasamos la vida tratando de encontrar algo o alguien que nos complete o que nos haga sentir plenos, y es algo que nunca vamos a hallar en un ser humano, porque a nosotros lo que en realidad nos falta y nos llena es aquel que descendió del cielo, el pan de Dios que da vida al mundo y el agua viva que brota para vida eterna (Juan 6:33, Juan 4:14); en Su palabra Él nos promete que todo aquel que coma de este pan nunca tendrá hambre y el que beba de esta agua no tendrá sed jamás. Pero ¿Cómo comemos y cómo bebemos?

Ir a Jesús y creer en Él es la manera de comer del pan y beber del agua (Juan 6:35).

Muchos, quizás todos nosotros, ya nos hemos saciado, pero ¿nuestro prójimo, nuestro amigo y vecino? Será que ¿Estamos viendo su necesidad y no les hemos compartido? ¿los estamos dejando morir?

Nuestro deber, así como lo hizo la mujer samaritana que fue saciada, es invitar a conocer a Cristo a todo aquel que encontremos en el camino (Juan 4:28-30). Debemos entender que esto es de vida o muerte, pues el Señor claramente nos dice “Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera.” (Juan 6:49-50).

Es momento de reflexionar si aquello por lo que tanto trabajamos es importante y permanece o simplemente es superficial y que perece (Juan 6:27).    Oración.

«Poderoso Dios, nos has dado pan del cielo y agua viva, comida que sacia para vida eterna, en tu Hijo Jesús, gracias Padre amado por ese don, por el privilegio de permitirnos conocerlo y recibirlo en nuestra vida, ahora permítenos saciar la vida de otros al compartirles tu provisión, úsanos como repartidores de tu gran don, en Cristo Jesús. Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 20 de julio de 2021

Ora a tu Padre

 


Ora a tu Padre

“Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.” Mateo 6:6

Orar cuando todo está bien, es lo más sensato que podemos hacer, orar cuando todo lo veamos mal, es lo más sabio y seguro que podemos realizar.

La oración es en muchas ocasiones la manera más eficiente y poderosa con la que podemos intervenir en una situación, ayudar a otra persona, solucionar un problema o sencillamente controlar nuestros pensamientos y emociones.

Orar es hablar en secreto con Dios, es confiar en Él como si fuera nuestra mamá, papá o nuestro mejor amigo, de hecho, Él es nuestro Papito Celestial, es la persona a la que podemos acudir no solamente con la esperanza de que escuche nuestras intimidades, sino también de encontrar una pronta y sabia ayuda, respuesta, consejo y todo aquello de lo que tengamos necesidad. Él es el todopoderoso, quien todo lo sabe y el que puede estar en todas partes al mismo tiempo, no lo limita el tiempo o el espacio, muchas veces quienes lo limitamos somos nosotros, por nuestra falta de fe, porque orar con fe es la clave para ver el obrar de Dios; la fe es precisamente confiar en lo que aún no vemos y estar seguros de lo que esperamos (Hebreos 11:1); la fe en Dios, es esperar en su voluntad, dice su Palabra que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad podemos estar seguros de que tendremos aquello que hemos pedido (1 Juan 5:14-15).

La promesa de Dios para nuestra oración es que todo aquello que en secreto le confiemos, Él lo resolverá en público, entonces, si no sabemos qué decisión tomar, en algún asunto personal, familiar o laboral, pero se lo confiamos a Dios, Él nos guiará, nos dará sabiduría, nos abrirá el camino y nos llenará de su paz que sobrepasa cualquier duda, temor o inseguridad, para que así, todo lo que hagamos esté de acuerdo a su voluntad y sea para nuestro bienestar. Entonces, queridos hermanos en Cristo, oremos, oremos en todo tiempo (1 Tesalonicenses 5:17).  Oración.

«Papito Santo, estar en intimidad contigo es renovar mis fuerzas, encontrar paz, amor y dirección; gracias por revelarte como mi Padre, aquel en el que puedo confiar y esperar seguro; gracias por no ser un Dios lejano y porque a pesar de tu grandeza y tu gloria te fijas en mí, me amas y tienes cuidado de mis cosas, te alabo y te bendigo en el poderoso nombre de Cristo Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 19 de julio de 2021

Adorar al gran Rey

 


Adorar al gran Rey

“Venid, aclamemos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos. Porque Jehová es Dios grande, y Rey grande sobre todos los dioses.” Salmo 95:1-3

¿Quieres realizar un sacrificio agradable para Dios? Alábalo por medio de Jesucristo, confiesa y exalta su nombre (hebreos 13:15); nuestro Dios y Creador se siente honrado cuando lo alabamos (Salmo 50:23). A través de su Palabra Él nos invita a que lo aclamemos con alegría y le cantemos con júbilo. Es de gran regocijo para Dios y para nosotros que lleguemos ante Su presencia con alabanza, que entremos por sus puertas con acción de gracias y bendiciendo su nombre, porque para siempre es su misericordia y su verdad por todas las generaciones (Salmo 100:1-5).

Alabar a Dios es una manera de exaltarlo como Rey grande y digno de suprema alabanza, de agradecer al Señor por su infinita misericordia, por su salvación, su poder y sus maravillas; también es una manera de buscar su rostro y reconocerlo como nuestro Dios y Hacedor, que Él nos hizo y no nosotros a nosotros mismos y de aceptar que somos ovejas de su mano y pueblo de su prado. (Salmo 100:3).

Para alabar a nuestro Dios es necesario que lo hagamos con alegría, cantando salmos a su nombre con instrumentos, alzando nuestras voces, levantando nuestras manos y aplaudiendo para Él (Salmo 98:4-6).

Todo lo que respira debe alabar al Señor, toda su creación está llamada a glorificarlo, el mundo entero incluyendo los mares, los ríos y los montes (Salmo 98:7-9).

Y este es el día que ha hecho el Señor, así que gózate y alégrate en Él, dile: “Mi Dios eres tú, y te alabaré: Dios mío, te exaltaré” (Salmo 118:28).   Oración.

«Padre Santo, en este día te alabo y te reconozco como mi Dios y mi salvador, como el gran Rey y digno de suprema alabanza; mi corazón te alaba, mi boca te canta, mis manos te aplauden y mis instrumentos toco para ti. Bendecido, alabado y glorificado seas tú hoy y siempre, en el nombre de Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 18 de julio de 2021

Jesús, nuestro buen pastor

 

Jesús, nuestro buen pastor


“El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.” Juan 10:10-11

No estamos solos, no dependemos de nosotros mismos, no caminamos sin rumbo fijo. Somos ovejas y Jesús es nuestro pastor; así como toda oveja necesita y depende de su pastor, nosotros también. Pero resulta que muchas veces queremos ser como decimos comúnmente, la oveja negra, aquella diferente y rebelde que no obedece, nos creemos capaces de sostenernos, dirigirnos y hasta defendernos por nuestros propios medios, sin tener en cuenta cuánto peligro corremos sin el cuidado, sustento y protección de nuestro pastor, se nos olvida que el ladrón solo quiere matar, robar y destruir.

Nada ni nadie en el mundo y fuera del redil, podrá encontrar quien lo cuide y lo ame tanto como lo hace nuestro Pastor, su Palabra dice que dio su vida por nosotros, que nos ha dado vida eterna y que no permitirá que nos perdamos jamás (Juan 10:28).

Permaneciendo en su redil, oyendo y siguiendo su voz, Él promete que nada nos faltará, en delicados pastos nos hará descansar, junto a aguas de reposo nos pastoreará; animará y confortará nuestra alma, nos dará paz y nos guiará por caminos de justicia (Salmo 23:1-3).

Podemos, a lo largo de nuestra vida, pasar por momentos difíciles, enfrentar situaciones que nos generen incertidumbre, recibir noticias inesperadas y poco alentadoras, pero pequeña oveja, permanece en el redil y no temas porque tu Pastor está contigo, su vara y su cayado te infundirán aliento, y ciertamente el bien y la misericordia te seguirán todos los días de tu vida y en la casa del Señor habitarás por largos días (Salmo 23:4, 6).     Oración.

«Papito Dios, me escogiste y me colocaste en el mejor redil y bajo el cuidado del pastor mayor; qué amado me siento, pero tengo que reconocer que muchas veces no he escuchado tu voz y no te he seguido, me he dejado engañar, me he ido y me han herido, pero tú Señor Jesús, has venido a mi rescate y me has sanado, tu amor me ha restaurado y tu cuidado me ha levantado. Solo puedo decirte, gracias Dios. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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sábado, 17 de julio de 2021

El camino al lugar Santísimo

 


El camino al lugar Santísimo

“así dispuestas estas cosas, en la primera parte del tabernáculo entran los sacerdotes continuamente para cumplir los oficios del culto; pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo; dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo, entre tanto que la primera parte del tabernáculo estuviese en pie.” Hebreos 9:7-8

En el Antiguo testamento, antes de la venida de nuestro Señor Jesucristo, existía un santuario terrenal llamado el Tabernáculo, que tenía dos partes principales; la primera, se llamaba el lugar Santo, donde los sacerdotes de la época realizaban continuamente los oficios del culto; y la segunda, que estaba posterior a la primera, se llamaba el Lugar Santísimo, en el cual únicamente el sumo sacerdote podía entrar una vez al año con sangre de machos cabríos o de becerros para ofrecer sacrificio por sus pecados y los pecados del pueblo; entonces, lo que esto significa es que mientras existiera esta primera parte del tabernáculo no había camino libre al lugar Santísimo, puesto que ahí se manifestaba la presencia santa de Dios y no cualquiera podía ingresar, sólo la persona que Dios designaba y de la forma que Él había ordenado.

Pero dice la Palabra de Dios, que Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, entró en el santuario o tabernáculo, no hecho de mano, sino en el cielo mismo, para presentarse por nosotros ante Dios y por su propia sangre entró una vez y para siempre en el Lugar Santísimo, ofreciéndose a sí mismo como el sacrificio por nuestros pecados (Hebreos 9:12, 24, 26), obteniendo de esta manera nuestra eterna redención y santificación (Hebreos 10:10).

Es decir, que el velo se rasgó, el camino se abrió y hoy nosotros los creyentes tenemos toda la libertad para entrar por medio de Jesucristo a la presencia de Dios, al Lugar Santísimo; ya no hay más sacrificios por los pecados, ni más intermediarios, porque en la casa de Dios está nuestro Sumo Sacerdote para interceder por nosotros (Hebreos 7:25). Así que, sin temor ni culpa, acerquémonos a Dios con total confianza, con corazón sincero, creyendo firmemente en su pacto y en la esperanza que nos ha dado, porque fiel es Él, quien nos prometió y ha dicho que nunca más se acordará de nuestros pecados ni transgresiones (hebreos 10:17).     Oración.

«Papito Dios, tu misericordia es infinita, tu amor traspasa todo; siendo aún pecador, Cristo murió por mí. Eres Dios de pactos, eres fiel, confío en tu Palabra y te doy gracias por tu Espíritu que me enseña cuán grandes cosas has hecho por mí. Te pido, Padre de la gloria, me permitas continuar disfrutando de tu Presencia, de tus bondades y tus promesas, en Cristo Jesús, Amén.     Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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