miércoles, 7 de febrero de 2018
martes, 6 de febrero de 2018
El poder de Dios en tu debilidad
El poder de Dios en tu debilidad
Participamos de su debilidad, pero por el poder de Dios
Viviremos con Cristo para servirlos a ustedes.
2º Corintios 13:4 (NVI)
“Yo estoy contigo; eso es todo lo que necesitas.
Mi poder se muestra mejor en los débiles”.
2º Corintios 12:9 (BAD)
A Dios le encanta usar a los débiles.
Todos tenemos debilidades. Es más, tú tienes un manojo de
defectos e imperfecciones: físicos, emocionales, intelectuales y espirituales.
También tienes un sin fin de circunstancias incontrolables que te debilitan,
como las limitaciones financieras o relacionales. Lo más importante es qué
haces con ellas. Solemos negar nuestras debilidades, las defendemos, las
excusamos, las ocultamos y las resentimos. Eso le impide a Dios usarlas de la
manera que desea hacerlo.
Dios tiene una perspectiva diferente de tus debilidades. Él dijo:
“Mis pensamientos y mis caminos son más altos que los tuyos”, de modo que a
menudo actúa en maneras exactamente opuestas a lo que esperamos. Pensamos que
Dios sólo quiere usar nuestras fortalezas, pero también quiere usar nuestras
debilidades para su gloria.
La Biblia dice: “Dios escogió lo débil... del mundo para
avergonzar a los poderosos”. Tus debilidades no son un accidente. Dios
deliberadamente las permitió en tu vida con el propósito de demostrar su poder
a través de ti.
A Dios nunca le impresionó la fuerza ni la autosuficiencia.
De hecho, Él es atraído a los débiles que admitan serlo. Jesús consideró el
reconocimiento de nuestras necesidades como un atributo de los”pobres de
espíritu”. Esta actitud es la que Él bendice.
La Biblia está llena de ejemplos de cómo Dios ama y usa a los
imperfectos, a las personas ordinarias para hacer cosas extraordinarias a pesar
de sus debilidades. Si Dios usara sólo personas perfectas, nada sería hecho,
porque ninguno de nosotros es perfecto. Que Dios use a los imperfectos es muy
alentador para todos nosotros.
Una debilidad, o “aguijón” como Pablo lo llamó, no es un
pecado ni vicio ni un defecto de carácter que puedas cambiar, como la gula o la
impaciencia. Una debilidad es cualquier limitación que tengas o heredaste y no
tienes poder para cambiarla. Puede ser una limitación física, como la
minusvalía, una enfermedad crónica, poca energía o una incapacidad. Puede ser
una limitación emocional, como un trauma, un recuerdo injurioso, una
personalidad excéntrica o una disposición hereditaria. O puede ser un talento o
limitación intelectual.
No todos somos supe inteligentes o talentosos.
Cuando piensas en las limitaciones de tu vida, puedes ser tentado
a concluir: “Dios nunca podría usarme”. Pero a Dios no lo detienen nuestras
limitaciones. De hecho, Él disfruta poner su poder en envases comunes. La
Biblia dice: “Pero tenemos este tesoro en vasijas de barro para que se vea que
tan sublime poder viene de dios y no de nosotros”. Igual que la artesanía
común, somos frágiles, defectuosos y fáciles de quebrar. Pero Dios nos usará si
le permitimos trabajar por medio de nuestras debilidades. Para que esto ocurra
debemos seguir el modelo de Pablo.
Reconoce tus debilidades. Admite tus imperfecciones. Deja de
pretender que tienes todo bajo control y sé honesto contigo mismo. En vez de
vivir negando o dando excusas, toma tiempo para identificar tus debilidades
personales. Puedes hacer una lista de ellas.
Dos grandes confesiones en el Nuevo Testamento ilustran lo
que necesitamos para vivir saludablemente. La primera fue de Pedro, que le dijo
a Jesús: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. La segunda fue de
Pablo, que le dijo a la multitud idólatra: “Sólo somos seres humanos iguales a
ustedes”. Si quieres que Dios te use, debes conocer quién es Dios y quién eres
tú. Muchos cristianos, sobre todo líderes, olvidan la segunda verdad: ¡Sólo
somos humanos! Si necesitas una crisis para reconocerlo, Dios no vacilará en
concedértela, porque te ama.
Alégrate con tus debilidades. Pablo dijo: “Por eso, prefiero
sentirme orgulloso de mi debilidad, para que el poder de Cristo se muestre en
mí. Me alegro de ser débil, de ser insultado y perseguido, y de tener
necesidades y dificultades por ser fiel a Cristo. Pues lo que me hace fuerte es
reconocer que soy débil”. Al principio esto no tiene sentido; aspiramos a ser
libres de nuestras debilidades, ¡pero nos alegramos con ellas! Sin embargo, el
contentamiento es una expresión de fe en la bondad de Dios. Eso dice: “Dios,
creo que me amas y sabes lo que es mejor para mí”.
Pablo da muchas razones para alegrarnos con nuestras
debilidades. Primero, nos hace depender más de Dios. El apóstol, refiriéndose a
su propia debilidad que Dios no quiso quitarle, dijo: “Yo estoy feliz
plenamente con “mi aguijón”... porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”.
Cuando te sientas débil, Dios te estará recordando que dependes de Él.
Nuestras debilidades también previenen la arrogancia. Mantienen
tu humildad. Pablo dijo: “Para evitar que me volviera presumido por estas
sublimes revelaciones, una espina me fue clavada en el cuerpo... para que me
atormentara”. A menudo Dios nos conecta a una debilidad o una fortaleza mayor
para mantener nuestro ego controlado. Una limitación puede actuar como un
regulador que nos previene de no ir muy rápido y adelantarnos a Dios.
Cuando Gedeón reclutó un ejército de 32.000 soldados para
pelear contra los madianitas, Dios lo redujo a 300 hombres, estableciendo una desigualdad
de 450 a 1, ya que fueron a pelear contra 135.000 de las tropas enemigas. Esto
pareció una fórmula para el desastre, sin embargo Dios lo hizo para que Israel
reconociera que no fue por sus propias fuerzas sino por el poder de Dios que se
salvaron.
Nuestras debilidades también nos animan al compañerismo entre
los creyentes. Mientras la fuerza cultiva un espíritu independiente (“Yo no
necesito de nadie”), nuestras limitaciones muestran cuánto nos necesitamos unos
a otros. Cuando tejemos las trenzas débiles de nuestras vidas, una soga muy
fuerte se crea. Vance Havner dijo con sarcasmo: “Los cristianos, igual que los
copos de nieve, son frágiles; pero cuando se unen pueden parar el tráfico”.
La mayoría de todas nuestras debilidades aumenta nuestra sensibilidad
relacional y ministerial. Estamos muy lejos de ser misericordiosos y
considerados con las debilidades de otros. Dios quiere que tengas un ministerio
parecido al de Cristo en la tierra. Eso quiere decir que otras personas van a
encontrar sanidad en tus heridas. Tus grandes mensajes de la vida y tu
ministerio más eficaz surgirán de tus heridas más profundas. Las cosas que más
te apenan, las que más te avergüenzan, y las que menos quieras compartir, son
las herramientas que Dios puede usar con más poder para sanar a otros.
El gran misionero Hudson Taylor declaró: “Todos los gigantes
de Dios fueron personas débiles”. La debilidad de Moisés era su temperamento.
Le condujo a matar a un egipcio, golpear la roca cuando se suponía que debía
hablarle, y a romper las tablas de los Diez Mandamientos. No obstante, Dios
transformó a Moisés en “el hombre más humilde de la tierra”.
La debilidad de Gedeón era su baja autoestima y una
inseguridad profunda, sin embargo, Dios lo transformó en “un hombre poderoso y
de valor”.
La debilidad de Abraham era el temor. No una, sino dos veces,
para protegerse, dijo que su esposa era su hermana. No obstante, Dios
transformó a Abraham en “el padre de todos los que creen”. Impulsivo, de
voluntad débil, Pedro se convirtió en “una roca”, David el adúltero se
convirtió en “un hombre conforme a mi corazón (de Dios)”, y Juan, uno de los
arrogantes “Hijos del Trueno”, se convirtió en “el apóstol del amor”.
La lista puede seguir y seguir. “Tomaría mucho tiempo
recontar las historias de la fe de... Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel, y
todos los profetas... sus debilidades se tornaron en fuerzas”. Él quiere tomar
tu debilidad más grande y transformarla.
Comparte sinceramente tus debilidades. Ministrar empieza con
vulnerabilidad. Quítate la máscara y comparte todo lo que guardas, tus luchas,
de manera que Dios pueda usarte en servir a otros.
Pablo mostró su vulnerabilidad en todas sus cartas.
Expresó son sinceridad:
§ Sus fallas: “Cuando quiero hacer lo bueno, no lo hago, y
cuando trato de no hacer lo malo, eso hago”.
§ Sus sentimientos: “Yo te dije todos mis sentimientos”.
§ Sus frustraciones: “Fuimos realmente agobiados, abrumados,
y temimos que nunca podríamos volver a vivir a través de esto”.
§ Sus temores: “Cuando yo vine a ti, estaba débil, temeroso y
estremecido”.
Por supuesto, la vulnerabilidad es un riesgo. Puedes tener
miedo a bajar tus defensas y a abrir tu vida a otros. Cuando revelas tus
fallas, tus sentimientos, tus frustraciones y tus temores te arriesgas a ser
rechazado. Pero los beneficios valen la pena. La vulnerabilidad te ayuda a
liberarte emocionalmente, alivia el estrés, desactiva tus temores y es el
primer paso para la libertad.
Sabemos que Dios “da gracia al humilde” pero muchos
malinterpretan esto. La humildad no es negar tus fuerzas o ponerte por debajo
de otros, es ser honestos acerca de tus debilidades. Mientras más sincero seas,
más recibirás la gracia de Dios. También recibirás gracia de otros. La
vulnerabilidad es una cualidad que apreciamos, somos naturalmente atraídos
hacia los humildes. Las pretensiones repelen, no obstante la autenticidad atrae
y la vulnerabilidad es el camino hacia la intimidad.
Por eso es que dios quiere usar tus debilidades, no sólo tus
fortalezas. Si todo lo que la gente ve son tus fortalezas, se desalientan y
piensan: “Bien, qué bueno por él o ella, pero yo nunca podré hacerlo”. Sin
embargo, cuando ven a Dios usándote a pesar de tus debilidades, eso los
consuela y piensan: “¡Puede ser que Dios me use!” Nuestras fortalezas crean
competencias, mientras que nuestras debilidades producen comunión.
En cierto punto de tu vida debes decidir si quieres
impresionar a las personas o influenciarlas. A distancia puedes impresionar a
la gente, pero debes estar cerca para influir en ellas y, claro, si lo estás,
es posible que vean tus defectos. Eso es bueno. La cualidad esencial para el
liderazgo no es la perfección, sino la credibilidad. Las personas deberán
confiar en ti o no te seguirán. ¿Cómo puedo forjar mi credibilidad? No
pretendiendo ser perfecto, pero sí honesto.
Gloríate en tus debilidades. Pablo dijo: “De mí no haré
alarde, sino de mis debilidades”. En vez de mostrarte autosuficiente e
insuperable, obsérvate a ti mismo como un trofeo de gracia. Cuando Satanás
apunte a tu debilidad, acuérdate de Dios y llena tu corazón con alabanza a
Jesús, que “entiende cada debilidad nuestra”, y al Espíritu Santo, que “nos
ayuda en nuestra debilidad”.
Sin embargo, algunas veces Dios convierte una fortaleza en
debilidad para usarnos aún más. Jacob era un manipulador que gastó su vida
intrigando para después correr por sus consecuencias. Una noche, mientras
luchaba con Dios, dijo: “No voy a dejarte hasta que me bendigas”. Dios le
respondió: “Está bien”, pero entonces le agarró el muslo a Jacob y le dislocó
su cadera. ¿Qué significa eso?
Dios tocó la fuerza de Jacob (el músculo del muslo es el más
fuerte del cuerpo) y lo transformó en debilidad. Desde ese día en adelante,
Jacob caminó cojeando de manera que nunca más pudo huir. Eso lo forzó a
apoyarse en Dios quisiera o no. Si quieres que dios te bendiga y te use en gran
manera, debes querer caminar cojeando el resto de tu vida porque dios usa a las
personas débiles.
DÍA TREINTA Y CINCO
PENSANDO EN MI PROPÓSITO
Punto de reflexión: Dios trabaja mejor si reconozco mi
debilidad.
Versículo para recordar: “Te basta con mi gracia, pues mi
poder se perfecciona en la debilidad”. 2º Corintios 12:9 (NVI).
Pregunta para considerar: ¿Estoy limitando el poder de Dios
en mi vida tratando de ocultar mis debilidades? ¿En qué necesito ser honesto de
manera que pueda ayudar a otros?
lunes, 5 de febrero de 2018
Mentalidad de siervo
Mentalidad de siervo
Mi siervo Caleb... ha mostrado una
Actitud diferente y me ha sido fiel.
Números 14:24 (NVI)
La actitud de ustedes debe ser
Como la de Cristo Jesús.
Filipenses 2:5 (NVI)
El servicio comienza en tu mente.
Para ser un siervo se requiere un cambio de pensamiento y de
actitudes. Dios está más interesado en por qué hacemos las cosas que en lo que
hacemos. Las actitudes cuentan más que los hechos. El Rey Amasías perdió el
favor de Dios porque “hizo lo correcto ante los ojos del Señor; aunque no de
todo corazón”. Los siervos sirven a Dios pensando en cinco actitudes.
Los siervos piensan más en otros que en sí mismos. Se enfocan
en los demás, no en ellos mismos. Esto es verdadera humildad, no pensar menos
de, sino menos en, nosotros mismos. Se olvidan de sí mismos. Pablo dijo:
“Olvídense de ustedes mismos lo suficiente para que extiendan una mano
ayudadora”. Esto es lo que significa “perder tu vida”, olvidándote de ti mismo
para servir a otros. Cuando dejamos de enfocarnos en nuestras propias
necesidades, comenzamos a advertir las que yacen alrededor nuestro.
Jesús “se despojó a sí mismo tomando forma de siervo”.
¿Cuándo fue la última vez que te olvidaste de ti mismo para beneficiar a
alguien? No puedes ser siervo si estás lleno de ti mismo. Sólo cuando nos
olvidamos de nosotros mismos podemos hacer cosas que merecen ser recordadas.
Desafortunadamente, la mayoría de nuestro servicio a menudo
es auto gratificante. Servimos a otros para que les gustemos, para ser
admirados o para lograr nuestras propias metas Eso es manipulación, no
ministerio. Todo el tiempo lo que realmente hemos estado pensando es en
nosotros mismos y en cuán nobles y maravillosos somos. Algunas personas tratan
de usar el servicio como una herramienta de negociación con Dios: “Haré esto
por ti Dios, si haces algo por mí”. Los verdaderos siervos no tratan de usar a
Dios para sus propósitos. Dejan que Él los use para el suyo. La cualidad de
olvidarse de sí mismos, al igual que la fidelidad, es extremadamente
excepcional. Aparte de todas las personas que Pablo conocía, Timoteo era el
único ejemplo que señalaba. Pensar como siervo es difícil porque desafía el
problema básico de mi vida: Yo soy, por naturaleza, egoísta. Pienso más en mí,.
Por eso es que la humildad es una lucha diaria, una lección que debo volver a
aprender una y otra vez. La oportunidad de ser siervo me confronta docenas de
veces al día, me dan la opción de decidir entre satisfacer mis necesidades o
las de otros. La abnegación es el alma del servicio.
Podemos medir nuestro corazón de siervos por la manera en que
respondemos cuando otros nos tratan como siervos. ¿Cómo reaccionas cuando eres
mandado por alguien o tratado como un inferior? La Biblia dice: “Si alguien
toma ventajas injustas sobre ti, usa la ocasión para practicar la vida de
siervo”.
Los siervos piensan como mayordomos, no como dueños.
Recuerdan que todo le pertenece a Dios. En la Biblia, un mayordomo era un
siervo al que se le confiaba una propiedad. José fue este tipo de siervo, como
prisionero, en Egipto. Potifar confió en él entregándole su casa. Después el
carcelero confió en él dándole autoridad en la cárcel. Al fin de la historia,
Faraón confió en él y le dio la nación entera. El servicio y la mayordomía van
juntas, puesto que Dios espera de nosotros que seamos dignos de confianza en
ambos aspectos. La Biblia dice: “La única cosa que se requiere para ser tales
siervos es que sean fieles a su señor”. ¿Cómo estás manejando los recursos que
Dios te confió?
Para comenzar a ser un verdadero siervo tienes que tomar en
cuenta el tema del dinero en tu vida. Jesús dijo: “Ningún sirviente puede
servir a dos patrones... no puedes servir a la vez a Dios y a las riquezas”. No
dijo: “No debes”, sino No puedes”. Eso es imposible. Vivir para el ministerio y
para el dinero son metas mutuamente excluyentes. ¿Cuál escogerías? Si eres un
siervo de Dios no puedes trabajar para ti mismo. Todo tu tiempo le pertenece a
Dios. Él insiste en una lealtad exclusiva, no fidelidad a medias.
El dinero es el potencial mayor para reemplazar a Dios en tu
vida. Más personas se alejan del servicio debido al materialismo que a cualquier
otra cosa. Dicen: “Después de que cumplas mis metas financieras, voy a servir a
Dios”. Esa es una decisión necia que lamentarán por la eternidad. Cuando Jesús
es tu Señor el dinero te sirve, pero si el dinero es tu señor te conviertes en
esclavo de él. Ciertamente la riqueza no es un pecado siempre y cuando la
usemos para la gloria de Dios. Los siervos del Señor siempre están más
conscientes del ministerio que del dinero.
La Biblia es muy clara: Dios usa el dinero para probar tu
fidelidad como siervo. Esta es la razón por la que Jesús habló más acerca de él
que del cielo o el infierno. Él dijo: “Si ustedes no han sido honrados en el
uso de las riquezas mundanas ¿quién les confiará las verdaderas?”. La manera en
que usas tu dinero incide en cómo Dios puede bendecir tu vida.
En el capítulo 31 mencioné dos tipos de personas: los
edificadores del reino y los edificadores de riquezas. Ambos recibieron dones
para hacer que el negocio crezca, haciendo tratos o ventas y obteniendo
ganancias. Los edificadores de riquezas continúan acumulando más tesoros para
sí mismos sin importar cuánto hacen, pero los edificadores del reino cambian
las reglas del juego. Persisten en hacer dinero, pero lo hacen para regalarlo.
Usan las riquezas para financiar a la iglesia y la misión de Dios en el mundo.
En la Iglesia Saddleback, tenemos un grupo de ejecutivos y
dueños de negocios que tratan de hacer lo máximo para dar a la congregación y
para expandir el reino de Dios. Así que te exhorto a que hables con tu pastor y
comiences un grupo de edificadores del reino en tu iglesia.
Los siervos piensan en su trabajo, no en lo que otros hacen.
No comparan, critican, ni compiten con otros siervos o ministerios. Están muy
ocupados haciendo el trabajo que Dios les asignó.
La competencia entre los siervos de Dios es ilógica por
muchas razones: todos estamos en el mismo equipo; nuestra meta es complacer a
Dios, no a nosotros mismos; tenemos diferentes tareas y todos fuimos formados
con cierta singularidad. Pablo dijo: “No se comparen unos con otros, como si
uno de ustedes fuera mejor o peor que el otro. Tenemos mejores cosas que hacer
en nuestras vidas. Cada uno de ustedes es un original”.
No hay lugar para celos mezquinos entre los siervos.
Cuando estás ocupado en servir no tienes tiempo para criticar;
el tiempo que gastas en criticar a otros deberías usarlo para ministrar. Cuando
Marta se quejó con Jesús de que María no la estaba ayudando con su trabajo,
perdió su corazón de sierva. Los siervos verdaderos no se quejan de las
injusticias, no viven lamentándose ni se resienten con quienes no están
sirviendo. Sólo confían en Dios y se mantienen sirviendo.
No es nuestro trabajo evaluar a otros siervos del Señor. La
Biblia dice: “¿Quién eres tú para criticar al siervo de otro? El Señor decidirá
si su siervo ha hecho lo correcto”. Tampoco es nuestro trabajo defendernos de
la crítica, deja que tu Señor lidie con eso. Sigue el ejemplo de Moisés, que
mostró una verdadera humildad ante sus opositores; como Nehemías, cuya
respuesta a las críticas fue simple: “Estoy ocupado... Si bajara yo a reunirme
con ustedes la obra se vería interrumpida”.
Si sirves como Jesús, puedes esperar ser criticado. El mundo,
aun las iglesias, no entienden lo que Dios valora en el servicio. Uno de los
actos más hermosos de amor mostrado por Jesús fue criticado por sus discípulos.
María tomó lo más valioso que tenía, un perfume costoso, y lo vertió sobre
Jesús. A tan espléndido servicio los discípulos lo llamaron “derroche”, sin
embargo, Jesús lo llamó “una obra hermosa” y eso es lo que importa. Tu servicio
por Cristo nunca es considerado como pérdida aunque otros lo digan.
Los siervos basan su identidad en Cristo. Dado que ellos
recuerdan que fueron amados y aceptados por gracia, los siervos no tienen que
probar su mérito. Voluntariamente aceptan tareas que otras personas, inseguras,
consideran “inferiores”. Uno de los ejemplos más conmovedores de servicio es la
imagen misma que Jesús muestra cuando les lava los pies a sus discípulos. Esto
era equivalente a lo que hoy es un lustrador de calzado, un trabajo sin
prestigio. Sin embargo, Jesús sabía quién era él, de manera que la tarea no
amenazaba su propia imagen. La Biblia dice: “Jesús sabía que el Padre había
puesto todas las cosas bajo su dominio, y que había salido de Dios y a él volvía;
así que se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ató una toalla a la
cintura”.
Si piensas ser un siervo debes tener muy definida tu
identidad en Cristo. Sólo las personas seguras pueden servir; las inseguras
siempre se preocupan de cómo pueden ser vistos por los demás. Temen manifestar
sus debilidades y ocultan, bajo mantos protectores, su orgullo y pretensión.
Mientras más inseguro seas, más quieres que te sirvan y más necesitarás
aprobación.
Henri Nouwen dijo: “Para que seamos un servicio a otros,
debemos morir por ellos; eso significa que tenemos que dejar de medir nuestros
significados y valores con la vara de medir de otros... entonces comenzaremos a
ser libres para ser misericordiosos”. Cuando basas tu valor y tu identidad en
tu relación con Cristo, te liberas de las expectativas de otros, y eso permite
servir con lo mejor de ti.
Los siervos no necesitan cubrir sus paredes con placas y
premios para avalar su trabajo. No les interesa que se dirijan a ellos con
títulos, ni les gusta cubrirse con ínfulas de superioridad. Los siervos hallan
que los símbolos de estatus son innecesarios y no miden su valor por sus
logros. Pablo dijo: “Porque no es aprobado el que se recomienda a sí mismo sino
aquel a quien recomienda el Señor”.
Si alguien tuvo oportunidad de ser ostentoso debido a sus
conexiones y “personajes relacionados”, fue Santiago, el medio hermano de
Jesús. Él tuvo las credenciales de crecer con Jesús como su hermano. Sin
embargo, en la introducción de su carta, simplemente se refiere a sí mismo como
“siervo de Dios y del Señor Jesucristo”. Mientras más te acerques a Jesús,
menos necesitarás promocionarte.
Los siervos piensan en el ministerio como una oportunidad, no
como obligación. Disfrutan ayudando a la gente, supliendo sus necesidades y
realizando su ministerio. “Sirven al Señor con regocijo”. ¿Por qué lo hacen con
regocijo? Porque aman al Señor y están agradecidos por su favor; saben que
servir es el mejor uso que pueden darle a su vida y que Dios ha prometido
recompensarlos. Jesús dijo: “A quien me sirva, mi Padre lo honrará”. Pablo, por
su parte, afirmó: “Porque Dios no es injusto como para olvidarse de las obras y
del amor que, para su gloria, ustedes han mostrado sirviendo a los santos, como
lo siguen haciendo”.
Imagínate qué pasaría si sólo el diez por ciento de los
cristianos en el mundo tomara en serio su rol como siervo. Imagínate todo lo
bueno que podría hacerse. ¿Estarías dispuesto a ser una de esas personas? No
importa la edad que tengas, Dios te usará si comienzas a actuar y pensar como
un siervo. Albert Schweitzer dijo: “Las únicas personas realmente felices son
aquellas que han aprendido a servir”.
DÍA TREINTA Y CUATRO
PENSANDO EN MI PROPÓSITO
Punto de reflexión: Para ser siervo debo pensar como siervo.
Versículo para recordar: “La actitud de ustedes debe ser como
la de Cristo Jesús”. Filipenses 2:5 (NVI).
Pregunta para considerar: ¿Me preocupo más por ser servido
que por servir a otros?
domingo, 4 de febrero de 2018
Cómo actúan los verdaderos siervos
Cómo actúan los verdaderos siervos
“Quien quiera ser grande deberá
Convertirse en un siervo”.
Marcos 10:43 (PAR)
“Pueden decir qué ellos son por lo que hacen”.
Mateo 7:16 (PAR).
Servimos a Dios sirviendo a los demás.
El mundo define la grandeza en términos de poder, posesiones,
prestigio y posición. Si puedes exigirle a otro que te sirva, alcanzaste esa
posición. En nuestra cultura auto gratificante, con su mentalidad de primero
yo, comportarse como un siervo no es un concepto popular.
Sin embargo, Jesús midió la grandeza en términos de servicio
y no de estatus. Dios determina tu grandeza por el número de personas a las que
sirves, no por las que están a tu servicio. Esto es contrario al concepto de
grandeza mundano, que a nosotros nos cuesta entender, mucho menos practicar.
Los discípulos discutieron acerca de quién merecía la posición más prominente;
dos mil años después, los líderes cristianos todavía se disputan la posición y
prominencia en las iglesias, denominaciones y ministerios para eclesiásticos.
Miles de libros son escritos para el liderazgo, pero pocos
para el servicio. Todo el mundo quiere dirigir, nadie quiere ser siervo.
Preferimos ser generales que soldados. Aun así los cristianos quieren ser
“líderes siervos” y no unos simples siervos. Pero para ser igual que Jesús
debemos ser siervos. Así fue como él se llamó a sí mismo.
Es importante que conozcas tu forma para que sirvas a Dios,
pero es mucho más relevante si tienes corazón de siervo, seas egocéntrico. Sin
un corazón de siervo serás tentado al mal uso de tu forma por interés personal.
También serás tentado a usar eso como una excusa para disculparte del
compromiso de algunas necesidades.
A menudo Dios prueba nuestros corazones al pedirnos que lo
sirvamos en ciertas maneras, para las que no fuimos formados. Si ves a un
hombre caer dentro de una zanja, Dios espera que lo ayudes a salir y no digas:
“Yo no tengo el don de misericordia o el don de servicio”. Aunque no seas
dotado para una tarea en particular, podrás ser llamado para hacerla si no hay
ningún dotado cerca. Tu ministerio primordial debe ser en el área para la cual
fuiste formado, pero tu servicio secundario se lleva a cabo dondequiera que se
te necesite en el momento.
Tu F.O.R.M.A. revela tu ministerio, pero tu corazón de siervo
muestra tu madurez. No se necesita un talento o don para recoger la basura o
arreglar las sillas después de una reunión, cualquiera puede ser siervo. Todo
lo que se necesita es carácter.
Es posible servir en una iglesia toda una vida sin nunca ser
un siervo. Debes tener un corazón de siervo. ¿Cómo puedo saber si tengo un
corazón de siervo? Jesús dijo: “Tú puedes decir lo que ellos son por lo que
hacen”.
Los siervos verdaderos siempre están disponibles para servir.
Los siervos no ocupan su tiempo en actividades que puedan
limitar su disponibilidad. Los siervos quieren estar listos para servir tan
pronto sean necesitados. Igual que un soldado, el siervo debe estar lista para
cumplir con sus deberes: “Ningún soldado en servicio activo se enreda en los
asuntos de la vida civil, porque tiene que agradar a su superior”. Si sólo
sirves cuando te conviene, entonces no eres un verdadero siervo. Los siervos
verdaderos hacen lo que se necesita aunque no les convenga.
¿Estás disponible para Dios en cualquier tiempo? ¿Puede Dios
deshacer tus planes sin que comiences a resentirte? Como siervo no eliges ni
escoges cuándo o dónde servir. Ser un siervo significa darle a Dios el derecho
de controlar tu horario y permitirle que lo interrumpa en cualquier momento que
lo necesite.
Si recordaras al comienzo de cada día que eres un siervo de
Dios, las interrupciones no deberían frustrarte porque tu agenda será la que
Dios quiera para tu vida. Los siervos ven las interrupciones como citas divinas
para el ministerio y son felices por la oportunidad de practicar el servicio,.
Los siervos verdaderos prestan atención a las necesidades.
Los siervos siempre están mirando las maneras de ayudar a otros. Cuando ven la
necesidad, no dejan escapar la oportunidad, tal como la Biblia nos manda: “En
cualquier oportunidad que tengamos, debemos hacer lo que es bueno para todos,
especialmente para la familia de los creyentes”.
Cuando Dios pone a alguien en necesidad frente a ti, te está
dando la oportunidad de crecer en el servicio. Observa que Dios dice que las
necesidades de tu familia en la fe tienen preferencia, de manera que no las
pongas al final de tu lista de “cosas por hacer”.
Perdemos muchas ocasiones de servir porque carecemos de
sensibilidad y espontaneidad. Las grandes oportunidades para servir no duran
mucho, pasan rápidamente, y casi nunca vuelven. Quizá sólo tengas una
oportunidad para servir a esa persona, así que aprovecha el momento. “Nunca les
digas a tus vecinos que esperen hasta mañana si puedes ayudarlos ahora”.
John Wesley era un increíble siervo de Dios. Su proverbio
era: “Haz todo lo bueno que puedas, con todos los medios que puedas, en todas
las maneras que puedas, en todos los lugares que puedas, en todos los tiempos
que puedas, a todas las personas que puedas, cada vez que puedas”. Eso es
grandioso. Puedes comenzar viendo las pequeñas tareas que ningún otro quiere
hacer. Haz esas pequeñas cosas como si fueran grandes porque Dios está
observando.
Los siervos verdaderos hacen lo mejor con lo que tienen. Los
siervos no tienen excusas, ni postergan ni esperan mejores circunstancias.
Nunca dicen: “Uno de estos días” o “Cuando el tiempo sea adecuado”. Sólo hacen
lo que se requiere. La Biblia dice: “Si esperas por condiciones perfectas,
nunca lograrás nada”. Dios espera que hagas lo que puedas con lo que tienes,
dondequiera que estés. Servir sin llegar a la perfección es mejor que la más
perfecta intención.
Una de las razones por las que muchas personas nunca sirven
es porque temen no ser lo suficientemente buenos para servir. Creen la mentira
de que le servicio a Dios es sólo para celebridades.
Algunas de las iglesias han fomentado este mito calificando
de “excelente” a un ídolo, lo que hace que muchas personas con talentos rehúsen
involucrarse.
Puedes haber oído decir esto: “Si no puedes hacerlo con
excelencia, mejor no lo hagas”. ¡Bueno, Jesús nunca dijo eso! La verdad es que,
casi todo lo que hacemos es hecho deficientemente cuando empezamos a hacerlo,
así es como aprendemos. En la Iglesia Saddleback practicamos el principio “lo
suficientemente bueno”; no tiene que ser perfecto para que Dios lo use y lo
bendiga. Preferimos involucrar a miles de personas comunes y corrientes, que
tener una iglesia perfecta dirigida por un grupo selecto.
Los siervos verdaderos cumplen sus tareas con la misma
dedicación. Cualquier cosa que hagan, “la hacen con todo su corazón”. El tamaño
de la tarea es irrelevante. El punto en cuestión es: “se necesita hacer esto?
Nunca llegarás a un estado en la vida en el que seas
demasiado importante para ayudar con tareas serviles. Dios nunca te exime de lo
mundano. Es parte vital de la formación de tu carácter. La Biblia dice: “Si
piensas que eres demasiado importante para ayudar a alguien en necesidad, te
engañas a ti mismo. Realmente no eres nadie”. Es en estos pequeños servicios
que crecemos para parecernos a Cristo.
Jesús se especializó en tareas humillantes que otros evadían:
lavar los pies, ayudar a los niños, preparar el desayuno y servir a los
leprosos. Él nunca se consideró por encima de nada, porque vino a servir. Él
hizo todas estas cosas y no fueron molestia para su grandeza, lo hizo porque
quiere que sigamos su ejemplo.
Las tareas pequeñas a menudo muestran un gran corazón. Tu
corazón de siervo se revela en hechos pequeños que otros no piensan hacer, como
cuando Pablo juntó la madera para hacer una fogata y calentar a todos después
del naufragio. Estaba tan exhausto como todos, sin embargo hizo lo que los
demás necesitaban. Ninguna tarea te molesta cuando tienes un corazón de siervo.
Las grandes oportunidades a menudo se disimulan en pequeñas
tareas; las cosas pequeñas en la vida determinan las grandes. No busques hacer
grandes tareas para Dios, haz las que te ponga por delante y Él te asignará
cualquiera que quiera que hagas. Antes de intentar cosas extraordinarias, trata
con las ordinarias.
Siempre habrá más gente queriendo hacer “grandes” cosas para
Dios que cosas pequeñas. La carrera para ser líder está abarrotada mientras que
el campo para quienes quieren ser siervos es amplio y abierto. A veces sirves
hacia arriba a sus superiores, y a veces sirves hacia abajo, a aquellos en
necesidad. De cualquier manera, desarrollas un corazón de siervo cuando anhelas
hacer cualquier cosa que se necesite.
Los siervos verdaderos son fieles a su ministerio. Los
siervos terminan sus tareas, cumplen con sus responsabilidades, mantienen sus
promesas y completan sus compromisos. No dejan el trabajo a medias ni lo
abandonan cuando se desaniman; son dignos de confianza y responsables.
La fidelidad siempre ha sido una cualidad excepcional.
La mayoría de las personas no conoce el significado del
compromiso. Se comprometen casualmente pero luego incumplen por cualquier razón
y sin ninguna duda, remordimiento o lamento. Cada semana, las iglesias y muchas
organizaciones deben improvisar debido a que los voluntarios nunca se
prepararon o nunca llegaron o nunca llamaron para decir que no podrían asistir.
¿Puedes contar con otros? ¿Tienes promesas, votos que cumplir, o compromisos
que necesitas honrar? Esta es una prueba. Dios prueba tu fidelidad. Si pasas el
examen estás en buena compañía: Abraham, Moisés, Samuel, David, Daniel, Timoteo
y Pablo fueron llamados siervos fieles de Dios. Aún mejor, Dios ha prometido
recompensar tu fidelidad en la eternidad. Imagínate lo que sentirás cuando Él
te diga: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te
pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu Señor1”.
Por otra parte, los siervos nunca se retiran. Sirven fielmente
tanto como vivan. Puedes jubilarte de tu carrera, pero nunca del servicio a
Dios.
Los siervos verdaderos mantienen un bajo perfil. Los siervos
no se promueven ni llaman la atención sobre sí mismos. En vez de actuar para
impresionar y resaltar su éxito, “se ponen el delantal de humildad para
servirse unos a otros”. Si se les reconoce por su servicio, humildemente lo
aceptan, pero no permiten que la notoriedad los distraiga de sus trabajos.
Pablo expuso un tipo de servicio que parece ser espiritual
pero realmente es puesto en su sitio, para mostrar un hecho que llama la
atención. Él lo llamó “servir al ojo”, para referirse a los que sirven con la
intención de impresionar a las personas para que vean cuán espirituales son.
Este era el pecado de los fariseos, que ayudaban a otros, daban y siempre oraba
unos por otros en actos públicos. Jesús condena esa actitud y advierte: “Cuando
hagas buenas obras, no trates de vanagloriarte. Si lo haces, no recibirás
recompensa de tu Padre en el cielo”.
La autopromoción y el servicio no se mezclan. Los siervos
verdaderos no sirven para ser aprobados o aplaudidos; viven para una sola
audiencia: Dios. Como dijo Pablo: “Si yo buscara agradar a otros, no sería
siervo de Cristo”.
No encontrarás muchos siervos verdaderos expuestos a la luz,
de hecho, lo niegan si es posible. Se contentan sirviendo en silencio bajo las
sombras. José es un gran ejemplo. Nunca llamó la atención a sí mismo, sino que
en silencio sirvió a Potifar, a su carcelero, al copero y al panadero del
Faraón, y Dios lo bendijo por esa actitud. Cuando el Faraón lo promovió a una
posición importante, José todavía mantuvo un corazón de siervo, aun con sus
hermanos, que lo traicionaron.
Desafortunadamente, muchos líderes de hoy empiezan como
siervos y terminan como celebridades. Empiezan a convertirse en adictos a la
atención, inconscientes de que eso siempre los ciega. Puedes servir en la
oscuridad en algún pequeño lugar, sentirte desconocido y sin aprecio. Pero
escucha: ¡Dios te ha puesto donde estás para cumplir con su propósito! Él tiene
cada cabello de tu cabeza contado y conoce tu dirección. Mejor es que estés
donde él te puso hasta que decida moverte. Él te hará saber si quiere que vayas
a alguna parte. Tu ministerio pertenece al reino de Dios. “Cuando Cristo... venga
otra vez a la tierra, tú vendrás también, el yo real, el yo glorioso. Mientras
tanto, sé feliz en no ser reconocido”.
Hay más de 750 personas en el “Salón de la Fama” en Estados
Unidos y más de 450 publicaciones de “Quién es Quién”, sin embargo, no encontrarás
muchos siervos verdaderos en esos lugares. La notoriedad no es importante para
los verdaderos siervos porque ellos conocen las diferencias entre prominencia y
significación. Tú tienes varios rasgos prominentes en tu cuerpo sin los cuales
podrías vivir. Pero las partes ocultas de tu cuerpo son las indispensables. Lo
mismo pasa con el cuerpo de Cristo. El servicio más importante es a menudo el
que no se ve.
En el cielo Dios dará clara recompensa a varios de sus
siervos más oscuros y desconocidos, personas a las que nunca oímos en la
tierra, que enseñaron a niños trastornados emocionalmente, asearon a un anciano
incontinente, cuidaron pacientes con SIDA, y sirvieron en miles de maneras
inadvertidas.
Sabiendo esto, no te desanimes cuando tu servicio pase
inadvertido o dado por hecho. ¡Mantente sirviendo a Dios! “Entréguense al
trabajo de su Señor, confiados que nada de lo que hagan para Él es un tiempo o
esfuerzo perdido”. Aun el más pequeño de los servicios es observado por Dios;
Él lo recompensará. Recuerda las palabras de Jesús: “Y cualquiera que le da
siquiera un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños por ser seguidor mío,
les aseguro que tendrá su premio”.
DÍA TREINTA Y TRES
PENSANDO EN MI PROPÓSITO
Punto de reflexión: Sirvo a Dios cuando sirvo a otros.
Versículo para recordar: “Y cualquiera que le da siquiera un
vaso de agua fresca a uno de estos pequeños por ser seguido mío, les aseguro
que tendrá su premio”. Mateo 10:42 (DHH).
Pregunta para considerar: ¿Cuáles de las seis características
de los siervos verdaderos me desafían más?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)