sábado, 17 de febrero de 2024

Cambio de perspectiva


 Cambio de perspectiva

“El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.” Efesios 4:28-30
El cambio de perspectiva es cuando miramos las cosas desde un punto de vista radicalmente diferente, y este punto de vista es el del Espíritu. “Andar en el Espíritu” implica que antes de poder andar, debemos pensar como piensa Cristo, pues por la fe en él “tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2:16), precisamente este versículo está en el contexto de la vida de revelación y guía del Espíritu, pues él, la tercera persona de la trinidad, conoce las cosas de Dios y las trae a nosotros, no por nuestro esfuerzo mental, sino por la gracia de Cristo, para que la gloria sea de Dios y no de nosotros.
Para poder tener un cambio de perspectiva es necesario alinearnos a la Palabra de Dios, revelada por el Espíritu. Como afirma la escritura:“Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1 Corintios 2:10), es decir la revelación de Dios está escrita pero necesitamos acercarnos por medio de su Espíritu para entender la Palabra, como nos explica el capítulo que nos ofrece el contexto el dia de Hoy “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2:14).
Este entendimiento y conocimiento que el Espíritu Santo trae a nosotros, por revelación debe producir en nosotros una respuesta de amor, sí, el amor de Dios que se revela para que motivados por ese mismo amor hagamos dos cosas ineludibles:
Primero, prediquemos el evangelio, explicando a otros las cosas del Espíritu de Dios que nos fueron reveladas y segundo, vivamos una vida conforme a esa revelación que hemos recibido, siendo coherentes entre lo que conocemos de Dios y nuestra manera de actuar y vivir ante los demás para demostrar el fruto del Espíritu: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.” (Gálatas 5:22-23) Oración.
«Señor quiero llevar mi vida como un testimonio vivo de Cristo en mí, que su amor revelado a mi vida y puesto en acción por el Espíritu sea la manera de comunicar a otros el mensaje maravilloso de tu Palabra, para gloria de Dios Padre, amén.

viernes, 16 de febrero de 2024

Lava tus pies

 Lava tus pies

“Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza. Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos.”, Juan 13:8-10
En el tiempo en que nuestro Señor Jesucristo vino en carne al mundo, la costumbre de lavarse los pies era muy común debido a las largas caminatas; en las familias prestantes, esta labor era realizada por la persona de menor rango o se consideraba una tarea de un siervo o esclavo (1 Samuel 25:40-42.).
El Señor Jesús le dice a Pedro, cuando éste lo increpa a no dejarse lavar los pies (pues podría considerar una tarea para un siervo y no para su maestro), que el que está lavado no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio, esto lo confirma su declaración registrada en el evangelio de Juan, donde les dice a sus discípulos: “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado” y los insta a permanecer unidos a él (Juan 15:3-5).
Cuando recibimos a Cristo y su Palabra, somos limpiados, pues la fe es por el oír y el oír por la Palabra de Dios (Romanos 10:17). La salvación llega a nosotros no por obras sino por fe en Cristo y tenemos un nuevo nacimiento, somos una nueva criatura.
Sin embargo en nuestro caminar diario muchas veces fallamos, resbalamos y claramente hay que decirlo, lastimosamente pecamos. Pero el Cristiano no practica el pecado, está llamado a vivir en santidad y no ser esclavo del pecado, pues ha muerto juntamente con Cristo: “sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.” (Romanos 6:6). Necesitamos lavar nuestros pies, ir en arrepentimiento genuino a nuestro abogado: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Juan 2:1). La expresión “hijitos” contempla el hecho de que el cristiano o hijo de Dios puede, lastimosamente, caer en pecado, pero que no debe quedarse allí; no es el caso ideal y tampoco debe ser tomado nunca como excusa, nuestra libertad en Cristo, para dar lugar a los deseos carnales, sin embargo ocurre y debemos ir en oración a nuestro Señor, para identificarnos con lo que ya somos por su gracia y salir renovados al ser fortalecidos espiritualmente.
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” (1 Juan 1:9), es nuestro abogado, es nuestro Consejero admirable que limpia nuestros pies, pero veremos en el devocional de mañana la tarea que nos corresponde a nosotros. Oración.
«Padre vengo a ti por medio de mi abogado Jesucristo, para pedir tu perdón y que me limpies de todo pecado, que tu Espíritu Santo me sostenga, estoy dispuesto a escucharlo y a dejarme guiar para hacer tu voluntad. En el nombre de Jesús, amén.

jueves, 15 de febrero de 2024

La protección de las autoridades

 La protección de las autoridades


“Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien. Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos;”, 1 Pedro 2:13-15
Toda autoridad es puesta por Dios. El Señor bendice, protege nuestra vida por medio de ellas, evitando que cometamos errores, y que tomemos malas decisiones, pero sobre todo Dios quiere evitar que nos volvamos seres egoístas, rebeldes y necios (2 Timoteo 3:2).
El someternos a toda autoridad forma el carácter de Cristo en nuestra vida, porque él mismo se sometió para darnos ejemplo, y “Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Filipenses 2:8) y nos pasa esa obediencia a nosotros para que actuemos guiados, direccionados y protegidos.
Someternos a nuestras autoridades, no se trata de obedecer ciegamente o con temor, porque no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo, están dispuestas para nuestro bien para mantener el orden así como para castigar a aquellos que quieren poner en riesgo la seguridad y estabilidad de una sociedad. (Romanos 13:3-5)
Que bueno que nosotros los creyentes seamos ejemplo de obediencia, en nuestra familia y en nuestra sociedad, porque a la vez también en algún momento seremos autoridad de alguien y estaremos llamados a brindar un servicio en el nombre del Señor y también: “Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos” (1 Pedro 2:15) Oración.
«Gracias Padre porque me enseñas a someterme a toda autoridad, teniendo como base que tu eres la autoridad superior de todas y estoy llamado a orar por ellas para que podamos gozar de una vida tranquila y pacífica, con toda piedad y dignidad, así mismo porque esto forma mi carácter de obediencia para estar preparado para ejercer la autoridad y dar ejemplo de servicio. En el nombre de Jesús, amén.

miércoles, 14 de febrero de 2024

Un principio que bendice nuestra vida

 

Un principio que bendice nuestra vida


“Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos” Romanos 13:1-2.

Un principio que nos bendice de manera abundante es el someterse a toda autoridad. Esto contrasta con el mundo actual, donde el ir en contra de la autoridad es una tendencia en aumento: “Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos” (2 Timoteo 3:2). Pero la Palabra de Dios establece que es Dios el que instaura estas autoridades, en Daniel 2:21 leemos: “Él muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos”.

¿Y cómo disfrutamos de esta bendición? Todos estamos llamados a estar bajo una autoridad. En nuestras familias, Dios nos coloca bajo la autoridad de nuestros padres (Efesios 6:1), en los matrimonios las esposas al esposo: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” (Efesios 5:22-24); pero claramente el esposo debe estar sujeto a Cristo.

En cuanto a la iglesia, el Señor también nos instruye a someternos a las autoridades pastorales, “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso”, (hebreos 13:17).

El Señor Jesucristo mismo vino en su naturaleza de hombre sometido totalmente a la autoridad de su Padre, porque se identifica con el hombre para dar su vida en rescate por la humanidad, así que se somete a sus padres terrenales y a su Padre celestial: “¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras” (Juan 14:10). El Señor Jesús no actuaba de manera independiente o haciendo las cosas por su propia cuenta sino siguiendo las instrucciones de su Padre: “Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente” (Juan 5:19).

Cristo mismo se sometió incluso a las autoridades terrenales, porque él vino a hacer la voluntad del Padre “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 6:38). Obedecer a las autoridades puestas por Dios es la manera más práctica y sencilla de hacer la voluntad de Dios, pero, ¿qué sucede si estas fallan? Estamos llamados a orar por ellas “por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad” (1 Timoteo 2:2), es decir que es ante Dios que deben responder, mientras nosotros nos sometemos al Señor, él no permitirá que la autoridad terrenal nos lleve a pecar contra Él mismo que es la autoridad superior, o la autoridad máxima de todas las autoridades.  Oración.

«Padre, estoy en Cristo por tu gran amor, y ya no hay condenación, sino que tengo una relación contigo de Padre e hijo, tú me amas, me corriges, me animas y me enseñas por tu Santo Espíritu a tener el carácter de Cristo y por eso estoy llamado a respetar a las autoridades que tú has designado, en amor, para nuestra protección. En el nombre de Jesús, amén.

martes, 13 de febrero de 2024

No hay condenación

 

 


                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         No hay condenación                                                               

“Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle. Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio? Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del ángel. Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala. Después dijo: Pongan mitra limpia sobre su cabeza. Y pusieron una mitra limpia sobre su cabeza, y le vistieron las ropas. Y el ángel de Jehová estaba en pie”. Zacarías 3:1-5.

En esta visión que Dios le revela al profeta Zacarias, muestra al sacerdote Josué, que está con vestiduras viles, es decir ha caído en algún pecado o desobediencia. Muestra a Satanás acusándole ante Dios y al “ángel de Jehová”, que es nuestro Señor y salvador Jesucristo, pues la escritura revela que Él es nuestro abogado (1 Juan 2:1).

Además, nos ilustra este proceso de cómo Jesús, ante las acusaciones de Satanás, defiende al sacerdote Josué, lo perdona y lo viste de vestiduras blancas, pero también lo amonesta a permanecer en obediencia. Este hecho no lo podría mandar u ordenar un ángel, sino el mismo Dios, así que es una referencia clara al Señor Jesucristo y a su preexistencia (Juan 1:1-3).

La mitra sobre su cabeza representa la restauración de Dios, simboliza la purificación y la renovación de Josué, el sumo sacerdote, frente a las acusaciones de Satanás; pues las acusaciones de Satanás habían causado culpa y dolor porque Josué las había creído, y necesitaba que Dios le recordara su amor, su perdón y su gracia, por esto el Señor le dice a Satanás “¿No es éste un tizón arrebatado del incendio?”, es decir, ya es un hijo de Dios, salvado por gracia mediante la fe (Efesios 2:8-9), entonces queda sin fundamento la condenación de Satanás y lo que hace el Señor es limpiarlo y restaurarlo.

Esto lo podemos tomar para nosotros, para ir a la presencia de Dios sea cual sea la situación en la que estemos, y llevando toda ansiedad, dolor, pecado y toda condenación, y pedir al Señor que nos limpie, pues él es nuestro abogado; esto nos lo confirma la Palabra para que sea determinante en nosotros y se vaya toda condenación: “¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Romanos 8:34). Si Él intercede por nosotros, no hay condenación y luego de pasar por un conflicto con el pecado o la naturaleza pecaminosa no debemos tardar en ir hacia Cristo, no debemos quedarnos faltando a su amor, no debemos ocultar el pecado ni convivir con él, sino como contundentemente lo dice la escritura: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (hebreos 4:16).   Oración.

«Señor Jesús, no solamente eres mi salvador, sino que también eres mi abogado, me perdonas, me limpias, pero me das también tu amor para ser renovado y no quedarme en la condenación, pues en este estado no puedo dar fruto. Ayúdame a permanecer en ti y a                                                                                                                                                             llevar mucho fruto, viviendo en el Espíritu para hacer la voluntad                                               del Padre. Amén.

lunes, 12 de febrero de 2024

Unge tus ojos con colirio

 

Unge tus ojos con colirio


“unge tus ojos con colirio, para que veas.” Apocalipsis 3:18b

“Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.” Filipenses 1:9-11

En el devocional de ayer vimos que Cristo nos dio varios consejos para no andar en la mediocridad espiritual o tibieza. Una de ellas es “unge tus ojos con colirio,”.

El Colirio son gotas o soluciones para el cuidado visual, diseñados para refrescar y lubricar los ojos secos y cansados, representa la necesidad de obtener discernimiento y comprensión espiritual para ver la verdad y solo el Espíritu Santo nos puede mostrar nuestro verdadero estado por medio de la Palabra de Dios (1 Corintios 2:14), para corregir y andar en la voluntad de Dios, puesta la mirada en Jesús el iniciador y consumador de la fe.

Nuestra visión se aclara andando en el Espíritu. “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.” (Gálatas 5:16), finalmente este discernimiento que nos da el Espíritu es necesario para vivir vidas irreprensibles, pues sabemos elegir entre lo bueno y lo malo, entre la verdad y el engaño, como nos enseña la Palabra de Dios: “Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.” (Filipenses 1:9-11), es clave que aquí el pasaje nos enseña que ​​el carácter justo que Jesucristo produce en nuestra vida traerá mucha gloria y alabanza a Dios.

Sin embargo, como muchas veces se nos olvidan estos principios y nuestra posición en Cristo, necesitamos que otros hermanos llenos del Espíritu nos recuerden la verdad, porque el engaño del maligno está a la puerta tratando de hacernos olvidar nuestra verdadera condición, la culpa, las acusaciones nos pueden desanimar, frustrar, pero es viendo a Jesús, su justicia, su obediencia y tomándola para cada uno de nosotros, que podemos establecernos y reafirmarnos en lo que Dios dice que somos.

“Unge tus ojos con colirio” es un llamado a salir del engaño, y es importante por esto, no mantener oculta una situación difícil por la que estemos pasando sino que sea conocida por Dios en oración y que nos abramos también a hermanos llenos del Señor para edificarnos mutuamente, muchas veces un hermano te recuerda el principio y nos da ánimo “Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis.”(1 Tesalonicenses 5:11), las palabras de un hermano lleno del Espíritu será como ungir nuestros ojos con colirio para ver nuestra condición e ir hacia el perdón y la restauración en Cristo Jesús.  Oración.

«Señor, muéstrame mi verdadera condición, no me dejes en el engaño de mis sentidos, sino que ayúdame a colocar en acción el discernimiento que me da tu Espíritu, para ir al arrepentimiento y vivir en la llenura de tu Santo Espíritu, haciendo tu voluntad. Amén.

domingo, 11 de febrero de 2024

Solución a la tibieza espiritual

 

Solución a la tibieza espiritual


“Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”, Apocalipsis 3:18-20

La tibieza como vimos en el devocional anterior, tiene que ver con andar en un estado de carnalidad y de egoísmo, pero también de desánimo permanente y el Señor reprende a quien toma por hijo y no quiere dejarlo en esa condición de mediocridad espiritual que lo llevará al fracaso, a la pérdida de bendiciones y recompensas, a vivir una vida improductiva.

Por esto llama al arrepentimiento, detallando cada solución:

• “compres oro refinado en fuego”: El oro refinado es nuestra fe: “para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual, aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro 1:7). Esto se refiere a volver a la fe, a afianzarnos en la Palabra de Dios, estar firme en lo que Él dice, confiando plenamente en Cristo, pues Él es el iniciador y consumador de nuestra fe, así podemos recuperarnos de toda incredulidad producida por el relajamiento espiritual.

• “vestiduras blancas para vestirte”, las vestiduras blancas representan las acciones justas de los creyentes (Apocalipsis 19:8), entonces el Señor está exhortando a poner en práctica o acción nuestra fe, como dice Santiago 2:18-20: “Pero alguno dirá: tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?”, es decir la exhortación del Apóstol Santiago es a tener coherencia entre lo que creemos y lo que hacemos, la forma como vivimos revela lo que creemos y si la fe que decimos tener es una fe viva. Las obras no son la causa de la salvación; son la evidencia de la salvación. La fe en Cristo siempre produce buenas obras.

• Cuando nos habla de colocarnos las vestiduras blancas, también está relacionado con la manera en que nos vemos a nosotros mismos, y más profundamente cómo nos identificamos con lo que Dios dice de nosotros, entonces cuando nuestras vestiduras no son las que debemos tener, primero en oración debemos confesar nuestro pecado a Dios “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Podemos seguir el Salmo 51, pero también recordar lo que dice Dios de nosotros y apropiarnos de esta verdad: “más vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9).

Profundizaremos en el devocional de mañana en el significado de “unge tus ojos con colirio”.      Oración.

«Padre amado, por el poder de tu Espíritu y tu Palabra guíame a vivir firmemente arraigado y sobreedificado en Cristo Jesús, para que cimentado en su amor pueda vivir plenamente demostrando con mis acciones que soy el templo de tu Santo Espíritu, pues ya no quiero vivir como un mediocre espiritual, cuando en el mundo hay tanta necesidad de tu amor. En el nombre de Jesús, amén.