miércoles, 9 de agosto de 2017

VAYA TRAS QUIENES SIGUEN A CRISTO


VAYA TRAS QUIENES SIGUEN A CRISTO

Pablo estableció el patrón para nosotros. En estos tiempos de engaño, acusación y falso discernimiento, busquemos y acatemos a aquellos que caminan tras el modelo de Pablo. Discernamos la influencia de Jesús en aquellos nos lideran. Cuando claramente vemos al Señor, vayamos tras quienes siguen a Cristo. Muchos maestros pasaran por la vida de usted. Recuerde las advertencias de Pablo al buscar dirección en oración acerca de las enseñanzas de quienes podrían influir sobre su vida. Busque aquellos que están prosiguiendo al premio de alcanzar la semejanza a Cristo. Respecto a los otros, ore por ellos, párese junto a ellos, y, según sea guiado por el Señor, incluso congréguese en sus iglesias y aliéntelos en amor y oración. Pero si ellos no están yendo a donde usted lo hace, ¡no los siga! Pablo dijo: "Una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que esta delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús" (v.13-14). ¿Qué fue lo que Pablo decidió "olvidar"? Él puso a un lado las heridas, perdonó las ofensas, y entregó en manos de Dios las desilusiones del ayer. Él prosiguió a la meta, al premio de poseer a Cristo. Pablo continuó en Filipenses: "No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús" (Fil. 3:12). Nuevamente, estamos buscando el patrón que Dios busca para cada uno de nosotros. ¡Un cristiano maduro es alguien que vive en la búsqueda de Dios! Pablo no abrazó la muerte como una entidad en sí misma; él abrazó la muerte de Cristo, la cual es no solamente lamuerte del yo, sino también el triunfo del amor. Es esta entrega "a muerte por causa de Jesús" que permite que "la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal" (2 Cor. 4:11). Y todavía, conocer a Cristo significa también participar de Sus padecimientos mientras ponemos nuestras vidas por la redención de otros. Aquellos que padecen por Jesús, recuerden: la participación de Sus padecimientos es parte del conocerlo a Él. Hay una diferencia entre conocer una colección de verdades religiosas y realmente conocer a Cristo. La verdad está en conocer a Jesús; Él mismo es el camino, la verdad y la vida. Conocerlo es la vida eterna, y vivir en comunión con Él es participar del néctar del cielo. "A fin de conocerle, y el poder de Su resurrección, y la participación de Sus padecimientos, llegando a ser semejante a Él en Su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos" (v. 10-11). Amados, comenzamos este estudio con la advertencia de Pablo: "mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros " (v. 17). En el siguiente versículo, Dios revela el patrón que querremos imitar: Pablo se separa a sí mismo aun más de la ley mosaica, revelando que su búsqueda es "ser hallado en Él (Cristo), no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo (v. 9). Habiendo sido guardado de las consecuencias de la Ley, y habiendo recibido una nueva fuente de "justicia que es de Dios por la fe", Pablo es libre de ir en pos de su verdadero destino: ¡La semejanza a Cristo! Luego de presentar su notable linaje en los versículos 5 - 6, israelita de nacimiento; fariseo de acuerdo a la Ley, perseguidor de la Iglesia y de acuerdo a la definición de justicia de la Ley, irreprensible - Pablo renuncia luego a las cosas mismas que alcanzó o logró, diciendo: "Pero cuantas cosas eran para mi ganancia, las he estimado como perdida por amor de Cristo" (v. 7). Para los maduros, ningún puesto u opinión de hombres puede reemplazar "la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús (nuestro) Señor". El más asombroso de los logros "lo tengo por basura para ganar (nosotros) a Cristo" (v. 8). Una cosa es ser capaz de discernir lo que es falso, pero de mucho más valor es conocer claramente el patrón de la verdad. Así, Pablo utiliza el capitulo tres de Filipenses para revelar la actitud de su corazón. Al hacerlo, nos da el patrón o modelo de lo que debemos buscar en un líder. La esencia de este error consistía en que la expiación de Cristo no era suficiente para la salvación; además era necesario guardar todo el conjunto de las leyes mosaicas para ser salvos. Hoy en día la gente continúa importando obligaciones religiosas a la experiencia de salvación. Al exponer y advertirnos contra la influencia de la "falsa circuncisión", Pablo estableció una protección contra la atadura de las exigencias legalistas a fin de recibir la salvación. Y mientras ciertamente el camino que lleva a la vida es angosto, el Camino es una Persona: Jesucristo. No llegamos a la meta por cumplir leyes sino al encomendarnos al cuidado de Cristo. La tercera advertencia fue dirigida contra la "falsa circuncisión" (Fil. 3:2). Estos eran los judíos cristianos que, cuando fueron salvados, trataron de hacer del cristianismo una extensión del judaísmo. Esta última enseñanza fue la más peligrosa, por cuanto parecía ser la más razonable. Parte de los esfuerzos de Pablo como apóstol era edificar una unidad Cristo-céntrica entre los cristianos. Sin embargo, los "malos obreros" estaban centrados en sÍ mismos antes que en Cristo. Antes de seguir a líder alguno, verdaderamente debemos ver la influencia de Cristo en crecimiento en el carácter de ese individuo. Busque escuchar a su pastor hablar, al menos ocasionalmente, de su visión de alcanzar la semejanza a Cristo. Busque evidencias de humildad; busque ver una carga por la oración, y ver cómo él cultiva la unidad con otras iglesias cristianas. Si su pastor o líder está creciendo en estos valores, entonces él está también creciendo en fiabilidad. Al procurar él seguir a Cristo, probablemente el fruto de su ministerio será saludable. Pablo no estaba diciendo, por supuesto, que se ignore completamente lo que está mal en las personas. Necesitamos discernimiento. Permítame decirlo lisa y llanamente: Hay serios errores doctrinales y pecados en la Iglesia moderna. Pero cuando usted observe un patrón de ira, buscadores de faltas en otras personas, cuando en ellos el punto de vista primario parece siempre negativo, cuidado. Recuerde, Jesús advirtió acerca de los fariseos quienes "confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros" (Lucas 18:9). Cuidado cuando su maestro debe con frecuencia menospreciar a otros para exaltarse a sí mismo. La Iglesia de hoy tiene personas parecidas, quienes andan buscando faltas, quienes incesantemente y en su propia justicia se alimentan de la basura de los fracasos de la condición humana. Pablo está diciendo: "Cuidado con aquellos que siempre tienen algo negativo para decir, quienes continuamente están juzgando o difamando a otros. Si usted los escucha, se volverá como ellos. Sus palabras le robaran la visión, lo dejaran sin alegría, y drenaran su energía". Al primer grupo Pablo identifica como "los perros". La frase "cuidado con el perro" nos es conocida aun hoy. Significa que aquí hay un animal perverso. La mayoría de los perros en los tiempos de Pablo eran carroñeros. Uno podía encontrar docenas de estos animales comiendo desperdicios en los basureros fuera de las ciudades. Pablo comenzó su discurso revelando tres tipos de falsos maestros. Él advirtió: "Cuidaos de los perros, cuidaos de los malos obreros, cuidaos de la falsa circuncisión" (Fil. 3:2). Estos tres tienen cada uno su homólogo moderno. El contexto dentro del cual escribió Pablo, describe su propia justicia antes de encontrar a Cristo y su posterior abandono radical de la confianza en la carne. Estudiaremos cuidadosamente estos versículos, porque en una época en la que el engaño va en aumento, no todos los que claman "verdad, verdad" están hablando en defensa de la conformidad a Jesús. El Apóstol Pablo enfrentó un grave problema en el primer siglo. Falsos maestros se habían introducido en la Iglesia. El Apóstol advirtió a los filipenses, y a nosotros por extensión, a reconocer las diferencias entre un verdadero hombre de Dios y un falso maestro o profeta. Sin ninguna pose de falsa humildad, Pablo declaró que tanto su visión y su actitud espiritual son ejemplos que nosotros debemos seguir. Él nos instruye en nuestras habilidades de discernimiento a que busquemos y "acatemos" a líderes quienes son ejemplo del eje del propósito de Dios, el cual es poseer la semejanza con Cristo. "Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros" -- Filipenses 3:17  

martes, 8 de agosto de 2017

Salmos. 11:v1-7


Salmos. 11:v1-7

11.1-4 David se vio forzado a huir para salvar su vida en varias ocasiones. Ser el rey ungido de Dios no lo hizo inmune a la injusticia y al odio de otros. Este salmo pudo haber sido escrito cuando David estaba siendo perseguido por el rey Saúl (1 Samuel 18-31), o durante los días de la rebelión de Absalón (2 Samuel 15-18). En ambas ocasiones, David huyó, pero no porque todo se hubiera perdido sino porque sabía que Dios tenía las riendas. Si bien evitó los problemas con sabiduría, no huyó de ellos por temor.

11.1-4 David parece estar hablando a aquellos que le aconsejan huir de sus enemigos. La fe de David contrastaba dramáticamente con el temor de sus consejeros. La fe en Dios nos impide perder la esperanza y nos ayuda a resistir el miedo. Los consejeros de David tenían miedo debido a que veían sólo circunstancias aterradoras y fundamentos que se desmoronaban. David estaba seguro y optimista porque sabía que Dios era más grande que cualquier cosa que sus enemigos pudieran llevar en su contra (7.10; 16.1; 31.2, 3).

11.4 Cuando se sacuden los fundamentos y usted desea esconderse, recuerde que Dios sigue llevando las riendas. Su poder no ha disminuido por el curso que hayan tomado los acontecimientos. Nada sucede sin su conocimiento ni su permiso. Cuando tenga ganas de salir huyendo, huya hacia Dios. El restaurará la justicia y la bondad en la tierra en su tiempo.

11.5 Dios no evita que los creyentes tengan circunstancias difíciles, sino que pone a prueba tanto al justo como al malvado. Para algunos, las pruebas de Dios se vuelven como fuego que refina, mientras que para otros, se vuelven un incinerador para destrucción. No haga caso omiso de las pruebas y los retos que surjan en su paso por la vida. Uselos como oportunidades de crecer. 

lunes, 7 de agosto de 2017

¿Estamos en Problemas?


¿Estamos en Problemas?

 ¡Yo digo que estamos en dificultades y ya es tiempo que despertemos! Con algunas excepciones, somos como la iglesia de Laodicea. A decir verdad, hemos institucionalizado tanto el laodiceanismo que pensamos que tibio es normal. Cualquier iglesia que este ganando más de unos pocos para Cristo se considera “sobresaliente”. 

Las palabras severas de Jesús se aplican tanto a nosotros como a los cristianos de fin del primer siglo: “[No] eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad” (Ap. 3:15—17). En otras palabras, estaban expresando una maravillosa “confesión positiva”. Estaban proclamando victoria y bendición. El único problema es que Jesús no estaba impresionado. Él respondió: 

“Y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo… Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.” Apocalipsis 3:17, 19 

Lenguaje severo, por cierto, pero Jesús siempre trata con firmeza a los que ama. “¿Qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?”, pregunta el escritor de hebreos (12:7). 

Nótese que los laodiceanos eran santos de Dios, con derecho a todas las promesas. Eran parte del cuerpo de Cristo: cantaban himnos, adoraban los domingos, disfrutaban de beneficios físicos, y sin duda se veían a si mismos más justos que sus vecinos paganos. No obstante, estaban a punto de ser vomitados. ¡Qué llamada de atención! 

Siempre que el cuerpo de Cristo se mete en problemas, se requiere una acción enérgica. No podemos quedarnos sentados y esperar que el problema se resuelva por sí solo. 

La Iglesia primitiva comenzó de forma dinámica en poder. Ellos estaban unidos, orando, llenos del Espíritu Santo, saliendo a hacer la obra de Dios a la manera de Dios, y viendo resultados que lo glorificaban. 

Luego vino el primer ataque (Ver Hechos 4:2-3). ¿Cómo respondieron? Rápidamente comenzaron a orar de esta manera: 

“Soberano Señor, tú …hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay… Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús.” (Hechos 4:24, 29-30). 

Esto es precisamente lo que los profetas a través de los siglos les habían dicho que tenían que hacer: Cuando estés bajo ataque, cuando te enfrentes a un nuevo reto, en todas las épocas, en todo momento, invoca el nombre del Señor, y Él te ayudará. 

domingo, 6 de agosto de 2017

Aceptar a Cristo


¡Acepto! Esta palabra es un sinónimo de sí: acepto ser tu novia, acepto el empleo, acepto ser tu esposo(a), acepto que me equivoqué, acepto que soy un pecador(a)… ¡acepto a Cristo y su amor en mi Vida!

​Aceptar es reconocer algo, pero también implica un deseo y un compromiso desde el fondo del corazón, por ejemplo “acepto ser tu esposa(o)” significa que una persona quiere estar con otra y además se compromete a compartir con ella su vida, a estar en las buenas y malas, a luchar por su amor.

Bien, el aceptar a Cristo también tiene un significado especial y de hecho no creo que haya algo que se pueda comparar a esto, es maravilloso, pero también tiene una condición y es que la única manera de que funcione es que sea algo genuino, desde el fondo de nuestro corazón.

Entonces no puede ser por obligación, compromiso o miedo… ¡es por convicción! Dios en su palabra nos dice:



“He aquí yo estoy a la puerta y llamo: y si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”

Apocalipsis 3:20

Aquí podemos entender que es una invitación, una oportunidad: : “Entraré en él” es decir para que Dios entre en nuestra vida, que Cristo viva en nuestro corazón, pero depende de nosotros aceptarla o no. ¿Alguna vez alguien te ofreció algo y dijiste que no? todo el tiempo aceptamos o rechazamos cosas, un empleo, una oferta a consumir algo, y dijiste “NO” bueno con Cristo puede pasar lo mismo, Él desea estar en nuestra vida, pero quiere que sea porque se lo pedimos, ¿Qué sigue después? ¡Lo mejor!

El aceptarlo es el primer paso de darle a nuestra vida un giro radical, porque ciertamente todos tenemos fortalezas (puntos fuertes, talentos, dones) pero también debilidades: miedos, complejos, traumas, rencores… y con todo esto Dios puede y quiere trabajar.

Este primer paso está claro cuándo leemos en su Palabra:

“Que, si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” ​

Romanos 10:9

Entonces sólo tienes que creer y cómo dice el versículo en tu corazón, pero además tienes que trabajar en construir una relación con Él, así como cuando aceptas un trabajo y tienes que ir todos los días y cumplir tareas, o con un novio o una novia, debes compartir con él o ella, pero no sólo debes ¡Querés hacerlo! Más todavía es importante hacerlo con Cristo porque la Salvación es el mejor regalo, es algo que no merecemos, pero ahí está esperándote.

​Así que, si aún no lo has aceptado, recuerda que cada día que pasas lejos de Él es privarte de tener una paz real. Tal vez pienses que ya eres “feliz” y que no lo necesitas porque hay algo que está ocupando su lugar: una relación, dinero, trabajo, popularidad, etc. Pero sea lo que sea debes saber que sea acabará porque todo es pasajero, sólo Dios es eterno, sólo su Palabra es para siempre (Mateo 24:35) Y tarde o temprano esos vacíos saldrán a la luz, entonces ¿Por qué no darte una oportunidad?

 Ahora si más bien ya aceptaste a Cristo entonces es bueno que recuerdes hoy el compromiso que tomaste cuándo recibiste su verdad, trabaja en ello cada día y crece con Él, no te quedes con el “sé que existe” permite que transforme tu vida por completo y conforme a su voluntad. Es un hecho que muchas cosas puede hacer Dios con nosotros, porque Dios nos dice que Él quiere todo: fortalezas y debilidades para perfeccionar su poder. Así que yo quiero decirte hoy que hay oportunidad, hay esperanza por eso entrégale tu vida, tus miedos, tus sueños… ¡todo! Porque Él usará cada cosa a su favor y cambiará todo para bien, y esa nueva oportunidad te volverá a la vida, te dará paz, sanará heridas… ¡volverás a nacer!

¿Deseas esto? te invito a reflexionar y recuerda que toda esta transformación y este hermoso vivir puede venir en el momento que estés dispuesto(a) a decir con todo tu corazón:

“¡Sí, acepto!” 

sábado, 5 de agosto de 2017

1 Pedro 1:3-5


1 Pedro 1:3-5

¡Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva y recibamos una herencia indestructible, incontaminada e inmarchitable. Tal herencia está reservada en el cielo para ustedes, a quienes el poder de Dios protege mediante la fe hasta que llegue la salvación que se ha de revelar en los últimos tiempos.

Hay estadísticas que muestran que el 50% de los que heredan una empresa (o fortuna) en excelentes condiciones, acabarán con ella en los siguientes 5 a 10 años. Los demás, tienen 25% de probabilidad de poder continuar lo que sus padres o abuelos construyeron. Personalmente no podía creer esto cuando lo leí pero cuando leo la biblia y me encuentro con pasajes como el de hoy, comprendo que allá afuera todo es destructible, contaminado y se marchita. Totalmente opuesto a lo que nuestro Dios ofrece. Nosotros buscamos estabilidad en los lugares equivocados. Queremos encontrar paz y buenas bases donde nada permanece. Nos frustramos. Nos enojamos y finalmente nos desesperamos. Mientras que nosotros solamente podemos acumular lo que hay en este mundo, el Señor nos dice que tenemos una herencia en el cielo diseñada y reservada para ti y para mí. Una herencia que nunca se acabará. Una herencia que nadie puede robar ni alterar. A veces nos involucramos tanto en nuestro día a día que olvidamos que un día vamos a morir y no estaremos más aquí. ¿Qué pasa después? La respuesta está en el primer versículo. Si has nacido de nuevo mediante Jesucristo, has recibido la herencia y estarás en el cielo. De lo contrario, debes saber que el infierno será tu destino. Sí. El infierno existe. No es el purgatorio que Dante escribió en su novela. Es el lugar que Dios ha destinado para todos aquellos que han rechazado su amor y a su Hijo al no querer reconciliarse con Él. Si hoy tienes dudas sobre dónde irías al morir, te recomiendo pidas perdón al Señor por tus pecados y reconozcas que Jesucristo ha muerto por ti para pagar esos pecados. Pide que el Espíritu Santo venga a tu vida y que puedas nacer de nuevo pues el Señor al perdonarte deja lo viejo atrás y todo es nuevo.

Hay certidumbre sobre lo que pasará con aquellos que creemos y seguimos a Jesús. Después de esta vida nos reuniremos con el Padre y recibiremos todo aquello que ha preparado para nosotros y que nadie ni nada puede alterar tal regalo. Hagamos una pausa en nuestra vida. Meditemos sobre nuestras prioridades. Meditemos en el tiempo que le destinamos a leer la biblia y en querer obedecer y servir. ¿Cuánto tiempo le dedicas a tus actividades? ¿Cuánto tiempo le dedicas al Señor? Esto habla de tus prioridades puestas en práctica. Hoy sabes lo que Dios tiene reservado para ti. Una herencia increíble e inimaginable. Además, se encarga de protegernos con su poder a través de la fe. ¿Y nosotros cómo respondemos ante tales regalos? No tienes que irte a un lugar y permanecer soltero para dar gracias a Dios por lo que hace por ti. No tienes que flagelarte ni realizar algún sacrificio. Eso ya lo hizo Jesús por ti y por mí. Lo que tienes que hacer es entregar tu corazón, entregar tu vida y buscar obedecer al Señor en cada momento de tu vida.

Oración

Padre: te pido perdón por mis pecados. Entiendo y reconozco que Jesús murió por mí para que pueda ser reconciliado contigo y al morir pueda ir al cielo a tu lado. Permite que así sea en mi vida. No quiero seguir apartado de Ti sino quiero obedecerte y recibir tu protección y bendición. Quiero tener certeza y sé que solamente la encuentro en Ti. Gracias por la herencia que me das por la cual no he hecho nada para merecerla. Ayúdame a buscar lo tuyo, lo que permanece y no se contamina. Ayúdame a entender que he nacido de nuevo y ahora mi vida te pertenece. Gracias mi Señor, en el nombre de Jesús. Amén 

viernes, 4 de agosto de 2017

Salmos.9.v4-9


Salmos.9.v4-9 Dios es nuestro vindicador (alguien que nos limpia de las críticas y nos justifica ante los demás). En esta vida, podemos enfrentarnos a muchas injusticias: (1) nos pueden acusar falsamente y nuestros amigos y enemigos nos pueden interpretar mal. (2) Podemos no ser verdaderamente reconocidos por los demás por el amor que les mostramos. (3) El verdadero valor de nuestro trabajo y servicio puede no ser debidamente recompensado. (4) Nuestras ideas pueden ser ignoradas. Sin embargo, Dios debe ser alabado, porque La ve y recuerda todo lo bueno que hacemos, y depende de Él decidir cuándo nos conviene recibir recompensa. Si no confiamos en que El nos vindicará, somos susceptibles al odio y a la autocompasión. Si realmente confiamos en El, podemos experimentar la paz de Dios y librarnos de la preocupación por la forma en la que otros nos perciban o nos traten. 

jueves, 3 de agosto de 2017


Presentes pero Ausentes

Juan 20:3-5 (NTV)

3 Pedro y el otro discípulo se dirigieron a la tumba. 4 Ambos iban corriendo, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero a la tumba. 5 Se agachó a mirar adentro y vio los lienzos de lino apoyados ahí, pero no entró.   

El Apóstol Juan era más joven que Pedro y llego primero a la tumba, pero no entro a ver la tumba en primera instancia.

Muchas veces podemos estar presentes en un Servicio en la Congregación, pero no estamos con todos nuestros sentidos puestos en el Culto de Adoración a Dios.

Pareciera que la Religiosidad nos Absorbe y no Disfrutamos de cada momento de la Reunión en la Alabanza, la Adoración, la Palabra de Dios y la Ministración del Espíritu Santo.

Nuestro Cuerpo está presente pero nuestra Alma y espíritu están centrados en otros temas que no tienen que ver con el Mover del Espíritu Santo en el Servicio que quiere Afectar todo nuestro ser.

No permitamos que en la Casa de Dios nada nos Distraiga del Propósito con el cual Asistimos al Servicio.

El Señor nos Desafía hoy a que cuando vamos al Servicio en nuestra Iglesia Local dejemos que el Espíritu Santo nos Sumerja en cada Aspecto del Servicio para Aprovechar al Máximo lo que Dios quiere hacer en nuestra vida en la Alabanza, Adoración, Palabra de Dios y la Ministración del Espíritu Santo para que podamos salir de la Casa de Dios totalmente Renovados y Transformados por el Poder de Su Presencia.