viernes, 19 de febrero de 2010


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Mateo 18

Mateo 18 -

CAPÍTULO 18
Versículos 1-6. La importancia de la humildad. 7-14. Advertencia contra las ofensas. 15-20. La remoción de las ofensas. 21-35. Conducta para con los hermanos.-La parábola del siervo sin misericordia.

Vv. 1-6.Cristo habló muchas palabras sobre sus sufrimientos, pero sólo una de su gloria; sin embargo, los discípulos se aferraron de esta y olvidaron las otras. A muchos que les gusta oír y hablar de privilegios y de gloria están dispuestos a soslayar los pensamientos acerca de trabajos y problemas. Nuestro Señor puso ante ellos un niñito, asegurándoles con solemnidad que no podrían entrar en su reino si no eran convertidos y hechos como los pequeñuelos. Cuando los niños son muy pequeños no desean la autoridad, no consideran las distinciones externas, están libres de maldad, son enseñables y dispuestos a confiar en sus padres. Verdad es que pronto empiezan a mostrar otras disposiciones y a edad temprana se les enseñan otras ideas, pero son características de la infancia las que los convierten en ejemplos adecuados de la mente humilde de los cristianos verdaderos. Ciertamente necesitamos ser renovados diariamente en el espíritu de nuestra mente para que lleguemos a ser simples y humildes como los pequeñuelos, y dispuestos a ser el menor de todos. Estudiemos diariamente este tema y examinemos nuestro espíritu.

Vv. 7-14.Considerando la astucia y maldad de Satanás, y la debilidad y depravación de los corazones de los hombres, no es posible que no haya sino ofensas. Dios las permite para fines sabios y santos, para que sean dados a conocer los que son sinceros y los que no lo son. Habiéndosenos dicho antes que habrá seductores, tentadores, perseguidores y malos ejemplos, permanezcamos de guardia. Debemos apartarnos, tan lícitamente como podamos, de lo que puede enredarnos en el pecado. Hay que evitar las ocasiones externas de pecado.
Si vivimos conforme a la carne, debemos morir. Si mortificamos, a través del Espíritu, a las obras de la carne, viviremos. Cristo vino al mundo a salvar almas y tratará severamente a los que estorban el progreso de otros que están orientando su rostro al cielo. ¿Y, alguno de nosotros rehusará atender a los que el Hijo de Dios vino a buscar y salvar? Un padre cuida a todos sus hijos, pero es particularmente tierno con los pequeños.

Vv. 15-20.Si alguien hace mal a un cristiano confeso, éste no debe quejarse a los demás, como suele hacerse, sino ir en forma privada a quien le ofendió, tratar el asunto con amabilidad, y reprender su conducta. Esto tendrá en el cristiano verdadero, por lo general, el efecto deseado y las partes se reconciliarán. Los principios de estas reglas pueden practicarse en todas partes y en todas las circunstancias, aunque son demasiado descuidados por todos. ¡Cuán pocos son los que prueban el método que Cristo mandó expresamente a todos sus discípulos! -En todos nuestros procedimientos debemos buscar la dirección orando; nunca podremos apreciar demasiado las promesas de Dios. en cualquier tiempo o lugar que nos encontremos en el nombre de Cristo, debemos considerar que Él está presente en medio nuestro.

Vv. 21-35.Aunque vivamos totalmente de la misericordia y el perdón, nos demoramos para perdonar las ofensas de nuestros hermanos. Esta parábola señala cuánta provocación ve Dios de su familia en la tierra y cuán indóciles somos sus siervos.
Hay tres cosas en la parábola: -1. La maravillosa clemencia del amo. La deuda del pecado es tan enorme que no somos capaces de pagarla. Véase aquí lo que merece todo pecado; esta es la paga del pecado, ser vendido como esclavo. Necedad de muchos que están fuertemente convictos de sus pecados es fantasear que pueden dar satisfacción a Dios por el mal que le han hecho.
2. La severidad irracional del siervo hacia su consiervo, a pesar de la clemencia de su señor con él. No se trata de que nos tomemos a la ligera hacerle mal a nuestro prójimo, puesto que también es pecado ante Dios, sino que no debemos agrandar el mal que nuestro prójimo nos hace ni pensar en la venganza. Que nuestras quejas, tanto de la maldad del malo y de las aflicciones del afligido, sean llevadas ante Dios y dejadas con Él.
3. El amo reprobó la crueldad de su siervo. La magnitud del pecado acrecienta las riquezas de la misericordia que perdona; y el sentido consolador de la misericordia que perdona hace mucho para disponer nuestros corazones a perdonar a nuestros hermanos.
No tenemos que suponer que Dios perdona realmente a los hombres y que, después, les reconoce sus culpas para condenarlos. La última parte de esta parábola muestra las conclusiones falsas a que llegan muchos en cuanto a que sus pecados están perdonados, aunque su conducta posterior demuestra que nunca entraron en el espíritu del evangelio ni demostraron con su vivencia la gracia que santifica. No perdonamos rectamente a nuestro hermano ofensor si no lo perdonamos de todo corazón. Pero esto no basta; debemos buscar el bienestar hasta de aquellos que nos ofenden. ¡Con cuánta justicia serán condenados los que, aunque llevan el nombre de cristianos, persisten en tratar a sus hermanos sin misericordia! El pecador humillado confía solo en la misericordia abundante y gratuita a través del rescate de la muerte de Cristo. Busquemos más y más la gracia de Dios que renueva, para que nos enseñe a perdonar al prójimo como esperamos perdón de Él.

jueves, 18 de febrero de 2010

Exodos 29

Exodos 29 -

CAPÍTULO 29
Versículos 1-37. El sacrificio y la ceremonia de consagración de los sacerdotes. 38-46. Los holocaustos continuos-La promesa de Dios de habitar en Israel.

Vv. 1-37.Aarón y sus hijos iban a ser apartados para el oficio de sacerdote en una ceremonia solemne. Nuestro Señor Jesús es el gran Sumo Sacerdote de nuestra profesión, llamado por Dios para serlo, ungido con el Espíritu, por lo que se le llama Mesías, el Cristo; revestido de gloria y belleza; santificado por su propia sangre; perfeccionado o consagrado por medio de sufrimientos, Hebreos ii, 10. Todos los creyentes son sacerdotes espirituales para ofrecer sacrificios espirituales, 1 Pedro ii, 5, lavados en la sangre de Cristo y de esa manera hechos sacerdotes para nuestro Dios, Apocalipsis i, 5, 6. Además están vestidos con la belleza de la santidad y han recibido la unción, 1 Juan ii, 27. El Espíritu de Dios es llamado dedo de Dios (Lucas xi, 20, compárese con Mateo xii, 28) y él aplica el mérito de Cristo a nuestra alma. Esta consagración significa la admisión de un pecador en el sacerdocio espiritual, aceptable a Dios por medio de Jesucristo.

Vv. 38-46.Debía ofrecerse un cordero en el altar cada mañana, y el otro cordero a la caída de la tarde. Esto tipifica la intercesión continua de Cristo que siempre vive para interceder por su iglesia. Aunque se ofreció a sí mismo de una vez para siempre, esa sola ofrenda se vuelve ofrenda continua. Esto nos enseña también a presentar a Dios sacrificios de oración y alabanza cada día , mañana y tarde. Nuestras devociones diarias son nuestras obras diarias más necesarias, y los más placenteros de nuestros consuelos diarios. El tiempo de oración debe observarse como se respeta la hora de las comidas. Hambrean sus almas aquellos que no se presentan en forma constante ente el trono de la gracia; la constancia en la religión produce el consuelo en ella.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Un distintivo del cristiano

Un distintivo del cristiano

Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados.

1 Juan 1:9

El apóstol Juan escribió su primera epístola para definir la diferencia entre un cristiano y un incrédulo. Nuestro versículo de hoy indica que la confesión caracteriza al primero. El versículo siguiente dice: "Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso" (v. 10). Los hombres no regenerados niegan su pecado, pero los cristianos aceptan la responsabilidad por el pecado y lo confiesan.

La confesión de pecado no tiene lugar solamente en la salvación. Continúa, como la fe, durante toda la vida de un creyente. La disposición de confesar el pecado es parte del modelo de vida que caracteriza a todos los creyentes. Ese modelo también incluye el amor (1 Jn. 3:14), la separación del mundo (2:15), y la enseñanza por el Espíritu Santo (2:27). Desde luego que hay varios grados de confesión, a veces no hacemos una confesión tan completa como debiéramos, pero un verdadero creyente finalmente reconoce su pecado. La necesidad del arrepentimiento

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.

Salmo 51:10

No puede haber verdadera confesión sin arrepentimiento. Muchas veces no confesamos nuestro pecado porque no estamos dispuestos a abandonarlo. Cuando era un joven cristiano, recuerdo haberle dicho al Señor que me arrepentía por determinados pecados que había cometido y después le daba gracias por haberlos perdonado. Pero eso era lo único que hacía.

Ocurrió algo importante en mi vida espiritual cuando comencé a decir: "Señor, gracias por perdonarme esos pecados. Sé que no te agradan, y no quiero volver a cometerlos". Eso puede ser difícil de decir porque a veces queremos cometer ciertos pecados otra vez. Pero revelamos falta de madurez espiritual cuando queremos eliminar el castigo del pecado pero deseamos retener el placer. Para que su confesión de pecado sea genuina, debe apartarse de sus pecados. Sublime Misericordia y Gracia

Por tanto, hermanos míos, les ruego por la misericordia de Dios que se presenten ustedes mismos como ofrenda viva.
Romanos 12:1, vp.
Un joven inglés quería ser marino como su padre, pero la Armada Real Británica no lo aceptó. Acabó en África Occidental trabajando para un traficante de esclavos, un "miserable," como un escritor lo llama, mendigando comida para poder vivir. Escapando de África, lo arrastró de la cubierta del barco una tormenta y casi se ahoga. Después de que lo rescataron, las palabras de Imitación de Cristo de Tomás Kempis le vinieron, y él clamó a Dios pidiendo salvación. Años más tarde, John Newton compuso un himno de alabanza de la "sublime gracia" que salvó a un miserable como él.

No todos hemos atravesado las profundidades de miseria que John Newton conoció antes de ser salvado; o como el rey Nabucodonosor, ya que estamos en eso. Perdió su dignidad y cordura; y felizmente, su orgullo, antes de volver en sí (Daniel 4:33-37). Sea que vengamos de un trasfondo de maldad y obstinación, nuestro pecado merece la misma respuesta a los ojos de Dios: condenación. Es sólo la sublime gracia y misericordia de Dios que puede salvarnos de nosotros mismos.

Es fácil distinguir a quienes han recibido la gracia de Dios; son los que tienen una mirada de agradecimiento en su cara y palabras de agradecimiento sus labios.

martes, 16 de febrero de 2010

Mateo 17

Mateo 17 -

CAPÍTULO 17
Versículos 1-13. La transfiguración de Cristo. 14-21. Jesús expulsa un espíritu sordomudo. 22, 23. Nuevamente predice sus sufrimientos. 24-27. Él obra un milagro para pagar el dinero del tributo.

Vv. 1-13.Ahora, los discípulos contemplaron algo de la gloria de Cristo, como del unigénito del Padre. Tenía el propósito de sostener la fe de ellos cuando tuvieran que presenciar su crucifixión; les daría una idea de la gloria preparada para ellos, cuando fueran transformados por su poder y fueran hechos como Él.
Los apóstoles quedaron sobrecogidos por la visión gloriosa. Pedro pensó que era más deseable seguir allí, y no volver a bajar para encontrarse con los sufrimientos, de los cuales tenía tan poca disposición para oír. En esto no sabía lo que decía. Nos equivocamos si esperamos un cielo aquí en la tierra. Sean cuales sean los tabernáculos que nos propongamos hacer para nosotros en este mundo, siempre debemos acordarnos de pedirle permiso a Cristo. Aún no había sido ofrecido el sacrificio sin el cual las almas de los hombres pecadores no pueden ser salvadas; había servicios importantes que Pedro y sus hermanos debían cumplir.
Mientras Pedro hablaba, una nube brillante los cubrió, señal de la presencia y gloria divina. Desde que el hombre pecó, y oyó la voz de Dios en el huerto, las apariciones desacostumbradas de Dios han sido terribles para el hombre. Cayeron postrados en tierra hasta que Jesús les dio ánimo; cuando miraron alrededor vieron sólo a su Señor como lo veían corrientemente. Debemos pasar por diversas experiencias en nuestro camino a la gloria, y cuando regresamos al mundo después de participar en un medio de gracia, debemos tener cuidado de llevar a Cristo con nosotros, y entonces que sea nuestro consuelo que Él está con nosotros.

Vv. 14-21.El caso de los hijos afligidos debe presentarse a Dios con oración ferviente y fiel. Cristo curó al niño. Aunque la gente era perversa y Cristo era provocado, de todas maneras, atendió al niño. Cuando fallan todas las demás ayudas y socorros, somos bienvenidos a Cristo, podemos confiar en Él y en su poder y bondad.
Véase aquí una señal del esfuerzo de Cristo como nuestro Redentor. Da aliento a los padres a llevar sus hijos a Cristo, cuyas almas están bajo el poder de Satanás; Él es capaz de sanarlos y está tan dispuesto como poderoso es. No sólo llevadlos a Cristo con oración, sino llevadlos a la palabra de Cristo; a los medios por los cuales se derriban las fortalezas de Satanás en el alma.
Bueno es que desconfiemos de nosotros mismos y nuestra fuerza, pero es desagradable para Cristo cuando desconfiamos de cualquier poder derivado de Él u otorgado por Él. También había algo en la enfermedad que dificultaba la curación. El poder extraordinario de Satanás no debe desalentar nuestra fe, sino estimularnos a un mayor fervor al orar a Dios para que sea aumentada. ¡Nos maravillamos al ver que Satanás tenía la posesión corporal de este joven, desde niño, cuando tiene la posesión espiritual de todo hijo de Adán desde la caída!

Vv. 22, 23.Cristo sabía perfectamente todas las cosas que le ocurrirían, pero emprendió la obra de nuestra redención, lo cual demuestra fuertemente su amor. ¡Qué humillación exterior y gloria divina fue la vida del Redentor! Toda su humillación terminó en su exaltación. Aprendamos a soportar la cruz, a despreciar las riquezas y los honores mundanos y a estar contentos con su voluntad.

Vv. 24-27.Pedro estaba seguro de que su Maestro estaba listo para hacer lo justo. Cristo habló primero de darle pruebas de que no se podía esconder de Él ningún pensamiento. Nunca debemos renunciar a nuestro deber por temor a ofender, pero a veces tenemos que negarnos a nosotros mismos en nuestros intereses mundanos para no ofender.
Sin embargo, el dinero estaba en el pez; el único que sabe todas las cosas podía saberlo y sólo el poder omnipotente podía llevarlo al anzuelo de Pedro.
El poder y la pobreza de Cristo deben mencionarse juntos. Si somos llamados por la providencia a ser pobres como nuestro Señor, confiemos en su poder y nuestro Dios satisfará toda nuestra necesidad, conforme a sus riquezas en gloria por Cristo Jesús. En la senda de la obediencia, en el curso, quizá, de nuestra vocación habitual, como ayudó a Pedro, así nos ayudará. Si se presentara una emergencia repentina, que no estamos preparados para enfrentar, no recurramos al prójimo sin antes buscar a Cristo.

lunes, 15 de febrero de 2010

Exodos 28

Exodos 28 -

CAPÍTULO 28
Versículos 1-5. Aarón y sus hijos son apartados para el oficio sacerdotal-Sus vestiduras. 6-14. El efod. 15-30. El pectoral-El Urim y Tumim. 31-39. El manto del efod-La lámina de oro. 40-43. Las vestiduras para los hijos de Aarón.

Vv. 1-5.Hasta aquí los jefes de las familias hacían de sacerdotes y ofrecían los sacrificios; pero ahora este oficio quedó restringido exclusivamente a la familia de Aarón; y así continuó hasta la dispensación del evangelio. Las vestiduras santas no solamente distinguían a los sacerdotes del pueblo, además eran emblemas de la conducta santa que siempre debe ser la gloria y la belleza, la marca de los ministros de la religión, sin la cual sus personas y sus ministerios serían despreciables. También tipificaban la gloria de la majestad Divina, y la belleza de la santidad completa que hizo de Jesucristo el gran Sumo Sacerdote. Pero nuestro ornato en el evangelio no debe ser de oro ni costosos atavíos, sino las vestiduras de la salvación, el manto de la justicia.

Vv. 6-14.El efod, de obra primorosa, era la vestidura exterior del sumo sacerdote; el efod sencillo de lino lo usaban los sacerdotes inferiores. Era una túnica corta, sin mangas, bien amarrada al cuerpo con un cinto. Las hombreras iban abotonadas con piedras preciosas engastadas en oro, una en cada hombro, sobre el cual estaban grabados los nombres de los hijos de Israel. Así Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, presenta a su pueblo ante el Señor para memoria. Como la túnica de Cristo no tenía costuras, sino era tejida de arriba abajo, así era el efod. Las campanas de oro del efod, por su sonido agradable y su preciosidad, representan bien la buena profesión que hacen los santos y las granadas, el fruto que ellos llevan.

Vv. 15-30.El adorno principal del sumo sacerdote era el pectoral, una rica pieza de tela de obra primorosa. El nombre de cada tribu estaba grabado en una piedra preciosa, fijada al pectoral, para significar cuán preciosos y honorables son los creyentes a ojos de Dios. Por pequeña y pobre que fuera la tribu, era como una piedra preciosa en el pectoral del sumo sacerdote: así de caros son todos los santos para Cristo, sin que importe cuál sea la estimación de los hombres. El sumo sacerdote tenía los nombres de las tribus sobre sus hombros a la vez que sobre su pecho, lo cual nos recuerda del poder y amor con que nuestro Señor Jesús intercede por lo suyos. No sólo los lleva en sus brazos con poder omnipotente sino que los lleva en su regazo con tierno afecto. ¡Qué consuelo para nosotros cada vez que nos dirigimos a Dios! -El Urim y Tumim por el cual se daba a conocer la voluntad de Dios en casos dudosos, estaba en el pectoral. Urim y Tumim significan luz e integridad . Hay muchas conjeturas sobre qué eran; la opinión más probable parece ser que eran las doce piedras preciosas del pectoral del sumo sacerdote. Ahora bien, Cristo es nuestro Oráculo. Por Él Dios se nos da a conocer Él y su voluntad para nosotros en estos postreros tiempos, Hebreos i, 1, 2; Juan i, 18. Él es la Luz verdadera, el Testigo fiel, la Verdad misma, y de Él recibimos el Espíritu de Verdad que nos guía a toda verdad.

Vv. 31-39.El manto del efod iba debajo del efod y llegaba hasta las rodillas; no tenía mangas. Aarón debía ministrar vestido con las vestiduras asignadas. Nosotros debemos servir al Señor con santo temor, como quienes saben que merecen morir.
Una lámina de oro estaba fijada a la frente de Aarón, con el grabado de “Santidad al Señor”. Por ese medio se recordaba a Aarón que Dios es santo y que sus sacerdotes deben ser santos, consagrados al Señor. Esta debía estar en la frente de ellos como profesión abierta de la relación de ellos a Dios. Debía ser grabada como grabadura de sello, profunda y durable; no pintada para que se borre, sino firme y duradera; tal debe ser nuestra santidad al Señor. Cristo es nuestro Sumo Sacerdote; por medio de Él nos son perdonados los pecados y no se cargan a nuestra cuenta. Nuestras personas, nuestras obras, son agradables para Dios por cuenta de Cristo y no de otro modo.

Vv. 40-43.Las vestiduras del sacerdote tipifican la justicia de Cristo. Si nos presentamos ante Dios sin ellas, llevaremos nuestra iniquidad y moriremos. Por tanto, bienaventurado el que vela y guarda sus ropas, Apocalipsis xvi, 15. Y bendito sea Dios porque tenemos un Sumo Sacerdote, nombrado por Dios, y puesto aparte para su obra; aderezado para su elevado oficio por la gloria de la majestad Divina y la belleza de la perfecta santidad. Dichosos somos si por la ley espiritualmente entendida vemos que tal Sumo Sacerdote se hizo nosotros; que nosotros no podemos acercarnos a un Dios santo o ser aceptados, sino por Él. No hay luz, sabiduría, ni perfección sino de Él; no hay gloria, ni belleza sino en ser como Él. Tengamos valor por el poder, amor y compasión de nuestro Sumo Sacerdote, para acercarnos confiadamente al trono de la gracia, para que podamos recibir misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro en tiempo de necesidad.

domingo, 14 de febrero de 2010

El síndrome del éxito

El síndrome del éxito

Y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros.

Filipenses 2:17

La sociedad norteamericana está produciendo una generación de cristianos que quieren sobre todo alcanzar el éxito. Casi nunca tienen una humilde actitud de servicio. No están dispuestos a hacer sacrificios por la causa de Cristo porque se les ha enseñado, de forma oral o de algún otro modo, que los cristianos deben ser ricos y famosos, que deben tener éxito y ser populares.

Tal orientación hacia el éxito personal y no hacia el servicio humilde es lo opuesto de lo que glorifica a Dios. Vivir para la gloria de Dios quiere decir que usted sabe que es mortal y está dispuesto a morir, si fuera necesario, para lograr los propósitos de Dios. Tal actitud humilde glorifica a Dios.

Para crecer espiritualmente, debemos estar absortos en el señorío de Cristo en el momento de la salvación y permitirle que domine nuestra vida de allí en adelante. Al hacerlo, debemos buscar solamente su gloria, no nuestra comodidad ni nuestro éxito. No creceremos cuando escojamos nuestro propio camino o sirvamos a Dios con el motivo incorrecto. Despojarse del peso muerto

Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.

Hebreos 12:1

Cada vez que nos excusamos por nuestro pecado, estamos culpando a Dios. Adán lo hizo cuando Dios le preguntó acerca del comer el fruto prohibido. Él respondió: "La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí" (Gn. 3:12). Adán no aceptó la responsabilidad de su pecado, sino que culpó a Dios, de que le había dado a Eva.

El pecado nunca es culpa de Dios, ni es la culpa de una persona o circunstancia que Dios trajo a nuestra vida. El excusar el pecado pone en tela de juicio a Dios por algo que solo es nuestra culpa. Si decide castigarnos es porque lo merecemos.

Por eso la confesión de pecado es indispensable para el crecimiento espiritual. Cuando acepte la realidad de su pecado y lo confiese, tiene menos peso muerto que lo arrastre hacia abajo en el proceso de crecimiento. Como lo indica el versículo de hoy, aumentará su crecimiento cuando se despoje del pecado del pecado mediante la confesión. Acepte su responsabilidad

Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos.

Salmo 51:4

Si quiere pecar cada vez menos y tener un mayor desarrollo espiritual en su vida, debe aceptar su responsabilidad. No le eche la culpa a sus circunstancias, a su cónyuge, a su novio o a su novia, a su jefe, a sus empleados o a su pastor. Ni siquiera le eche la culpa a Satanás. Su pecado es culpa suya. Sin duda que el sistema del mundo puede contribuir al problema, pero el pecado ocurre en definitiva como un acto de la voluntad; y usted es responsable de eso.

Tal vez uno de los mejores ejemplos de alguien que aprendió a aceptar su responsabilidad sea el del hijo pródigo. Cuando volvió a casa con su amoroso padre, dij "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo" (Lc. 15:21). Estuvo incluso dispuesto a que se le tratara como a un modesto jornalero porque sabía que no merecía nada (v. 19). Esa es la actitud correcta de alguien que confiesa su pecado.