domingo, 13 de noviembre de 2022

Apresúrate a restaurar tu relación con Dios

 

Apresúrate a restaurar tu relación con Dios (Primera parte)


 “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” 1 Juan 1:9

Qué maravilloso es recibir la libertad después de estar en una prisión, y ser liberados de la ley del pecado y de la muerte, para quienes hemos creído en la obra extraordinaria de Jesús en el Calvario, siendo perdonados por medio de la sangre derramada en la cruz. Pero, si aún a pesar de esta gran verdad, estás en pecado, apresúrate, corre hacia Jesucristo, arrepiéntete y encontrarás el perdón.

Colosenses 3:5-9 dice: “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, […] Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos”. Esto de despojarse o de hacer morir en nosotros, parece algo fácil pero siempre se termina haciendo lo opuesto, y por consiguiente alejándose de Dios para continuar en el pecado. Cuando esto suceda, no huyas de Dios, confiesa tu pecado y vuelve al Camino que es Jesucristo.

Dice la biblia que “Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados” (Miqueas 7:9) y aún más, nos limpia de toda maldad y nos hace nuevas criaturas. Pero ¿qué nos corresponde hacer a nosotros? Tenemos que arrepentirnos, lo cual es un cambio de mente, sentimientos y de voluntad en cuanto al pecado. Esto implica dejar nuestro estilo de vida pasado, abandonar intencionadamente el pecado y volvernos a Dios. Es un cambio de actitudes. Es tomar decisiones radicales una a una, pues no se puede cambiar de un solo golpe toda la vida, pero hay que comenzar ya.

Hermano, si andas en malos caminos, confiésalo ante Dios y Él te ayudará a cambiar tu manera de pensar y de actuar. Confesar los pecados es un paso importante en nuestra restauración y santificación para tener una relación íntima con Dios. Oración.

«Padre Amado, me presento delante de ti con un corazón contrito y humillado, reconociendo mi pecado y mi maldad; me confieso delante de tu presencia con firme arrepentimiento, pues hoy dejo morir lo terrenal en mí y me apropio de tu inmenso perdón para restaurar mi relación contigo. Gracias Señor. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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sábado, 12 de noviembre de 2022

Respondiendo al llamado- Parte 1

 

Respondiendo al llamado- Parte 1


“Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?” Éxodo 3:11

“Y yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño.” Jeremías 1:6

¿Cuántos de nosotros nos sentimos identificados con estas respuestas? Pues cada vez que nuestro pastor o líder nos ha pedido que realicemos: una alabanza, reflexión y hasta una oración ¿hemos sentido que no tenemos la capacidad de hacerlo, o que no estamos lo suficientemente preparados? Lastimosamente cuando respondemos de esta manera ante el llamado que Dios nos hace, a través de las autoridades que ha puesto en nuestra iglesia, podemos darnos cuenta que en quien tenemos puesta nuestra mirada, no es en el Señor, sino en nuestras capacidades, talentos, experiencia y edades.

Si observamos nuestras citas del día de hoy nos daremos cuenta de que el Señor fue muy claro en que, si alguna misión se les estaba encomendando a estos dos hombres, era porque Dios mismo los capacitaría y guiaría hacia el cumplimiento de su propósito; por eso el gran YO SOY le recuerda a Moisés que puede ir ante el Faraón rey de Egipto y decirle que libere al pueblo de Israel, porque Dios mismo estaría con él, y no solo le manifestó esto, sino que además le declaró que estaría en su boca y le enseñaría lo que en ese momento tendría que hablar (Éxodo 3:12a; 4:12). De igual manera sucedió en el caso de Jeremías, el Señor le manifestó que no viera su juventud, porque a todo lo que Dios lo estaba mandando, iría él, y no solo esto, sino que también diría todo lo que el Señor le mandara (Jeremías 1:7)

Como podemos observar, cada llamado que Dios ha hecho no ha venido sin instrucción, ni mucho menos nos ha dejado solos, pues su palabra nos dice: “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.” (1 Tesalonicenses 5:24)

En el devocional de mañana veremos cómo Dios nos quiere motivar a que nuestra respuesta a Su llamado sea “heme aquí, hágase conmigo conforme tu voluntad”   Oración.

«Padre ¿cómo respondo a tu llamado? No quiero que de mi recibas un no puedo, sino más bien un: “heme aquí, hágase en mí tu voluntad”. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 11 de noviembre de 2022

¡Corro a tu encuentro!

 

¡Corro a tu encuentro!


“Después le apareció Jehová en el encinar de Mamre, estando él sentado a la puerta de su tienda en el calor del día. Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él; y cuando los vio, salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos, y se postró en tierra,” Génesis 18:1-2

¿Hemos corrido al encuentro con Jesús? Abraham sí lo hizo y puedes ver en su respuesta, al ver al Señor, su gran amor, pues no le importó el calor del día, solo quería ir al encuentro de Jesús y recibirlo, atenderlo, como lo que Él es, el Rey. Esto nos hace reflexionar en cuántas excusas hemos puesto al salir a nuestros encuentros con el Señor, pues hemos dicho: “hay frío, hay calor, hay sueño, hay mucho trabajo” o simplemente “no hay tiempo”, quizá hasta le hemos manifestado: “vuelve en otro momento, cuando yo pueda atenderte como te lo mereces, pero hoy no”. Qué gran diferencia hay entre el recibimiento de Abraham y el nuestro; mientras que para Abraham el estar con Dios era una prioridad, para nosotros es una alternativa.

Este no es el único ejemplo que la biblia nos muestra, en el que hombres de fe salen corriendo al encuentro con Jesús; Pedro lo hizo, cuando Juan manifestó que Jesús era quien se les estaba apareciendo a ellos en el mar de Tiberias; este no dudó en saltar de la barca para llegar nadando a la orilla en donde estaba el Señor (Juan 21:5-7). Samuel también lo hizo y se levantó, aun cuando estaba durmiendo, y le dijo a Dios: “Habla, porque tu siervo oye” (1 Samuel 3:10b). En cada uno de estos encuentros Dios reveló cosas extraordinarias; en el encuentro con Abraham, Jehová le dio la promesa de que tendría un hijo; en el encuentro con Pedro, Jesús lo restauró y le dio una misión: cuidar y apacentar sus ovejas; en el de Samuel se le reveló lo que le acontecería a Israel; y en el nuestro ¿qué querrá enseñarnos el Señor?, ¿estaremos dispuestos a correr a su encuentro la próxima vez?    Oración.

«Padre, espérame que voy corriendo a tu encuentro; cuando tú me llames estaré listo y dispuesto para escucharte hablar, amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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jueves, 10 de noviembre de 2022

¡Me haces falta como el aire!

 

¡Me haces falta como el aire!


“El Espíritu de Dios me hizo, Y el soplo del Omnipotente me dio vida.” Job 33:4

¿Has tenido alguna vez un ataque de tos? Si lo has experimentado sabes que en esos momentos tu cuerpo, de manera incontrolada e impulsiva, te conduce a toser repetidas veces para tratar de sacar de tu organismo aquello que está obstaculizando tu respirar, y aunque en esos momentos intentas calmarte y tratar de inhalar y exhalar con normalidad no puedes hacerlo pues sientes cómo tu tráquea se está cerrando y te causa dolor hasta el tragar.

Qué fácil es darnos cuenta cómo se altera nuestro cuerpo cuando falta algo tan vital como el aire, pero qué difícil es notar la afectación en nuestro espíritu cuando lo que falta es pasar tiempo con Dios. Físicamente tu organismo te está alertando de que hay un gran problema, pero ¿qué pasa en lo espiritual? Pareciera que no hay alertas, porque puedes seguir tu vida como si nada, pues estás vivo, caminas, respiras, comes, etc. Pareciera ser que nada pasara, pero ¿será esto cierto? Claramente el no buscar a Dios nos afecta, afecta nuestra vida de oración, nuestro tiempo de lectura de la palabra, nuestro compañerismo con otros cristianos y aun nuestro servicio a Dios; afecta todas y cada una de las áreas de nuestra vida.

La reflexión de hoy nos impulsa a que así como buscamos en esos momentos de enfermedad a un experto, para que nos diagnostique y nos de la fórmula para salir de esa dolencia, deberíamos hacer lo mismo en nuestra parte espiritual, buscar al experto, a Dios, quien es el único que llega a áreas desconocidas y profundas de nuestro corazón, nos diagnostica, pero también nos formula: Vitaminas, de oración; una buena alimentación, de la palabra de Dios; nos envía a ejercitarnos, con el servicio al Señor; caminatas, a la iglesia para conocer más de Dios; reposo, pero en el Señor y tomar mucha agua, pero del agua viva que da Jesús.  Oración.

«Padre, quiero que en todo momento me hagas falta como el aire, pues, así como mis pulmones no pueden estar sin él, yo tampoco puedo estar sin ti. Ayúdame Espíritu Santo de Dios a que el buscar al Padre sea tan importante como lo es para mi cuerpo el respirar, amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 9 de noviembre de 2022

Corro a los brazos de mi Padre

 

Corro a los brazos de mi Padre


“Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!” Lucas 15:16-17.

Cuando leemos el relato bíblico del hijo pródigo nos puede llegar a parecer una locura, pues ¿quién en su sano juicio malgastaría sus bienes a tal punto de quedarse sin nada, y a esas alturas en condición de necesidad llegar a querer comer de lo que los cerdos se alimentan? Y es que si miramos el estado en el que estos animales viven podemos notar que no es encantador, pues si alguna vez has entrado en una porqueriza podrás percibir que su olor, que es una mezcla entre lodo, desechos de estos animales y aserrín, no es agradable, ahora pongámonos en el lugar de este hijo pródigo, ¿cuánta hambre debió tener para querer meterse a ese lugar y coger de la comida de los cerdos? Sin duda alguna, mucha, pero justo en ese momento en el que tal vez se disponía a alimentarse de algarrobas, recordó algo importante, él era un hijo, no un cerdo, por ende, podría regresar a la casa de su padre para pedir misericordia.

En nuestro caso actual, nosotros no hemos llegado a la condición de querer alimentarnos físicamente de lo que los cerdos lo hacen, sin embargo, espiritualmente hemos hecho lo que este hombre, pues incluso siendo hijos de Dios, gracias a la fe que hemos depositado en Jesucristo, en momentos de nuestra vida hemos querido salir al mundo para experimentar y alimentarnos de lo que ellos hacen, y de esa forma hemos estado dispuestos a comer no solo algarrobas, sino las sobras que el mundo nos entrega, cuando lo que Dios siempre ha querido darnos es su palabra, como un alimento capaz de satisfacer por completo nuestra necesidad (Juan 6:32-33,35).

Si al igual que este hombre has malgastado lo que Dios te ha dado y te encuentras comiendo con los cerdos recuerda que no has sido creado para eso, sino, para vivir como hijo de Dios, así que levántate y ¡vuelve corriendo a los brazos de tu Padre!   Oración.

«Padre, no quiero experimentar lo que es vivir lejos de tu presencia, por eso pido tu ayuda y dirección pues no quiero verme atraído por lo que el mundo me ofrece sino por lo que tu palabra me enseña. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 7 de noviembre de 2022

Columnas falsas

 

Columnas falsas


Marcos 3:13-14 “Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él. Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar,”

Qué increíble pensar que Judas Iscariote, elegido por Jesús para ser uno de sus discípulos y enviado para predicar sobre el Señor, resultara siendo una columna falsa dentro de esta preciosa edificación de Cristo. Pensar en cómo habría sido el futuro de este hombre si hubiese decidido poner como cimiento en su vida a Jesús, ¡sería impactante!, pero lastimosamente su decisión fue otra y hoy lo conocemos como aquél que traicionó a nuestro Salvador.

¿Cuántas veces Jesús dedicó tiempo para enseñarle las Escrituras, no solo a las multitudes y a sus seguidores, sino también a Judas? ¡Muchas! Pues cada día, dice su palabra, que Jesús se sentaba en el templo y les enseñaba (Mateo 26:55); Judas no solo fue un oyente de las palabras de Jesús sino también un testigo de los milagros, prodigios y sanidades que realizó el Señor, y aunque presenció todo esto y vio al Mesías actuar, no creyó (Juan 6:36).

Cuántos de nosotros podríamos tener futuros extraordinarios si decidiéramos aceptar todo lo que Cristo nos entrega, seríamos como esas verdaderas columnas y experimentaríamos lo que esto significa. Si hoy al meditar en esta palabra has caído en cuenta que no has aceptado las enseñanzas de Jesús, haz un alto en tu camino y ora pidiéndole al Señor que entre en tu vida, ábrele las puertas de tu corazón y dale gracias porque has entendido que le necesitas y que sin Él nada puedes hacer, alábalo porque Él murió en una cruz saldando tus pecados y ahora puedes decir que tienes, gracias a Él, una vida eterna, por último, pídele que te permita ser de ahora en adelante esa columna verdadera en medio de tu casa, tu trabajo, tu escuela y aun iglesia, pues quieres llevar a otros, a que igual que tú, disfruten de una vida nueva.  Oración.

«Padre hoy quiero pedirte, al igual que el salmista, que me enseñes tus sendas y me encamines en tu verdad pues no quiero vivir en falsedad. Te lo pido en el nombre de Jesús, amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 6 de noviembre de 2022

Considerados como columnas

 

Considerados como columnas

“y reconociendo la gracia que me ha


bía sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión» Gálatas 2:9.

Alrededor del mundo hemos visto edificaciones asombrosas, de diferentes tamaños y alturas, todas ellas construidas bajo los más altos estándares de calidad para garantizar su permanencia a través de los años. Al analizarlas podemos notar que cada una de ellas tiene algo en común, columnas, pues es necesario que las tengan ya que son ellas las que soportan y transmiten las cargas del edificio para que en éste se genere estabilidad, firmeza y resistencia. De igual manera la palabra de Dios nos muestra que así como una edificación necesita columnas, la iglesia también debe tenerlas, pero no hablamos de las físicas sino de las espirituales, pues estas columnas espirituales servirán como soporte para los nuevos miembros que vayan conformando la edificación de Cristo.

El Señor Jesús tomó a doce personas para que fueran las columnas de lo que empezaría a conocerse como iglesia, los capacitó, se puso Él como cimiento para que todo lo que edificaran sus discípulos, en su Nombre, pudiera permanecer. Sin embargo, aunque todos fueron llamados a ser columnas verdaderas, podemos ver cómo uno de ellos (Judas Iscariote) prefirió ser una columna, pero falsa, y como dicen las Escrituras, cuando una casa o edificación no tiene a Cristo como cimiento, cae, y por eso es grande su ruina.

A través de estos siguientes devocionales meditaremos sobre qué tipo de columna estamos dispuestos a seguir siendo en nuestra casa, trabajo y aún en la iglesia, ¿columnas falsas?, o ¿columnas verdaderas?   Oración.

«Padre, gracias te doy porque me has dado de tu gracia y me has puesto como columna para que ayude a mis hermanos y juntos llevemos las cargas que diariamente nos asedian. Perdóname si no lo he estado haciendo, pero hoy quiero enmendar mi error y ser una verdadera columna para aquel que necesita ayuda y ya no tiene fuerzas. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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