viernes, 9 de septiembre de 2022

No hurtarás

 

No hurtarás

“No hurtarás” Éxodo 20:15.


Hurtar o robar, revela el deseo incontrolable del hombre de poseer lo que no le pertenece. Dios nos ha concedido, en administración, cosas materiales y también bienes intangibles, porque al final todo es de Él y para Él, el tiempo, vida, nuestro cuerpo, todo le pertenece y de todo le debemos dar cuenta, aun de cada palabra que sale de nuestra boca.

Incumplimos el octavo mandamiento incluso si robamos algo de muy poco valor, pues no es la cantidad sino la intención del corazón, “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias” (Mateo 15:19).

Pero también robamos tiempo, cuando lo utilizamos o derrochamos en cosas que no valen la pena, pues como dice la Palabra “aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Efesios 5:16).

Si de nuestro corazón sale este deseo de robar, aun el tiempo que nos ha sido asignado, el cual es limitado; su Palabra de vida nos redarguye a que andemos sabiamente, aprovechando al máximo cada oportunidad en el tiempo que tenemos, pero sin dejarnos llevar por los afanes de la vida que nos roban la paz y la tranquilidad que son bienes más elevados (Colosenses 4:5, Eclesiastés 3:1-2, 9).  Oración.

«Padre, purifica mi corazón por tu Palabra, forma un corazón íntegro como el de Cristo, para tu gloria y alabanza, borra Señor mi maldad y lléname de tu amor. En el nombre de Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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jueves, 8 de septiembre de 2022

No cometerás adulterio.

 


No cometerás adulterio.

“No cometerás adulterio” Éxodo 20:14.

El adulterio es tener relaciones sexuales fuera del matrimonio, es decir, ser infieles al pacto matrimonial. La Palabra de Dios relaciona el adulterio y la fornicación como pecados muy graves, que corrompen el alma y dañan profundamente nuestro ser (Proverbios 6:32, 1 Corintios 6:18), y que además serán juzgados por Dios: “Honroso sea en todo el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (hebreos 13:4).

En este séptimo mandamiento, el Señor Jesucristo saca a la luz la profundidad de la corrupción del ser humano: “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5:27-28).

Esto quiere decir que tanto el adulterio como la fornicación (sexo fuera del matrimonio), inician en nuestro pensamiento, impulsados por nuestros malos deseos que inician por una mirada de codicia; estos malos deseos desbordados dan a luz los actos pecaminosos, y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. (Santiago 1:14-15).

Si como dice la escritura “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23)”, podemos ver por tanto, que necesitamos que nuestro viejo hombre, lleno de malos deseos sea crucificado juntamente con Cristo, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado, pues así como Cristo murió y resucitó, nosotros, de la misma manera debemos considerarnos muertos al pecado pero también en nueva vida, que Dios nos dio por la fe en Cristo Jesús, para que como resultado de apropiarnos de lo que hizo Cristo por nosotros de ninguna manera reine el pecado en nuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcamos en sus concupiscencias (Romanos 6:5, 11-12).

El adulterio y la fornicación destruyen y esclavizan, pero Cristo libera y da vida eterna, necesitamos por tanto arrepentirnos de este pecado destructor e ir a la cruz para recibir su favor inmerecido, para que por el poder de su Espíritu Santo seamos vivificados para hacer lo que agrada a Dios.   Oración.

«Padre, coloca pureza en mi corazón, coloca el pensamiento puro de Cristo en mi mente y el mismo sentir de sacrificio y amor, para vivir en santidad y mirar con el mismo amor con el que miraba Jesús. Amén».    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 7 de septiembre de 2022

No matarás

 

No matarás

“No matarás” Éxodo 20:13.


El sexto mandamiento, es explicado de manera profunda por el Señor Jesucristo: “Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego” (Mateo 5:21-22).

Si hemos maldecido a alguien, si hemos deseado lo peor para esa persona, si hemos actuado con rencor o hemos guardado resentimiento, somos culpables de violar este mandamiento, necesitamos por tanto ir inmediatamente a la gracia de Dios, para recibir el amor de Cristo en nuestro corazón e ir con ese mismo amor y ofrecerlo a la persona con la que necesitemos reconciliación.

Pues de nada sirve que ofrezcamos sacrificio u ofrendas externas y que digamos que amamos a Dios, si no somos capaces de ofrecer amor a la persona con la que hayamos tenido un altercado o dificultad; como el Señor Jesús nos instruye: “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.” (Mateo 5:23-24).

¿Cómo está tu relación con tu prójimo o hermano?    Oración.

«Padre, en Cristo Jesús he hallado el amor que no tenía antes en mí y que no podía brindar hacia mi prójimo y mis hermanos, lléname de tu Espíritu para poder reconstruir las relaciones que en mi pecado destruí en el pasado y ayúdame a tratar a mis semejantes con la misma gracia que tú me has tratado. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 6 de septiembre de 2022

Honra a tu padre y a tu madre

 


Honra a tu padre y a tu madre

“Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da” Éxodo 20:12.

El quinto mandamiento, revela un problema que está acabando con la sociedad entera: la desobediencia a los padres, pues la honra a ellos es obedecerlos, estar atentos a sus necesidades y cuidarlos en su ancianidad.

Y este desmoronamiento de la sociedad está ocurriendo porque este es el primer mandamiento que contiene una promesa de bendición, si se cumple, como lo confirma el Apóstol Pablo por el Espíritu, es “para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra” (Efesios 6:3).

La desobediencia a este mandamiento produce que no seamos bendecidos, y muestra un diagnóstico lamentable del corazón del hombre de los últimos tiempos, que anunciaba de antemano el Espíritu Santo: ​​amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios; pues si no se honra a los padres, los cuales podemos ver y tener cerca, con obediencia y respeto ¿cómo nos someteremos al Padre eterno, del cual venimos todos? (2 Timoteo 3:2-4).

Entonces, este es un llamado a dar honra a quien debemos dar honra y respeto a quien debemos dar respeto (Romanos 13:7), pero sin Cristo en nuestro corazón seremos como aquellos hombres que describe el Espíritu, por tanto, si no estamos cumpliendo este mandamiento, necesitamos un nuevo nacimiento para dar correcta obediencia a nuestros padres y a Dios que tanto nos ama, que envió a su hijo a morir por nuestra desobediencia que nos quitaba la bendición de que nos fuera bien, y podamos ser de larga vida sobre la tierra.  Oración.

«Padre, en el nombre de Cristo Jesús, quiero honrar a mis padres considerándolos, siendo sensible a sus necesidades, lléname por tanto del fruto de tu Espíritu para que sea reflejado todo amor y servicio hacia mis progenitores y mayores. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 5 de septiembre de 2022

Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Parte 2


Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Parte 2

“Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; más el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo sant ificó.

” Éxodo 20:8-11 RVR 1960

Con el cuarto mandamiento, se nos muestra un principio que el mundo actual en sus afanes ya no respeta y que como supimos ayer es un regalo de Dios para nosotros.

El mandamiento de guardar el día de reposo anunciaba o guardaba en sí, la gran salvación que habría de venir, era sombra de la bendición que venía, que es Cristo mismo (Colosenses 2:16-17).

Cuando el Señor Jesús murió en la cruz y resucitó, se cumplió el hecho de que en él tenemos nuestro descanso, pues Cristo es el Señor del día de reposo (Marcos 2:28) y ahora mora en nuestro corazón por medio de la fe. Desde ese día que resucitó, su iglesia, por la que derramó su preciosa sangre, se congrega el primer dia de la semana para conmemorar el suceso más importante de nuestra vida (Hechos 20:7, 1 Corintios 16:2), donde perseveramos en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones (Hechos 2:42) y también hablamos entre nosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en nuestro corazón (Efesios 5:19). Es decir, es en la congregación de hermanos, redimidos por la sangre de Cristo, que practicamos el amar, el enseñar y el servir, y con esto experimentamos el descanso o reposo en Cristo Jesús.

Sin embargo, hoy en día, muchos no se congregan, no descansan ni siquiera un solo día, se trabaja de domingo a domingo y no se comparte tiempo con la familia natural ni menos con la familia de la fe, lo que trae consecuencias terribles para nuestra vida espiritual, familiar y por supuesto nuestra salud.

Con este mandamiento Dios nos recuerda que de nada sirve afanarse, pues es a sus hijos, los que confían en Cristo, que dará el Señor el descanso verdadero y su vida será productiva pues al tener a Dios edificando con nosotros, todo lo que construimos es para nuestro bien (Salmos 127:1-2)   Oración Padre, quiero disfrutar del descanso que me das, estando en comunión con mis hermanos en Cristo, alabándote y colocando en práctica el amor, la enseñanza y el servicio que me proveen en tu iglesia. Por amor a Cristo. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 4 de septiembre de 2022

Acuérdate del día de reposo para santificarlo

 

Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Parte 1


«Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; más el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó» Éxodo 20:8-11.

El cuarto mandamiento, nos revela varios principios profundos que Dios quiere que obedezcamos para nuestro bien.

Lo primero que debemos entender es que “santo” significa apartado, el mandamiento claramente dice que debemos apartar un día en la semana para nuestro descanso, pero dice que Dios hizo todo en 6 días y en el séptimo descansó, ¿necesita Dios acaso descansar? Lo veremos en un momento, pero primero debemos entender el propósito del día de reposo y nuestro Señor Jesús lo explicó claramente: “También les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo” (Marcos 2:27). ¡Fue un regalo de Dios para el hombre!

El día de reposo nos recuerda que nuestro descanso es Dios mismo, y cuando dice que Él descansó de sus obras en el séptimo día, está revelando en este mandamiento lo que nos haría descansar de nuestras obras: “Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas” (Hebreos 4:10). La obra de Cristo en la cruz, su muerte y resurrección, nos hizo descansar del pecado que nos esclavizaba y agobiaba, de nuestro propio esfuerzo infructuoso por hallar paz y fue un regalo inmerecido, que por medio de la fe hemos recibido para entrar en la tierra prometida espiritual que es Cristo mismo, esto es reafirmado con su declaración: “porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo” (Mateo 12:8)

Así que, por medio de la fe en Jesús, procuremos entrar en el reposo de Dios, pues así como a Israel, a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva, pero debe ir acompañada por fe para que no sigamos el ejemplo de aquellos a los que se les anuncia el evangelio pero no quieren entrar en el reposo de Cristo y por tanto no disfrutan de su paz. (hebreos 4:6,11)

Veremos en el devocional de mañana otro principio de este cuarto mandamiento que estamos llamados a obedecer.  Oración.

«Padre, descanso en ti gracias a la obra de Cristo, me ha comprado con su sangre preciosa para pagar por mis pecados, por esto hallo descanso de mis obras, de mi propio esfuerzo en tus verdes pastos de amor. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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sábado, 3 de septiembre de 2022

 


No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano

“No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano” Éxodo 20:7.

El tercer mandamiento, nos enfatiza el carácter santo de Dios y aborda un gran problema que tenemos: Lo que sale de nuestra boca.

El Señor Jesús nos enseña que: “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio” (Mateo 12:36), cuanto más si lo que sale de nuestros labios es una palabra ociosa que utiliza de manera ofensiva y suelta el nombre de Dios, o si tomamos su nombre como algo vano o sin importancia.

Muchas veces se menciona el nombre de Dios como una muletilla o frase suelta, sin entendimiento o conciencia de que Él todo lo sabe y todo lo ve, su omnisciencia sería suficiente motivo para que entendamos que realmente Dios está al tanto aun de nuestros más profundos y secretos pensamientos (Salmos 139:23-24) y de cada palabra que sale de nosotros.

Si hemos fallado a este mandamiento, el Señor Jesús nos revela un nombre con el que podemos llamar a Dios, pero solo es de uso exclusivo para sus hijos, antes de mencionarlo debemos preguntarnos entonces ¿cómo ser hijo de Dios? La escritura lo revela: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12), ¡así es!, debemos confiar plenamente en Cristo recibiéndolo en nuestro corazón arrepentido por faltar a su santo mandamiento, para ser hechos hijos de Dios y del mismo modo que Jesús lo hizo podamos llamar a Dios de una manera respetuosa, personal e íntima: Padre nuestro (Mateo 6:9).   Oración.

«Padre, antes te fallé y decía tu nombre sin respeto, pero arrepentido y por medio de la fe en Cristo ahora soy tu hijo, puedo acudir a ti en todo momento, siendo consciente de tu presencia y teniendo una relación de amor contigo. Gracias Padre Santo, en el nombre de Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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