miércoles, 13 de septiembre de 2017

Encuentro de Jacob con el Ángel


Encuentro de Jacob con el Ángel. La bendición nos cambia el nombre

El primer cuestionamiento del ángel a Jacob fue: ¿Cuál es tu nombre? Y luego, el mismo le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob (suplantador), sino Israel (príncipe con Dios); porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido? (Génesis 32:27,28)



Somos transformados en su presencia

La experiencia vivida aquella noche tuvo su repercusión al día siguiente, cuando Jacob se encontró con su hermano Esaú. Él le dijo: ¿Porque he visto tu rostro, como si hubiera visto el rostro de Dios, pues que con tanto favor me has recibido? (Génesis 33:10b). Para que Jacob pudiera llegar a ser un hombre espiritual, por medio de la oración tenía que experimentar un desprendimiento que separara su naturaleza espiritual de la natural. Dios puede obrar en este sentido solo cuando hay una determinación firme del ser humano de servirle de acuerdo a sus parámetros. Así como el gusano tiene que desprenderse de su vieja naturaleza para poder convertirse en mariposa, cada creyente tiene que desprenderse de todo aquello que lo detiene u obstaculiza en su desarrollo espiritual, para embellecerse en ese aspecto.



Pablo, en su carta a los Corintios, da a conocer que ésta debe ser la experiencia de todos los creyentes: ¿Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor? (2 Corintios 3:18).



Debemos reconocer esta verdad, que a medida que estemos en la presencia de Dios, experimentaremos una transformación, una metamorfosis. Dios nos ayudará a desprendernos de aquellas actitudes que han causado grietas en nuestro carácter, pero esto solamente se puede lograr con la ayuda del Espíritu de Dios.



Jacob es la tercera generación

Jacob representa el desarrollo del ciento cuarenta y cuatro. En Jacob se consolida el pueblo de Israel a través de sus doce descendientes, que vinieron a ser las doce tribus de Israel (el nuevo nombre de Jacob). Pero Dios tuvo que moldear profundamente la vida y el carácter de este hombre para que luego la bendición se pudiera extender a través de cada uno de sus hijos. Pues, fue a través de los doce que vino la gran multiplicación, como las estrellas del cielo.



Jacob lucho con el ángel hasta que obtuvo la bendición de Dios. ¿En qué áreas de su vida necesita pasar por ese peniel?  Recuerde que establecerá una tercera generación para el Señor y es necesario ser perseverante hasta alcanzar la bendición. 

martes, 12 de septiembre de 2017

JACOB EN BETEL


JACOB EN BETEL

“Y edificó allí un altar, y llamó al lugar El-bet-el, porque allí le había aparecido Dios, cuando huía de su hermano”. Gén. 35:7.



Jacob edificó un altar a Dios, y esto implica trabajo y esfuerzo. El altar es símbolo de la adoración a Dios y la comunión con él. Debemos reconocer que la comunión con Dios demanda de nosotros perseverancia, expectativa y una continua pasión por el Señor, pues es algo que no se construye de la noche a la mañana (requiere tiempo), ni es el resultado de un accidente…



Años atrás Jacob había estado en éste mismo lugar y había tenido un encuentro con Dios y llamó a ese lugar: Bet-el, que significa casa de Dios, impresionado por el poder de Dios, pero ahora Jacob vuelve al mismo lugar y lo llama El-bet-el, que significa el Dios de la casa de Dios, ahora ya no está impresionado por Sus obras, ni por Su casa, sino por el Dios que hace las obras, el Dios que habita la casa, ahora conoce más a Dios, su amor, su fidelidad, su cuidado y protección. “Allí le había aparecido Dios, cuando huía de su hermano Esaú”, aquí recordaba Jacob muchas cosas:

1. Que había engañado para heredar la bendición, usurpando el lugar de su hermano,

2. Que su hermano lo perseguía para matarlo,

3. Que, en medio de la crisis, Dios le había aparecido y prometido Su bendición y protección,

4. Que Dios había cumplido Sus promesas guardándolo y prosperando su vida.



El vrs. 3 de éste mismo capítulo, nos amplía la información cuando Jacob dice: “haré altar al Dios que me respondió en el día de mi angustia”, él huía bajo amenazas de muerte y llama a ese tiempo “el día de mi angustia”, el término angustia viene del hebreo tsará, que además significa: aflicción, aprieto, calamidad; pero Dios lo había protegido y librado del mal (éste es un altar para dar gracias a Dios por su protección y bendición. Que importante es recordar que vamos al altar no sólo a pedir a Dios, sino también a adorar y agradecer todos Sus favores).



Jacob reconoce la bondad y fidelidad del Señor cuando dice: “Dios ha estado conmigo en el camino que he andado”, pues ha recibido del Señor la protección y provisión a pesar de sus desaciertos. Reconoce que no ha estado sólo, que Dios lo ha prometido: “no te dejaré ni te desampararé”.                                         



Reflexión final: Edificar nuestra comunión con Dios nos demanda esfuerzo, y sostenerla implica perseverancia, acudamos al altar de la comunión con Dios para solicitar de él Sus favores, pero también vamos a adorar y agradecer Su compañía, protección y provisión a lo largo de nuestro camino por ésta tierra, pues somos “extranjeros y peregrinos” camino al cielo. 

lunes, 11 de septiembre de 2017

No disfrutarás el engaño por mucho tiempo




No disfrutarás el engaño por mucho tiempo

La promesa era para Jacob departe de Dios. Pero inducido por la Madre que fue la que la recibió cuando aún los dos niños estaban en su vientre. Cuando Rebeca escucho que Isaac le decía a Esaú su Hijo ve a cazar y acmé un guisado para que yo te bendiga antes de mi muerte, Rebeca su madre incito a Jacob su otro Hijo a que se hiciera pasar por su Hermano Esaú debido a que Isaac su padre por su edad avanzada avía perdido la vista para que las bendiciones fuesen para Jacob    Génesis 27:4.

“Y Jacob dijo a su padre: Yo soy Esaú tu primogénito; he hecho como me dijiste: levántate ahora, y siéntate, y come de mi caza, para que me bendigas. Entonces Isaac dijo a su hijo: ¿Cómo es que la hallaste tan pronto, hijo mío? Y él respondió: Porque Jehová tu Dios hizo que la encontrase delante de mí.

E Isaac dijo a Jacob: Acércate ahora, y te palparé, hijo mío, por si eres mi hijo Esaú o no. Y se acercó Jacob a su padre Isaac, quien le palpó, y dijo: La voz es la voz de Jacob, pero las manos, las manos de Esaú. Y no le conoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú; y le bendijo”. Génesis 27:19-23

Ésta es la parte de la historia en la que Jacob engaña a su padre para obtener su bendición, era el hijo mayor quién debía de ser bendecido, sin embargo, Jacob era el menor. Lo que siempre me pareció injusto fue que, a pesar de su mentira y engaño, al final recibió la bendición de su padre, que por ende tendría que estar respaldada por nuestro Dios, se podría decir que le fue bien a pesar de haber engañado.

Me sorprendió enterarme que Dios ya le había prometido a Jacob ésta bendición en capítulos anteriores: “El mayor servirá al menor” Génesis 25:3. Es decir, iba a ser bendecido de todas maneras. Jacob no necesitaba engañar a su padre porque la promesa ya era para él, pero lo recibiría en el tiempo oportuno. Su impaciencia no solo dividió a su familia, sino que también tuvo que irse de su tierra por escapar de su hermano.

No se dejen engañar: nadie puede burlarse de la justicia de Dios. Siempre se cosecha lo que se siembra. Gálatas 6:7

La verdad es que podemos tener todo lo que deseamos, pero al final recibiremos una amarga cosecha si no obtuvimos las cosas de forma honesta. Jacob sembró engaño y traición, eso mismo fue lo que recibió. Si seguimos leyendo la historia, nos enteramos que su suegro Lavan lo engañó y tuvo que trabajar catorce años gratis para él. Como no era bien recibido en su tierra tuvo que aislarse y sobrevivir para que su hermano no lo matara. Es verdad que Dios lo bendijo, pero no pasó por alto lo que sembró. 

domingo, 10 de septiembre de 2017

Esaú vende su primogenitura


Esaú vende su primogenitura).

      “Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura” Gén. 25:34.



Esaú y Jacob, hermanos gemelos, crecieron en el mismo hogar y con los mismos padres, pero con perspectivas muy diferentes respecto a los tesoros y privilegios celestiales. El contexto nos dice que Esaú vendió su primogenitura por un pan y un guisado de lentejas, al detenernos en algunas palabras y frases, podemos identificar la indiferencia en el corazón de Esaú por los favores de Dios, lo vemos cuando dice:



1.   “¿para qué me servirá la primogenitura?”

2.   “comió, bebió, se levantó y se fue”.



Consideremos ahora, lo que significaba en ése tiempo la primogenitura: el primogénito heredaba el doble, el liderazgo de toda la familia o clan, y recibía el privilegio “sacerdotal” ante Dios por toda la familia (es decir, presentaría los sacrificios, ofrendas y oraciones a Jehová Dios) ...   





El pan y las lentejas son figura de aquellos “valores terrenales” que en algún momento consideramos son de mayor estima que los privilegios y oficios celestiales. En el N.T. Esaú es llamado profano: “…profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura” (Heb. 12:16). El término hebreo para profanar traduce: irreverencia, pisotear, vulgar. En realidad, Esaú no valoró con temor de Dios lo que el Señor le estaba entregando.



Es interesante que el vrs. 29 nos añade “Esaú venía del campo cansado”, estaba fatigado, agotado, sin fuerzas, lo que seguramente lo hizo más vulnerable (por eso, es muy importante cuidar nuestra fortaleza en el Señor). 



Recordemos aquí, que cuando Jesús estaba en el desierto en ayuno, al final “sintió hambre”, y vino el tentador, procurando encontrar una debilidad en Jesús y le dice: “convierte estas piedras en pan”, Jesús venció, pues su fortaleza y alimento siempre fue hacer la voluntad del Padre celestial.  



La frase “así menospreció Esaú la primogenitura” nos hace ver su gran equivocación y falta de discernimiento. Pero pensemos, a veces nosotros descuidamos, cambiamos o negociamos las bendiciones y privilegios que Dios nos ha dado, como la relación con él, nuestra familia, el ministerio, el trabajo honesto y otros, por cosas cuyo valor es temporal, engañoso y corruptible.           



Reflexión final: Dios ha diseñado para todos sus hijos grandes planes y bendiciones, es por eso, que debemos valorar cada momento de nuestra vida, cada obra y regalo de Dios, y siempre procurar seguir Su consejo, él nos conduce al mejor destino: Su propósito eterno. 

viernes, 8 de septiembre de 2017

La mentira de Isaac.


La mentira de Isaac.   Abimelec, rey de los filisteos,

vio a Isaac acariciando a su esposa Rebeca. Génisis.

26: 6-11

ESCUDRIÑAR: ¿Por qué puede esta situación ser más peligrosa para el marido de una mujer que para su hermano? ¿Qué dice esto acerca del carácter de Isaac? ¿Su humanidad? ¿Qué clase de hombre era Abimelec? ¿Cómo reaccionó? ¿Cómo reaccionó Dios?

REFLEXIONAR: Isaac repite el comportamiento inadecuado de su padre. Como una "astilla del mismo árbol," hacemos lo mismo. ¿Qué "pecado" de sus padres le gustaría que el Señor le ayudara a eliminar de su propia vida?

En ese tiempo hubo mucha hambre en aquella región, además de la que hubo en tiempos de Abraham. Por eso Isaac se fue a Guerar, donde se encontraba Abimélec, rey de los filisteos. Isaac se quedó en Guerar (26:1 y 6). ADONAI le había dicho que permaneciera temporalmente en Gerar por un tiempo (26:3), pero él desobedeció y se quedó allí por un largo tiempo (26:8). Como resultado, pecó allí. Mientras en Gerar, las gentes simple y cortésmente preguntaron por Rebeca. El texto no indica ninguna amenaza en la consulta, pero Isaac pareció sentirse amenazado. 415 Por lo tanto, al igual que su padre, tuvo una discusión privada con su esposa y le dijo: "Tú les dices que eres mi hermana, no mi esposa." Y como Sara, Rebeca siguió con el plan. Hay algo de verdad en lo que Abraham dijo porque Sara era su media hermana, pero no había nada de cierto en lo que dijo Isaac. Por lo tanto, Y cuando la gente del lugar le preguntaba a Isaac acerca de su esposa, él respondía que ella era su hermana. Tan bella era Rebeca que Isaac tenía miedo de decir que era su esposa, pues pensaba que por causa de ella podrían matarlo (26:7), por lo que Isaac repitió el pecado de Abraham (20:1-2).  El punto aquí es claro; cometió el mismo error que su padre Abraham, y sin embargo, fue liberado por el SEÑOR Dios de la misericordia, de la misma manera. 

jueves, 7 de septiembre de 2017

Las mentiras de Abraham


Las mentiras de Abraham para salvarse. Mentiras Propias e Ideas Erradas Sobre los demás







Génesis 20:1-7.



(1)  De allí partió Abraham a la tierra del Neguev, y acampó entre Cades y Shur, y habitó como forastero en Gerar.



(2)  Y dijo Abraham de Sara su mujer: Es mi hermana. Y Abimelec rey de Gerar envió y tomó a Sara.



(3)  Pero Dios vino a Abimelec en sueños de noche, y le dijo: He aquí, muerto eres, a causa de la mujer que has tomado, la cual es casada con marido.



(4)  Mas Abimelec no se había llegado a ella, y dijo: Señor, ¿matarás también al inocente?



(5)  ¿No me dijo él: Mi hermana es; y ella también dijo: Es mi hermano? Con sencillez de mi corazón y con limpieza de mis manos he hecho esto.



(6)  Y le dijo Dios en sueños: Yo también sé que con integridad de tu corazón has hecho esto; y yo también te detuve de pecar contra mí, y así no te permití que la tocases.



(7)  Ahora, pues, devuelve la mujer a su marido; porque es profeta, y orará por ti, y vivirás. Y si no la devolvieres, sabe que de cierto morirás tú, y todos los tuyos.



Las mentiras de Abraham para salvarse



Les mintió a todos “Abraham decía de Sara su mujer: Es mi hermana."  Ya Abraham había hablado con Abimelec y le había dicho esto. Abimelec confesó que él y ella le habían mentido “¿No me dijo él: Mi hermana es; y ella también dijo: ¿Es mi hermano?”

Abraham no opuso resistencia al ver que se llevaban a Sara.



La percepción de Abraham acerca de la gente de aquella región le llevó a tener temor y no confiar en Dios y su promesa. Dios era su Protector y cuidador.

Abraham tenía una percepción equivocada, el creyó que el rey de todas aquellas personas no tenía temor a Dios. Abraham creyó que él lo mataría.



Abraham pensaba que no eran íntegros y que no eran honestos ni buenos.

La verdad acerca de Abimelec.



Era un hombre íntegro, él le dijo a Dios : “Con sencillez de mi corazón y con limpieza de mis manos he hecho esto”. Dios afirmó esto de Abimelec y añadió que era integro, Dios dijo “Yo también sé que con integridad de tu corazón has hecho esto; y yo también te detuve de pecar contra mí…” 

Un resumen Acerca de Abimelec



- Era inocente

- Sencillo de Corazón.



- Limpio de Manos



- Hablaba con Dios.



- Dio lo cuidaba de pecar.



- Tenía temor de Dios.



Los Errores de Abraham:



1.       Tuvo temor.



2.      Mintió.



3.      No confió en Dios.



4.      Persuadió a Sara para que mintiera.



5.      Tomó a su hermana como esposa.



6.      Trajo sobre aquel reino un gran pecado.



Jesucristo dijo:



Lucas 6:42



     ¿O cómo puedes decir a tu hermano: ¿Hermano, déjame sacar la paja que está en tu ojo, no mirando tú la viga que está en el ojo tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano.







Nosotros muchas veces actuamos como Abraham mentimos, tenemos temor de las situaciones y personas, no hablamos con Dios primero para conocer su voluntad. Tenemos una mala percepción de las demás personas. El Señor nos dice que no seamos hipócritas antes de criticar debemos trabajar en nuestras mentiras, faltas y pecados y luego ir a sanar a los demás. ¿En qué estoy fallando que debo presentar al Señor? ¿He mentido para salvar algo en mi vida? ¿He pensado mal de los demás y no les he dado la oportunidad de hablar o de defenderse? ¿Estoy buscando ser Integro, sencillo de corazón y limpio de manos?



¿Reconozco la voz de Dios cuando me habla? 

miércoles, 6 de septiembre de 2017

NACIMIENTO DE ISAAC


NACIMIENTO DE ISAAC

 “Visitó Jehová a Sara, como había dicho, e hizo Jehová con Sara como había hablado. Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho” Gén. 21:1-2.



Que privilegio tan grande el de Sara, “Dios la visitó”, esto fue algo glorioso en su vida, pues Dios mismo vino a ella. Hoy día los hijos de Dios somos templo del Espíritu Santo, y debemos anhelar más que una “visitación”, debemos procurar una relación íntima y constante con Dios. Es necesario y vital que anhelemos estar con el Consolador, tanto como él anhela estar con nosotros, pues el apóstol Santiago nos dice: “¿O pensáis que la Escritura dice en vano: ¿El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?” (Sant. 4:5), sin embargo, creo que, por muchas razones, motivos o excusas nuestras, ese anhelo del Espíritu es correspondido someramente…



El texto nos dice que Dios hizo esto “como había dicho… como había hablado”, Dios lo había prometido y lo cumplió. Creo que todos nosotros hemos experimentado en algún momento de nuestra vida la decepción, la tristeza o el dolor, ante el incumplimiento de promesas que otros nos han hecho; pero cuando se trata de las promesas de Dios, podemos estar tranquilos y seguros, pues Dios no miente, ni se retracta, nunca falla, él cumple su palabra, pues en él no hay cambio ni sombra de variación, es decir en él no hay el más mínimo margen de error ¡Bendito sea nuestro Dios!



Isaac nace en la vejez de Abraham y Sara. Recordemos que ambos se habían reído cuando Dios les hizo ésta promesa, pues eran de edad avanzada. Es en éste contexto cuando Dios pregunta: “¿hay alguna cosa difícil para Dios?” (Gén. 18:14), y la respuesta es una sola: “No, no hay nada difícil para Dios”. Aunque veamos las circunstancias adversas y contrarias, aunque nuestra razón nos diga que no es posible y otros concluyan diciendo que es una fantasía, sí Dios lo dijo, él lo hará. Entonces persevera, continúa avanzando, él es fiel a su palabra, él no te miente y no te decepcionará.



Hemos leído que “Dios lo hizo en el tiempo que había dicho”. ¿La verdad es que generalmente nos cuesta esperar, por qué? Por nuestro orgullo, por nuestra ansiedad, por querer mostrar resultados a los hombres, porque queremos decir: “yo tenía la razón”, etc. Pero, Dios no está de afán, no se anticipa ni llega tarde, todo lo tiene planeado, nada lo toma por sorpresa, sólo requiere de sus hijos: obediencia.



Reflexión final: Debemos fortalecer nuestra intimidad con Dios, pues él quiere estar con nosotros y allí nos hará entender su infinito poder y fidelidad para cumplir sus promesas en su tiempo, allí aprenderemos a caminar en armonía con los tiempos de Dios, y allí nos concientizamos que nuestra vida está en sus manos, las mejores manos.