viernes, 2 de enero de 2015

Hechos 25:9-12

Hechos 25:9-12


Pero Festo, queriendo congraciarse con los judíos, le preguntó: ¿Estás dispuesto a subir a Jerusalén para ser juzgado allí ante mí?  Pablo contestó: ya estoy ante el tribunal del emperador, que es donde se me debe juzgar.  No les he hecho ningún agravio a los judíos, como usted sabe muy bien.  Si soy culpable de haber hecho algo que merezca la muerte, no me niego a morir.  Pero si no son ciertas las acusaciones que estos judíos formulan contra mí, nadie tiene el derecho de entregarme a ellos para complacerlos.  ¡Apelo al emperador!  Después de consultar con sus asesores, Festo declaró: has apelado al emperador.  ¡Al emperador irás!


Hace algunos meses, subí a un taxi en la ciudad de México.  Nos encontrábamos en un cruce y no nos dejaban pasar.  Poco a poco fue avanzando para intentar que los demás se pararan y pudiéramos avanzar.  Llegó un punto en el que teníamos a un coche a punto de chocarnos.  El taxista comenzó a gritar: ¡pégame!  ¡Inténtalo!  Y así siguió gritando mezclado con groserías.  Finalmente, pudimos avanzar.  Fuera de lo estresante que resultó la experiencia, se me quedó muy grabado la falta de visión del taxista.  Su taxi es su trabajo y de cierta manera su vida.  Si le pegan, tendría que llevarlo al taller y quedaría unos días sin poderlo usar, por consecuencia, sin recibir dinero.  ¿En qué estaba pensando?  ¡En nada!  Es claro que no estaba meditando en sus reacciones.  Solamente estaba actuando por coraje, frustración y desesperación.  Y lo triste es que no está solo.  ¡Nosotros actuamos así en repetidas ocasiones!  No pensamos las cosas y simplemente reaccionamos.  ¡Gran error!  Posteriormente sufrimos las consecuencias de nuestras malas decisiones.  ¿Pero qué hizo Pablo?  No cedió a su orgullo.  No cedió a su coraje.  Trata de ver la escena a detalle y ponte en sus zapatos.  Ahí estás siendo juzgado injustamente.  La persona que debe ver por la justicia, quiere quedar bien con aquellos que te acusan sin razón.  Tratas de explicar tu punto pero ves que las cosas no caminan.  Además, al decir que eres inocente, el mismo que vela por la justicia comienza a retar tu inocencia.  ¿Estás seguro que eres inocente?  ¿Tan convencido estás que podrías ir a Jerusalén?  Si no hiciste nada malo no deberías temer el ir y ser cuestionado allá.  ¿Te das cuenta cómo están picando en el orgullo de Pablo?  ¡Yo ya me hubiera desesperado!  Me hubiera gustado entrar en una discusión con Festo y buscar acabarlo de alguna manera.  Pero ese deseo solamente hubiera traído mi destrucción pues me hubieran llevado a Jerusalén y en el camino nos hubieran emboscado.  Pero Pablo nos dejó el ejemplo y la biblia nos dice que aprendamos a dominar nuestra lengua pues un pequeño órgano controla todo el cuerpo y tristemente, una chispa quema todo un bosque.  Pablo vio más allá.  Estaba enfocado en el reino de Dios y buscaba servir.  No se quedó en el ruido de la acusación y la injusticia ni en la provocación de Festo.  En sus dos años de prisión, meditó y el Señor le mostró sus planes.  Por esto pide ir a Roma.  La mejor decisión que podía haber tomado.  Tardó años en llegar pero ese era el momento perfecto.  ¿Por qué no antes o después?  Solamente Dios lo sabe.
Medita.  Piensa antes de reaccionar.  ¿Qué buscas y qué lograrás con tus reacciones?  ¿Hacia dónde te diriges?  Así seas de carácter “fuerte” o “débil” tienes que poner atención a tus reacciones.  Ora.  Consulta a Dios.  Y deja de actuar sin pensar primero.
Oración
Padre: gracias por tu palabra.  Gracias por preocuparte para que no caiga constantemente en los mismos errores y por mostrarme que mi orgullo y mi instinto pueden llevarme a tomar pésimas decisiones.  Quiero aprender a actuar por mis principios espirituales y no los carnales.  Quiero cambiar y te pido transformes mi corazón.  Te pido que controles mi lengua y mis reacciones.  Dame sabiduría para no caer en los mismos errores.  Perdona mis pecados Padre.  Te lo pido en el nombre de Cristo Jesús.  Amén 

jueves, 1 de enero de 2015

Filipenses 4:2-3

Filipenses 4:2-3


Ruego a Evodia y también a Síntique que se pongan de acuerdo en el Señor.  Y a ti, mi fiel compañero, te pido que ayudes a estas mujeres que han luchado a mi lado en la obra del evangelio, junto con Clemente y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida.



Si a una persona que camina por la calle le preguntáramos sobre Cristo, lo más probable es que por lo menos haya escuchado de Él.  Pedro y Pablo vendrían un poco más abajo.  Personajes como Esteban o Timoteo serían menos “famosos”.  ¿Y qué decir de Evodia y Síntique?  ¿De Clemente?  Seguramente nadie sabría de quién estamos hablando.  De no ser por sus nombres tan extraños, la verdad es que ni yo me acordaría.  Pero hay alguien que no olvida.  Se llama Jehová.  Sabe perfectamente lo que hacemos pero sobre todo, conoce nuestros corazones.  A Él no se le olvida lo que hacemos para su obra.  Él nos ha añadido al libro de la vida.  El lugar más importante donde puede estar tu nombre.  Ahí escribe el nombre de quienes hemos recibido a Cristo y buscamos imitarlo.
Recientemente fue la entrega de los Oscares.  Uno de los premios más reconocidos para los amantes del cine.  ¿Qué actor (sin contar a Woody Allen) no querría estar en la lista de los nominados?  En algunos eventos exclusivos, se mandan invitaciones y solo aquellos que están en la lista pueden entrar.  Cada año, una de las firmas financieras más importantes del mundo, publica una lista en la que aparecen aquellos que han logrado ser socios.  Muchos desean estar en distintas listas y solamente algunos lo logran.  Pero hay una lista que pocas personas ponen atención y es la más importante de todas: la lista del libro de la vida.  Los nombres que aparecen representan personas que pasarán una eternidad en compañía de Dios.  ¿No te parecería la lista que más deberíamos desear?  Debería ser la más codiciada y demandada.  Pero este mundo está de cabeza y preferimos otras listas de menor importancia que nos parecen más atractivas.
Pablo nos pide que estemos en paz entre hermanos.  Nos pide que nos apoyemos.  Y también nos recuerda que cada uno de nosotros estamos en la lista del libro de la vida.  Trabaja para el Señor.  No para el reconocimiento de los que te rodean.  Para el Señor.  Aunque a veces sea difícil, ten fe y obedece.  Aunque parezca insignificante, obedece.  Aunque parezca que sería mejor tomar otra decisión, no lo hagas, ten fe y actúa conforme a aquello que agrada al Señor.  Él sabrá recompensarte.  A Su tiempo.  A Su manera.  Pero de una cosa puedes estar seguro: tu nombre estará en el libro de la vida y te gozarás con el Señor al ver la lista de acciones que tomaste para darle gloria en todo lo que pudiste.  Por el contrario, que triste sería analizar una vida que conoce de Dios y prefirió esconderse siempre con tal de con comprometerse.

Oración
Padre: te pido perdones mis pecados.  Entiendo que Cristo murió por mí y que a través de Él puedo reconciliarme contigo.  Te pido que así sea.  Quiero estar en el libro de la vida.  Se que he deseado lo incorrecto pero hoy quiero buscar lo tuyo.  Guía mi vida en tu camino y conforme a tu voluntad.  Te pido me llenes de fe para dar los pasos que no puedo dar.  Te pido me llenes de fuerza para levantarme cuando no puedo más.  Llena mi vida Señor.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén

miércoles, 31 de diciembre de 2014

1 Juan 4:7-8

1 Juan 4:7-8

Queridos hermanos, amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios; y todo el que ama ha nacido de Él y lo conoce.  El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.



Cada vez que tengo la oportunidad de hablar acerca del amor, utilizo una canción que cantaba José José que decía: el amor acaba.  ¡Qué cierta frase!  El amor acaba.  ¿Cuántas canciones hablan sobre el desamor?  ¿Cuántas novelas?  Peor aún, cuántos matrimonios se separan porque “el amor acaba”.  No.  No soy un pesimista.  Lo que trato de hacer claro cuando cito esa canción y hablo acerca del “amor” es la enorme diferencia que existe entre lo que la gente (el mundo) llama amor y lo que realmente es amor.  Existen distintas palabras en el griego para distinguir el amor.  La palabra fileo, habla de un amor fraternal o de amistad.  La palabra eros, de un amor pasional o de deseos.  Por último está la palabra agape.  Ésta habla de un amor incondicional.  Un amor que no necesita recibir para seguir existiendo.  Un amor que no está limitado.  Un amor puro.  Esta misma palabra es la que se utiliza para describir a Dios.  Dios es amor.  Dios es agape.  Por esta razón, la gente piensa que el amor “acaba”.  Porque el amor al que se refieren es fileo o eros.  ¡Es el único amor que conocen!  Tristemente tienen razón.  Ese amor acaba.  Si alguien nos lastima, el amor fraternal queda herido.  Si alguien nos engaña, el amor eros se termina.  ¿Cómo hacer que el amor no se termine con algo tan limitado?  ¡Imposible!  Por eso Dios nos enseña lo que realmente es amor.  Él es amor.  Aquél que le conoce, conoce el amor.  Aquél que le conoce puede amar.  ¿Y qué conocemos de Dios?  Que nos ama incondicionalmente.  Nos ama ilimitadamente.  No nos ama esperando que nosotros hagamos algo.  De hecho, no puedes hacer nada para que te ame más o te ame menos.  ¡No puede amarte más!  No es como nosotros que le “quitamos” y “ponemos” amor conforme nos dan o quitan.  De esta manera es como Dios quiere que nos amemos los unos a los otros.  Entregando sin esperar recibir.  Incondicionalmente.  Soportando lo que no queremos soportar.  Perdonando lo que no queremos perdonar.  En otras palabras: imitando el amor de Cristo para con los demás.  ¡Ese es el amor que nos pide el Señor!  No nos pide que amemos a los que nos caen bien.  No nos pide que amemos de manera fileo o eros.  No.  Nos pide que amemos AGAPE.  Ese amor es el que debe abundar en tu vida.  Y por consecuencia, quiere decir que Dios abunda en tu vida.  ¿Lo puedes entender?  Por esta razón Juan nos dice que solamente aquellos que han nacido de Él y le conocen pueden amar.  No hay amor sino aquel que proviene del Padre.  Así que, si te cuesta trabajo amar a tu prójimo, si tienes problemas con tu pareja o cualquier otra situación que involucre amor, abre tu corazón y tu mente al Señor y pide que te muestre todo aquello que estorba para que puedas amar como Él quiere.  Cristo te amó y se entregó por ti en la cruz.  Hoy quiere que hagas lo mismo por tu prójimo.  Ama sin restricción.  Ama como Cristo te amó.  Sí.  No es nada fácil.  Pero es la mejor manera de aprender a morir a nosotros y dejar que el Señor sea quien crezca y florezca en nuestra vida.

Oración

Padre: Gracias.  No merezco tu amor.  No merezco tu misericordia y tu gracia.  Perdona mis pecados Padre.  Hoy entiendo lo que realmente es el amor.  Tú eres amor.  Tú eres la esencia misma del amor.  Por eso nadie puede amar si no es a través de Ti.  Yo te pido que pueda imitar tu amor y llevarlo a mi prójimo.  Padre, te pido que ni mi orgullo ni mi necedad te estorben para trabajar en mi corazón.  Quiero vivir confiado en que tu camino es el mejor camino.  Lléname de tu amor y permite que viva en él y conforme a él todos los días.  En Cristo Jesús.  Amén

martes, 30 de diciembre de 2014

Colosenses 3:9-10

Colosenses 3:9-10
Dejen de mentirse unos a otros, ahora que se han quitado el ropaje de la vieja naturaleza con sus vicios, y se han puesto el de la nueva naturaleza, que se va renovando en conocimiento a imagen de su Creador.


Recientemente hicimos nuestra declaración de impuestos. No fueron noticias buenas pues salimos debiendo al gobierno. Una opción para disminuir el monto a pagar era incluir a algún familiar como nuestro dependiente. Sonaba tentador. No tenemos a ningún dependiente contestamos a la contadora, no importa, pueden poner a sus papás o alguien más, mucha gente lo hace contestó ella… Escudarnos detrás de lo que mucha gente hace es peligroso. Resulta fácil decir que no a las mentiras cuando no estamos en la posibilidad de decir una y que el resultado de la misma sea favorable (al menos por un tiempo). Los políticos mienten en sus campañas, nos llenan de ideas y promesas que harán para que después nos demos cuenta que hemos sido engañados. Algunos vendedores hacen lo mismo, te llenan la cabeza con los beneficios y mienten sobre los contras de sus productos. Con la crisis económica, nos pudimos dar cuenta que el mentir no respeta países, clases sociales ni razas. Todos cayeron en la misma trampa de mentir comprando y vendiendo productos que no valían nada. Empresas que garantizaban sus inversiones resultaron ser fraudulentas y sus oficinas estaban en alguna isla perdida. Esto es la mentira. Esto es resultado de nuestra naturaleza anterior, del ropaje viejo y lleno de vicios. ¿Queremos vivir así? ¿Queremos tener una sociedad así? Yo no. Por esta razón debemos dejar de mentir. No hay mentira grande ni pequeña, de corto o largo plazo, una mentira es una mentira y punto. Además, el mentir ya no puede pertenecer a tu nueva naturaleza.
Por otro lado, recuerdo que muchas veces no comprendía términos o el lenguaje de la Biblia. Cuando leía algo como nuestra naturaleza se va renovando en conocimiento de nuestro Creador, realmente no entendía mucho. Conforme pasó el tiempo, fui estudiando y aprendiendo más de Dios, me di cuenta de lo que estaba pasando en mi vida. Estaba siendo renovada. Se estaba creando una estructura de principios que guiaban mis pensamientos y crecía en discernimiento de lo bueno y lo malo. Comencé a darme cuenta que mi naturaleza anterior (mi vida antes de Cristo) no traía nada bueno y que por el contrario, esta nueva vida, esta transformación que nunca termina ha sido de bendición y la dirección a la que se dirige es en donde quiero estar. La renovación en Cristo es constante y no tiene fin. Te animo a que analices tu vida con respecto a lo que hacías antes de conocer a Jesús y ahora. ¿Has cambiado? ¿Te has desprendido de tu naturaleza vieja? ¿Has sido renovado por el Creador? Por si tenías la duda, gracias a Dios que nos dio fuerza y prevaleció la verdad.

Oración
Señor: Tú que estás en el cielo y eres Santo, te preocupas por mí aunque no lo merezca. Gracias por ese amor, esa preocupación y por tu Palabra que has dejado para guiarme por tu camino, el camino correcto. Ayúdame a seguirlo y ser renovado constantemente a tu imagen. Te lo pido en el nombre de Jesús
Amén

lunes, 29 de diciembre de 2014

Proverbios 13:3

Proverbios 13:3
El que refrena su lengua protege su vida, pero el ligero de labios provoca su ruina.



Lo primero que me viene a la mente es recordar cuántas veces he tenido que pedir perdón por algo que dije que no estaba bien. ¿Cuántas veces has dicho: cómo pude haber dicho esto o aquello? Controlar nuestra boca no es cosa fácil. La biblia está llena de advertencias sobre ella. Nos previene sobre lo destructiva que es y lo indomable que puede llegar a ser. Nuestra boca puede provocar nuestra propia ruina si no aprendemos a entregarla a Dios. Nuestra boca debe ser controlada por nosotros y no al revés.
Aquello de lo que hablamos, dice la biblia que es lo que tenemos en el corazón. ¿Estamos criticando? ¿Juzgando? ¿Mintiendo? ¿Utilizando groserías?
¿Cómo hablas?
Seguramente cuando eras pequeño te corrigieron sobre lo que debes o no decir. Pero no creo que te hayan advertido sobre lo destructivo que puede ser el no controlar tu lengua. Me parece que muy pocas personas entienden y aceptan que al cuidar nuestra lengua protegemos nuestra vida y al no hacerlo provocamos nuestra propia ruina.
¿Por qué no hacemos un compromiso y entregamos nuestras palabras a Dios?
Qué mejor que hablar lo correcto. Qué mejor que cada vez que digas algo sea constructivo, promueva la gracia y amor de Dios. Esto no significa que vas a tener que cambiar tu tono de voz o las palabras que utilizas hablando ahora pura cursilería. ¡NO! La transformación que Dios quiere no va por ese camino sino por el lado de entregar aquello de lo que hablamos no dejando que nuestra lengua nos controle y sea ella quien decida lo que habremos de decir.
Piensa en aquellos momentos en los que no controlaste tu boca y las consecuencias que se derivaron de ello…
Todos hablan, pocos controlan lo que dicen. La lengua debe ser controlada.
Para poder controlar nuestra boca, debemos analizar nuestra forma de hablar. Debemos meditar en cómo nos dirigimos a las personas, cómo expresamos nuestras inconformidades y nuestras diferencias, cómo le hablamos a nuestros superiores y a aquellos a nuestro cargo, cómo le hablamos a nuestros seres queridos cuando estamos contentos y también cuando estamos enojados, cómo contestamos cuando nos lastiman o molestan, en general: meditar en lo que sale de nuestra boca en cualquier circunstancia.
Hoy Dios nos dice que no controlar nuestra lengua traerá ruina a nuestra vida. Es probable que, como yo, ya hayas experimentado parte de esa ruina por no haber controlado tu boca. Hagamos caso de este proverbio y comencemos a poner control sobre lo que decimos y protejamos nuestra vida.

Oración
Señor: te pido perdón por tantas cosas que he dicho que no están bien. Te entrego mi lengua porque yo no puedo controlarla. Ayúdame a que de mi boca salga bendición y no destrucción. Cambia mi forma de hablar Señor. Te lo pido en el nombre de Cristo Jesús
Amén

domingo, 28 de diciembre de 2014

Hechos 5:7-10

Hechos 5:7-10
Como tres horas después entró su mujer, no sabiendo lo que había sucedido. y Pedro le preguntó: “Dime, ¿vendieron el terreno en tal precio?” “Sí, ese fue el precio” dijo ella. Entonces Pedro le dijo: “¿Por qué se pusieron de acuerdo para poner a prueba al Espíritu del Señor? Mira, los pies de los hombres que sepultaron a tu marido están a la puerta, y te sacarán también a ti.” Al instante cayó a los pies de él, y expiró. Al entrar los jóvenes, la hallaron muerta; entonces la sacaron y le dieron sepultura junto a su marido.


No sabemos si fue Ananías o su mujer el primero en pensar el plan de vender el terreno y quedarse con una parte. Lo importante no es si fue el hombre o la mujer sino el darse cuenta que como matrimonio, la falla de uno puede llevar terribles consecuencias. Ananías no estaba cumpliendo con un buen liderazgo y su mujer no estaba siendo de ayuda al solapar este plan. ¿Las consecuencias? Los dos cayeron al piso muertos. ¿Qué aprendemos? Que tarde o temprano, también “caeremos al piso” y nos llamarán a rendir cuentas.
Si pones atención, te puedes dar cuenta que la mujer de Ananías tuvo una segunda oportunidad para arrepentirse cuando Pedro le pregunta sobre el terreno. En ese instante ella pudo haber explicado lo sucedido y pedir perdón. Incluso ¡pudo haber pedido que le regresaran su dinero pues no estaba conforme con entregarlo todo! Pero prefirió seguir con el engaño. Pensó que nadie se daría cuenta. Pensó que su mentira podía seguir y que podría salir delante. La verdad es que la mentira y el engaño no nos llevan a ningún lado sino a la separación con Dios y a una eternidad sin Él. ¿Tan drásticas las consecuencias? Sí. No lo digo yo sino la Biblia. A nosotros nos gusta pensar que los errores no son tan graves o pueden arreglarse. Si bien, pueden corregirse, el vivir las consecuencias de los mismos, nadie lo puede evitar. Además, ¿quién nos asegura que podremos tener vida para componer nuestros errores? La mujer optó por seguir con su mentira y se encontró con unos jóvenes llenos de tierra que regresaban de haber enterrado a su marido. Al instante cayó y fue sepultada.
¡Nuestras decisiones tienen consecuencias! A veces inmediatas a veces no, pero todo lo que hacemos nos lleva a alguna parte. Por esto la biblia nos llena de versículos advirtiendo sobre lo que sembramos y promoviendo que siempre busquemos la buena siembra para cosechar lo bueno. Tal vez no estás casado y no te identifiques con Ananías o su mujer, pero independientemente de tu estado civil, Dios te ha puesto en un lugar específico para que compartas de su palabra y le sirvas en obediencia. Por otro lado, quiero resaltar la importancia que tiene la pareja en el matrimonio. Necesitamos el uno del otro. Necesitamos entender que el estar pegados al Señor es vital y si uno comienza a fallar el otro debe estar atento para corregir. Ananías y su mujer le dieron la espalda a Dios y sabemos cómo terminaron. ¿Cómo quieres terminar tú?

Oración
Señor: me arrepiento de mis pecados y te pido perdón. Hoy entiendo las consecuencias que tiene el darte la espalda y no escucharte. Te pido que pueda retomar mi compromiso contigo y seguirte fielmente. Guíame. No me quiero separar de Ti. Quiero sembrar lo bueno y cosechar sus frutos. En Cristo Jesús
Amén

sábado, 27 de diciembre de 2014

Hechos 10:17-20

Hechos 10:17-20
Y mientras Pedro estaba perplejo dentro de sí sobre lo que significaría la visión que había visto, he aquí los hombres que habían sido enviados por Cornelio, los cuales, preguntando por la casa de Simón, llegaron a la puerta. Y llamando, preguntaron si moraba allí un Simón que tenía por sobrenombre Pedro. Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan. Levántate pues y desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado.



Analicemos la situación. Pedro se encuentra meditando sobre lo que significa la visión que acaba de tener. Al mismo tiempo, hay tres hombres que están tocando a la puerta y lo buscan. Finalmente, el Espíritu le dice: levántate y no dudes en ir con ellos porque yo los he enviado. Como siempre, me gusta pensar en cómo puedo aplicar el día de hoy lo que está escrito en la palabra de Dios. En este caso, veo un principio muy sencillo pero sumamente importante: si queremos respuestas a nuestras interrogantes, debemos estar meditando en la palabra de Dios. La biblia nos dice que Pedro estaba perplejo o confundido por lo que había visto. ¿Cuántas veces estás confundido por lo que sucede en tu vida? ¡Muchas! Tratas de darle vueltas y vueltas pero no logras entenderlo. Ahora, déjame decirte algo muy importante: es normal que no entiendas absolutamente todo lo que te pasa. Dios ha decidido revelarnos algunas cosas y otras no. ¿Por qué? No lo sé exactamente pero lo que sí sé es que lo hizo por nuestro propio bien y en una perfección total. ¿Cuánto tiempo y cómo revela Dios sus planes? ¡Esta pregunta me encanta! Revela nuestras ganas de moldear al Señor a nuestro concepto de Él en lugar del que está descrito en su palabra. ¿Por qué pensamos que Dios debe tener un tiempo semejante para nuestras pruebas? ¿Por qué cuestionamos que el tiempo que llevamos ha sido demasiado o suficiente? Escucha bien, si hoy en día estás preguntándote por qué Dios permite tal o cual en tu vida y por qué lleva ya tanto tiempo esta situación, te sugiero que medites y reflexiones sobre lo que Dios está queriendo hacer en ti y cómo le has estorbado.
Volviendo al principio que escribí: para tener respuestas a nuestras interrogantes es necesario estar pegados a la biblia. ¿Por qué? Porque si vuelves a leer el versículo, puedes darte cuenta que Pedro aunque estaba perplejo y confundido, no se estaba quejando o hablando con los discípulos sobre lo que pudieran pensar u opinar de lo que había visto. Nos dice la biblia que el Espíritu le habló mientras estaba meditando en esto. ¿Cómo nos habla el Espíritu? A través de la palabra de Dios que está en la biblia. ¿Te das cuenta? No podemos ir cuestionando lo que nos sucede y demandando respuestas en cualquier lugar. Las respuestas las tiene el Señor. ¿Sigues cuestionando el principio? Te voy a dar varias respuestas que encontrarás en la biblia y medita si pudieran aplicarse a tu vida: busca el reino de Dios, ama a tu prójimo como a ti mismo, perdona siempre, no dejes de orar, ten fe, no dejes que haya amargura en tu corazón, no permitas que las riquezas te vuelvan orgulloso, comparte a Cristo y no mientas. Son solamente unas cuantas de todo lo que Dios nos quiere enseñar. ¡Piénsalo!

Oración
Señor: te pido perdón porque he sido soberbio y no te he dejado trabajar en mi corazón. Por el contrario, he cuestionado tus planes y me he quejado contra ellos. Hoy entiendo que tu palabra tiene las respuestas y que yo soy el primero en estorbar para poderlas escuchar y aceptar. Te pido perdón. Renueva mi corazón. Permite que pueda empezar de nuevo pero contigo reinando en mí. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén