sábado, 22 de marzo de 2025

Cristo en nosotros

 


Cristo en nosotros

“el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria,”, Colosenses 1:26-27

“Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.”, Romanos 11:36

Una vez fuimos destituidos de su gloria por nuestro pecado, el Padre resuelve este conflicto a través de Jesús, enviándolo a él para volver a llevarnos a casa, a su gloria: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”, (Juan 1:14). Por esto dice la escritura que Cristo es la esperanza de gloria, la única esperanza de volver hacia donde debemos estar y quién debemos ser; con el Padre y para el Padre.

Cuando recibimos a Cristo, fuimos hechos nueva creación y el Padre nos crea en él, nos inserta en Cristo (nos une) para expresarse a sí mismo, para su propia gloria.

La expresión de todos los atributos es la expresión de su propia gloria, y por esto el Padre nos une a Cristo y nos hace su morada, por medio de su Espíritu Santo, para que ahora reflejemos su gloria: “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.” (Romanos 8:19); no es menor el privilegio que por gracia se nos dio, de manifestar en el presente, este misterio que estuvo escondido por siglos y es: Cristo en nosotros, la esperanza de gloria. (Colosenses 1:27)

Su iglesia, el pueblo santo de Dios, es la manera en que Dios manifestaría a toda la creación su amor, su inmensa bondad, todo el fruto del Espíritu Santo: “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5:22-23), por esto, cada uno de nosotros fuimos colocados en su cuerpo, es decir, su iglesia. Todos miembros del cuerpo, pero todos unidos por el mismo Espíritu, como la rama del árbol, que necesita del tallo y de la raíz para sobrevivir. Nuestro Señor Jesús ilustra esta realidad espiritual con los pámpanos y la vid verdadera (Juan 15:5)

Por esta razón, debemos permanecer en Cristo y andar en amor, unos con otros, para que sea manifiesto al mundo que somos sus discípulos, sus hijos y tomar los atributos de su expresión, que son Cristo mismo viviendo a través de nosotros, para glorificar su nombre en todo lo que hacemos. Este es el sentido y el propósito de ser llamados hijos de Dios.   Oración.

«Padre, te glorifico porque Cristo está en mi y ahora puedo tomar todo tu amor y expresarlo a todos mis semejantes, crucificando cada día mi carne para que sea tu luz la que alumbre, para gloria de tu santo nombre, por el poder de tu Espíritu en mí, amén.

viernes, 21 de marzo de 2025

Instrumento en sus manos

 


Instrumento en sus manos

“El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.”, Hechos 9:15-16

“Porque no osaría hablar sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de los gentiles, con la palabra y con las obras,”, Romanos 15:18

Un instrumento es algo que alguien toma para hacer o producir algo; si es una pala o azadón, el que lo empuña lo usa como quiere bien sea para quitar la hierba o algún otro oficio; si es un instrumento musical, el músico logra sacar melodías. Ambos pueden usar bien sus instrumentos para tal fin, o usarlos mal y no lograr el objetivo. ¿Cuál es el punto, con esta ilustración?

Primero, que Dios es el que nos usa como instrumentos, pero él es perfecto y el que perfecciona al instrumento que usa. Y segundo, que no somos nosotros los que hacemos la obra, sino Él, que nos usa y refleja su gloria, sus atributos, por medio de nosotros; entonces es para su gloria, ¡no es de nosotros la obra, es suya!

Nosotros creemos en el que obra: “Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Romanos 4:4-5). el Señor por su misericordia nos da el privilegio de ser sus instrumentos, y que además nos llena de su gracia para poder ser usados: “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.”, (1 Corintios 15:10).

No es de nosotros, “no yo, sino la gracia de Dios conmigo.” Así que entender, aceptar y creer esto, nos llevará a ser usados por el Señor, para que nuestro orgullo se quede lejos: “Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.”(Santiago 4:6).

Esto nos debe enseñar que hay una manera correcta de servir a Dios y una manera incorrecta. Que no es en nuestra fuerza que le servimos, no en nuestra carne, sino andando en su Espíritu, permitiendo que su favor nos lleve e impulse por medio de la fe a hacer su voluntad, no la voluntad de la carne.

Esto evitará rencillas y divisiones en el interior de la iglesia, pues no vamos a pensar que somos algo, o que tenemos derecho a algo por encima de otro hermano: “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.” (Romanos 9:16)   Oración.

«Padre, como dice el salmista, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria por tu misericordia y tu verdad, exaltamos tu nombre porque nos revelaste tu gloria y poder en Cristo Jesús, dándonos tu favor inmerecido y permitiéndonos ahora ser tus siervos, reflejando tus atributos por el Espíritu que colocaste en nosotros. Amén.

jueves, 20 de marzo de 2025

El camino a la exaltación

 


El camino a la exaltación

 “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”, Filipenses 2:5-8

Nuestro Señor Jesús, descendió a lo sumo; primero se despojó de su riqueza “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.” (2 Corintios 8:9). Se despojó de sus privilegios, pues siendo Dios y pudiendo ejercer su poder, se sometió en completa obediencia a su Padre: “Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.” (Juan 12:49).

Esto también lo podemos ver cuando fue traicionado y fueron a apresarlo; uno de sus discípulos trató de defenderlo con su espada y Jesús le dijo: “¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?” (Mateo 26:53). Entendemos, que si el Señor hubiera querido defenderse, en obediencia le pediría a su Padre, en oración, estas legiones de ángeles, pero no lo hizo para que se cumpliera la escritura, para hacer la voluntad de su Padre y tomar la posición de siervo. Todo esto demuestra que siendo Dios, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y la peor muerte de todas, la cruz.

Miremos hasta donde descendió Jesús, para luego ser exaltado hasta lo sumo. Pero, miremos hasta donde tenemos que descender nosotros, para hallar el camino de la exaltación para gloria de su nombre, no de nosotros.

La próxima vez que se nos ofenda o se nos humille, recordemos que se está humillando al viejo hombre, que debe seguir descendiendo hasta que la vida de Cristo resucitado se haga manifiesta en nosotros; así que no tenemos por qué contestar con ira, ni demos lugar a que el viejo hombre se defienda, pues éste está viciado y debe quedar en la cruz. Lo mejor es que manifestemos a Cristo, en la nueva naturaleza que hemos recibido, para que Él crezca y nosotros mermemos.

La vida de Cristo manifiesta en nosotros no permitirá que contestemos con ira, no se llenará de orgullo, ni de venganza, tampoco se sentirá frustrado o lleno de motivos; solo responderá con amor, mirará con compasión, resistirá con carácter y tendrá dominio propio, para no dejar que su humanidad pida a Dios algo que haga daño a quienes mejor debe salvar o dar ejemplo.

Esa nueva naturaleza en nosotros, esta nueva realidad de Cristo en nosotros, debe ser revelada por el Espíritu para que la entendamos, pero está en todos los que hemos recibido a Cristo, a disposición; no demoremos entonces en usar las riquezas de su gracia con las que hemos sido enriquecidos, tomando el camino a la exaltación que es el camino descendente: “Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.” (Mateo 23:12).   Oración.

«Padre, unido a Cristo ya no vivo yo, por tu Espíritu revélame profundamente esta nueva vida que tengo en Él, para que mi viejo hombre sea crucificado, pueda entonces reflejar en mí los atributos de Cristo, su amor, su paciencia, todo el fruto de tu Espíritu, para gloria de tu nombre, en el precioso nombre de Jesús, amén.

miércoles, 19 de marzo de 2025

El fuego ardiente

 


El fuego ardiente

 “Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí. Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día. Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude.”, Jeremías 20:7-9

“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.”, Hebreos 4:12

La palabra de Dios es tan fuerte que el profeta no puede acallarla, aunque esto signifique para él mismo ingratitud, rechazo o burla de parte del pueblo a quien dirige el mensaje enviado por Dios.

Me sedujiste, es la declaración que expresa que el resplandor de su gloria por medio de la revelación de su Palabra es mucho más grande y fuerte que su misma humanidad, que su propio yo. Es decir, que la relevación de la Palabra le hizo entender lo que él en su propia lógica no entendía y ahora tenía que comunicarlo al pueblo, para que este se arrepintiera.

Ahora a nosotros se nos ha predicado el evangelio, y debemos estar más atentos que nunca, a escuchar y atender; porque lo que se dice cambia el rumbo de nuestra vida, y nos transforma profundamente, pero ha de ser revelado a nosotros por su Espíritu, porque en nuestra carne no entendemos, “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.” (1 Corintios 2:14)”.

Este fue el designio de Dios, que por el mensaje del evangelio de la gracia de Dios en Cristo, fuésemos salvos creyendo en él y no con nuestro razonamiento natural: “Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación” (1 Corintios 1:21), y esta locura de la predicación es a la que debemos estar atentos; esta palabra que es capaz de entrar hasta lo más profundo de nuestro ser, dividir lo espiritual de lo que está en nuestros pensamientos, emociones y voluntad; es capaz incluso de revelar la verdadera intención de nuestro corazón, y nos arde por dentro para hacer en nosotros aquello para lo cual fue enviada por Dios. No podemos callarla, pues su palabra es antorcha que alumbra en medio de la noche más oscura. (2 Pedro 1:19)

El Señor nos confronta cada día con las sagradas escrituras, porque quiere quebrantar nuestro duro corazón: “ ¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra?“ (Jeremías 23:29), así que estemos atentos, escuchemos verdaderamente, dejémonos seducir por su voz y que en nuestro corazón fluya el fuego ardiente de su palabra de verdad por su Espíritu Santo.  Oración.

«Padre, quiero estar atento a tu Palabra, porque es espíritu y es vida, porque por medio de Jesús me diste tu Espíritu para revelarme tus principios de vida, tu plan maravilloso en Cristo, que no podía entender ni comunicar en mi propia carne, sino andando diariamente en tu Espíritu, para reflejar la vida de Cristo en mí. Amén

martes, 18 de marzo de 2025

Una búsqueda de la verdad

 


Una búsqueda de la verdad

 “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”, Juan 14:6

“Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, Juan 8:31-32

En una búsqueda de la verdad, científicamente, se deduce que la verdad debe ser consistente, coherente y razonable. También que se debe poder experimentar y comprobar; sin embargo, la verdad no es una filosofía, no es una ideología, la verdad no es relativa, aunque se prueba en marcos contextuales; sino que la verdad es una persona viva, él es la verdad en sí mismo, es Jesucristo.

Tuve un encuentro personal con Jesús que me cambió la vida, me dio propósito, sentido a mi vida y paz. Se me mostró por su misericordia, que todo lo que yo creí no tenía correspondencia con la realidad, aunque parecía deslumbrante. Por ejemplo, entendí que el mundo no giraba en torno a mis deseos personales, que yo no era realmente libre de decidir mi propia vida, porque estaba esclavo de mis deseos pecaminosos, de un mal interior que me llevaba a hacer el mal que no quería hacer. El pecado me tenía esclavo, y en mi propia fuerza, conciencia o concentración mental no podía ser libre.

Puesto que mi vida era ilusoria, encontré en su Palabra toda la evidencia de un diseñador amoroso y libertador:

“Mi embrión vieron tus ojos,

Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas

Que fueron luego formadas,

Sin faltar una de ellas.” Salmos 139:16 (Salmos- 700 años aprox. AC)

¿Cuál es ese libro en el que estaban escritas todas las cosas que luego de mi fueron formadas?

Respuesta: El libro de la vida. Este libro, no solo contiene los nombres de los salvos, sino también la información genética, su creación, su desarrollo, su genética espiritual, todas sus obras, teniendo en cuenta que Dios es el creador y sustentador de la vida. (Apocalipsis 20:12)

En cuanto al ADN, la definición formal de la ciencia es que es el ácido desoxirribonucleico, el cual es un ácido nucleico que contiene las instrucciones genéticas fundamentales para el desarrollo, funcionamiento y reproducción de todos los seres vivos. No es coincidencia que esta definición moderna, sea muy parecida a la definición que tiene más de 2700 años de escrita en la Biblia.

Datos organizados y programados por el Diseñador, Arquitecto y Programador de nuestra alma, pero que no nos hizo robots, sino que nos dio capacidad de decidir, de buscar la verdad, de ver en su creación su magnificencia, su poder y evidencias tangibles de su sabiduría.

Donde hay datos e información ordenada, esto ilustra la improbabilidad de que la vida (o estructuras complejas como proteínas o ADN) se formen puramente por azar, porque tienen mecanismos informáticos sofisticados que solo pueden venir de una mente fuera del tiempo, de aquel que es el camino, la verdad y la vida: “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.” (Colosenses 1:16). ¡Jesucristo!    Oración.

«Padre, mi búsqueda de la verdad me llevó a un camino infructuoso y sin esperanza, pero me encontraste, bajaste del cielo a la tierra, enviando a tu Hijo, en semejanza de carne, pero sin pecado, y condenaste mi pecado en su carne, para que ahora por medio de la fe yo fuese liberado. ¡Vivo ahora para tu gloria! En el nombre de Jesús. Amén.

lunes, 17 de marzo de 2025

El fruto del Espíritu es impulsado por la gracia

 


El fruto del Espíritu es impulsado por la gracia

“El cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, más el espíritu vivifica” 2 Corintios 3:6

“Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios. Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte. “Romanos 7:4-5

La ley demanda, pero la gracia provee. Es decir, la gracia nos otorga lo que la santa ley demanda.

Una explicación contundente la podemos hallar en el pasaje de hoy en Romanos 7:4-5, que nos explica que solo cuando estamos en la gracia (unidos a Jesús en su muerte y su resurrección) damos fruto para Dios, pero cuando estamos bajo la ley, la ley despertará en nosotros pasiones pecaminosas para que demos fruto para muerte, no porque la ley sea mala, sino por causa del pecado que habita en nosotros: “Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto.” (Romanos 7:8).

La naturaleza pecaminosa se aprovecha de la ley y produce en nosotros lo contrario, “ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley.”, (1 Corintios 15:56)

El estar tratando infructuosamente de cumplir la ley en nuestra fuerza nos lleva a la frustración, por que sucede todo lo contrario en nosotros; pero si somos liberados de la ley ahora servimos al régimen del Espíritu, como nos explica Romanos 7:6 de manera contundente: “Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra”

Pero este mensaje está en la Palabra de Dios para nosotros: la clave o llave para que el pecado no nos domine, no nos haga esclavos, es la gracia. (Romanos 6:14) y luego también se refuerza esta idea de la siguiente manera: “Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados;”(Romanos 6:17). En este contexto, ¿de cuál doctrina habla Pablo? La doctrina de la gracia de Dios.

Entonces ¿Qué fruto llevamos para con Dios, habiendo muerto a la ley? el fruto del Espíritu Santo, “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.”, Gálatas 5:22-23.

Nuestro ayudador, El Espíritu Santo, nos lleva día a día a no estar bajo la ley para que podamos dar fruto, entonces este fruto es activado en nuestra vida diaria cuando andamos por el Espíritu: “Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.”, (Gálatas 5:18)

Concluimos que estar bajo la gracia de Dios y no bajo la ley, activa el fruto del Espíritu Santo en nosotros. (Romanos 7:4-5) y esto es un andar diario en el Espíritu ( Gálatas 5:18) pues no se trata del triunfo de ayer, ni el de mañana, sino tomar hoy de la provisión que necesitamos para reinar sobre el pecado recibiendo su abundante gracia y el don de justicia de Cristo Jesús .(Romanos 5:17)     Oración.

«Padre te alabo, porque por la gracia de Cristo he recibido tu Espíritu Santo para vivir andando en obediencia a tus principios cumpliendo la ley de Cristo que es el amor. Gracias por esta libertad que ahora tengo de vivir en el régimen del Espíritu para llevar mucho fruto y sea Cristo en mí reflejado plenamente para gloria de tu nombre, amén.

domingo, 16 de marzo de 2025

¿Qué significa que tenemos la mente de Cristo?

 


¿Qué significa que tenemos la mente de Cristo?

“Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo”, 1 Corintios 2:16

“Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden;”, Romanos 8:7

“Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.”, 1 Corintios 15:45

Cuando Adán pecó, su espíritu perdió la conexión con Dios, inmediatamente su cuerpo recibió la muerte y sobre su alma vino la oscuridad. Esto pasó a todos los hombres, como nos dice Romanos 5:12 “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.”. En lo físico, o en el cuerpo, el hombre fue condenado a volver al polvo del cual fue tomado, polvo eres y al polvo volverás (Génesis 3:19b).

El hombre murió espiritualmente, y la muerte espiritual se refiere a la separación del hombre de Dios y la pérdida de la comunión con él.( Génesis 3:22 al 24). El alma entró en la oscuridad, sus pensamientos confundidos, sus emociones incontrolables y su voluntad esclavizada, ocurrió lo que dice: “Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la circuncisión de vuestra carne” (Colosenses 2:13a)

Pero Cristo lo cambió todo, pues el Padre hizo lo siguiente: “os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados,” (Colosenses 2:13b).

Cuando recibimos a Jesús en nuestro corazón, nuestro espíritu es pasado de muerte espiritual a vida eterna en Cristo Jesús: “Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, más el espíritu vive a causa de la justicia” (Romanos 8:10), aunque nuestro cuerpo heredó la muerte y se va desgastando a causa del pecado, nuestro espíritu es vivificado por su Espíritu, volvemos a tener conexión directa con Dios en Cristo, somos puestos en él, en su Hijo Santo y amado para tener comunión; es restaurado lo que se perdió en el huerto del Edén.

Esto quiere decir que, hasta que nuestro cuerpo sea transformado en cuerpo de gloria, como lo es el cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, conviviremos con una antigua naturaleza carnal que no es capaz de comprender ni someterse a las cosas espirituales, pero la buena noticia es que nos ha sido dado, por gracia mediante la fe en Jesús, una nueva naturaleza, esto es Cristo en nosotros (Filipenses 3:21, 1 Corintios 15:53)

Y tenemos ahora la mente de Cristo, esto quiere decir que solo viviendo en el Espíritu, no en la carne, podemos entender las cosas espirituales por revelación “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1 Corintios 2:10).

Por esto la Palabra nos insiste a andar en el Espíritu. Significa que en cada paso que damos, cada cosa que decimos, cada intensión de nuestro corazón, podemos decidir que sea guiada por el Espíritu ya no por la carne. Es una crucifixión diaria de nuestra carne. Pero antes de Cristo, no había elección, éramos esclavos por naturaleza pero ahora estamos llamados y con la capacidad espiritual de obedecer esta enseñanza, en lugar de seguir viviendo como esclavos del pecado. (Romanos 6:17). ¡Maravillosa noticia!     Oración.

«Padre amado, tú enviaste a Cristo no para mejorarme o hacerme una buena persona, sino para que muriera en Cristo Jesús, porque mi viejo hombre está viciado, mientras que Cristo es perfecto y lleno de amor. Guíame por tu Espíritu a vivir esta nueva vida, para gloria de tu nombre, en Cristo Jesús, Amén.