sábado, 12 de septiembre de 2026

La fe que encuentra un camino hacia Jesús

 La fe que encuentra un camino hacia Jesús

“Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados”. Marcos 2:3-5

“Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados”. Santiago 5:19-20

Este pasaje es un ejemplo de una fe que persevera, una fe que siempre encuentra un camino hacia Jesús. Vemos aquí, que la casa estaba completamente llena, había muchas personas escuchando la voz de Jesús, no había espacio para ningún otro. Todo parecía indicar que tendrían que venir otro día porque no había por donde entrar.

Pero los cuatro hombres fueron determinados. Decidieron que ningún obstáculo impediría llevar a cabo su objetivo. Ellos vieron en su amigo paralítico una gran necesidad, y pensaron que sólo Jesús lo podía salvar y sanar. Nada les impidió pensar que debían hacer algo para llevarlo a sus pies, eso es fe.

Aprendamos algo importante, cuando una familia, una iglesia, un grupo de personas se ponen de acuerdo en algo y comprenden que Jesús tiene la respuesta, dejan de buscar excusas y comienzan a encontrar el camino para vencer los obstáculos. Si no se puede por la puerta, entonces será por otro lado, pero no nos vamos a rendir.

Estos cuatro hombres rompieron el techo, porque entendieron que nada era más importante que llevar a su amigo a Jesús. No se echaron para atrás. Y hoy el Señor nos dice que en la iglesia de Cristo no somos de los que retrocedemos, sino de los que avanzamos. Porque la iglesia sigue su marcha, pase lo que pase. Mateo 16:18-19

La verdadera fe no se detiene frente a los obstáculos. Es una fe auténtica, que no niega los problemas, que no puede detener el propósito para el obrar de Cristo en la vida de cualquiera que lo necesite. No hay nada en este mundo, nada tan oscuro, o situación tan difícil, que Cristo no pueda resolver.

¿Cuántas veces abandonamos demasiado pronto una oración, un sueño, un ministerio porque encontramos oposición y bajamos la guardia?. Pero la perseverancia es la evidencia de una fe madura. El verdadero milagro es cuando dejamos de mirar los obstáculos y miramos a Jesús. Estos hombres lo lograron, quitaron el techo y bajaron a su amigo hasta Él.

Jesús trató primero el problema más profundo. Sanó su alma, por eso le dice: “hijo, tus pecados son perdonados”. El Señor perdonó su maldad, su pasado. El necesitaba un milagro, pero el perdón que está en Cristo Jesús, que nos limpia con el poder de su sangre, es el primer milagro que debe suceder en el ser humano, para luego recibir lo demás por añadidura.

Este milagro glorificó y transformó su vida, su alma fue salva y después fue sanado de su parálisis. Entró cargado por otros, ahora salió caminando. Tan pronto el Señor dio la orden, sucedió el milagro. Aquellos, antes veían a un hombre derrotado, esclavizado, ahora contemplaban la obra poderosa de un milagro de salvación y sanidad.

Quizás hoy necesitamos romper el techo físico de nuestra vida, romper y destruir todos los límites de la incredulidad ante cualquier situación que estamos viviendo. Romper quizás el temor, la comodidad, o tal vez nos hemos amoldado a una situación en la que pensamos que ya no hay respuesta. Pero si nos acercamos a Jesús, dejamos la indiferencia, es nuestro deber ver las necesidades de nuestra familia, amigos, compañeros, vecinos y orar por ellos para llevarlos a Jesús.

La pregunta sería: ¿qué estamos dispuestos a hacer para llevar a otras personas a Cristo? ¿Tenemos una carga espiritual en nuestro corazón por los perdidos, para que escuchen la Palabra, y sean salvos? Amados, hay muchos paralíticos esperando por sus amigos, que les cuenten quién puede salvarlos, sanarlos o liberarlos.    Oración.

Gracias mi Salvador por mirarme con misericordia, por perdonarme y limpiarme de mis pecados, por traer sanidad a mi espíritu, alma y cuerpo. Te ruego Señor, que coloques en mí el amor y la compasión que hay en tu corazón por aquellos que me rodean, porque me amaste de tal manera que descendiste del cielo para darme vida en la cruz del calvario, y eso anhelo para otros. Dame una fe que persevera, que supere todos los obstáculos. Señor quiero una compasión sobrenatural para llevar a otros a Cristo y acercarlos a ti, entendiendo que la necesidad más urgente no es la física sino la espiritual, amén.    



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