La fe, los sentidos y el amor se usan en la Comunión
“Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.” Deuteronomio 6:4-9
Dios nos invita, al igual que lo hizo con el pueblo de Israel, a que lo escuchemos, lo conozcamos y lo amemos profundamente. Pero antes, nos recuerda lo dicho en Deuteronomio 6:1-3: que debemos temer (reverenciar) a Dios y poner por obra sus mandamientos, lo cual implica, desde el inicio, un ejercicio de fe.
En la instrucción dada por Dios en Deuteronomio 6:1-9 se nos muestra que debemos activar nuestra fe y disponer todos nuestros sentidos para conocerlo. Nos pide primero oír para reconocer que Él es el único Dios, y luego nos requiere amarle con todo el corazón, el alma y las fuerzas. Esto nos indica que todo nuestro espíritu, alma y cuerpo deben involucrarse en esta relación; pues Dios es una persona real y cercana y no tan solo una idea, un concepto o una fuerza.
Además, Dios destaca la relevancia de su Palabra. Él ordena que esta sea guardada en el corazón, repetida, hablada y escrita. Esto tiene una razón poderosa: la Palabra de Dios es la parte espiritual que transforma nuestra existencia. Como dice Juan 6:63: “El espíritu es el que da vida… las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida”. Y para que estas palabras surtan efecto, deben ser recibidas con fe.
La insistencia de Dios en que su Palabra esté presente en la casa, en el camino, al acostarse y al levantarse y que incluso esté atada a nuestras manos y escritas en nuestras puertas es porque la Palabra es la fuente de nuestra fe. “La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). Aceptemos el llamado de Dios a conocerlo de manera personal, usando no solo nuestros sentidos físicos, sino la fe que obra por el amor, recordando que “es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6b). Oración.
Padre Dios, hoy quiero poner todo mi ser a tu disposición para conocerte profundamente. Ayúdame a amarte con toda mi mente, con mi alma y con todas mis fuerzas. Que mi vida sea un reflejo de tu amor. Amén.
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