domingo, 4 de mayo de 2025

La inmutabilidad de nuestro Dios

 


La inmutabilidad de nuestro Dios

 “Él es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; Es justo y recto”. Deuteronomio 32:4

Moisés hace una declaración maravillosa de Dios diciendo que es la Roca de Israel. Esto habla de estabilidad, permanencia e inmutabilidad del Dios de amor y compasión, que es fiel y misericordioso con su pueblo a pesar de sus infidelidades.

Esta es la naturaleza del Dios en el que creemos, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación, porque es el mismo ayer, hoy y por los siglos, (Santiago 1:17; Hebreos 13:8) en el cual, así como el pueblo de Israel, encontraremos el refugio para vivir nuestra vida dentro de este mundo cambiante que no nos brinda ninguna seguridad.

Además, dice que sus obras son perfectas y sus designios justos. Dios es fiel y verdadero y en Él no hay maldad. Es justo y recto en su manera de tratarnos en contraste con nosotros que no somos como Él, somos variables, inconstantes y nos dejamos llevar por las circunstancias, por nuestras emociones y pensamientos.

Pero la buena noticia es que Él no se rinde con nosotros, su Palabra dice en Filipenses 1:6 “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”. La obra de Dios es perfecta, aunque a veces nuestro actuar no sea justo y recto, cuando interrumpimos nuestra comunión con Dios y lo abandonamos por causa de nuestro pecado. Su Santo Espíritu nos redarguye para llevarnos al arrepentimiento y para que regresemos a Él.

Su obra de redención y salvación es perfecta, en ella desplegó completa su perfección divina en todas sus partes. Todos los tratos de Dios con nosotros están regulados por su sabiduría que no puede errar y por su perfecta justicia.

Hoy anhela que volvamos a Él y nos invita a considerar su obra a nuestro favor en la cruz del calvario y recordar que nos libró de las tinieblas y nos trasladó a su reino de luz y gloria, para que ahora caminemos en justicia y rectitud llevando su luz admirable a este mundo (1 Pedro 2:9).

Todo ese poder, fidelidad y amor divino fueron revelados en Cristo y el evangelio, y forman el fundamento que no puede ser removido sobre el cual podemos edificar nuestra vida espiritual. Él es la Roca de nuestra salvación y hoy debemos alabarlo, como dice en Salmos 95:1-3 “Venid, aclamemos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos. Porque Jehová es Dios grande, y Rey grande sobre todos los dioses”.

Recordemos que como la naturaleza de Dios no cambia, encontraremos en Él el refugio para vivir confiados en este mundo variable e inseguro. Por cuanto no cambia su carácter sus obras son perfectas y sus designios son justos.  Oración.

«Señor tú eres mi Roca de salvación, me has dado estabilidad y firmeza en medio de este mundo inseguro y caótico, me has mostrado tu eterno amor, tu naturaleza eterna e inmutable; eres el Dios de pactos que cumples tu Palabra y que no se rinde conmigo a pesar de mi imperfección, porque sigues perfeccionando tu obra en mí. Ayúdame a caminar en justicia y rectitud hasta tu regreso, en el nombre de Jesús, Amén.

sábado, 3 de mayo de 2025

Dios de nuevas oportunidades

 


Dios de nuevas oportunidades

“Pedro estaba sentado fuera en el patio; y se le acercó una criada, diciendo: Tú también estabas con Jesús el galileo. Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices. Saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que estaban allí: También éste estaba con Jesús el nazareno. Pero él negó otra vez con juramento: No conozco al hombre. Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aún tu manera de hablar te descubre. Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre. Y en seguida cantó el gallo. Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente. Mateo 26:69-75

El Señor habla a nuestra conciencia, nos instruye, nos redarguye y nos edifica a través de su Palabra, esta porción bíblica debe mostrarnos a nosotros cuánto nos parecemos a Pedro, que en momentos de mucha presión y temor llegó a negar al Señor después de haber estado con Jesús durante tres años. Vemos que cada negación es más enfática que la anterior: “no se lo que dices”, “no conozco al hombre”, “entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: no conozco al hombre”.

No sé cuánto llevamos de vida cristiana, pero puede llegar el momento en que nosotros también le neguemos. Nadie creería que Pedro ocupó un lugar de privilegio en el ministerio de la iglesia primitiva, después de haberlo negado. El Señor le dio una nueva oportunidad. Los seres humanos fácilmente descalificamos al que falla, le caemos encima y a veces hasta lo desechamos. Sin embargo, Dios en su amor suele darnos nuevos comienzos y su misericordia se renueva sobre nosotros.

La vida de Pedro nos enseña que los éxitos se construyen con las ruinas de los fracasos. Todos vamos en algún momento a caer, a parar, o a frenar, por situaciones que afrontamos, pero lo importante es que, de esas ruinas de derrota nos levantemos y sigamos. Pedro pudo haber desaparecido de los relatos bíblicos después de haber negado al Señor. La decisión de negar al Maestro no una, sino tres veces, fue vergonzosa, fue repudiable después de todo lo que había vivido con Jesús, había conocido su grandeza, todo esto era muy triste y lamentable, y seguramente fracturó su corazón, porque cuando le fallamos a Dios, eso duele en el interior de nuestra alma. Pedro incumplió la promesa de ser fiel hasta el final.

A pesar de eso, la vida de Pedro no terminó en ese episodio; porque lloró y lloró y se arrepintió; Dios restauró a Pedro y lo usó. Muchas veces hay que llorar amargamente, pero hay que levantarnos porque Dios tiene un propósito ya establecido para nosotros.

Pedro después de equivocarse, se entregó enteramente al Señor, aprendió a darle vuelta a la página y seguir adelante. Por eso, debemos entrar a la presencia del Señor para soltar lo amargo de nuestro interior, sacar lo que nos hace daño y no aparentar lo que no somos, el Señor nos perdona y nos acerca nuevamente a Él y nos da paz.

Qué enseñanza nos da este pasaje: 1- asumamos nuestra responsabilidad, no le echemos la culpa a otros, este es uno de los impedimentos más comunes que nos separan de progresar espiritualmente. 2- arrepintámonos de nuestras malas obras. Hagamos todo lo posible para restaurar nuestra relación con Dios y dejar de contristar al Espíritu Santo. Toda nuestra suciedad debe ser consumida con el fuego, gracia y poder de la sangre preciosa de Jesús. El Señor quiere rendición, sumisión, y reconocimiento.  Oración.

«Señor Jesús gracias por que puedo ir a mi lugar secreto y llorar amargamente, para decirte que te he fallado, que necesito tu perdón y restauración. Aquí estoy, lávame y límpiame con tu sangre salvadora. Traigo mi vida para hacerla tuya por toda la eternidad. Quiero una conciencia limpia y que nunca más mis acciones, palabras o pensamientos te nieguen mi Señor. En el nombre de Jesús, amén.

viernes, 2 de mayo de 2025

¿Es Jesús nuestra máxima prioridad?

 


¿Es Jesús nuestra máxima prioridad?

“Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?” Lucas 9:23-25

“Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo”. Lucas 14:27

El cargar con la cruz quiere decir estar preparado a afrontar lo que se venga por lealtad a Jesús; es estar dispuesto a sufrir lo peor que nos puedan hacer a causa de nuestra fidelidad a Él. La escala de valores de este mundo nos ha enseñado ¿cuánto puedo sacar de provecho en este mundo? y no, ¿Cuánto puedo dar? o ¿Qué es lo más seguro? y no, ¿Qué es lo más justo? El Señor Jesús claramente nos dice: “porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá”. Tenemos que dar cuenta de nuestra vida aquí en la tierra, por eso, debemos gastar la vida, no guardarla para nosotros, sino ponerla al servicio de los demás, debemos consumirnos para Cristo, como Él dice: “y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará”.

El cristiano que sigue a su Señor imita su vida y obedece sus mandamientos, se identifica por completo con el mensaje de Cristo, incluso si significa la muerte. Tomar la cruz es llevarla hasta el lugar donde incluso habrá sufrimiento, renuncia a nuestra cómoda vida, quizás a enfrentar momentos difíciles y hasta la muerte misma, como ha sucedido con muchos hermanos en la fe en algunos lugares. Negarnos a nuestros deseos egoístas, usando nuestro tiempo, dinero, recursos y todo lo que esté a nuestro alcance para seguir el camino de Cristo, entendiendo que, aunque sea costoso hacerlo, vale la pena el dolor y el esfuerzo por la salvación de las almas.

Mucha gente está dispuesta a pagar un alto precio y a sacrificarse por algo que valora, que es terrenal y perecedero; pero nos sorprende que Jesús demande a quienes quieren seguirlo, que estén dispuestos a negarse a sí mismos, a llevar la cruz e inclusive dar su vida por su causa.

La verdad es que si esta vida es lo más importante para nosotros haremos lo que sea para protegerla y no haremos nada que ponga en peligro nuestra seguridad o comodidad. En cambio, si para nosotros lo más importante es seguir a Cristo, quizás nos hallaremos en lugares inseguros, insanos y aún incómodos. Dice el señor: “¿Qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?” Ninguna cosa material compensa la pérdida de la vida eterna. Debemos entender como discípulos de Cristo que vivimos para Él y debemos gastar nuestra vida sirviéndole y por ende a los demás, aunque esto implique obediencia, sacrificio y renuncia.

Un discípulo de Cristo debe hacer morir el egocentrismo y estar preparado para resistir el sufrimiento y más aún por causa de Él. ¿Es Jesús nuestra máxima prioridad?  Oración.

 “Amado Jesús hoy quiero consagrarte mi vida, y estoy dispuesto a afrontar lo que se venga por permanecer fiel a ti, hoy me demandas una entrega total. Esto implica negarme a mis placeres y deseos y alinearme con tu santa voluntad. Quiero seguirte, aunque esto traiga sufrimiento y aun la muerte, porque tú diste tu vida por mí en una cruz para darme salvación. Rindo mi vida para consumirla en el cumplimiento del propósito para el cual me has llamado, en el nombre de Jesús, amén.

jueves, 1 de mayo de 2025

Caminando en humildad

 


Caminando en humildad

“Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.” Santiago 4:6

“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;” Mateo 11:29

Caminar en humildad es una actitud que nos permite ver y experimentar la multiforme gracia de Dios en nuestra vida, porque Dios resiste al soberbio, pero da gracia al humilde. Sin embargo, encontramos que la humildad no se halla dentro de las obras que salen del corazón del hombre, contrario a la soberbia que sí se encuentra dentro de este listado, en Marcos 7:21-22 el Señor Jesús dice “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez.” Entonces, ¿cómo hacer para caminar en humildad?

Pues bien, la humildad, por su parte, es una virtud que encontramos en el fruto del Espíritu Santo, en Gálatas 5:23 traducida como “mansedumbre”; de modo que, caminar en humildad solo nos es posible cuando cada día tomamos la decisión que se nos insta en Gálatas 5:16-17 que dice “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.”

Andar en el Espíritu es directamente proporcional a caminar en humildad, pues si nosotros cada día decidimos y perseveramos en rendirnos ante Dios, depender de Él y estar en su presencia, entonces, su Santo Espíritu nos llenará y las virtudes de su fruto en nuestra cotidianidad se reflejarán. Hermanos, aceptemos el llamado que sin cesar, nuestro Señor nos hace, vayamos a Él y permanezcamos en Él para aprender de su mansedumbre y humildad, y descubramos cómo su gracia en todos los aspectos de nuestra vida nos exaltará y hará descansar.   Oración.

«Padre, gracias por todo el favor que en cada actividad de mi día me das y me permites experimentar; gracias por enseñarme que caminar en humildad, reconociendo mi necesidad de ti y sujetándome a tu voz, por la guía y poder de tu Espíritu, es la manera para de tu gracia, recibir; todo el honor y la gloria para ti por lo que haces en mí y a través de mí, pues sé que es solo por Jesucristo, amén.

miércoles, 30 de abril de 2025

Dios resiste a los soberbios

 


Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes

“Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.” Santiago 4:6

Una persona soberbia es aquella que por su rebeldía es orgullosa, rehusando depender de Dios y sujetarse a Él, contrario a esto, una persona humilde es aquella que se sujeta a Dios y a las autoridades que han sido designadas por Él.

En las sagradas Escrituras encontramos de manera explícita que, Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes, pero también son muchos los ejemplos que encontramos con relación a este principio, el más impactante y excelente de todos es el de nuestro Señor Jesucristo, de hecho, Él mismo en Mateo 11:29 se declaró manso y humilde de corazón y, en Filipenses 2:8 encontramos que dice “y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”

La humildad como mencionamos al inicio, requiere depender de Dios y sujetarse a Él, así mismo es, esperar en Él y de Él; Jesús, en su caso, fue humilde sujetándose a Dios hasta el punto de ir a morir en la cruz, y esto fue algo que Él en su humanidad no quería soportar, sin embargo, su oración a Dios fue: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mateo 26:39). Su humildad, como vemos, le llevó a depender absolutamente de Dios, confiando en que la voluntad de su Padre era mucho mejor que su propia voluntad. En efecto, Filipenses 2:9 continúa diciendo “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre,”

Hermanos, sujetarnos a Dios haciendo como Él quiere y manda, es lo que nos permitirá conocer y recibir toda esa gracia que proviene de Dios, la cual, por supuesto, es más excelente y supera cualquier logro o recompensa que en nuestra soberbia nosotros pudiésemos llegar a obtener.   Oración

«Señor, gracias por tu Palabra que cambia mi manera de pensar; hoy te pido que cada día me hagas más conforme a tu voluntad, pues he aprendido que sujetarme a ti siendo manso y humilde de corazón traerá mucha mayor gracia y recompensa, que hacer como yo quiero, amén.

martes, 29 de abril de 2025

La gracia de Dios en la cotidianidad

 


La gracia de Dios en la cotidianidad

“Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra;” 2 Corintios 9:8

Como creyentes, la gracia de Dios nos cubre en todos los aspectos de nuestra vida, hemos sido salvos por gracia, somos perdonados por gracia, se nos conceden dones por gracia, y somos aptos para toda buena obra también por gracia. La gracia de Dios, como sabemos, es ese regalo, favor o bondad de Dios que recibimos de manera inmerecida gracias a la obra de nuestro Señor Jesucristo. Pero es una gracia que como lo expresa Tito 2:11-12, estamos llamados a reflejar en nuestra cotidianidad, “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente,”

Entonces, contrario a nuestra propia sabiduría y a lo que la sabiduría del mundo enseña, nuestro deber es que demos a otros por gracia lo que hemos recibido de gracia. La Palabra de Dios, por ejemplo, en Efesios 4:32 dice “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.” Muchas veces nosotros no perdonamos a nuestro prójimo porque no nos ha pedido perdón, porque no ha cambiado su conducta y porque según nosotros, no se lo merece, pero es esa justamente la manera de pensar que debemos renovar, cambiando nuestros pensamientos por los pensamientos de Dios, para que apropiándonos de su verdad, primeramente experimentemos de manera real ese perdón que se nos ha concedido por la gracia de Cristo y así de la misma manera perdonemos a los demás como Dios a nosotros en Cristo.

De manera que, queridos hermanos, es este un llamado para que, como dice 2 Pedro 3:18, crezcamos en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, pues solamente su verdad, siendo revelada y hecha realidad en nosotros por el Espíritu Santo, nos transformará y fortalecerá para que así como Dios ha hecho con nosotros, nosotros en nuestra cotidianidad también hagamos con los demás, pues el propósito de Dios al hacer que abunde en nosotros toda gracia, es que así mismo nosotros demos a los demás por gracia.   Oración.

«Padre, gracias por todo el favor inmerecido del que me has llenado por medio de Cristo; en este día te pido que cada vez me hagas más entendido acerca de todo el favor que por Cristo he recibido, para que conociendo lo que me has dado de gracia, pueda yo también darlo a los demás por gracia, amén.

lunes, 28 de abril de 2025

La bendición de la congregación

 


La bendición de la congregación

“¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es Habitar los hermanos juntos en armonía! Es como el buen óleo sobre la cabeza, El cual desciende sobre la barba, La barba de Aarón, Y baja hasta el borde de sus vestiduras; Como el rocío de Hermón, Que desciende sobre los montes de Sion; Porque allí envía Jehová bendición, Y vida eterna.” Salmos 133:1-3

Es sorprendente y debe ser conmovedor para nosotros el poder ver y entender que el Señor ha hecho de cada creyente un miembro de su cuerpo y todos juntos somos el cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:12-13, 27); y como miembros de un mismo cuerpo nos necesitamos unos a otros, pues “Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros.” (1 Corintios 12:21).

Somos tan importantes y necesarios todos y cada uno de nosotros, porque somos únicos y especiales, el Señor a cada uno en particular nos ha dado un don para que como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios lo pongamos en servicio de los demás, y así ayudándonos mutuamente según la actividad propia de cada miembro, recibamos nuestro crecimiento para ir edificándonos en amor (1 Pedro 4:10, Efesios 4:15-16).

Hermanos, la meta, como dice Efesios 4:13, es que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a hombres y mujeres perfectos, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, y es una meta que nos lleva toda la vida, pero también es una meta que obtenemos habitando juntos en armonía. Así que, como dice Hebreos 10:24-25, no seamos como aquellos que tienen por costumbre dejar de congregarse, sino todo lo contrario, animémonos unos a otros a reunirnos juntos, estando también pendientes los unos de los otros para exhortarnos al amor y a las buenas obras, pues allí como dice el Salmo, enviará el Señor su bendición.  Oración.

«Padre, gracias por la bendición de cada uno de mis hermanos, son la familia espiritual que tú me has dado y a través de quienes tu gracia veo obrando; gracias por la congregación que continuamente nos has concedido tener y te pido por aquellos que no he visto volver para que nos concedas la gracia de volverlos a ver y por la unidad de tu Espíritu en Cristo Jesús, crecer, amén.