jueves, 18 de abril de 2024

Glorifiquemos a Dios con nuestra vida

 

Glorifiquemos a Dios con nuestra vida


Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. 1 Corintios 6:20

“Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas”. Apocalipsis 4:11

Debemos dar gloria a Dios en cada momento y con cada aspecto de nuestra vida, fuimos creados para darle gloria y honra, y fuimos comprados por el precio de la sangre preciosa de Cristo para glorificarlo con nuestro cuerpo y nuestro espíritu los cuales le pertenecen a Dios. A veces pensamos que solo debemos glorificar a Dios cuando nos congregamos, o cantamos en nuestra iglesia, pero la verdad es que somos templo del Espíritu Santo y estamos llamados a darle gloria a Dios con nuestra vida, nuestra manera de pensar, de hablar y de comportarnos.

Fuimos creados para su gloria así lo dice Isaías 43:7 “todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice”. Nuestro valor y motivos para enorgullecernos no está en nuestras posesiones, o títulos, o en nuestro círculo de amigos o en nuestros logros, son en la gracia infinita de Dios, pues todas las bendiciones provienen de Dios y es por su amor y cuidado que Él se glorifica en nuestras vidas. Sin Cristo no somos nadie. Todo lo que somos y tenemos es por la grandeza, poder y habilidad de nuestro Dios, por eso, las oportunidades que se nos presentan son para darle la gloria a Dios.

Preguntémonos ¿cómo podemos glorificar a Dios hoy? Meditando en su Palabra, reflexionando en su poder, tomando decisiones sabias que nos acerquen a Él, alabando a Jesús y agradeciéndole por su fidelidad. Si hay algo que nos impida acercarnos a Dios, seamos sinceros con Él y pidámosle que nos muestre qué debemos dejar o cambiar.

Recordemos lo que Pablo le decía a los Corintios para que llevaran una vida limpia y santa que glorificara a Dios: “Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, más yo no me dejaré dominar de ninguna”, 1 Corintios 6:12. El Señor nos ha dado la capacidad por medio del Espíritu Santo para discernir lo justo y correcto para nuestra vida, escuchemos su voz que nos guía cada día para hacerlo.

Pensemos en lo grande y poderoso que es Dios con nosotros y mientras lo hacemos reflexionemos sobre lo que vamos a hacer o los pasos que vamos a seguir para glorificarlo hoy. “Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz. Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas, ni toma cohecho”, Deuteronomio 10:16-17

Es tiempo de cambiar para que toda nuestra vida sea un acto de adoración a Él, y recuerda que no estamos solos porque tenemos al Espíritu Santo en nosotros “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.”

“Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”  Oración.

«Amado Dios, tú eres santo y digno de toda alabanza y adoración. Me creaste para alabarte, muéstrame cómo adorarte con todo mi ser; quiero hacerlo con cada pensamiento, palabra, intención y acción, quiero ser un sacrificio vivo y santo agradable a ti, por eso, deja que toda mi vida te honre y te traiga gloria. En el nombre de Jesús, amén.

miércoles, 17 de abril de 2024

Visión espiritual

 


Visión espiritual

“Él le dijo: No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos. Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo”. 2 Reyes 6:16-17

“librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados”. Hechos 26:17-18

La lección que Eliseo le enseñó a su siervo Giezi fue que para creer lo imposible, primero debería ver lo invisible. La oración es la clave para discernir las estratagemas del adversario y también la clave para superar nuestros miedos. Muchas cosas pueden estar impidiendo que tengamos una clara visión espiritual, el miedo, la desesperación, el orgullo, la obstinación, la incredulidad pueden traernos ceguera espiritual. Eliseo oró: “Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea”; para que Giezi pudiera ver con los ojos de la fe la guardia invisible de ángeles que los estaba rodeando y defendiendo. Los ojos de la fe ven la realidad de la presencia y protección divinas que quitan todo temor, toda incertidumbre, la fe revela que Dios hace más por nosotros de lo que nos podemos dar cuenta.

Cuando nos enfrentemos a cosas que sean infranqueables, recordemos que los recursos espirituales están ahí aun cuando no podamos verlos, miremos a través de los ojos de la fe, para que veamos a Dios obrando en nuestra vida. A veces el problema es nuestra pobre visión espiritual y no el poder de Dios. Eliseo personifica la confianza que nace de una fe genuina cuando dependemos de Dios y de su infinito poder. Como dice Pablo en Romanos 8:31 “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”. Cuando Dios está de nuestro lado, nada ni nadie podrá permanecer en nuestra contra.

Pablo recibió un mandato de Jesús en su conversión, había sido escogido para abrir los ojos a los gentiles para que se convirtieran de las tinieblas a la luz, pero para poder hacerlo primero tenía que abrir sus propios ojos, no solo los físicos que habían quedado temporalmente ciegos por la visión del resplandor de Jesús resucitado, sino también sus ojos espirituales que, a pesar del mucho conocimiento de las Escrituras, todavía permanecían en oscuridad espiritual, por su orgullo e incredulidad.

Satanás el dios de este siglo, ciega el entendimiento de las personas para engañarlas, así dice 2 Corintios 4:4 “en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”. Pero Dios es el que ilumina y abre nuestros ojos espirituales para darnos una visión clara de su soberanía y de su poder y así, vencer cualquier impedimento que tengamos. El Espíritu Santo nos quiere hablar y nos quiere usar para establecer su reino aquí, porque cada uno de nosotros tiene el potencial de ser usados por Dios, por eso, así como Eliseo pidamos que el Señor abra los ojos de la iglesia, de esta generación, para que entendamos el propósito por el cual nos ha escogido y hablemos sin temor, sin avergonzarnos del evangelio.

Que la Palabra de Dios nos de la sabiduría para no ser conquistados por Babilonia, por las ideologías de este mundo, que están dañando el corazón de muchos y los han puesto a dudar de la realidad de Dios. Por eso, no permitamos que ninguna potestad de las tinieblas impida que la Palabra de Dios sea implantada en nuestros corazones y si recibimos la visión espiritual por el Espíritu Santo, nada podrá detenernos para hacer la voluntad de Dios.   Oración.

«Señor derrama en esta mañana espíritu de revelación, conocimiento y sabiduría sobre mi vida para que pueda entender tu Palabra, saber tus misterios, poder caminar con tu Espíritu Santo, comprender tu amor inagotable. Quiero inclinarme delante de ti y reconocer que a veces he ignorado tu Palabra y me he alejado de tu dirección queriendo hacer las cosas en mis propias fuerzas. Quiero que abras mis ojos a tu visión e igualmente quiero abrir los ojos de aquellos que andan en tinieblas para que se conviertan a la luz de tu evangelio. En Cristo Jesús, amén.

martes, 16 de abril de 2024

Dios está contigo

 


Dios está contigo

Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido”. 1 corintios 2:9-12

Empecemos esta reflexión recordando la promesa cumplida en Jesucristo: Mateo 1:23 “He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros”.

El Dios que creó el universo está con nosotros, Juan 1:3 “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. Es una verdad que no podemos tomar a la ligera. Es una promesa maravillosa para experimentar a Dios con nosotros por medio de su Espíritu Santo.

El Espíritu de Dios se unió a nuestro espíritu en el momento de nuestra conversión, 1 Corintios 6:17 dice: “pero el que se une al Señor, un espíritu es con él”; y Romanos 8:9 nos asevera: “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él”.

Sólo podemos entender las verdades espirituales con la ayuda del Espíritu Santo, porque Él nos da la sabiduría para discernirlas, es por gracia que entendemos lo que se nos ha concedido,1 Corintios 2:12. Por lo tanto, es un privilegio saber que el Espíritu Santo vive en nosotros, que el Señor está muy cerca porque está en nuestro corazón, es una razón para cederle el control total de cada área de nuestra vida y nos llene de su plenitud y de su fruto.

Dios está dentro de nosotros de una manera real, es la promesa que Jesús dijo: “que no nos dejaría huérfanos, sino que estaría en nosotros por medio de su Espíritu”, y lo cumplió. Además, el Espíritu nos guía a toda la verdad, nos enseña y no da discernimiento para entender la sabiduría secreta de Dios: “antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman”.

El Espíritu Santo, en primer lugar, conoce lo que ningún ser humano podría conocer, la mente y los pensamientos de Dios. Él todo lo examina aun las profundidades de Dios. En segundo lugar, el Espíritu Santo revela, no se guarda el conocimiento de Dios, sino que lo da a aquellos en quien mora, por eso, dice que “no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que procede de Dios, para que entendamos lo que por su gracia se nos ha concedido”.

En tercer lugar, el Espíritu Santo inspira a cada creyente para transmitir el evangelio a los demás, como decía Pablo en 1 Corintios 2:4 “y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder”. No enseñamos ni predicamos con palabras humanas sino con las que enseña el Espíritu, de modo que expresemos verdades espirituales. Y en cuarto lugar el Espíritu Santo ilumina, podemos comprender la mente del Señor porque tenemos la mente de Cristo 1 Corintios 2:16 y así, entender su plan y sus propósitos para cada uno de nosotros.

Hermanos, lo más maravilloso que le puede pasar al ser humano es recibir al Espíritu Santo.   Oración.

«Señor, gracias por la asombrosa verdad de que tu Espíritu Santo mora en mí, para enseñarme la sabiduría divina, para revelar, inspirar e iluminar mi vida con las verdades espirituales. Tú, me conoces perfectamente, sabes todo lo que hay en mi interior, ayúdame a ser cada día más como tú, santo y puro y a glorificar tu nombre con todo lo que haga, diga y piense, en el nombre de Jesús, amén.

lunes, 15 de abril de 2024

El Dios todo suficiente

 

El Dios todo suficiente


“El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré. Él te librará del lazo del cazador, de la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y adarga es su verdad. No temerás el terror nocturno, ni saeta que vuele de día, ni pestilencia que ande en oscuridad, ni mortandad que en medio del día destruya”. Salmo 91:1-6

“Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre. Me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré. Lo saciaré de larga vida, y le mostraré mi salvación”. Salmos 91: 14-16

La confianza en Dios es lo opuesto al miedo, por eso, quién permanece al abrigo del Altísimo, y se acoge bajo la sombra del Omnipotente puede sentirse seguro.

Omnipotente, es un atributo y un nombre de Dios que viene del hebreo, “shadday” y se traduce como “el Todopoderoso”, este nombre figura cerca de 50 veces en el Antiguo Testamento y fue el nombre con que los patriarcas conocieron a Dios, refiriéndose a Él como el Dios poderoso, inconquistable, grande y fuerte.

Todos estos adjetivos nos muestran la sempiterna naturaleza de nuestro Padre Dios en la cual podemos confiar. “Shadday” está compuesto de la partícula “shed” (quién o cual) y “day” (suficiente), por lo tanto, Shadday es el “Dios todo-suficiente”, eternamente capaz de ser todo lo que nosotros necesitamos.

El salmista aquí manifiesta su total confianza en el Señor en tiempos de peligro y desafío frente a los poderes del maligno. Enfatiza una profunda comunión íntima y personal con Dios cuando le dice al Señor: “Tú eres mi refugio, mi fortaleza, el Dios en quién confío”, Salmos 91:2. La respuesta a todos nuestros temores es una relación estrecha con Dios.

Debemos apropiarnos de todas las promesas de este salmo y encontraremos refugio y protección en Dios en todo tiempo, contra toda tentación y ataque de Satanás, Salmos 91:11-12 nos dice que Dios envía ángeles para cuidar de nosotros.

En la última porción del salmo 91:14-16, Dios mismo habla recalcando su promesa de protección personal. De nuevo prioriza nuestra relación personal con Él: “Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre”. Esta promesa incluye liberación, ponernos en alto por encima de las circunstancias, la respuesta a nuestras oraciones, su Presencia en tiempos de angustia, ver su gloria en nuestra vida, saciarnos de larga vida y mostrarnos su salvación.

Es el mismo llamado de Jesús a que permanezcamos en una relación estrecha con Él, Juan 15:5 “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”.

Moisés fue protegido por la mano de Dios mientras le mostraba su gloria para que no muriera, veamos Éxodo 33:21-22 “Y dijo aún Jehová: He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña; y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado”. Ahora Jesús es la roca en la cual podemos refugiarnos y contemplar la gloria de Dios, porque derribó toda barrera que nos separaba del Padre.

En los momentos de mayor oscuridad, siempre nos esconderá en el hueco de la peña para protegernos y liberarnos. Dios resucitó a Jesús de entre los muertos y al hacerlo nos liberó del miedo a la muerte y al futuro, precisamente por esto es que debemos estar dispuestos a dejar nuestra seguridad completamente en sus manos.

Queda claro, que aquellos que amamos al Señor, seremos rescatados de las tribulaciones y el Señor estará con nosotros en medio de las dificultades, esto es lo que marca la diferencia cuando confiamos en Jesús y reconocemos su poderoso nombre.    Oración.

«Señor, gracias por estar conmigo en los momentos de angustia, eres mi refugio y fortaleza, bajo tus alas me siento seguro. En ti confío porque eres el Todopoderoso, el Dios todo suficiente, no hay nada que sea difícil para ti, eres quién me llena de esperanza hacia el futuro y quita todo temor de mi corazón. Tomo tus promesas y descanso en tu verdad, porque tu Palabra es luz en medio de las tormentas de mi vida. Gracias por cuidarme y fortalecerme en mi peregrinar por este mundo, en el nombre de Jesús, amén.

domingo, 14 de abril de 2024

La suprema revelación de Dios

 

La suprema revelación de Dios


Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos. Hebreos 1:1-4

Solo Jesucristo trae a los hombres la Revelación completa de Dios y sólo a través de Él podemos llegar a su misma presencia. El autor de Hebreos, muestra la superioridad de Jesucristo sobre el Antiguo Pacto. Los judíos dividían todo el tiempo en dos edades: la presente, y la por venir. Entre ambas colocaban el Día del Señor. La edad presente era totalmente mala; la edad por venir iba a ser la edad de oro de Dios, esa edad de oro amaneció con Jesucristo. Con Jesús, Dios ha entrado a la humanidad, la eternidad ha invadido el tiempo y ya nada puede ser como antes. La incomparable gloria de la persona y obra de Cristo muestra su supremacía sobre los profetas, los ángeles, Moisés (cap.3), Josué (cap.4), Aarón (cap.4 -7) y todo el ritual del judaísmo (cap.7-10).

En Cristo no hay distinción entre judío y gentil, como dice Colosenses 3:11 “donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos”. Por eso, aunque esta epístola fue escrita para los judíos cristianos, sus enseñanzas y amonestaciones prácticas también son para nosotros los creyentes gentiles. Dios no puede revelar más de lo que nuestra mente puede comprender, por eso cada profeta, de su propia experiencia de la vida y de su experiencia con el pueblo de Israel, había captado y expresado un fragmento de la verdad de Dios. Pero en el caso de Jesús era diferente: Él no era un fragmento de la verdad, ni siquiera el más nuevo, sino la Verdad total. Él mismo lo expresó en Juan 14:6 “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”.

En Jesús, Dios no muestra solo un aspecto de su carácter, sino la totalidad de su ser. Jesús es la clave para transformar nuestra vida, para comprender la Biblia, para conocer el carácter de Dios, por eso si queremos conocer a Dios, debemos mirar a Jesús. Él dijo: “El que me ha visto a mí ha visto al Padre”, Juan 14:9b.

Jesús es único y es todo lo que necesitamos, esta epístola nos dice todo sobre quién es Jesús, y cómo Él es mejor y mayor que ningún otro ser, enseñanza o sistema religioso. Es el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen de lo que Él es, recordemos Hebreos 1:3 “el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas”.

Muchos hoy todavía no aceptan esta verdad y argumentan que Jesús fue un simple maestro, profeta y algunos que un ángel, sin embargo, la Escritura afirma que es superior a los ángeles y su nombre supera la excelencia, “cuanto heredó más excelente nombre que ellos”, hebreos 1:4.

Hoy unámonos en una adoración por aquel que el Padre exalta como Dios y Rey, veamos hebreos 1:8 “Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu reino” Oración.

«Padre, gracias por tu amado Hijo Jesús, es todo lo que necesito para llegar a ti, porque es el único camino, la única verdad y la única vida que me lleva a tu Presencia. Puedo conocerte y comprender quién eres Tú, por medio de Él. Gracias porque a través de Jesús transformaste mi vida y por su perfecto sacrificio ahora soy perdonado, justificado y santificado delante de ti, Amén.

sábado, 13 de abril de 2024

Más líbranos del mal

 


Más líbranos del mal

“Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.”. Mateo 6:13

Esta petición es la última de la oración modelo que Jesús enseñó. “más líbranos del mal” y qué acertado es pedir siempre esto, porque como dice 1 Juan 5:19 “sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno”. Vivimos en un mundo caído lleno de pecado, corrupción y violencia, por eso, necesitamos constantemente la protección sobrenatural de Dios, y entender que nuestra lucha es espiritual, pues el maligno y sus potestades gobiernan este mundo. Efesios 6: 12-13 dice: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes”.

Las peticiones sexta y séptima unidas por la conjunción “más”, implica que un pensamiento sigue naturalmente al otro: “Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal”. Ese mal se refiere al enemigo de nuestras almas: Satanás, fuente de toda maldad.

El apóstol Pablo también pidió a Dios que lo librara de toda obra mala cuando se acercaba el final de su vida, usó una expresión de tranquila seguridad; veamos 2 Timoteo 4:18 “Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén”. Esa oración también la podemos hacer nosotros para librarnos de todo mal, de cualquier clase, no sólo del pecado, sino de todos los efectos que trae.

“Líbranos del mal” expresa nuestro reconocimiento del poder soberano de Dios sobre todas las fuerzas en el mundo. Se refiere a todo lo que podría inducirnos a pecar y ofender a Dios. Esta oración termina con una doxología: “porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén”. Es una expresión de adoración al reconocer la magnificencia de Dios tanto en el cielo como en la tierra.

Debemos ver un orden en las peticiones de esta oración modelo, las primeras tres tienen que ver con Dios y con su gloria, y las siguientes cuatro tocan nuestras preocupaciones temporales y espirituales. Empezamos dando a Dios el lugar supremo que le corresponde y después nos volvemos a nosotros reconociendo nuestra vulnerabilidad, nuestro pecado y necesidad ante un Dios Santo. Hay cuatro necesidades esenciales como seres humanos: primero el pan que necesitamos para vivir, segundo, el perdón para poder acercarnos a su presencia, tercero, la ayuda en medio de la tentación y cuarto, ser librados del mal y preservados. En estas peticiones se nos enseña a depositar el pasado, el presente y el futuro ante el trono de gracia del Señor.

Esta oración no se limita solo a presentarle a Dios la totalidad de nuestro ser, sino que es una oración que trae la totalidad de Dios a nuestras vidas. Porque cuando pedimos pan, nos dirigimos a Dios Padre Creador y Sustentador de la vida; cuando pedimos perdón nos dirigimos a Dios Hijo Jesucristo, nuestro Redentor y Salvador y cuando pedimos que nos libre de la tentación y del mal, nos dirigimos a Dios Espíritu Santo, el Consolador, iluminador, guía y guardián de nuestras almas. Es decir, nos dirigimos a Dios en toda su plenitud.

Este breve estudio sobre el Padre Nuestro, debe llevarnos entonces a orar como le agrada a Dios, en lo secreto, con entendimiento, sinceridad y sin vanas repeticiones, mostrando nuestra confianza, reverencia, sometimiento, dependencia, perdón, humildad y adoración.  Oración.

«Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, enséñame a buscar primero tu reino y tu justicia y todas las demás cosas me serán añadidas, dame el sustento y consuelo necesarios para vivir el presente, a perdonar a otros porque quiero que tú me perdones. Enséñame a odiar y aborrecer el pecado mientras espero en tu misericordia y a estar preparado para resistir al tentador y líbrame de todo mal, amén.

viernes, 12 de abril de 2024

Y no nos metas en tentación

 


Y no nos metas en tentación

“Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal”. Mateo 6: 13a

“Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”. Mateo 26:41

“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar. 1 corintios 10:13

La oración modelo de Jesús nos enseña que debemos orar para no caer en tentación, quien busca sinceramente el perdón de sus pecados se esfuerza por no volver a pecar. Sin embargo, somos conscientes que tenemos una lucha espiritual en nuestro interior, una batalla entre la naturaleza de pecado y el Espíritu de Dios que mora en nosotros. Pablo lo expresa de esta manera en Romanos 7: 18-20: “Y yo sé que, en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí”.

El mismo Señor Jesucristo instó a sus discípulos a “velar y orar” para no entrar en tentación. Reconozcamos que nuestra carne es débil, aunque nuestro espíritu esté dispuesto, como lo dice Mateo 26:41. Ciertamente si Pedro hubiera orado cuando Jesús se lo pidió en Getsemaní, se habría fortalecido para no caer en la tentación que hizo que lo negara tres veces. La oración nos lleva a no ser inducidos, ni arrastrados por nuestra propia voluntad a la tentación. La palabra empleada “no nos metas”, es una súplica por apoyo al estar bajo la tentación, para que el Señor nos de la salida. Veamos 1 Corintios 10:13 “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”.

Algunas circunstancias de nuestra vida, siempre pondrán a prueba nuestra fe, tenemos que reconocer que nuestra naturaleza humana es vulnerable y esta petición es una expresión humilde de nuestra desconfianza en nosotros mismos, necesitamos orar para no ceder a la tentación que nos presentan los tres enemigos del cristiano: la carne, el mundo y Satanás. Jesús no está sugiriendo que Dios nos guía hacia la tentación. Simplemente está pidiendo que seamos librados del enemigo de nuestras almas y sus engaños. Todos enfrentamos tentaciones, algunas veces es tan sutil que inclusive no sabemos qué nos está pasando, por eso siempre debemos estar alertas, la palabra “velar” implica esto.

Velad y orad, son imperativos en tiempo presente que denotan acción continua. El que vela y ora en forma continua descubre que aun cuando la carne es débil, el espíritu y la voluntad se imponen con fuerza y le asegura la firmeza cuando se enfrenta a pruebas y le ayudan a permanecer estable moralmente ante las tentaciones.

Recordemos que no estamos solos en esta lucha espiritual, tenemos al Espíritu Santo, con su poder santificador, que nos redarguye de pecado, justicia y juicio, para que no caigamos y nos recuerda nuestra nueva vida en Cristo. Pablo nos dice en Romanos 7:24-25 “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, más con la carne a la ley del pecado”. Cuando uno dirige su vida mediante la unión con Cristo, ya no lo hace por obediencia a un código de ley escrita que de hecho despierta el deseo de pecar, sino por la lealtad a Jesucristo en lo íntimo del espíritu y del corazón por el amor hacia Él.   Oración.

«Amado Padre, permíteme permanecer en ti y en tu Palabra para que mi vida espiritual se fortalezca interiormente y pueda siempre estar alerta ante las tentaciones que enfrento a diario, en mi carne, en el mundo y frente a los engaños de Satanás. Quiero guardar de tal manera tu Palabra en mi corazón, para no pecar contra ti, lléname de tu Santo Espíritu porque sé que no es en mis fuerzas que podré resistir la tentación, sino con el poder santificador de tu Presencia. En el nombre de Jesús, amén.