jueves, 2 de septiembre de 2021

Teme a Dios y vive sabiamente

 

Teme a Dios y vive sabiamente


“El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre”. Eclesiastés 12:13

«Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría». Salmo 90:12

La vida está diseñada para que tengamos una relación personal con Dios. No podemos vivir plenamente sin Él, Eclesiastés lo resume de esta manera en este versículo: “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre”. Estamos llamados a depender absolutamente de Él. Por eso debemos aferrarnos a su voluntad, que es buena, agradable y perfecta. Dios nos creó para ser felices y ser el objeto de su amor, pero los seres humanos decidimos separarnos de nuestro Padre celestial, queriendo vivir a nuestra manera. Nuestra vida está incompleta, porque no podemos caminar en este mundo sólo con dos dimensiones cuando fuimos diseñados con tres: espíritu, alma y cuerpo.

Podemos relacionarnos con Dios, con nuestro espíritu, pero si éste está muerto por causa de nuestro pecado, no podemos conocer el amor de Dios, ni el plan que tiene para cada uno de nosotros. El autor de Eclesiastés después de haber experimentado todo lo que un ser humano puede hacer en esta vida, empieza este capítulo dando un consejo a los que apenas están comenzando a vivir, que dice: «Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento» Eclesiastés 12:1.

La verdad es que nada debajo del sol puede satisfacer el corazón humano, solo Dios. Por eso es una invitación a volver a acercarnos a Él y a relacionarnos debidamente con nuestro Creador. Porque algún día envejeceremos y tendremos que evaluar cómo hemos vivido, si realmente fuimos felices y cumplimos con nuestro propósito aquí. Si tenemos a Dios, entenderemos que nuestro cuerpo se desgasta, pero el espíritu y el alma regresan a Él, que fue quien lo dio, como dice Eclesiastés 12:7 “y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio”.

Este cuerpo es simplemente una tienda de campaña en la que vivimos temporalmente, es la envoltura externa de nuestro ser, pero el espíritu regresa Dios, cuando hemos creído y vivido para Él. La vida sin Dios, es un verdadero vacío si la estamos viviendo nada más que para el aquí y el ahora. De ser así, algún día descubriremos que todo lo que tenemos en nuestras manos no fue nada más que un puñado de cenizas, y que delante de nosotros, se encuentra toda una eternidad.

Alguien dijo una vez: “Cuando era niño reía y lloraba, y el tiempo se arrastraba; cuando era joven soñaba y hablaba, y el tiempo andaba; cuando llegué a la madurez, el tiempo echó a correr; cuando llegué a la vejez, el tiempo voló veloz; y muy pronto, al seguir mi andar, el tiempo desapareció.» En otras palabras, la vida es muy corta para no vivirla bien y la única manera es conociendo a nuestro Dios, temiéndole, reverenciándole en adoración y obediencia.   Oración.

«Amado Dios, gracias por ayudarme a evaluar la manera como he vivido hasta hoy y entender que no puedo estar separado de ti. El fuego de mi juventud comenzará a extinguirse y abrigaré la edad madura, si es tu voluntad, por eso enséñame a vivir en tu temor, reconociendo que el plan que diseñaste para mí, en esta tierra, es el mejor. Quiero obedecer tu Palabra viviendo sabiamente y con mi corazón cerca de ti. En el Nombre de Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 1 de septiembre de 2021

Nadie como tú

 

Nadie como tú


“No hay santo como Jehová; porque no hay ninguno fuera de ti, y no hay refugio como el Dios nuestro”. 1Samuel 2:2

“¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; más la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre”. Salmo 73:25-26

“Oh alma mía, dijiste a Jehová: Tú eres mi Señor; no hay para mí bien fuera de ti.” Salmo 16:2

Estas palabras de oración salieron de la boca de Ana, y no solamente fue una plegaria, sino, una alabanza que irradiaba luz, porque el deseo de cada creyente es reflejar la luz divina. Este canto resalta un contraste entre la Ana, irritada, humillada y entristecida por su rival, del capítulo uno del libro de Samuel; con una Ana en el capítulo dos que fue elevada al trono de Dios por la oración con la que derramó su alma delante de Él y que le fue contestada.

La oración eficaz de una mujer justa que se deleita en la majestad y santidad de Dios, una mujer atribulada de espíritu que encontró en Dios su refugio. Una mujer que tenía fe en el Dios que lo cambia todo y obra en favor de los que se humillan en su presencia, por eso dice con tanta certeza: “no hay ninguno fuera de ti”.

Su corazón se regocijó en Jehová y su poder se exaltó solo en Él, como dice 1 Samuel 2:1 “Y Ana oró y dijo: Mi corazón se regocija en Jehová, mi poder se exalta en Jehová; mi boca se ensanchó sobre mis enemigos, por cuanto me alegré en tu salvación”. Dios es bueno y si acudimos a Él en momentos de angustia, no seremos defraudados, porque es grande en misericordia hacia los que le buscan.

Ella comprendió que Dios tenía la respuesta. Necesitamos aprender de Ana, a buscar al Señor de corazón y gemir no sólo por nuestras necesidades, sino por las de otros, con la compasión que da el Espíritu Santo, que anhela ver el poder de Dios y su manifestación en este mudo perdido. Por eso, en su oración nacida de un corazón afligido, al ser estéril, pide por un hijo que se levante como un varón de Dios, para que saque a Israel del estado de oscuridad en que se encontraba y le haga frente a la anarquía por la que su nación pasaba. Una oración generosa y sin egoísmo, donde pide un hijo, para después prometerlo al servicio de Dios.

Ana salió de la presencia de Dios, con gozo del Espíritu, con la paz de Dios y con una fe renovada. Hoy, más que nunca, necesitamos intercesores que martillen el cielo con clamor, a fin de que Dios obre un avivamiento en su pueblo como nunca se ha visto, porque estamos viviendo tiempos de oscuridad y necesitamos que se levanten hombres y mujeres del talante de Samuel, para proclamar la Palabra de Dios.   Oración.

«Hoy, acudo a ti Padre celestial, buscando refugio en tu presencia, tú puedes hacer de lo imposible, lo posible, por eso derramo mi corazón atribulado y triste delante de ti, rogándote que no permitas que mi fe decaiga ante las pruebas, sino que cada día mi confianza crezca, porque tú eres mi Dios y no hay bien fuera de ti. En Cristo Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 31 de agosto de 2021

El compromiso con nuestra generación

 

El compromiso con nuestra generación


“Libra a los que son llevados a la muerte; salva a los que están en peligro de muerte. Porque si dijeres: Ciertamente no lo supimos, ¿Acaso no lo entenderá el que pesa los corazones? El que mira por tu alma, él lo conocerá, y dará al hombre según sus obras”. Proverbios 24:11-12

“Sécase la hierba, marchítase la flor; más la palabra del Dios nuestro permanece para siempre. Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sion; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala, no temas; di a las ciudades de Judá: ¡Ved aquí al Dios vuestro! He aquí que Jehová el Señor vendrá con poder, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene con él, y su paga delante de su rostro”. Isaías 40:8-10

En el mundo hay dos clases de personas, las que han escuchado el evangelio y las que no. Estas porciones de la Palabra de Dios son una exhortación para nosotros los creyentes porque nos recuerdan que somos responsables ante Dios y ante esta generación de anunciar el evangelio. Si los que lo conocemos nos rehusamos a anunciarlo, el Señor nos recompensará de acuerdo a nuestras obras.

Aquí se subraya el valor de la salvación para cada persona en este mundo, porque cada día se enfrenta en una situación de extrema urgencia frente a la muerte, no tanto física sino espiritual. También nos muestra esa actitud de indiferencia que a veces tenemos con los perdidos y que Dios no pasará por alto, pues nos ha puesto como luz del mundo para llevar su palabra y llamar a los pecadores al arrepentimiento, para que no digamos: “Ciertamente no lo supimos, ¿Acaso no lo entenderá el que pesa los corazones?”.

Si sabemos que nuestro prójimo está en peligro, estamos obligados a hacer lo que esté a nuestro alcance para ayudarlo y librarlo, y más cuando se trata de estar en riesgo de perderse eternamente por el desconocimiento de Dios. ¿Será que podremos soportar que algunos se pierdan por nuestra indiferencia?

Pidamos a Dios que nos llene de pasión por el evangelio, sabiendo que tenemos la obligación de rescatar al ignorante que va camino a su destrucción espiritual. El Señor no aceptará nuestras excusas. La única generación por la que Dios nos hace responsables es la nuestra. Es nuestro compromiso evangelizar y darles la oportunidad a otros de ser salvos; animémonos a hacerlo recordando estas palabras: “Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sion; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala, no temas; di a las ciudades de Judá: ¡Ved aquí al Dios vuestro!”   Oración.

«Señor, gracias por darme la oportunidad de conocer el evangelio, esto me hace responsable de compartir las buenas nuevas a esta generación. No permitas que caiga en la indiferencia espiritual y calle tu mensaje, porque es la única oportunidad que tienen muchos de ser salvos y cambiar su destino eterno. Hazme entender que en esta tarea no estoy solo, tengo al Espíritu Santo quien me habilita y capacita para hacerlo. En Cristo Jesús, Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 30 de agosto de 2021

Antorcha que arde y alumbra

 

Antorcha que arde y alumbra


“Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Otro es el que da testimonio acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero. Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad. Pero yo no recibo testimonio de hombre alguno; más digo esto, para que vosotros seáis salvos. Él era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz”. Juan 5:31-35

Uno de los temas que más menciona Juan en su evangelio es “el testimonio” y por eso destaca el elogio que da Jesús a Juan Bautista cuando lo compara con una antorcha que ardía e iluminaba. Juan tenía ardor porque su mensaje no era algo frío que venía de su intelecto, sino un mensaje ardiente de un corazón encendido por Dios. Juan tenía luz, su función era guiar a la gente al arrepentimiento y hacia el Señor. Y así como la lámpara se va agotando, porque al dar luz se consume a sí misma, Juan iba disminuyendo mientras Jesús iba aumentando. El verdadero testigo se consume por Dios y Juan lo sabía, por eso dijo en Juan 3:30 “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”.

Haciendo este elogio, Jesús estaba acusando a los judíos porque estaban dispuestos a complacerse con Juan mientras él dijera lo que ellos esperaban, pero cuando no lo hizo lo rechazaron. Igualmente pasa con mucha gente que escucha la palabra de Dios, la acepta mientras esta no los confronte con sus errores.

Juan dio testimonio de la Verdad que era Jesús y solo buscaba que las personas se arrepintieran y se acercaran a Él. Jesús mismo era la luz, pero Juan prendió su lámpara a la luz de aquel que lo alumbraba todo.

Juan Bautista era un hombre de Dios con una misión: preparar el camino del Señor; pero fue menguando ante los ojos de todos para que Jesús fuera creciendo ante ellos. Y esto es precisamente lo que Dios espera de nosotros para que seamos verdaderas antorchas que alumbren este mundo, que mengüemos para que Él crezca y sea su luz la que ilumine a los hombres.

Hermosas palabras las de Jesús para Juan: “Él era antorcha que ardía y alumbraba”. Sería maravilloso que el Señor pudiera decir de nosotros lo mismo, porque deberíamos ser antorchas que no dejen de arder para que demos testimonio de su amor y su verdad. Mateo 5:14-16 dice “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.

¿Qué estamos haciendo para ser luz del mundo? Recordemos Filipenses 2:15 “para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo”. No solo deberíamos alumbrar, sino arder dejando ver la llama del evangelio en nosotros, esa luz que desvanece las tinieblas, que saca a flote el pecado y lleva al arrepentimiento.   Oración.

«Padre Eterno, gracias por sacarme de las tinieblas y trasladarme al reino de tu Amado Hijo. Ayúdame a entender mi misión en este mundo, la de ser antorcha que arda y alumbre la vida de otros; deseo ser esa luz que Tú dices que soy y aprovechar cada oportunidad que me das de testificar de ti. En el nombre de Jesús, Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 29 de agosto de 2021

Viviendo bajo tu amparo y protección

 

Viviendo bajo tu amparo y protección


“En Jehová Dios de Israel puso su esperanza; ni después ni antes de él hubo otro como él entre todos los reyes de Judá. Porque siguió a Jehová, y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que Jehová prescribió a Moisés. Y Jehová estaba con él; y adondequiera que salía, prosperaba. Él se rebeló contra el rey de Asiria, y no le sirvió”. 2 Reyes 18:5-7

Esta porción de la Biblia muestra a un hombre que por buscar primeramente a Dios fue bendecido y prosperado. Se trata de Ezequías, coronado rey a los 25 años, quien asumió el cargo muy joven y entendió el propósito de Dios para su pueblo Judá que se encontraba en muchos problemas, había hambre, violencia, muerte y mucha frialdad espiritual, nada ajeno a nuestra realidad de hoy. Pero este rey tomó una decisión y puso su esperanza solo en Dios, lo siguió sin vacilación y no se apartó de sus mandamientos obedeciéndolo en todo. Esto hizo mover el corazón de Dios a su favor por lo que dice “Y Jehová estaba con él; y adondequiera que salía, prosperaba”.

Cuando somos determinados con Dios, Él respalda nuestras decisiones. Ezequías hizo un pacto con el Dios Eterno, en 2 Crónicas 29:10 dice “Ahora, pues, yo he determinado hacer pacto con Jehová el Dios de Israel, para que aparte de nosotros el ardor de su ira”. Abrió las puertas de la casa de Dios que habían permanecido cerradas e hizo que todos le buscaran, oró por su pueblo según 2 Crónicas 30:20 “Y oyó Jehová a Ezequías, y sanó al pueblo”. Dios mueve su mano poderosa cuando le invocamos con sinceridad e intercedemos fervientemente por las necesidades de otros. Jesús dice en Mateo 6:33 “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. El secreto de ser bendecidos y recibir respuestas está en colocar al Señor en primer lugar en nuestros corazones.

Ezequías hizo que Dios se inclinara a su favor porque todo lo hizo de corazón. Miremos 2 Crónicas 31:21 “En todo cuanto emprendió en el servicio de la casa de Dios, de acuerdo con la ley y los mandamientos, buscó a su Dios, lo hizo de todo corazón, y fue prosperado”.

Viendo este gran testimonio ¿qué debemos hacer nosotros? Pensemos primero qué problemas hay en nuestra casa, qué sucede en nuestra familia o en nuestro entorno, quizá la razón más grande es que las personas se han alejado de Dios y no están viviendo bajo su amparo y bendición. Sabemos que la mejor manera de ayudarlos es que conozcan de Él y le entreguen su vida, así como Ezequías lo hizo. Hagamos un pacto con Dios de buscarlo de ahora en adelante como nuestra prioridad para que cambie nuestros problemas en bendición, traiga descanso a nuestras almas, sanidad a nuestro cuerpo y paz en medio de las dificultades. Hoy más que nunca necesitamos abrir las puertas de nuestra vida y de nuestra casa al Señor, para que pueda estar a nuestro lado y llevar a nuestra familia y conocidos a que lo busquen de corazón, solo así veremos bendición y respuestas a nuestras necesidades.   Oración.

«Señor Jesucristo, ayúdame a ser fiel a Ti, a confiar y poner mi esperanza en tu Palabra, a entender que una vida obediente trae bendición, y a tener certeza de que estás a mi lado en los momentos difíciles para ayudarme, levantarme y sostenerme. Quiero que seas el primero en mi corazón, Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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sábado, 28 de agosto de 2021

El trigo y la cizaña

 


El trigo y la cizaña

“Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? Él les dijo: No, no sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero”. Mateo 13:24- 30

La buena semilla es sembrada por Jesús y el campo es el mundo, el trigo representa a los hijos de Dios y la cizaña a los hijos del maligno, que también ha hecho su obra sembrando la mala semilla. Habrá una cosecha al final de los tiempos, dice que de la manera como se recogerá la cizaña para echarla en el fuego, nuestro amado Señor mandará a sus ángeles a recoger el trigo, a los hijos de Dios, que resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre.

Al principio de la germinación de las semillas, la cizaña se parece mucho al trigo que a veces es imposible distinguirlos, pero después de un tiempo se comienzan a notar las diferencias, por eso hay que dejarlos crecer al mismo tiempo hasta la siega. El grano de la cizaña es ligeramente venenoso y de otro color, hay que separarlo en el momento en que se hace la trilla.

Se puede decir que esta es una de las enseñanzas más prácticas que Jesús contó, recordando que siempre hay un poder hostil en este mundo esperando destruir la buena semilla. Sabemos que esto se refiere a las influencias que actúan en nuestra vida; unas nos ayudan a florecer y producir buen fruto, como lo es la palabra de Dios; y otras, las del mundo, nos engañan con sus deseos, placeres y vanagloria, y tratan de destruir la obra de Dios en nosotros. También enseña lo difícil que es distinguir entre los que son del reino de Dios y los que no, porque el mal se disfraza de bondad muchas veces y nos confunde. Podemos caer en juicios apresurados y arrancar lo malo con lo bueno, por lo que hay que esperar hasta el final, ya que cada persona será juzgada no por una sola acción, sino por toda su vida. Nos enseña que el juicio llegará irremisiblemente y que el único que tiene derecho a juzgar es Dios y no nosotros.

Esta parábola nos enseña que los creyentes y los incrédulos vivimos juntos en esta tierra, quizá con muchas características parecidas como el trigo y la cizaña, que pasan por las mismas experiencias, sol, calor, lluvia, frío, sequía, entre otras; en palabras actuales, serían situaciones comunes como las que estamos viviendo hoy, pandemia, crisis económicas, problemas familiares, enfermedades, fracasos, porque ninguno está exento de eso. Jesús no nos prometió una vida sin aflicción, pero sí nos aseguró gracia suficiente para soportar las adversidades en este mundo. Recordemos lo que dice 2 Corintios 12:9 “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. La gran diferencia es que en los que creemos reposa el poder de Cristo para vivir en victoria, por la presencia del Espíritu Santo.

La intención de Jesús nunca fue separar a sus seguidores del mundo, porque es aquí donde nos necesita para que seamos testimonio a los incrédulos de su amor y su gracia. No estamos comprometidos ni identificados con el mundo sino con Él y por eso oró por todos nosotros para que fuéramos guardados del mal en Juan 17:15 “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal”. Nuestra labor entonces es influenciar a las personas con el mensaje de Jesús y atraerlos a Él. Ahora, como iglesia estamos encargados de sembrar la buena semilla.   Oración.

«Señor, estoy en este mundo, aunque ya no pertenezco a él, me has dejado con el propósito de sembrar la buena semilla para que muchos se conviertan y vuelvan su mirada a ti. Ayúdame a ser testimonio en medio del caos y confusión en el que vivo, siendo luz para los que me rodean, sin juzgar a ninguno porque Tú eres el que conoce los corazones, juzgas rectamente y sabes quienes son trigo o cizaña. En el nombre de Jesús, Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 27 de agosto de 2021

El deseo del corazón de Dios

 

El deseo del corazón de Dios

“Diles: Vivo yo, dice Jehová el


Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?” Ezequiel 33:11

“Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación”. 2 corintios 5:19

La Biblia siempre presenta a un Dios que desea que todos los hombres se vuelvan a Él y se salven, porque su amor es infinito y se deleita en misericordia; pero, aunque Dios siempre tiene la iniciativa y hace todo lo imposible para acercarse a nosotros, la decisión a favor o en contra de volvernos a Él depende de cada persona.

Dios deja muy claro cuál es su propósito con la humanidad y el apóstol Pedro nos lo recuerda en 2 Pedro 3:9 “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”. Esto nos muestra la bondad y la paciencia de nuestro amoroso Dios que está esperando que muchos conozcan el evangelio y se conviertan, por eso, aunque la promesa de su regreso está por cumplirse, el Señor sigue dando la oportunidad a este mundo para que se arrepienta. La responsabilidad final recae sobre nosotros, pues el Reino de Dios está abierto para todos sin exclusión, aquellos que quieran entrar porque han puesto su fe en el Hijo de Dios.

Juan 3:17-18 nos dice “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en Él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”. Dios nos ha dado su provisión de salvación a través de su Hijo Jesucristo, quien se entregó en una cruz para quitar el pecado del mundo y restaurar nuestra relación con el Padre. La decisión de aceptar lo que Jesús hizo y creer en Él depende solo de los seres humanos.

El Señor Jesús inició la siembra de la palabra del Reino, después los discípulos serían comisionados para continuarla. Si nos preguntamos ¿por qué el Señor nos escogió y nos llamó a ser cristianos?, debemos entender que lo hizo para cumplir su propósito en este planeta de llevar el mensaje de reconciliación a todos los hombres. Ahora, cada creyente es el comisionado para extender su Reino como dice 2 Corintios 5:20 “Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios”.

Entender por qué fuimos llamados, nos aclara el propósito de lo que Dios quiere hacer a través de nuestras vidas. Siempre le decimos que queremos hacer su voluntad, entonces ¿estamos dispuestos a colaborarle a Dios para cumplir su plan de salvación? Dios usará todo de nosotros, nuestra vida, nuestra profesión, nuestros recursos y nuestras habilidades, así como el entorno donde nos ha colocado, pidámosle que seamos sensibles a su voz para que nos lleve a las personas que necesitan de Él.   Oración.

«Amado Padre, gracias por el deseo de tu corazón de que todos los hombres sean salvos y te conozcan; quiero ser parte de ese propósito y comprender que me escogiste y me llamaste para ser un embajador tuyo, llevando la palabra de reconciliación para que muchos se conviertan de sus malos caminos y alcancen la vida eterna. Haz que mis planes personales se alineen con tu Plan de Salvación y que siempre haga tu voluntad en esta tierra. En Cristo Jesús, Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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