miércoles, 28 de noviembre de 2018

Ananías


Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, y ha visto en visión a un varón llamado
Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista. Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre. El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado”, Hechos 9:11-18.  Nuestra oración puede obrar transformaciones poderosas en la vida de las personas que nos rodean. Puede ayudar a otros a salir de la oscuridad donde se encuentran y ver la luz de Cristo.
En este pasaje vemos a Ananías que recibe un mensaje del Señor para que fuera ayudar a Saulo. Y aunque el mensaje le pareció extraño se dispuso a obedecer. El Señor le pedía orar por el hombre que había perseguido enérgicamente a la iglesia del primer siglo y era natural que Ananías sintiera un poco de recelo y de temor, sin embargo, se dirigió a Saulo de una manera muy fraternal, reconociéndolo como su hermano recién convertido que necesita sentir el amor cristiano, la aceptación y el perdón de otros.
Este es uno de los más sublimes ejemplos del amor cristiano que va más allá de los sentimientos y dudas que podamos tener sobre otros. Y es que no estamos llamados a juzgar, sino a ayudar a las personas que apenas empiezan su vida cristiana y que todavía son débiles en la fe, que necesitan nuestra oración y guía para caminar en el Espíritu, que necesitan abrir sus ojos a la verdad de la Palabra de Dios, que necesitan ser transformados en un nuevo ser por la gracia regeneradora de Cristo.
Pablo después del encuentro con Jesús en Damasco ya no respira amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, sino que se dispone a orar. Así, muchos de los nuevos creyentes oran para ser perdonados, restaurados y transformados. Por eso no debemos poner objeciones cuando se nos manda a hacer la voluntad de Dios. Independientemente de nosotros, Dios es soberano y hará su obra en quién Él quiera y como Él quiera. Porque él ve más allá de nuestros ojos humanos, ve a las personas totalmente cambiadas como instrumentos escogidos para la gloria y honra de su nombre.
Cuando nos disponemos a orar por otros la cura espiritual es sobrenatural, el Señor obrará milagros, señales y prodigios que ni nos imaginamos en las personas que ha escogido y miraremos cambios radicales como el de Saulo en Pablo. Dios dará el trato que cada uno necesite, Pablo sufriría por la fe. El cristianismo no solo incluye grandes bendiciones, sino también grandes sufrimientos.
La gente sabrá que hablamos la verdad cuando vea un cambio convincente en nuestra vida.  Oración.
"Amado Señor, que mi testimonio de vida y lo que haga indiquen que estoy lleno del Espíritu Santo, caminando en su plenitud. Enséñame a no juzgar a mis hermanos en la fe por sus acciones, sino ayudarlos a crecer en gracia y conocimiento delante de ti. Amén.     Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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martes, 27 de noviembre de 2018

Solo con Dios


 Solo con Dios.  Hechos.9. 8. Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevando por la mano, le metieron en Damasco. El Apóstol Pablo tuvo una experiencia en el camino a Damasco: “Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, más sin ver a nadie. Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevando por la mano, le metieron en Damasco”. Él había quedado ciego. Él había visto al Cristo glorificado. Y sólo yo, Daniel, vi aquella visión [de Cristo después de Su encarnación], y no la vieron los hombres que estaban conmigo, sino que se apoderó de ellos un gran temor, y huyeron y se escondieron. (Daniel 10:7)
 Había otros allí con Daniel, pero solo él vio la visión. Es evidente por los muchos incidentes relatados que solo el Espíritu Santo puede identificar al Señor Jesucristo, y eso es lo que hizo para Daniel.
El Señor Jesucristo dijo en Juan, capítulo 16:14, con respecto al Espíritu Santo: "Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.  Quedé, pues, yo solo, y vi esta gran visión, y no quedó fuerza en mí, antes mi fuerza se cambió en desfallecimiento, y no tuve vigor alguno." (Daniel. 10:8. Daniel había quedado solo.  Esta experiencia es maravillosa para este hombre de Dios, y muchos han gozado de una experiencia similar. Abraham dejó a Ur de los caldeos, y a sus familiares y fue solo con Dios.
Moisés fue enviado al desierto de Madián, y ante la zarza ardiente él estuvo solo con Dios.
Elías fue disciplinado cerca del arroyo de Querib, y Dios estaba con él.
Jeremías anduvo por un camino solitario, pero Dios estaba con él.
Juan el Bautista estuvo solo en el desierto, pero Dios estaba con él.
Pablo pasó dos años de confinamiento solitario en el mismo desierto, pero eso fue la oportunidad de Dios para entrenarlo.
El apóstol Juan fue exiliado en esa isla solitaria de Patmos.  Pero, Dios estaba con él.
Hay muchas personas que se reúnen para tener grandes reuniones de oración, grandes reuniones juntos. Amigo oyente, ¿ha tratado alguna vez de estar solo? Allí es donde Dios se encuentra con usted, no en la multitud, sino cuando usted está solo. ¿Por qué no toma la Palabra de Dios y se aparta solo con Él? Eso puede ser algo muy bueno para todos los que lo Hagamos. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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lunes, 26 de noviembre de 2018

¿Quién eres, Señor?


Hechos 9. 5-6.  Él dijo:
¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.  Cuando nos encontramos con Cristo y depositamos toda nuestra fe en Él, una de las cosas que más nos preocupa como cristianos es como conocer la voluntad de Dios para nuestra vida. Nuestra actitud debería ser como la de Pablo ¿Señor, ¿qué quieres que yo haga? Lo que quiere decir que el conocimiento de su voluntad más que un método, es un asunto de disposición.
Para comprobar la buena voluntad de Dios agradable y perfecta, debemos rendir de manera voluntaria y racional nuestra vida a Dios. O sea, que no basta con la disposición, sino que esta debe ir unida a la obediencia a su Palabra. La voluntad de Dios para un cristiano está expresada claramente en la Biblia y parte de esta, es el compromiso de cumplir el mandato divino de la Gran Comisión. Buscar, ganar y salvar almas perdidas para Cristo.
Pensemos como podemos colocar nuestra vida al servicio de Dios para cumplir su voluntad, que puedo darle a Dios. Mi tiempo, mi dinero, mis talentos y habilidades. Puede ser uno o todos, pero el objetivo es extender el Reino de los Cielos en esta tierra. Recuerda que cuando nos ocupamos de las cosas de Dios Él se ocupa de las nuestras, permitiendo que seamos personas realizadas y felices, porque Él cumplirá todos sus propósitos en nosotros.
¿Qué está impidiendo el cumplimiento de la voluntad de Dios en nuestra vida?    Oración.
Señor, quiero hacer tu voluntad y no la mía, porque tus caminos y tus planes para mí, son mejores y más excelentes. Quiero ser guiado por tu Espíritu. Lo único que quiero es agradarte. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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domingo, 25 de noviembre de 2018

Saulo


Saulo conocido como el Apóstol Pablo camino de damasco tuvo un encuentro con Jesucristo. Y su vida fue trasformada. Hechos c. 9. 1. Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote,
2. y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que, si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén.
3. Mas yendo por el camino, aconteció que, al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo;
4. y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
5. Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. A los primeros cristianos se les conocían por los del camino. Porque Cristo dijo Yo soy el camino la verdad y la vida nadie viene al Padre sino por Mi. Juan 14:6. Los registros del “antes y después” de las personas que han sido tocadas por Dios, son muchas no solo en la Biblia, sino en los testimonios que a diario escuchamos de cada persona que entrega su corazón a Cristo.
Los obstáculos son vencidos, las vitorias son logradas, los plebeyos son cambiados en reyes, los esclavos alcanzan liberación, los que no se conocen se vuelven héroes nacionales, los débiles se hacen fuertes, los pecadores se vuelven santos, los cobardes se hacen valientes, simples pescadores son trasformados en apóstoles, el hombre sin esperanza se levanta por convicción, los borrachos y viciosos son restaurados, los infieles se vuelven íntegros ,los violentos y envanecidos se vuelven tiernos y humildes, etc.
Por eso hay esperanza para aquel que está sumido en la desesperación, en la aflicción y está perdido en las tinieblas. Dios puede sacarlo de la más densa oscuridad, porque Él quiere y puede transformarlo en una nueva criatura. Para Él no hay nada difícil, ni imposible.
El testimonio de hoy es el del Saulo, un arrogante fariseo, intelectual y conocedor de la Ley de Dios, que fue el mayor oponente de la iglesia, persiguiendo a todos los seguidores de Cristo y que consintió la muerte de muchos. Este hombre que parecía poderoso y atemorizante a los ojos humanos, tuvo un encuentro personal con Cristo, donde su ego fue totalmente desnudado y dominado por Jesús resucitado. Ese hombre, se convirtió en el más grande defensor del evangelio de Jesucristo, fue cambiado en otra persona, Pablo el apóstol y más grande misionero de la iglesia primitiva. Esto nos muestra que Dios puede hacer de nosotros lo que Él quiere que seamos.
Dios nos llama a orar y a evangelizar para darle la oportunidad a aquellos que todavía no se han encontrado con Jesús. Oración
"Amado Jesús, te doy infinitas gracias por haberme rescatado de mi vana manera de vivir y darme una nueva oportunidad de vida, haciendo de mí esa persona que tú quieres que sea. Ayúdame a evangelizar, para ayudar a aquellos que todavía no te conocen. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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sábado, 24 de noviembre de 2018

Unidad y amor


Jesús quería ver unidad y armonía entre los miembros de la Iglesia, y lo mostró cuando oró pidiendo al Padre: “Y ya no estoy en el mundo; más éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros.” (Juan 17:11) “para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; Juan 17:21. Toda la Biblia contiene mensajes de armonía, pues la voluntad de Dios es que sus hijos vivan en acuerdo. La armonía debe empezar por uno mismo, renovando nuestra manera de pensar. Uno de los peores enemigos de la armonía son los pensamientos descontrolados, injustificados. Salomón lo pone muy claro: “Porque cuál es su pensamiento en su corazón tal es él” (Proverbios 23: 7. Si no hay armonía en nuestra mente, no podremos vivir en armonía con los demás. Si la armonía está dentro de uno mismo, ésta se proyecta en la congregación.
Por tanto, no permitamos que en nuestra comunidad se rompa la armonía por altercados que no tienen sentido, pues hay bendición para los que promueven la unidad.  La vida cristiana se vive en comunidad, y dice la Biblia: “no dejando de congregarnos,” hebreos 10: 25, pero no sólo es el hecho de estar juntos como hermanos, sino de tener una relación estrecha de armonía, unidad y amor.
La unidad es una acción del Espíritu Santo y la comunión es la acción de los creyentes. Por esto Pablo nos dice: “solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;” Efesios 4:3, y Jesús dijo: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”. Juan 13:35. Mirad cuán bueno y cuán delicioso es Habitar los hermanos juntos en armonía! […]; Porque allí envía Jehová bendición, Y vida eterna.” Sal 133:1, Oración
Padre Bueno, ayúdame a vivir en armonía junto a mis hermanos, amándolos como tú quieres que los ame, de manera incondicional. Gracias Señor, Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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viernes, 23 de noviembre de 2018

CONSAGRACIÓN


Estas cosas hablo Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese. He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra”, Juan 17:1-6.  El anhelo más profundo que llenaba de gozo el corazón de Jesús era saber que volvía a encontrarse con su Padre, su misión había concluido. Tres años habían transcurrido y con su ejemplo estableció la más alta norma de vida que sirve para enmarcar el destino de un verdadero hijo de Dios.
Esta oración es muy sombría, siendo ubicada inmediatamente antes de su arresto y crucifixión. Sin embargo, recién Jesús había afirmado: “¡yo he vencido al mundo!”, “Te he glorificado, he acabado la obra”, sintetizándose así los tres grandes propósitos por los cuales vale la pena vivir: Glorificar a Dios, llevar a cabo la obra que encarga a cada uno como misión histórica en este mundo y un futuro lleno de esperanza para los que han tenido la experiencia de conocerlo sabiendo que Él es la vida eterna.
Era necesario que viniese de la eternidad al tiempo para manifestar el nombre a los hombres. El Maestro había cumplido con su labor, ahora era menester poner a prueba su lección; estaba seguro que sus discípulos no le fallarían. Al estar cerca de ellos, conformó su carácter al de un padre y se relacionó con ellos, pero tenía que partir, entonces debían comenzar a valerse por sí mismos y depender de su comunión con el Padre. Jesús mira hacia adelante, a la cruz, con la plena esperanza de victoria y el reencuentro con su Padre. Este es el fin de su ministerio terrenal pero la continuación de su ministerio en el cielo.
Si observamos la oración de Jesús en el capítulo de Juan 17, Él levanta sus ojos al cielo, mirando confiadamente hacia su Padre, mostrando una actitud de negación y entrega total. Pide por su glorificación, por los once discípulos y por todos los que habrían de creer por el ministerio de estos.
Esta oración de consagración debe servirnos de ejemplo si queremos tener una genuina relación con nuestro Padre Eterno, debemos glorificarlo siempre con nuestras vidas. Jesús lo glorificó en la cruz ofreciéndole perfecta obediencia, mostrando su amor perfecto. Glorificar al Padre es darlo a conocer. Conocer a Dios no sólo es saber cómo es, sino también estar en íntima relación de amistad con Él por medio de Jesucristo y compartir su mensaje de amor a otros.   Oración.
Amado Jesús, gracias por tu obra redentora con la cual me salvaste y me regalaste la vida eterna, quiero glorificar al Padre siguiendo tu ejemplo de obediencia, haciendo lo grato ante tus ojos y dándote a conocer a otros. Amén.     Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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jueves, 22 de noviembre de 2018

El Verbo


En el principio era
el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz. Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció”. Juan 1:1-10. El milagro más grande del mundo fue la encarnación del eterno Hijo de Dios. Este pasaje empieza diciendo “en el principio”, esta palabra que se usó en el libro del Génesis, cuando la creación fue hecha, la repite nuevamente el apóstol Juan, señalando un nuevo comienzo, una nueva creación. Y eso es exactamente lo que sucede en nuestras vidas cuando Jesús llega a nuestro corazón, somos nuevas criaturas, tenemos un nuevo comienzo, un borrón y cuenta nueva. Porque Jesús es Vida, y viene a darnos otra oportunidad. Si le hemos pedido a Cristo, que nos haga nuevas personas, recordemos que ese nuevo comienzo, sólo está a disposición de los que le creen.
El Verbo existía antes del comienzo de la creación, todas las cosas fueron hechas por Él, incluyendo al ser humano, pero éste entró en conflicto con su Creador y se separó de su presencia, sumergiéndose así, en las tinieblas.
Ese Verbo que era con Dios, que es Dios, que ama incondicionalmente, se compadece del ser humano caído y toma sobre sí su naturaleza, haciéndose hombre, proveyendo de ésta manera el medio para la reconciliación a través de su muerte. Jesús es la Vida y es la Luz de los hombres, esa Luz verdadera, que resplandece en medio de este mundo tenebroso y lleno de pecado. Jesús se vistió de carne, se identificó con la humanidad, para cumplir con el plan de salvación. Vivió como un hombre, sin dejar de ser Dios.
A muchos nos alumbró la luz de Cristo y ahora somos reflejo de Él. Sin embargo, como en tiempos de Juan, su propio pueblo lo rechazó y no lo recibió. Hoy podemos decir, que el mundo sigue rechazándolo y desconociéndolo. La misión y la esencia del Verbo encarnado es llevar vida y luz a través de sus hijos, aquellos que hemos creído en Él. Seamos testimonio como Juan, preparando el camino del Salvador, con el mensaje del arrepentimiento. Oración
Señor, hoy te pido para que los ojos de muchas personas sean abiertos, contemplen tu luz y tengan un nuevo comienzo, toca la vida de los que están en tinieblas para que lleguen a la salvación por medio de la fe en Jesucristo, crean y te reciban en sus corazones. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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