domingo, 19 de octubre de 2014

Mateo 1:1

Mateo 1:1
Tabla genealógica de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.





Empezando por Abraham, seguido por Isaac y luego Jacob, la ascendencia de Jesús incluye al Rey David, su hijo Salomón y así sucesivamente hasta llegar a un nuevo Jacob quien nombra a su hijo José quien decide unirse en matrimonio con una mujer llamada María de la cual nació Jesús llamado el Cristo (Mt. 1:16). Pasaron varios cientos de años para que se diera el nacimiento de Jesús. Cada año meticulosamente planeado y medido por Dios para que el momento fuera preciso. Hoy quiero escribir acerca de la genealogía de Jesús para descubrir otro atributo de nuestro Dios: la perfección.
¿Con cuánto tiempo de anticipación puedes hacer tus planes? Si bien pueden ser muchos meses e incluso años, voy a limitar un poco más la pregunta anexando lo siguiente ¿sin que tengas que corregirlos o postergarlos de la fecha que escogiste desde un principio? Probablemente no pase de algunos meses si no es que estoy exagerando. Existen demasiadas variables que no controlamos que por más que quieras esforzarte y limitarlas, es imposible. Por mi trabajo, es necesario que tome aviones muy seguido. Cuando compras tu boleto con mayor anticipación, el vuelo es más barato en comparación de unos días antes. ¿Por qué pasa esto? Por que las aerolíneas necesitan asegurarse de cierto número de pasajeros para seguir con sus “planes”. De la misma forma, tú y yo buscamos tener ciertas variables “controladas” para (según nosotros) poder seguir con nuestros planes.
Nuestros planes distan mucho de ser perfectos. Nuestra vida dista de ser perfecta; te voy a recomendar algo: deja que Dios te muestre sus planes en lugar de quererle mostrar los tuyos. Jehová se encargó de planear el mundo y su existencia en cada detalle que puedes ver a tu alrededor, lo hizo con una precisión absoluta e incomprensible para nosotros. Controla el día y la noche, cada animal que fue creado, cada flor, montaña, lagos etc., pero sobre todo: a ti. Tú eres su creación preferida e igualmente perfecta. Así como Jesús tiene su genealogía, tú tienes la tuya. Dios se encargó de que pasaran miles de años (por lo menos unos 8 mil que tiene la tierra de existir) para que nacieras. Naciste en el momento que Dios lo permitió, no antes, no después, viviste lo que tenías que haber vivido, todo en una perfección y precisión que nadie pudo haber controlado. Tuviste a la familia que Dios decidió que debías tener, naciste en el lugar que Dios escogió para ti y tienes el carácter que Dios quiso para ti (¡aunque sea lo que más haya que trabajar!). No creo en las coincidencias. Creo en la exactitud y perfección de Dios Padre. Creo que debes analizar tu vida y tratar de encontrar cómo se manifiesta la perfección de Dios a tu alrededor. Ahora observa tu cuerpo. ¿Acaso le dices a tu corazón que debe trabajar o lo hace por sí solo? ¿Coincidencia o perfección? Estoy seguro que si de ahora en adelante, abres tus ojos y pones atención, podrás darte cuenta de la increíble perfección del Creador. Posteriormente, confiarás más en sus planes que en los tuyos y podrás vivir más fácilmente su camino haciendo el tuyo a un lado.

Oración
Padre: gracias por ser perfecto. Ayúdame a darme cuenta de tu perfección en todo lo que me rodea. Gracias por planear el nacimiento de Jesús. Gracias por planear mi nacimiento. Ahora entiendo que yo no puedo planear con la misma perfección que tú lo haces y por ello quiero entregarte mis planes para que seas Tú quien los guíe. Te lo pido en el nombre de Jesús
Amén

sábado, 18 de octubre de 2014

Colosenses 2:15

Colosenses 2:15
(Cristo) desarmó a los poderes y a las potestades, y por medio de Él los humilló en público al exhibirlos en su desfile triunfal.




Como ser humano, no dejo de sorprenderme de la grandeza y perfección de Dios. Su forma de enseñarnos. Su planeación. Al leer estos pasajes y tratar de entender lo que estaba pasando en ese entonces, trasladarlo a hoy y aprender sobre un principio que Dios tiene para mí, simplemente me deja atónito. Es demasiada perfección en un libro escrito hace tanto tiempo. ¡Tenía que ser Dios!
En la versión Reina Valera describe este desfile triunfal como la crucifixión.
¿Cómo es posible que se pueda entender el sacrificio de Jesús, su sufrimiento, su desfiguración, su humillación, todo lo que atravesó en ese calvario como un desfile triunfal? Insisto, Dios nos enseña de formas muy distintas a las que estamos acostumbrados, pero más precisas no podrían ser.
Nuestra tendencia como personas, es relacionar todo con aquello que percibimos. Hacemos relación de lo que escuchamos en la Palabra junto con lo que aprendemos en la calle. Resultado: choque sin sentido. En la calle o en el mundo, aprendes que una entrada o desfile triunfal se da con un rey o una celebridad. Vestida de ropas finas y hermosas. Probablemente no camine sino esté siendo llevada por un transporte lujoso. La gente alrededor se empuja por poder ver siquiera un instante a este personaje. Todos ven con admiración y probablemente respeto. Otro tipo de desfile triunfal sería el de un ejército entrando en alguna ciudad después de haber acabado con sus enemigos. Todos contentos y orgullosos. Muy distinta concepción a la de un ser humano caminando con una cruz encima, recibiendo golpes, insultos, escupitajos, etc.
Pero Jesús no es como nosotros. Sus planes son distintos y llenos de sabiduría. Quizás, este “desfile triunfal” fue lo que desanimó a muchos o la mayoría de sus seguidores. Jesús no estaba pensando en ser una celebridad, en cambiar al gobierno Romano y liberar a los judíos. Los principados y potestades son traducidos en la Biblia de lenguaje sencillo como aquellos espíritus con autoridad. Pero muchos se fueron con la idea de que la libertad que traería el Mesías, vendría sobre la opresión física que estaban sufriendo.
El día de ayer se celebró la entrada triunfal de Cristo a Jerusalén. Lo exaltaban y adoraban. Unos días después lo insultarían y abandonarían.
No es fácil entender a Jesús. Hoy quiero animarte a meditar sobre tu concepción de Él y tu relación con Él. ¿Quién es Jesús para ti? ¿Qué significa su muerte? ¿Es el que se encarga de realizar los milagros que necesitas? ¿Es una fuerza o energía que se mueve en el universo? ¿Un gran hombre?
Cristo cumplió la voluntad de Dios al realizar su “desfile triunfal” en la cruz. Logró que el pecado y todo espíritu ajeno a él dejaran de tener cualquier tipo de potestad y nos dio la oportunidad de ser libres y vivir en comunión con Él.
¿De qué lado quieres estar?

Oración
Padre: yo quiero estar de Tu lado. Perdona mis pecados y ayúdame a entender lo que has hecho por mí. Te doy gracias por quitarme las cadenas del pecado y librarme de todo aquello que me oprimía. Te pido que me escuches en Cristo Jesús.
Amén

viernes, 17 de octubre de 2014

Colosenses 2:16-17

Colosenses 2:16-17
No dejen que nadie los critique por lo que comen o beben, o porque no celebran ciertas fiestas ni respetan los días de luna nueva o de descanso. Todo eso no era más que la sombra engañosa de lo que estaba por venir. Lo real y verdadero es Cristo.



El seguir a Cristo me ha permitido dejar atrás malos hábitos y vicios. Ha transformado mi forma de pensar, mi forma de amar, mi forma de vivir. He aprendido a valorar lo importante y a despojarme día a día de lo no importante. En este camino de aprendizaje, me he topado con personas que no aprueban los cambios o “ajustes” que he realizado en mi vida. Por ejemplo: algunos piensan que soy muy exagerado porque decidí dejar de utilizar el alcohol como medio para emborracharme. ¿Irónico no crees? Si es un cambio bueno, ¿por qué encontré rechazo ante esta decisión?
Lo real y verdadero es Cristo. En Él está el camino correcto. El camino que tiene vida abundante y vida eterna. Un camino que reconcilia familias, que devuelve la vida a los perdidos, rescata a los adictos, da sentido a los que no quieren seguir viviendo. Estos son algunos ejemplos de lo que hace Cristo en nuestras vidas. Estoy seguro que tú podrás poner tus propias experiencias con Jesús. Insisto, ¡esto es real, esto es verdadero, esto es Cristo!
Al parecer, no todas las decisiones correctas son bien recibidas por la gente. Pablo lo advirtió hace varios cientos de años y hoy sigue siendo igual.
Pero no se trata solamente de comer o tomar algo, sino también de lo que festejas o a los eventos que acudes. En estos años he meditado sobre las celebraciones de halloween y el día de muertos. Al principio era fácil decir que estaban mal. Después pensé en mis hijos (que todavía no tengo). Serían rechazados y señalados. Probablemente me pedirían disfrazarse como todos sus amigos y yo tendría que decir que no. Incluso pienso que tal vez no estaría tan mal si los disfrazo de algo que no esté relacionado con espíritus o vampiros. Pero finalmente creo que este versículo trae luz a mi vida con respecto a las celebraciones que debemos y no debemos tener. Recibiremos críticas. Sí. Será difícil, también. ¿Lo podemos atravesar? Seguro, todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Fil 4:13).
Ir contra corriente es algo natural cuando sigues a Jesús. No significa que debas hacer tonteras o cosas sin sentido. Lo que debes entender es que habrá gente que no apoye tus ganas de ser transformado por Cristo. Criticarán tus decisiones. Criticarán tus actos. Criticarán todo aquello que es diferente, que no entienden y que probablemente exhibe su error. Cristo es lo real y verdadero. No permitas que las críticas te desalienten o te frenen en tu carrera espiritual. Te invito a que busquemos a Dios y no dejemos que nada ni nadie se oponga en nuestra relación con Él.

Oración
Señor: no permitas que las críticas me desanimen. Dame fortaleza y sabiduría para seguir tu camino con paso firme. Pon en mi el discernimiento correcto para comer, beber y celebrar las cosas correctas, las que son agradables a ti. No permitas que me separe de Ti, en el nombre de Jesús
Amén

jueves, 16 de octubre de 2014

Hechos 9:13-14

Hechos 9:13-14
Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre.



El día de ayer escribí sobre la increíble disposición de Ananías al contestar: Heme aquí. Hoy podemos ver a un Ananías muy humano, muy real comenzando a dudar sobre lo que Dios le está pidiendo. De hecho, no debemos ser muy críticos con él puesto que le estaban pidiendo que fuera frente al enemigo y lo ayudara esperando que no le haría ningún daño. Cuando conocemos el final de la historia, los eventos pierden un poco de valor. Pero si analizamos bien cada hecho sin pensar en lo que ya conocemos, nos ayuda a darle la dimensión correcta y a aprender sobre lo que nosotros debemos o no hacer.
¿Cuántas veces te has encontrado con ganas de seguir a Dios, ser transformado, hacer las cosas diferentes y empezar de nuevo? Espero que muchas. Conforme expresas tu deseo a Dios, Él dice: muy bien, pongamos a prueba ese corazón, y las pruebas en tu vida comienzan. De repente te encuentras en situaciones que no esperabas, con problemas que no tenías y pareciera que estabas mejor antes. No eres el único que lo ha pensado, los judíos cuando se encontraron en el desierto se quejaron contra Moisés pues pensaban que era mejor ser aplastados por los egipcios que vivir en el desierto. El punto es que Dios examina nuestros corazones y esto se da a través de las pruebas. Es necesario “sacar” lo peor de nosotros para que Dios pueda comenzar a moldearnos. Jehová quería seguir moldeando el corazón de Ananías y le pide dar un paso más en su “entrenamiento” de fe al decirle que vaya y se encuentre con aquél que aprehende a los cristianos y permite que sean lapidados o colgados.
He oído cosas terribles de Saulo mi Dios… En otras palabras, le está preguntando a Dios si está seguro de lo que está diciendo. ¿Saulo? ¿Seguro? ¿Saulo de Tarso? Y nosotros preguntamos igual: ¿Señor a mí? ¿Perdonar, a esa persona? ¿Ayudar después de lo que me hicieron? ¿Pedir perdón? ¿Arrepentirme? Señor ¿no te has dado cuenta de todo lo que pasó? Le hablamos a Dios pensando que es como nosotros. ¡Por supuesto que sabe todo lo que ha pasado y lo que te está pidiendo! Pero nos encanta poner pretextos y tener una escusa para echarnos para atrás pensando que estábamos mejor antes. ¿Puedes darte cuenta de estas reacciones en ti? ¿Puedes recordar cómo le has cuestionado a Dios sus planes porque parecen imposibles? Señor, le dice Ananías, Saulo tiene incluso poder en esta zona de aprehenderme. ¿Qué respuesta podemos esperar de Dios? Perdona Ananías se me olvidaba quién era Saulo de Tarso. ¡Por supuesto que no! Más bien, esperamos un: lo sé, Saulo ha hecho cosas terribles, bástate mi gracia pues mi poder se perfecciona en tu debilidad y tengo planes específicos para ti…

Oración
Señor: no dejo de sorprenderme con tu palabra y la perfección que hay en ella. Entiendo hoy que mis pruebas son necesarias y que moldean mi carácter. Te pido que pueda confiar en Ti, depender de Ti y caminar en Ti pues tengo frente a mí a “Saulo” quien no me deja dormir tranquilo pensando en todo lo que pudiera pasar. Te pido por tu paz y gozo en el nombre de Jesús. Amén

miércoles, 15 de octubre de 2014

Hechos 20:4-6

Hechos 20:4-6


Lo acompañaron Sópater hijo de Pirro, de Berea; Aristarco y Segundo, de Tesalónica; Gayo, de Derbe; Timoteo; y por último Tíquico y Trófimo, de la provincia de Asia.  Éstos se adelantaron y nos esperaron en Troas.  Pero nosotros zarpamos de Filipos después de la fiesta de los panes sin levadura, y a los cinco días nos reunimos con los otros en Troas, donde pasamos siete días.


Necesitamos de los demás.  Tal vez consideres lo contrario, pero la realidad es que necesitas de tu prójimo.  Dios es tan bueno con nosotros que nos enseña cómo cada personaje de la biblia tenía consigo otros hermanos en la fe que lo ayudaban a seguir adelante.  David tenía a Jonatán y a todo un grupo de seguidores.  La biblia dice que cuando sale a esconderse en tierra filistea, llevaba consigo 400 hombres.  David.  El que venció al gigante Goliat.  ¿No era lo suficientemente hábil para poder estar solo?  Moisés tuvo que dividir su trabajo poniendo a distintos líderes que aconsejaran al pueblo.  Josué tuvo a Caleb.  Esther tuvo a Mardoqueo.  Y así vemos en repetidas ocasiones esta forma de dependencia y el pasaje de hoy no es la excepción.  ¿Por qué Dios los mandaba en parejas o siempre con alguien?  ¿Qué no podrían ir solos?  Definitivamente que no necesitaban de alguien más pues el Señor todo lo puede.  Cualquier milagro y transformación podría realizarse de la mano de un siervo sin necesidad que hubieran más.  Pero el Señor lo hizo y lo hace por nuestro bien.  Lo hace para protegernos y enseñarnos que necesitamos de los demás.  De hecho, pienso que cuando la biblia nos dice que no dejemos de congregarnos no es para que las congregaciones tengan gente ni tampoco porque no puedas estudiar la biblia y tener comunión con Dios por tu parte.  Es para enseñarnos que nuestra vida espiritual se desarrolla a través de la comunión con otros hermanos.  Para mostrarnos que la rendición de cuentas, el discipulado en sí, se perfecciona cuando tienes a otro hermano que te ayuda en tu vida espiritual.  Ya vimos que gracias al consejo que recibió Pablo de los hermanos, no salió a calmar la turba que se había levantado.  Así, tú y yo necesitamos recibir consejos.  Necesitamos convivir con otras personas y principalmente con nuestros hermanos.  ¿Son perfectos?  ¡Por supuesto que no!  ¿Acaso tú eres perfecto o mejor que los demás?  Espero que tu soberbia no se encuentre tan arriba que no te deje ver tus errores.
El pasaje nos dice que Pablo iba acompañando de varios hermanos que le ayudaban preparando camino o en alguna otra tarea que fuera surgiendo.  Podemos pasar por alto estos versículos y pensar: eso funcionó para Pablo pero no es para mí.  Yo quiero seguir sin depender de nadie.  Yo no quiero que los demás puedan opinar de mi vida y de lo que hago o no hago.  No necesito de alguien más para mi comunión con Dios.  ¿Quieres saber la verdad?  La verdad es que no quieres que se descubra tu doble cara.  La verdad es que no estás comprometido con Dios.  La verdad es que eres una persona los domingos y otra los demás días.  No significa que los que nos entregamos a Dios no cometemos errores.  ¡Por supuesto que no!  Al contrario, lo primero que reconocemos es cuánto necesitamos el perdón que ofrece Cristo pues constantemente fallamos.  Como decía Pablo, de los pecadores me considero el peor.  ¿Por qué?  No por darme golpes de pecho sino porque día a día el Señor nos muestra cuánto tenemos que cambiar.  Pero abrimos nuestro corazón y exponemos nuestras pruebas para poder ser exhortados, animados y corregidos por nuestros hermanos en la fe.  Se necesita valor y a la vez humildad pero créeme, una vez que des ese paso y subas el escalón, ya no querrás regresar.
Oración
Padre: ¡Cuántas gracias te doy!  Gracias por fijarte en mí.  Por tenerme presente sin yo merecerlo.  Hoy entiendo que necesito de mis hermanos.  Hoy entiendo que mi vida espiritual se fortalece cuando me congrego.  Hoy entiendo que puedo servirte cuando entre hermanos nos servimos mutuamente.  Yo te pido que mi soberbia no estorbe mi comunión ni entrega.  Transfórmame.  Renuévame.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén

martes, 14 de octubre de 2014

Filipenses 1:6-8

Filipenses 1:6-8


Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús.  Es justo que yo piense así de todos ustedes porque los llevo en el corazón; pues, ya sea que me encuentre preso o defendiendo y confirmando el evangelio, todos ustedes participan conmigo de la gracia que Dios me ha dado.  Dios es testigo de cuánto los quiero a todos con el entrañable amor de Cristo Jesús.



Cuando leemos en la Biblia que la iglesia es un solo cuerpo, lo podemos entender con estos versículos que escriben Pablo y Timoteo.  Si estoy en gozo, en prisión o en cualquier otra circunstancia, todos ustedes participan conmigo de la gracia que Dios me ha dado pues somos un mismo cuerpo.  Esto es lo que Pablo está diciendo.  Todos somos hermanos en la fe.  Todos estamos aquí para motivarnos y amarnos en el amor de Cristo Jesús.  Ahora, hay un detalle sumamente importante: el amor que nos tenemos entre hermanos debe provenir del amor de Dios.  No de nosotros pues este amor no es duradero y cuando vienen las pruebas y los conflictos, normalmente desaparece.  Pero el amor que Dios nos da permanece sin importar lo que estemos atravesando.  Es sumamente probable que como hombres fallemos.  Yo te voy a fallar.  Probablemente tu pastor te pueda fallar y tú le vas a fallar a alguien más.  Por eso es de gran importancia que tu amor hacia los hermanos en la fe esté basado en Cristo y no en nuestro comportamiento.  Pongamos la mirada en Jehová y así como Él nos perdona y ama sin restricción, amemos y perdonemos a nuestros hermanos.  Aprendamos a ser un solo cuerpo.  A gozarnos y a entristecernos junto con ellos.  Pensemos menos en nosotros y más en nuestro prójimo.
Por otro lado, es sumamente importante entender quién da el crecimiento espiritual.  Dios.  Cada uno de nosotros tenemos distintas “velocidades”.  Algunos crecen muy rápido y otros pareciera que van caminando.  Ninguno crece a la misma velocidad que el otro.  Como humanos, nos encanta poner patrones y pensar que todo debe ser igual.  Tenemos una educación que nos motiva a pensar así.  Pero con Dios las cosas son distintas.  Podemos tener un joven de 18 años enseñarle a sus padres lo que es seguir al Señor.  De igual forma, dos personas que reciben a Cristo el mismo día, tendrán un crecimiento distinto.  Lo que sabemos es esto: que el Señor, quien comenzó la obra en nuestros corazones, es quien se encarga de irla perfeccionando.  Va a depender de nuestra rebeldía, de nuestros deseos de obedecer, nuestras ganas de entregarnos y sobre todo nuestra voluntad para servir.  No critiques.  No juzgues.  No somos nadie para hacerlo.  Si un hermano lleva tiempo asistiendo a la iglesia y no ves frutos, mejor ora por él y entiende que el Señor quiere seguir perfeccionando su obra.  Tristemente he escuchado personas que señalan y piensan que, por llevar tiempo acudiendo a la iglesia, la gente debería actuar de tal o cual manera.  Esto no funciona así.  Habemos unos más necios que otros.  Habemos unos más orgullosos que otros.  Habemos unos con más prejuicios que otros.  En fin, hay tanto que tenemos en nuestro corazón que debe ser cambiado que solamente el Señor, quien comenzó la obra, puede terminarla hasta la perfección.  Seamos un cuerpo y busquemos crecer juntos respetando la “velocidad” de cada uno.  Amémonos.  Gocémonos en Cristo.  Dejemos que Él siga trabajando en nosotros y aprendamos a servirle en todo lo que hagamos.

Oración
Padre: te pido perdón por mis pecados.  Te pido perdón porque no amo a mi prójimo o a mis hermanos en la fe con Tu amor.  Quiero que tu amor abunde en mi vida y pueda llevarlo a los demás.  Quiero que mi vida sea testimonio de cuánto nos amas y cuánto podemos ser transformados al obedecerte.  Gracias por darle dirección y sentido a mis pasos.  En Cristo Jesús.  Amén 

lunes, 13 de octubre de 2014

1 Juan 1:8-10

1 Juan 1:8-10


Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la verdad.  Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad.  Si afirmamos que no hemos hecho pecado, lo hacemos pasar por mentiroso y su palabra no habita en nosotros.



Muchas personas tienen la idea (errónea) que deben “cambiar” para poder acercarse a Dios.  Piensan que no son bien recibidos tal cual y como están y por ello no tienen comunión con Él.  Además, hay aquellos que simplemente no les gusta el principio de reconocer que han pecado.  En otras palabras, ¿por qué aceptar que estoy mal?  Los entiendo.  No es fácil aceptarlo.  Y por último, tristemente tenemos a aquellos que ya a tienen comunión con Dios y por esta razón creen que todo lo que hacen está “bien” y los demás son los que están mal.  ¿Ya te identificaste?  Para los primeros, les tengo una gran noticia: Dios te ama tal cual eres el día de hoy.  Leíste bien.  Dios te ama tal y como estás y eres.  Él vino a rescatar a los enfermos.  Vino por el desamparado.  Vino por el perdido.  Vino por ti.  Cristo convivió con aquellas personas que eran expulsadas de las ciudades.  Y no solo eso, las tocaba y abrazaba.  Así hoy, el Señor quiere abrazarte y consolarte.  Ven a Él.  Pide perdón.  No importa lo que hayas hecho.  La muerte de Jesús cubre absolutamente todo.  El mensaje de Juan nos dice que Dios es fiel para perdonarnos y limpiarnos cuando confesamos nuestros pecados.  No lo pienses más.  Confiésate ante Dios.  No necesitas a otra persona.  Tú solo.  Dile a Dios que estás arrepentido.
El segundo grupo de personas resulta más triste su historia.  A nosotros nos corresponde orar por ellos.  Si tú te encuentras en esa categoría, debes saber que las reglas no las ponemos nosotros sino Dios.  No se trata que estés o no de acuerdo.  Dios es soberano y está por encima de ti y de mí.  Nuestra naturaleza es caída.  El pecado habita en nosotros y no podemos hacer nada más que reconocerlo y acudir a Cristo para ser perdonados.  Sé que difícil aceptarlo.  Sé que tienes muchas dudas.  Te recomiendo que abras tu entendimiento.  Baja tu guardia y escucha de la palabra de Dios para que sea Él quien hable a tu corazón.
Por último, están aquellos que no han comprendido el mensaje.  Juan nos dice: si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos.  El hecho de aceptar a Cristo no quiere decir que nos hemos convertido en una especie de ser “perfecto”.  ¡Seguimos teniendo la misma naturaleza pecaminosa!  ¿Entonces por qué la biblia habla de nacer de nuevo?  Se refiere al nacimiento espiritual y no carnal.
Cada uno de nosotros somos pecadores.  No somos perfectos y nunca lo seremos.  Lo que sí puedes ser es una persona que busca constantemente ser transformado por Dios y dejar atrás todo aquello que no le agrada.  Puedes ser una persona que anuncia el evangelio de Cristo como lo hizo Juan en esta carta.  Puedes decirle a la gente que Dios quiere perdonar a todos aquellos que confesamos nuestros pecados.  Puedes anunciar que no necesitamos ser “buenos” para recibir este perdón.  Puedes trabajar día a día para que el Espíritu tome control de cada área de tu vida y tu carne se vuelva menos importante.  Recuerda, no somos perfectos.  Debemos ser humildes y reconocer nuestra necesidad de Dios.  Así como lo hizo Juan, ¡anuncia el mensaje!

Oración
Padre: yo quiero recibir tu perdón.  Confieso que soy pecador.  Confieso que no soy digno de presentarme ante Ti.  Hoy aprendí que me amas y me perdonas y te pido que así sea en mi vida.  Reconozco mi necesidad de Ti.  Reconozco que Tú eres Dios y tu hijo murió por mí.  Limpia mi vida y permite que nazca de nuevo y seas Tú quien guíe mis pasos.  Te lo pido en el nombre de Cristo Jesús.  Amén