viernes, 25 de abril de 2025

El camino para conocer a Dios


 

El camino para conocer a Dios

“Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él,” Efesios 1:15-17

Conocer a Dios es un deseo o una curiosidad que casi todas las personas tienen, surgen cuestionamientos acerca de quién es Dios, cómo es Dios, quién creó a Dios, por qué permite que ocurran ciertas cosas, entre otras preguntas; y a lo largo de la historia se han visto diferentes métodos o formas que dicen llevar al conocimiento de Dios, pero que realmente solo han sido caminos engañosos: visiones, sueños, filosofía humana, rituales o legalismo son algunas de las más comunes.

El evangelio de Juan, en el capítulo catorce y versículo seis, tiene registrada una de las verdades más reveladoras y poderosas del evangelio, dice: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” Son palabras del mismo Señor Jesucristo revelando de manera clara y contundente que solo por medio de Él es posible conocer a Dios. La Escritura en Hebreos 1:1-2 dice “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;”

Jesús es entonces por quien Dios ahora nos habla y quien así mismo nos ha dicho que Él es el único camino para conocer a Dios. Las palabras de Jesús, es decir, lo que Él nos habla, se encuentra de manera confiable, única y exclusivamente en la Biblia, Él dijo “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí;” Juan 5:39.

Así que, si tú en verdad tienes el anhelo de conocer a Dios o conocer más de Él, lo primero que debes hacer es pedirle en nombre de su Hijo Jesucristo, como dice la cita Bíblica del día, para que te dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él, una vez hecho esto, con toda fe y esperanza en Él, puedes disponerte a leer o escuchar su Palabra.  Oración.

«Señor, gracias porque eres un Dios bueno y misericordioso; estás dispuesto para todo aquel que te quiera verdaderamente conocer; has sido justo y fiel al dejarnos tu Palabra para a ella acceder y por la fe en tu Hijo poderte conocer; hoy te pido que me lleves a ti alumbrando los ojos de mi entendimiento y dándome espíritu de sabiduría y de revelación en tu conocimiento, amén.

jueves, 24 de abril de 2025

Saliendo de la tentación

 


Saliendo de la tentación

“Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.” Santiago 1:13-15

Los cristianos, al igual que todo ser humano, somos de carne y hueso y estamos expuestos a las diferentes sensaciones, emociones y sentimientos que en nuestro cuerpo y alma se pueden experimentar, y es precisamente a través de esto que llegan las tentaciones a nuestra vida, porque hay deseos ilícitos, pensamientos impuros, sentimientos desbordados y conductas erradas, que si por algún motivo le damos cabida en nuestra vida, nos terminan llevando a caer en pecado.

Es por esto que, cuando se nos presente algún tipo de tentación que sea basada en algo que sabemos que no agrada a Dios, que no está bien o que no es correcto, no podemos de ninguna manera pensar que nos la ha enviado Dios y que entonces debe ser por algo bueno, que quizás el Señor quiere que experimentemos aquello que nos parece agradable, bueno o codiciable, puesto que, lo que realmente dice la Palabra, es que Dios no puede ser tentado por el mal, ni Él tienta a nadie, sino que cada uno de nosotros es arrastrado o atraído por sus propios deseos.

De manera que, queridos hermanos, no podemos ser ingenuos o insensatos en nuestra manera de pensar, sino que, cuando nos estemos sintiendo atraídos o seducidos por alguna cosa mala, debemos enseguida reaccionar entendiendo que es algo que no proviene de Dios, que no agrada a Dios y que no es para nuestro bien; y entonces, lo que sí debemos hacer en lugar de ceder a ello, es ir y entregárselo a Dios en la intimidad de la oración, pues la palabra de Dios en Hebreos 4:15 dice que Jesús puede compadecerse de nuestras debilidades por cuanto Él también fue tentado en todo, pero sin pecado; de modo que, confiadamente al trono de la gracia nos podemos acercar y por su misericordia y gracia, el oportuno socorro hallar, pues si de la tentación queremos salir, a Dios debemos ir, y a nuestro razonamiento renunciando para no terminar pecando.   Oración.

«Padre, tu palabra dice que no llega a nuestra vida una tentación que no sea humana, pero aun así, Tú estás ahí atento para que no seamos tentados más allá de lo que personalmente podemos resistir y, para darnos en la tentación, la salida; Padre bueno, gracias por tu fidelidad y tu oportuno socorro; gracias también por tu Palabra que me permite entender que ninguna incitación a hacer el mal proviene de ti, amén.

miércoles, 23 de abril de 2025

El poder de Dios

 


El poder de Dios

“Alabad a Jehová desde los cielos; Alabadle en las alturas. Alabadle, vosotros todos sus ángeles; Alabadle, vosotros todos sus ejércitos. Alabadle, sol y luna; Alabadle, vosotras todas, lucientes estrellas. Alabadle, cielos de los cielos, Y las aguas que están sobre los cielos. Alaben el nombre de Jehová; Porque él mandó, y fueron creados. Los hizo ser eternamente y para siempre; Les puso ley que no será quebrantada.” Salmo 148:1-6

Cuando mencionamos la palabra “poder”, seguramente nuestra mente lo relaciona con alguna fuerza, capacidad o autoridad especial, pues en la cotidianidad escuchamos de poderes económicos, políticos o sociales que justamente son ejecutados para determinar muchos aspectos en la sociedad, el territorio y demás; quizás también en algún momento hemos visto o escuchado en el cine o la televisión acerca de personajes superpoderosos, es decir, con fuerza o capacidades mucho mayores a las de cualquier ser humano.

En efecto, cuando la Biblia en el Antiguo testamento habla acerca de “poder”, se refiere a la capacidad para ejercer autoridad de forma efectiva, entonces, por su misma naturaleza, el máximo y verdadero poder es perteneciente solo a Dios; el Salmo 62:11 dice “Una vez habló Dios; Dos veces he oído esto: Que de Dios es el poder,” poder que podemos ver y corroborar esencial y contundentemente en dos aspectos, primero: la creación, el Salmo 148 exhorta a toda la creación, cielos, ángeles, ejércitos, sol, luna, estrellas, abismos, montes, collados, árboles, animales, pueblos de la tierra, jóvenes, ancianos y niños, a alabar el nombre de Dios, por cuanto Él mandó y fueron creados; y segundo: el mantenimiento del mundo, el Salmo 65:6-7, 9 dice “Tú, el que afirma los montes con su poder, Ceñido de valentía; El que sosiega el estruendo de los mares, el estruendo de sus ondas, Y el alboroto de las naciones.” “Visitas la tierra, y la riegas; En gran manera la enriqueces; Con el río de Dios, lleno de aguas, Preparas el grano de ellos, cuando así la dispones.”

Hermano, no hay poder, fuerza o autoridad superior a la de nuestro Dios, por eso cualquier situación, condición o relación en tu vida que se haya tornado difícil o imposible, no dudes en entregársela al único que tiene la capacidad para ejercer poder y autoridad de manera efectiva en todo y todos.  Oración.

«Poderoso, único y verdadero Dios, qué honor y qué privilegió me has dado por Jesucristo, de llamarte Padre y de acudir a ti en todo momento y lugar; sé que no hay nada imposible para ti y que siempre estás obrando; gracias por toda tu misericordia, gracia, amor y generosidad, bendito y alabado seas tú por los siglos de los siglos, amén.

martes, 22 de abril de 2025

Despojarnos

 


Despojarnos

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” Filipenses 2:5-11

La palabra de Dios en la cita bíblica del día nos está llamando a que en nosotros haya el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que, se despojó a sí mismo; despojarnos es entonces el principal llamado. Jesús, en su caso, se despojó de su divinidad, de su gloria, de su poder y todo atributo divino para venir a la tierra en condición de hombre y también de siervo, el cual, como continúa el texto, se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz.

En nuestro caso, a lo que nos invita Dios, es a que nos despojemos de todo aquello que en nuestra humanidad podamos considerar valioso y que de alguna manera nos proporcione confianza o seguridad de nosotros mismos en nuestra obediencia al Señor; el apóstol Pablo lo manifiesta de la siguiente manera en Filipenses 3:4-7 “Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo.”

ntonces, el llamado del Señor es a que estimemos como pérdida cualquier logro, título u obra buena que hasta ahora en servicio a Él hayamos podido realizar, de manera que nuestra confianza y seguridad no esté en eso y menos en nuestros propios esfuerzos, sino que realmente y como nos lo menciona el Señor Jesús en Mateo 5:3 “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.” Un completo sentir de pobreza y humildad de espíritu es lo que el Señor quiere de nosotros, una total dependencia de Él y de su Espíritu en todo momento, para que en su sabiduría y poder continuemos en este maravilloso caminar de obediencia y servicio a Él; “Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.” Mateo 23:12.   Oración.

«Padre, que por tu Espíritu en mi corazón, hagas de mí esa persona mansa y humilde que tú quieres que yo sea; que sea yo menguando y Jesucristo creciendo en mi vida, que toda confianza o seguridad en mis logros, capacidades o talentos sea totalmente despojada y desarraigada de mi corazón, y que por el contrario, en todo momento y actividad dependa de ti y del poder de tu Santo Espíritu en mí, pues tuya es la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos, amén.

lunes, 21 de abril de 2025

Bendición y privilegio de la resurrección

 


Bendición y privilegio de la resurrección

“Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas. He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.” Lucas 24:45-49

La Resurrección de nuestro Señor Jesucristo, sin duda es un acontecimiento de gran victoria y gozo para la comunidad creyente, pues significa que el sacrificio realizado por el Señor sí fue agradable y aceptado delante de Dios, lo que nos permite entre otras cosas, tomar de manera personal con toda seguridad y confianza la palabra declarada en Salmos 32:1-2 que dice “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño.” Bienaventurados somos hoy y todos los días de nuestra vida, los que creemos en Jesús como nuestro Señor y Salvador.

Ahora bien, junto con esta nueva libertad del pecado, la culpa, la condena y todo lo que nos mantenía atemorizados y esclavizados, ha llegado un nuevo propósito y sentido a nuestra vida, pues es el Señor por medio de su Palabra hablándonos hoy las palabras mencionadas después de su resurrección, que básicamente nos confirman que nuestro entendimiento ha sido abierto y hemos sido investidos de poder por medio del Espíritu Santo (Juan 14:26, 16:12-15, Hechos 1:8), lo que nos concede el enorme privilegio y bendición de compartir las buenas noticias de salvación a todo aquel que hoy todavía esté en oscuridad, derrota y condenación.

Hermanos, somos testigos del gran poder transformador que tiene el sublime amor de Dios manifestado en la obra de salvación, y somos conscientes de que es todo lo que necesitan nuestros semejantes para que sus vidas sean cambiadas, prosperadas y bendecidas; de manera que, vivamos cada día en el amor, poder y dirección del Espíritu Santo para que continuamente su fruto en nosotros podamos ver reflejado y compartiendo el mensaje de amor y salvación, el corazón de otros sea llenado.  Oración.

«Padre Celestial, en este día te queremos alabar por hacernos partícipes del gran gozo y privilegio que nos proporciona la resurrección de nuestro Señor y Salvador; gracias por levantarlo de la tumba y exaltarlo hasta lo más alto; hoy te pedimos que avives el fuego de tu Espíritu Santo en nosotros para que cada día por tu amor, poder y dirección seamos transformados y usados para bendecir la vida de otros, por la gracia de Jesucristo, amén.

domingo, 20 de abril de 2025

Hablar con Dios para salvación

 


Hablar con Dios para salvación

“Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: «De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.” Lucas 23:39-43

Es sorprendente el derroche de gracia y amor que podemos ver en Jesús hacia este ladrón, es asombroso que aun cuando este pagaba la condena impuesta por las autoridades terrenales en sus últimos momentos de vida, haya recibido la salvación.

Como seres humanos, nos cuesta mucho comprender esto, porque según nuestra sabiduría y justicia, cada persona debería recibir el trato y las consecuencias que sus obras merecen, como por ejemplo este ladrón crucificado junto a Jesús, que precisamente reprendiendo al otro dijo: “Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo.” Sin embargo, vemos, por la respuesta de Jesús, que no es lo mismo en el reino de los cielos. El ladrón hablándole a Jesús le dice “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.” A lo que el Señor le responde: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.” Y en estas breves palabras y este sencillo ejemplo, podemos entender cómo funciona en el reino de los cielos. La palabra de Dios en Gálatas 3:11 dice: ”Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá;”

Hermanos, en el reino y la sabiduría de Dios, tiene derecho y es merecedor de recibir salvación, todo aquel que profese su fe en Jesús como Señor y Salvador; realmente ningún ser humano es lo suficientemente bueno o correcto moralmente como para no tener necesidad de la obra de Jesús en la cruz que lo salva y lo justifica, pero tampoco ninguna persona es lo escalofriantemente mala como para no ser digna o merecedora de recibir perdón de pecados y vida eterna. De modo que, nuestro llamado es para que, conociendo la gracia de nuestro Salvador, invitemos a todo el que esté a nuestro alrededor, para que, hablando con Dios, reciba su salvación.   Oración.

«Padre Celestial, es sorprendente la gracia que hallamos en tus ojos por medio de Cristo; gracias porque hasta en el último momento de vida cualquier persona puede ir a ti y recibir salvación; gracias porque es suficiente la fe para que creyendo en el corazón y confesando con la boca seamos salvos. Recibe toda la gloria, honra y adoración, en el nombre de Jesús, amén.

sábado, 19 de abril de 2025

El velo fue rasgado

  

El velo fue rasgado

“Mas Jesús, dando una gran voz, expiró. Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.” Marcos 15:37-38

“Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.” Hebreos 10:19-22

El templo existente hasta el tiempo de Jesús, era físico y constaba de dos partes principales, la primera: el lugar santo y la segunda, el lugar Santísimo, esta última estaba separada de la primera por un velo y a ella solo podía entrar el sumo sacerdote una vez al año. La gran barrera que impedía que cualquier ser humano se acercara a la segunda parte, es decir, a la misma presencia de Dios, era su pecado, por ello estaba dispuesto que el sumo sacerdote entrara con sangre para hacer expiación por sus pecados y también por los del pueblo (Éxodo 26:33, Hebreos 9:7).

Ahora, en este tiempo y después de la muerte de nuestro Señor Jesucristo, dice la Palabra de Dios, que por su sangre derramada, la cual fue presentada ante Dios para la redención de nuestros pecados, cada persona que profese su fe en Jesús tiene libre acceso al lugar Santísimo, lugar que ya no es físico y terrenal, “Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios;” Hebreos 9:24.

En efecto, y como atestigua el evangelio de Marcos, cuando el Señor Jesús expiró, el velo del templo terrenal fue rasgado en dos, de arriba abajo, en señal de lo que había ocurrido en el cielo, y a lo que nos invita el Espíritu Santo en el libro de Hebreos es a que entremos hasta el lugar Santísimo por ese camino nuevo y vivo que Jesús nos abrió a través del velo, es decir, a través de su propio cuerpo. Hermanos, gloria a Dios por nuestro Señor Jesucristo, que por su perfecto sacrificio quitó de en medio el pecado que nos separaba de Él (Hebreos 9:26). De modo que, no permitamos que nada en este mundo nos quite la confianza y certidumbre que nos da la palabra de Dios para acercarnos libremente ante el trono de la gracia de Dios, pues esta tiene grande galardón (Hebreos 4:16,10:35-36).   Oración.

«Padre, gracias, gracias por tu Palabra que quita mi ceguera espiritual y derriba todo argumento que se levanta en contra de tu conocimiento; gracias porque conociéndola me haces libre de toda atadura y mentira; te alabo y te bendigo por tu precioso Hijo Jesús, por quien me has dado la libertad para acercarme ilimitada y confiadamente hasta tu presencia, ahí ante el trono de la gracia, amén.