lunes, 17 de junio de 2024

David conoció el amor de Cristo, su perdón y restitución

 

David conoció el amor de Cristo, su perdón y restitución

“Quitado éste, les levantó por rey a David, de quien dio


también testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero.” Hechos 13:22

“Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás. Mas por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido ciertamente morirá.” 2 Samuel 12:13-14

“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” Mateo 11:29

Las Escrituras dicen que David era un hombre conforme al corazón de Dios (Hechos 13:22); pero es necesario aclarar que David fue aprobado por Dios, no debido a sus obras sino por su fe; gracias al amor de Dios, amor que recibió precisamente por su fe y humildad, cualidades que podemos reconocer al leer 1 Samuel 17:34-37, donde nos damos cuenta que David desde su juventud creía en Dios al depositar su confianza en Él; además tenía humildad, pues su corazón no se enorgulleció por matar al oso o al león para proteger las ovejas de su padre, más bien con respeto declaraba que esto provenía de Dios.

El rey David al igual que muchos creyentes, cometió grandes errores en su vida, incluyendo pecados vergonzosos como el adulterio y el asesinato, razón por la que fue amonestado por Dios a través del profeta Natán, frente a lo cual David no esconde su pecado, ni tampoco se justifica, sino con humildad lo reconoce y se arrepiente, recibiendo así de Dios, el amor y el perdón (2 Samuel 12:13). A pesar del arrepentimiento de David, Dios no lo exime de las consecuencias del pecado, por eso el hijo que esperaba fallece (2 Samuel 12:14), pero más adelante vemos un acto de gracia y restitución por parte de Dios en la vida de David, pues Dios le da otro hijo. (2 Samuel 12:24-25).

El rey David pudo experimentar en su vida el amor de Cristo, él conoció este amor profundamente pues tenía a Cristo como Señor (Salmo 110:1). Al igual que David, reconozcamos a Jesús como nuestro Señor, depositando nuestra fe en Él y en humildad confesemos que hemos pecado, y esperemos de nuestro Dios su amor, restauración y restitución. Si nos cuesta hacerlo pidamos a Dios entender lo revelado por Jesús en Mateo 11:29 para que por su Santo Espíritu aprendamos humildad.   Oración.

«Espíritu Santo, te pido me ayudes a aprender de Jesús la mansedumbre y la humildad, pues quiero disfrutar de todo ese amor que me has dado y que trae perdón y restitución. Amén.

domingo, 16 de junio de 2024

La humildad es fundamental para experimentar la gracia de Dios

 


La humildad es fundamental para experimentar la gracia de Dios

“Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo” 1 Pedro 5:5-6

“Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.” 1 Pedro 5:10-11

Pedro tuvo que aprender una lección muy valiosa pero a un precio muy alto, por eso vemos que en 1 Pedro 5:5-6 inspirado por el Espíritu Santo escribe y recomienda a los jóvenes estar sujetos a los ancianos, pues él, por su ímpetu en su juventud, cometió muchos errores, entre ellos negar a su maestro al colocar su confianza en sí mismo, por eso aconseja, no solo a los jóvenes, sino a todos, a aprender a estar sumisos unos a otros, porque no hay nada más contradictorio que un cristiano orgulloso, por eso examinemos nuestras vidas y si encontramos que nos cuesta estar bajo autoridad, entremos con confianza al trono de gracia para hallar el oportuno socorro.

Pedro después de haber negado tres veces a su Señor, regresó a su antigua profesión, de donde había sido llamado, pensando que con su propio esfuerzo lograría tal vez disipar el dolor que sentía por haber traicionado a su Maestro, esto suele suceder muy de seguido cuando le fallamos al Señor, pero solo nos demuestra nuestra falta de humildad, pues en realidad la humildad nos lleva a reconocer nuestro pecado, arrepentirnos y aceptar la gracia de Dios, pero el orgullo en cambio nos lleva a alejarnos de Dios, sentirnos indignos y trae remordimiento a nuestras vidas.

En 1 Pedro 5:10-11 el apóstol nos muestra cómo la gracia de Dios es la que después de esos fracasos nos perfecciona, afirma, fortalece y establece para cumplir su llamado, así lo pudo experimentar Pedro cuando Jesús le dijo tres veces ¿me amas? y le encargó nuevamente cuidar sus ovejas. Hoy Dios nos exhorta a revestirnos de humildad, porque ésta es fundamental para recibir la gracia de Dios, pues alguien orgulloso es incapaz de extender las manos para recibirla, además nos dice al igual que le dijo a Simón hijo de Jonás, ¿me amas?, apacienta mis ovejas.  Oración.

«Señor Jesús, revísteme de humildad, que tu Santo Espíritu me ayude a ser como tú: manso y humilde de corazón, pues quiero cumplir con el llamado que me has hecho. Amén.

sábado, 15 de junio de 2024

Pablo conoció el amor y la gracia de Cristo

 


Pablo conoció el amor y la gracia de Cristo

“Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.” 1 Corintios 15:9-10

“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” 2 Corintios 12:9-10

El apóstol Pablo inspirado por el Espíritu Santo, continuamente en sus cartas, impulsaba a los creyentes a conocer en intimidad, por medio de la comunión con el Espíritu de Dios, el amor de Cristo, ese amor que excede a todo conocimiento, para que lograran conocer también en ese gran amor la gracia de Dios, y de esta manera pudieran vivir en esa gracia.

Pablo pudo experimentar el amor y la gracia de Dios de manera muy especial, pues él era un perseguidor de cristianos, así que cuando Cristo resucitado vino a buscarlo y se le apareció en el camino a Damasco, pudo comprobar en carne propia la esencia y el poder de la gracia de Dios, pues el Señor no lo buscó por lo que él era o por lo que él hubiera hecho, pues aquel Saulo de Tarso no merecía ser tenido en cuenta por Jesucristo para ser llamado discípulo suyo, pero en realidad ¿quién merecería tal honor?, la verdad ninguno, por eso es que podemos decir que el apóstol pudo vivir en carne propia la esencia de la gracia de Dios, pues la misma gracia de Dios: Jesucristo, fue quien se le presentó y cambió su propósito y su destino para siempre como él mismo lo declara en 1 Corintios 15:9-10.

En nuestra conversión inicia ese camino de gracia que debemos recorrer, por eso Pablo nos enseña en 2 Corintios 12:9-10 que es en ese transcurrir de la vida, donde podemos encontrar afrentas, necesidades, persecuciones, angustias y donde muchas veces notaremos nuestra debilidad, donde precisamente veremos manifestada la gracia de Dios, pues ahí aunque no lo merezcamos, Dios muestra su amor, su misericordia y su poder para ayudarnos, limpiarnos, restaurarnos, y para llenarnos con su Espíritu, para que así en humildad reconozcamos que lo que somos y hacemos es solamente por su gracia y por su amor.  Oración.

«Señor Jesús enséñame a vivir en tu amor y tu gracia, que cada día pueda venir a ti con el poder de tu Santo Espíritu servirte y a la vez afrontar los desafíos de la vida. Amén.

viernes, 14 de junio de 2024

Conocer el amor de Cristo nos hace conocer su gracia

 


Conocer el amor de Cristo nos hace conocer su gracia

“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, 7 para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. 8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe. 10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” Efesios 2:4-10

El gran amor de Cristo demostrado en la cruz nos deja ver la misericordia de Dios (Efesios 2:4-5), pues nosotros, la humanidad entera, éramos quienes debíamos morir, no Jesús, pues Él nada malo había hecho, porque en Él no hay pecado ni maldad, como dice 2 Corintios 5:21 “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”

Cuando Jesucristo entregó su vida como sacrificio a Dios para que nosotros no muriéramos, sino que al depositar nuestra fe en Él tuviéramos una nueva vida en Cristo, nos mostró la esencia de la gracia de Dios, la cual es un don, un regalo o un favor inmerecido, como lo dice la Palabra de Dios en Efesios 2:8

Así que la gracia de Dios no se basa en lo que nosotros los hombres podamos hacer para ganarnos su favor (Efesios 2:9), más bien tiene su esencia en el mismo carácter de Dios, pues se basa en su amor y en el hecho que Dios es dador, en consecuencia Él da a la humanidad ese regalo que no se merece, quién es Jesucristo mismo, para que todo aquel que lo reciba por medio de la fe, pueda gozar del don de Dios que es en Cristo Jesús: perdón de pecados, salvación y vida eterna.

Ahora bien esa gracia de Dios no es solamente para el instante de nuestra conversión, en realidad como dice Efesios 2:6-7 y Efesios 2:10 es para mostrar las abundantes riquezas de la gracia de Dios en nuestras vidas en todo momento, para realizar las buenas obras que Dios ha preparado de antemano para que andemos en ellas. Así que hermanos pidamos al Dios de toda gracia nos ayude a conocer más profundamente el amor de Cristo, y por ende su gracia, para vivir vidas que lo glorifiquen a Él.  Oración.

«Padre Dios, hoy vengo a ti, a pedirte con la ayuda de tu Santo Espíritu, me lleves a conocer más profundamente el amor de tu Hijo, para poder vivir a diario en tu gracia. Amén.

jueves, 13 de junio de 2024

Conocer el amor de Cristo me lleva a entender que Él me amó primero

 


Conocer el amor de Cristo me lleva a entender que Él me amó primero

“Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.” 1 Timoteo 1:15

“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” 1 Juan 4:10

“Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.” 1 Juan 4:19

En la primera carta a Timoteo el apóstol Pablo escribe inspirado por el Espíritu, que el mensaje del evangelio es digno de ser recibido ya que es verdadero, Pablo experimentó el hecho de que Jesús viniera al mundo para salvar a los pecadores, pues fue el propio Cristo resucitado quien se le apareció cuando iba camino a Damasco respirando aún amenazas y muerte con el objetivo de perseguir y encarcelar cristianos, por lo cual se consideraba el primero de los pecadores. (1 Timoteo 1:15)

Pablo pudo experimentar claramente la verdad revelada en 1 Juan 4:10, pues en realidad él no había hecho nada para merecer el amor de Dios, por el contrario por la ignorancia que había en él, se oponía a la obra de Dios, pero a pesar de esto, en su primer encuentro con el Redentor pudo experimentar el amor de Cristo, quien en vez de rechazarlo lo buscó, por lo tanto en respuesta a este amor podemos ver cómo Saulo le dice temblando y temeroso, “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”, respuesta que nos permite entender que por primera vez su espíritu, sus pensamientos y su voluntad fueron iluminados por ese resplandor de luz del cielo, el Espíritu Santo, quien lo motivó a rendir su vida a Cristo, declarándolo como su Señor para luego obedecerlo. (Hechos 9:3-9).

Finalmente, por Pablo responder y obedecer a la voz celestial, pudo experimentar el amor de Cristo en su vida y llegar a amar a Cristo cumpliendo lo escrito 1 Juan 4:19 al punto de declarar “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo” (Filipenses 3:7).

Que al igual que Pablo, el entender que en realidad amamos a Dios porque Él nos amó primero, a pesar de ser pecadores y no merecerlo, nos lleve a amar a Cristo por sobre todas las cosas.   Oración.

«Gracias Señor Jesús por amarme, gracias porque tú me amaste a pesar de mis pecados, gracias porque en respuesta a tu amor ahora puedo amarte y experimentar contigo ese vínculo perfecto. Amén.

miércoles, 12 de junio de 2024

Conocer el amor de Cristo me lleva a entender que Él me amó primero

 Conocer el amor de Cristo me lleva a entender que Él me amó primero

“Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.” 1 Timoteo 1:15
“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” 1 Juan 4:10
“Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.” 1 Juan 4:19
En la primera carta a Timoteo el apóstol Pablo escribe inspirado por el Espíritu, que el mensaje del evangelio es digno de ser recibido ya que es verdadero, Pablo experimentó el hecho de que Jesús viniera al mundo para salvar a los pecadores, pues fue el propio Cristo resucitado quien se le apareció cuando iba camino a Damasco respirando aún amenazas y muerte con el objetivo de perseguir y encarcelar cristianos, por lo cual se consideraba el primero de los pecadores. (1 Timoteo 1:15)
Pablo pudo experimentar claramente la verdad revelada en 1 Juan 4:10, pues en realidad él no había hecho nada para merecer el amor de Dios, por el contrario por la ignorancia que había en él, se oponía a la obra de Dios, pero a pesar de esto, en su primer encuentro con el Redentor pudo experimentar el amor de Cristo, quien en vez de rechazarlo lo buscó, por lo tanto en respuesta a este amor podemos ver cómo Saulo le dice temblando y temeroso, “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”, respuesta que nos permite entender que por primera vez su espíritu, sus pensamientos y su voluntad fueron iluminados por ese resplandor de luz del cielo, el Espíritu Santo, quien lo motivó a rendir su vida a Cristo, declarándolo como su Señor para luego obedecerlo. (Hechos 9:3-9).
Finalmente, por Pablo responder y obedecer a la voz celestial, pudo experimentar el amor de Cristo en su vida y llegar a amar a Cristo cumpliendo lo escrito 1 Juan 4:19 al punto de declarar “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo” (Filipenses 3:7).
Que al igual que Pablo, el entender que en realidad amamos a Dios porque Él nos amó primero, a pesar de ser pecadores y no merecerlo, nos lleve a amar a Cristo por sobre todas las cosas. Oración.
«Gracias Señor Jesús por amarme, gracias porque tú me amaste a pesar de mis pecados, gracias porque en respuesta a tu amor ahora puedo amarte y experimentar contigo ese vínculo perfecto. Amén.

martes, 11 de junio de 2024

Conocer el amor de Cristo empieza el día de nuestra conversión

 


Conocer el amor de Cristo empieza el día de nuestra conversión

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.” Apocalipsis 3:20

l verdadero conocimiento del amor de Cristo empieza el día de nuestra conversión, pues antes solamente podíamos tener un conocimiento meramente intelectual; pero el día que recibimos a Jesús en nuestro corazón, el día en que depositamos nuestra fe en Él, Dios le dio vida a nuestro espíritu, gracias a lo cual podemos conocer y experimentar el amor de Cristo, pues es por medio de la comunión con el Espíritu Santo cómo logramos vivenciar ese amor que excede todo conocimiento, ya que la comunión se basa en una relación íntima y personal.

En los tiempos de Jesús compartir la cena con alguien era una manera de relacionarse íntimamente, de conocerse personalmente, de compartir además de los alimentos sus intereses, creencias y vivencias, por eso es que Dios revela en Apocalipsis 3:20 que Jesús está llamando a la puerta del corazón del ser humano, con el deseo de que su llamado sea atendido, para entonces entrar a cenar, es decir para poder empezar una relación de intimidad, por medio de la comunión con el Espíritu Santo, a través de la cual el creyente puede llegar a conocerle vivencialmente por medio de la fe.

Así que para tener comunión debemos aceptar el llamado de Dios y estar dispuestos a abrir la puerta de nuestra vida para dejar entrar a Jesús a la mesa de nuestro corazón, para que se siente y cene con nosotros y nosotros con Él, de esta manera, al igual que en los tiempos de Jesús podremos conocerle íntima y personalmente, podremos tener las revelaciones de su palabra, entender sus mensajes y lo más importante, cultivar una amistad con Él, que nos permita conocer vivencialmente su grande e inagotable amor.

Pidamos a Dios que de manera práctica podamos cenar y tener comunión con Jesús por medio del Espíritu Santo cuando leamos la biblia, oremos, nos congreguemos, testifiquemos y obedezcamos.  Oración.

«Padre Dios, quiero pedirte que me ayudes a tener esa intimidad con tu Hijo Jesús, mi Señor y Salvador, por medio de la comunión con tu Santo Espíritu, quiero cultivar una relación íntima y personal, quiero llegar a esa profunda conexión, de tal manera que pueda todos los días sentarme a tu mesa como amigo. Gracias porque sé que desde el día que te abrí las puertas de mi corazón al responder a tu llamado puedo hacerlo. Amén.