martes, 7 de marzo de 2017

Nehemías 6.15, 16

Nehemías 6.15, 16
Las distracciones tienen el potencial para desviarnos de nuestro objetivo. Los chismes. Las críticas. La presión económica. Los problemas de salud. Los conflictos. Los deseos. La admiración de los demás. Cualquiera de estas cosas puede hacer que nos alejemos del plan perfecto de Dios. Pero la Biblia nos da un modelo a imitar (Neh 4.1–6.16). Nehemías nos enseña el valor de:

El propósito claro. Nehemías temía al Señor, y se aplicó conscientemente a hacer el trabajo que Dios le había asignado. No tenía una mente dividida. Al fijar nuestra atención únicamente en el plan de Dios, nuestra mente se mantendrá fija en el objetivo, sin importar las dificultades.

La obediencia. El Señor quiere mostrarnos su favor; su bendición estará siempre con nosotros si somos obedientes a Él. Esta conciencia debe darnos confianza en los tiempos difíciles, como sucedió con Nehemías.

La responsabilidad. El rey quería informes de seguimiento de lo que Nehemías estaba haciendo. Un día estaremos ante Jesús, nuestro Rey, y daremos cuenta de cómo usamos nuestros recursos y dones (1 Co 3.12-15).

La perseverancia en nuestra vida de oración. Cuando los israelitas eran ridiculizados, no podían hacer nada para detener las burlas de sus oponentes. Por eso, Nehemías oraba, y el pueblo recibía fuerzas para continuar. Cuando el complot se agravó, Nehemías y sus compañeros de trabajo clamaron a Dios, quien no solo dio discernimiento a su pueblo, sino que también frustró los planes de los enemigos.


Nehemías acabó el ambicioso proyecto en solo 52 días. Cuando seguimos su ejemplo, Dios puede hacer grandes cosas en y a través de nosotros.

domingo, 5 de marzo de 2017

Proverbios 16:

El corazón del hombre piensa su camino;
Mas Jehová endereza sus pasos.
Proverbios 16.9

A nadie le gusta esperar, pues esperar nos demuestra que no llevamos las riendas de nuestra vida. Alguien o algo es quien está al mando. Aunque es posible que no podamos identificar la causa inmediata de la espera —como sucede con un semáforo o una larga fila para pagar— el Único que en el fondo controla nuestra espera es el Señor. Puesto que Él es soberano, sobre todo, en el cielo y en la Tierra, aun nuestro tiempo y nuestra agenda están en sus manos.

Esto significa que en cada espera estamos, en realidad, esperando a Dios de una forma u otra. Es posible que usted haya pensado que la expresión “esperar en el Señor” se aplica solo a quienes buscan dirección de Él o respuesta a una oración. Pero puede significar mucho más cuando recordamos que Él tiene control de todas nuestras circunstancias.

Aprender a esperar es de vital importancia, porque hasta que aprendamos a hacerlo nunca seremos capaces de andar en obediencia a Dios, tener una vida de oración auténtica, o experimentar la paz del descansar en la dulce soberanía de Él. Tenemos que aprender a confiar en su sabiduría, no solo en los acontecimientos importantes de nuestra vida, sino también en los triviales que nos causan malestar e impaciencia. Si somos sensibles a la dirección de Dios, cada espera tiene una lección.


La próxima vez que usted enfrente una espera indeseada, recuerde que Dios quiere enseñarle paciencia e incrementar su fe. El Señor está más interesado en desarrollar en nosotros un carácter santo, que en permitir que la agenda que tenemos se cumpla conforme a nuestros planes.

sábado, 4 de marzo de 2017

Isaías 41:10-13

10 No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.
11 He aquí que todos los que se enojan contra ti serán avergonzados y confundidos; serán como nada y perecerán los que contienden contigo.
12 Buscarás a los que tienen contienda contigo, y no los hallarás; serán como nada, y como cosa que no es, aquellos que te hacen la guerra.
13 Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo.

Isaías 41.10-13

Isaías 41.10-13

Un creyente es cautivo del temor si decide serlo. Algunas personas organizan su vida (o al menos partes de ella) evitando ideas o situaciones que les producen ansiedad. Pero los cristianos no debemos vivir en esa esclavitud, porque la confianza en Dios es la clave para estar libres de ataduras.

En algún momento u otro, la inquietud entra en la vida de todo creyente, pero ella no debe quedarse allí mucho tiempo. Para enfrentar nuestro temor y vencerlo, necesitamos primero reconocer su presencia. Si ignoramos la ansiedad o tratamos de esquivarla es posible que nos apartemos de la voluntad de Dios.

Tras haber reconocido que sentimos temor, lo siguiente que debemos hacer es identificar la naturaleza de ese temor. A veces nos sentimos ansiosos sin saber exactamente por qué, pero el Espíritu Santo puede indicar lo que nos mantiene cautivos.

El tercer paso es iniciar el proceso de derrota del temor en nuestra vida. Y no hay mejor herramienta para romper las cadenas, que la “espada del Espíritu”: la Biblia (Ef 6.17). La Palabra de Dios habla a nuestros temores individuales. Utilice una concordancia para encontrar ayuda práctica y específica. O, para un aliento más general, busque Isaías 41.10. Esta es una promesa muy importante y, por eso, un versículo útil para memorizar.


Cuando me siento ansioso, voy a Isaías 41.10, y le digo a Dios: “Esto es lo que dijiste, y lo creo porque nunca mientes. Así que confiaré en Ti, Señor, para que intervengas en esta situación”. Confiar en Dios es la única manera de ser libre del temor.

viernes, 3 de marzo de 2017

Salmo 91.1-16

Salmo 91.1-16

El miedo se introduce en nuestra vida y nos envuelve el corazón y la mente. Esto puede suceder tan sutilmente que no detectemos cómo ha afectado la ansiedad nuestra toma de decisiones, salud y espíritu. Al final, muchas personas pierden lo mejor de Dios, porque el temor les impide caminar por fe para hacer su voluntad.

El temor puede parecer poco importante al principio, pero si no se controla comienza a interferir en nuestra vida. Físicamente, podemos experimentar la tensión que nos impide relajarnos y disfrutar de los placeres del día. La ansiedad constante puede ocasionar problemas de salud. Nuestra mente puede ser nublada por el miedo, lo cual puede limitar lo que estamos dispuestos a pensar y considerar. Si eso sucede, nuestra creatividad y nuestros sueños serán sofocados.

Pero la parálisis mental que acompaña a menudo al temor incontrolado es muy peligrosa para nuestra vida espiritual. A menos que se confíe a Dios, un solo temor puede dominarnos fácilmente, tiñendo nuestra actitud con una sensación general de inquietud. Nos volvemos indecisos, angustiados al pensar que tomaremos una decisión equivocada. Somos, pues, atrapados tratando de evitar cualquier cosa que pueda ponernos ansiosos. Por tanto, dejamos de crecer como cristianos, y tenemos tropiezos en nuestra vida laboral y familiar.


Si usted se deja paralizar por la ansiedad, no puede depositar toda su confianza en Dios y seguirle con entusiasmo. Haga una evaluación honesta de su vida, y pídale al Señor que le muestre las áreas en las cuales el temor le está limitando.

jueves, 2 de marzo de 2017

2 Timoteo 3.14-17

Desde las primeras palabras de Génesis, hasta las últimas de Apocalipsis, toda la Biblia es divinamente inspirada. El Todopoderoso se nos revela por medio de su Palabra. Él también dice que ella es útil para enseñar, redargüir, corregir y prepararnos para lo que enfrentaremos en la vida (2 Ti 3.16, 17). Ningún otro libro tiene tanto valor en la vida.

El Antiguo Testamento nos da a conocer la naturaleza, la voluntad y el poder de Dios; sienta las bases para que podamos comprender la santidad del Señor, y revela la urgente necesidad que tiene la humanidad de un Salvador.

El Nuevo Testamento declara que Jesús se convirtió, por su sacrificio, en nuestro “puente” al Padre (Jn 14.6). Sus escritos explican por qué debemos tener fe en Cristo para salvación, cómo vivir como hijos de Dios, y qué podemos esperar en esta vida y después de la muerte.

Efesios 6.13-17 compara a la Palabra de Dios con una armadura, y por una buena razón: en la batalla de la vida, tenemos un enemigo real que quiere destruirnos. Pero el poder de Dios es más grande (1 Jn 4.4), y el “vestirse” para la guerra prepara cada día a los hijos del Señor para las tentaciones, las mentiras y las decisiones que enfrentarán.


La Palabra debe emocionarnos, porque es la única esperanza para la humanidad, y la sola enseñanza que conduce a la victoria, tanto en la vida como después de la muerte. La Biblia advirtió que muchas personas rechazarían la verdad, y un vistazo a nuestra sociedad demuestra que es así. No caiga usted en la misma trampa. Medite cada día en las Sagradas Escrituras, y pídale a Dios que le hable. La vida sin la verdad de Él está destinada al fracaso.