Al que cree todo le es posible
“Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo, el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron. Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traedmelo. Y se lo trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos. Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño. Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos. Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad”. Marcos 9:17-24
Este pasaje empieza con un grito que se le escapó del corazón a Jesús: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Dijo esto al encontrarse entre el dolor de un padre desesperado y la incredulidad de la multitud.
Había estado en el monte donde se transfiguró y había encarado la tremenda tarea que le esperaba: Dar su vida por la redención del mundo; y ahora había descendido, para encontrarse con sus discípulos, sus elegidos que se sentían en ese momento, derrotados, perplejos e ineficaces frente a esta situación del muchacho endemoniado. Quizás esto pudo haber desalentado a Jesús, y haber desistido de ellos, pero no fue así.
¿Cómo afrontó Jesús aquel momento de desesperación de sus seguidores? Dijo: “Traedmelo”. Jesús resolvió primero la situación inmediata que era ocuparse y ayudar al muchacho, después les daría una enseñanza a sus discípulos. También al encontrarse con el padre del muchacho, este le dice: “pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos”. A lo que Jesús le asegura: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible”. El padre reconoce su poca fe y su duda, y le pide al Señor Jesucristo que le ayude en su incredulidad.
Lo primero que los discípulos del Señor tenían que entender es que creer es un llamado a la confianza total en el poder de Dios. Lo segundo es que la fe no es perfección, es dependencia. El Señor no nos pide una fe grande, sino un corazón que se vuelva a Él aun con debilidad. Entender que Jesús es el centro de nuestra fe y no nuestra capacidad de creer. La frase “todo es posible” no significa que cualquier deseo se cumplirá, sino que en las manos de Cristo no hay situación imposible: ni el perdón, ni la sanidad, ni la liberación, ni la restauración. Y tercero, es que la oración es la llave para activar nuestra fe. En el versículo 29 Jesús dice: “Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno”. La fe se alimenta en la comunión con Dios.
A veces, como este padre, podemos estar en una situación donde sentimos que ya Dios no puede intervenir, es el momento de manifestarle al Señor que nos ayude en nuestra incredulidad. Es necesario dedicar más tiempo a la oración, no solo para pedir un milagro, sino para conocer más al Dios que puede hacerlo. Recordemos que nuestra fe no mueve montañas por ser fuerte, sino porque está puesta en Aquel que tiene todo poder. Oración.
Señor ayúdame a depositar mi fe en tu perfecta voluntad. Ayuda mi incredulidad, no permitas que las dudas impidan que mi fe se active. Te entrego mi necesidad y mi corazón. Ayúdame a confiar en tu poder, a esperar en tu tiempo y a buscarte continuamente en oración. Si hay todavía en mí algo de desaliento, o algunas dudas, quítamelas, y lléname de una fe inquebrantable. Gracias porque en ti todo es posible. En el Nombre de Jesús, amén.
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