Estad quietos
“Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra” Salmos 46:10
“¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.” Salmos 42:5
Las circunstancias de la vida las podemos vivir en el alma, en nuestro propio esfuerzo, o en el Espíritu, en el poder de Dios. Y la enseñanza espiritual que como espada que discierne y divide el espíritu y el alma, es la que el Señor quiere que tomemos.
El Espíritu Santo nos enseña a discernir entre andar en el alma o en el Espíritu. El precio de andar en el alma es desespero, angustia, estrés, fatiga, situaciones que se ven triviales, pero nos pueden llevar a los límites; necesitamos por tanto, permanecer en la gracia de Dios para ser dotados extraordinariamente como dice 1 Corintios 15:10 “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo”.
Permanecer en la gracia significa, menos de mi esfuerzo personal, de mis obras, y más confianza en el Señor; menos de pensar en nosotros mismos y más en fijar nuestra atención en la obra de Cristo; menos afán, más reposo, en Salmos 46:10, nos dice “estad quietos” y no se trata de que no soy diligente, ni quedarme en un estado de letargo, es confianza plena; donde aquieto mi alma, el espíritu se expresa; donde detengo mi autosuficiencia, Cristo se manifiesta. La vida del Espíritu comienza con aprender a aquietar el alma, a calmar las emociones, a someter la mente, a rendir la voluntad, a esperar, a discernir y a reposar en Cristo.
Estad quietos en el alma, pero dinámicos en el Espíritu como lo dice el salmo 131:2 “En verdad que me he comportado y he acallado mi alma Como un niño destetado de su madre; Como un niño destetado está mi alma” acallar nuestra alma acudiendo a la voz del Espíritu; aquietar nuestro afán, en el reposo de Cristo, dejar de buscar en nosotros e ir a satisfacernos en la provisión de Dios. Oración.
Padre, gracias por tu manifestación en mi vida; gracias porque cuando te espero, Tú siempre llegas, eres oportuno, llegas a tiempo; gracias por enseñarme a esperar y a través de ello ver tu fidelidad; gracias porque Tú siempre eres bueno y eres fiel, Señor, amén.
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