martes, 26 de agosto de 2025

La acción constante del Espíritu en nosotros

 


La acción constante del Espíritu en nosotros

“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.”, Romanos 8:16

“Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él.”, 1 Corintios 6:17

Hay un poder, el mismo que operó en Cristo levantándole de los muertos; una persona puesta en nosotros, que nos lleva a que Cristo crezca en nosotros: su Espíritu Santo.

Su accionar en nosotros es dinámico y vital, en unión íntima con nuestro espíritu hace que Cristo emerja. El Espíritu forma a Cristo en nosotros. (Juan 16:14)

Podemos entender lo que es esta acción esencial, dinámica y mutua, entre mi espíritu y el Santo Espíritu de Dios, de la siguiente manera:

Una unión esencial de vida, pues fuimos unidos al Espíritu, sellados con él, esto nos trajo la vida de Cristo en nosotros (1 Corintios 6:17, 1 Juan 5:12),

Una interacción viva o dinámica, pues el Espíritu nos revela, nos abre el entendimiento trayendo la verdad de Dios a nosotros, cada dia nos recuerda que somos hijos del Padre (Romanos 8:16) ,

Una participación mutua que determina una unión orgánica o vital, pues es una vida completa en nosotros, que respira espiritualmente, que piensa con la mente de Cristo, que expresa el sentir de Cristo, es una vida que nos habita; esto es comunión íntima (2 Corintios 13:14)

En esta nueva naturaleza opera esta acción dinámica, vital e íntima, de manera constante; no es algo pasivo en nosotros, es alguien que nos ayuda en nuestras debilidades, que aboga por nosotros, pero que nos trae la eternidad, el cielo aquí en el presente, para que podamos participar de la naturaleza divina de Cristo.

Esto solo es posible si andamos en él, en el Espíritu, negándonos a nosotros mismos cada día, hasta que por esta acción dinámica suceda que nuestros sentidos espirituales crezcan y se ejerciten, se vuelvan cada vez más sensibles para percibir esta nueva realidad eterna operando hasta que Cristo sea formado plenamente en nosotros. (Hebreos 5:14, Gálatas 4:19)     Oración.

«Padre, tu Espíritu en mí me revela el conocimiento de Cristo y me permite ver lo que antes no podía mirar ni entender con mi mente natural. Gracias Señor porque esto no lo merezco, pero tu amor me guía a glorificarte y darte toda mi vida en servicio, para que obres por medio de mí. Amén.

lunes, 25 de agosto de 2025

La verdadera adoración al Padre

 


La verdadera adoración al Padre

“Más la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” Juan 4:23-24

“Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; ” 2 Pedro 1:3-4

La adoración es obediencia, pero la carne no puede obedecer, el alma por sí misma tampoco.

Es solo por el accionar dinámico del Espíritu Santo, en unión íntima con mi espíritu, que puedo adorar al Padre.

Esta es la verdadera adoración, que Cristo, que es el único capaz de obedecer y el que obedeció completamente al Padre, ahora se exprese colocando en mí el querer como el hacer por su buena voluntad. (Filipenses 2:13)

Cristo solo quiere hacer la voluntad del Padre, entonces cuando voy a la cruz cada día y me niego a mí mismo, me despojo del viejo hombre, emerge de manera natural y espontánea “Cristo en mí”. La nueva naturaleza divina.

No soy yo tratando de hacer como Cristo, ni de servir a Dios en mi fuerza; Dios no necesita nuestro servicio de esa manera, sino a su manera, que es Él actuando en nosotros; nosotros somos instrumentos donde Él obra; porque si no es Dios el que edifica, en vano construyen los edificadores. (Salmos 127:1, Hechos 17:23-25, Hechos 9:15).

Por esta razón, el Señor Jesús, increpa a los que le dicen “Señor, Señor”, pero no hacen la voluntad de su Padre, ya que solo en el Hijo, podemos hacer su voluntad, porque el único que hace la voluntad del Padre es el Hijo. Su manifestación en nosotros para su gloria, es la voluntad de Dios. (Mateo 7:21-23)

Miremos que los descritos en el anterior pasaje de Mateo, servían en el nombre de Jesús, pero Cristo no los conocía; entonces, nos debe ser revelada esa vida, que da vida a nuestro espíritu. Hermanos, es el Hijo quien nos revela al Padre y así podemos adorarle en espíritu y verdad (Mateo 11:27)

Solo en la nueva naturaleza divina, de la cual somos partícipes por medio de sus preciosas promesas, es que puedo expresar o manifestar la vida eterna. Cristo en mí, la esperanza de gloria y con él todas las cosas, pues todas las promesas en él se cumplen en nosotros. (2 Pedro 1:3-4, 2 Corintios 1:20)   Oración.

«Padre, sé que el conocimiento de Cristo en mí es extraordinario, pero incomprensible en nuestra propia mente, te ruego nos ilumines, para que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, para gloria de tu santo nombre, amén.

domingo, 24 de agosto de 2025

¿Dónde está la guerra?

 


¿Dónde está la guerra?

“Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. “Lucas 9:23.

“llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos.”, 2 Corintios 4:10.

Entonces, ¿Dónde está la guerra?

La guerra es contra la carne y es en el alma (pensamientos, emociones y voluntad); si me niego a los deseos carnales y acepto por la fe la verdad eterna de Cristo en mí, esto es, su revelación por el Espíritu en comunión con mi espíritu, entonces la naturaleza predominante será la de Cristo en mí.

Cuando crece Cristo, crece todo lo que él es, su amor, paz, gozo y todo el fruto. Su carácter crece en mí, como evidencia del fruto.

Cristo actuando a través de nosotros es nuestra victoria, por esto el apóstol Pablo, declara que él ya no vive, sino que es Cristo el que vive en él, y que lo que ahora vive, en este plano natural, lo vive por la fe en ese Cristo vivo en nosotros, que le ha dado vida a nuestro espíritu por su Espíritu Santo. (Gálatas 2:20)

Como el pecado entró en el mundo por un hombre, Adán, la carne sigue estando en nosotros, tratando de seducir al alma y al cuerpo para expresar el viejo hombre, está queriendo emerger, gobernar sobre el espíritu. (1 Pedro 2:11). El alma va a expresar la naturaleza que más se le de alimento.

La pregunta contundente es, ¿cómo hacemos para que la vida de Cristo sea la predominante? y ¿cómo hacemos para que emerja y sea la que se exprese, crezca, se fortalezca, se reafirme y se evidencie el fruto?

Solo hay una respuesta: la cruz. Sí, la misma que nos trajo de la oscuridad a la luz, es la única que puede hacer división entre el hombre natural o adámico y el hombre espiritual en Cristo; divide muerte de vida, Jesús lo dice contundentemente: “Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.”(Lucas 9:23).

Llevamos por tanto la muerte de Cristo en nosotros, negándonos a nosotros mismos cada día, no confiando en nosotros mismos, para que la vida de Cristo se manifieste plenamente.

Qué hermoso el siguiente pasaje que revela esta verdad de ir a la cruz cada día, de negarnos a nosotros mismos, para que se exprese plenamente Cristo: “llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos.”, 2 Corintios 4:10.  Oración.

«Padre, tú me has dado vida verdadera, porque sólo en Cristo hay verdadera vida, me has dado vida espiritual, y para que esta vida emerja me guías a negarme a mí mismo, a no dejar la confianza y esperanza en mis capacidades o en mi propia justicia, sino mejor solo en Cristo, para gloria de tu nombre, amén.

sábado, 23 de agosto de 2025

Vida a mi espíritu

 


Vida a mi espíritu

“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.”, Romanos 8:16

“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados.”, Efesios 2:1

Lo primero que debemos saber, es que todos nosotros estábamos muertos espiritualmente, heredamos la muerte espiritual de Adán, y por este hecho vivíamos en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, siguiendo la corriente de este mundo guiados por el maligno. (Efesios 2:1-4)

Heredamos una naturaleza caída, que se expresa en:

Pensamientos oscurecidos: No distinguimos entre el bien y el mal, o fijamos nuestro concepto de bien y mal, justificamos el pecado con argumentos aparentemente lógicos, e interpretamos mal las escrituras. (Mateo 22:29, Efesios 4:18, 1 Corintios 2:14)

Deseos desordenados o concupiscencia. (Efesios 2:3, Santiago 1:14-15)

Emociones distorsionadas: (Proverbios 29:11)

Cuando recibimos a Cristo, esta naturaleza caída convive con la nueva naturaleza que nos ha sido dada por gracia por medio de la fe; la vida misma de Cristo en nosotros; en 1 Pedro 2:11 entendemos esta perspectiva y también encontramos dónde está el lugar de batalla cuando dice: “Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma”.

Así mismo, en Romanos 7:19-25 explica esta lucha interna con “la ley del pecado que mora en mí”, pero al igual que Pablo, los que hemos creído, estamos en Cristo. Entonces, ¿Cómo se explica este hecho?

Somos espíritu, alma y cuerpo; cuando Cristo vino a morar en mí, se hizo uno conmigo; uno con mi espíritu, sellándome con su Santo Espíritu. (1 Tesalonicenses 5:23, 1 Corintios 6:17)

En el espíritu, la realidad de la obra completa está terminada, y estamos completos, por lo tanto se cumple el “consumado es – pagado es” que Cristo determinó en la cruz.

Pero, necesitamos que aquello que fue consumado o completo, se le notifique al alma, para traerlo al ámbito natural en que nos movemos y que la vida que impere sea la vida de Cristo.

La realidad espiritual es eterna, no puede ser modificada, necesitamos verla, conocerla por revelación. Si el lugar de batalla es nuestra alma, nuestros pensamientos, emociones y voluntad, deben ahora obedecer o estar sujetos al espíritu en comunión con el Espíritu de Cristo en nosotros. ¿A qué naturaleza respondemos?    Oración.

«Padre, me diste nueva vida, cuando estaba muerto, desconectado de la realidad eterna; ahora en Cristo, tengo esa unión eterna en mi espíritu, donde recibo esa revelación y esa paz indecible que guarda mis pensamientos y mi alma en Cristo Jesús, para entender y hacer tu voluntad. Amén.

viernes, 22 de agosto de 2025

Como para Dios y no para los hombres

 


Como para Dios y no para los hombres

“Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo; no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ése recibirá del Señor, sea siervo o sea libre.” Efesios 6:5-8

“Como para Dios y no para los hombres”, debe ser nuestra motivación en absolutamente todo lo que hagamos, ya sea en las labores de la empresa, nuestro servicio en la congregación, asistiendo a un familiar, los quehaceres del hogar, el colegio, la universidad y todas esas actividades comunes y corrientes que a diario realizamos y que muchas veces sentimos que no somos valorados, que no tiene sentido hacerlo, que solo nos critican, que no es algo digno para mí, que tal vez merezca un mejor cargo o un mejor salario.

El Señor en este pasaje nos exhorta y nos anima a hacer cada uno de estos deberes como para Él y no para los hombres, con toda humildad y respeto a nuestros jefes terrenales, de buena voluntad, es decir, siempre con una buena actitud, reflejando en nosotros ese amor, ese gozo y esa paz que Dios nos ha dado como fruto de su Santo Espíritu (Gálatas 5:22, Romanos 5:5), siendo conscientes y teniendo la plena seguridad de que del Señor recibiremos nuestra recompensa, conforme al buen servicio o al bien que hagamos.

Si consideramos que no tenemos el trato o el pago justo por nuestros servicios, recordemos que nuestro jefe superior, el Amo de todos, está en los cielos y Él sí que es verdaderamente justo y fiel.   Oración.

«Padre Dios, en este día Señor, me presento delante de ti con la libertad que Cristo me ha dado, a alabarte Señor, a darte gracias, a pedirte perdón y a encomendarte todas las actividades del día de hoy; se Tú delante de mí en todo momento. Que así sea en el nombre de Cristo Jesús. Amén.   

jueves, 21 de agosto de 2025

¿Cuál es el conocimiento específico de Dios?

 


¿Cuál es el conocimiento específico de Dios?

 “Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?”, Juan 14:8-9

“Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén”, Mateo 6:9-13

Siempre tuve un vacío en mi vida, mi papá terrenal estuvo muy ausente de mi vida, solo tuve pocos instantes con él, fueron muy importantes, pero siempre lo extrañé. Mi padre murió cuando yo era muy joven, y mi anhelo desde pequeño era ver a mi papá; era doloroso para un joven extrañar a alguien, sobre todo a su papá.

Cuando conocí de Jesús, el Señor me llenó esa ausencia, aunque extraño aun a mi papá, pues él ya murió, ese vacío interior fue lleno por una razón trascendental: conocí al Padre cuando recibí al Hijo, porque lo que hizo el Padre, fue unirme a su Hijo, y la expresión viva, orgánica, vital, de Jesús en mí, me hace sentir, pensar y vivir como hijo de Dios.

El sentir de Cristo, el pensar de Cristo, el actuar de Cristo SOLO ES HACER LA VOLUNTAD DE SU PADRE, y yo en él, sólo quiero hacer la voluntad de mi Padre.

Cuando abrí la puerta para entrar en Jesús, después de la puerta, estaba el Padre esperándome y corrí a sus brazos. ¡¡Conocer a Jesús es conocer al Padre “Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?”, Juan 14:8-9

Toman sentido entonces las palabras de Jesús: “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.”, Juan 14:20.

¡Maravilloso! Es porque estamos “en” Cristo, que Dios es nuestro Padre y se nos confiere ser hijos de Dios.

Este es el conocimiento específico de Dios, que por la fe en Cristo nos es revelado por su Espíritu para que nuestra vida sea verdaderamente transformada en Cristo Jesús.

¿Qué debemos hacer nosotros ahora? Recibir al Hijo para que también podamos decir, como él “Padre nuestro.   Oración.

«Padre, expresa en mi vida, todo tu reino y toda tu gloria en el amor que me has dado en Cristo y por el poder de tu Espíritu que se haga tu voluntad. Permíteme conocerte de manera íntima en unión con Cristo y crecer en el conocimiento de tu amor inigualable y eterno, amén.

miércoles, 20 de agosto de 2025

El Conocimiento específico de Dios.

 


El Conocimiento específico de Dios.

«Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.» Juan 17:3:

“Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar;

Sobre ti fijaré mis ojos.”, Salmos 32:8

La vida eterna es gozar del conocimiento de Dios en la tierra para gozar de la presencia del Padre en la eternidad, y este conocimiento está disponible de manera práctica cada día. Dios está dispuesto a mostrarnos el camino y a guiarnos por su gran amor, cada día.

En situaciones tan personales, complejas que no sabemos qué hacer, Dios está allí para mostrarnos, para darnos a conocer su voluntad. El conocimiento de Dios, es el conocimiento de su voluntad, y sobre todo la fuerza que nos da su Espíritu para corresponder o ejecutarla.

Pero hay un conocimiento específico, trascendental y determinante que el Señor está dispuesto a revelarnos.

Cuando el Señor, en su gracia, me permitió entender este conocimiento específico, primero percibí en mi espíritu esperanza y paz, pero también inicié un avance mayor en la madurez cristiana. El fruto se inició a evidenciar en mi vida, para mostrar la gloria de Dios, no mi propia gloria.

Porque el conocimiento humano es la gloria del hombre pero enorgullecerse de esto, causa tristeza en su familia; en contraste, el conocimiento verdadero de Dios es la gloria de Dios, pero la bendición para la familia y nuestras vidas: “Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.”, Jeremías 9:24

¿Por qué es importante este conocimiento específico que da testimonio la Palabra de Dios?

Porque es transformador, porque hace nacer de nuevo a quien está muerto (sin Dios), pero hace dar mucho fruto al que ha creído pero no ha crecido.

El Señor nos enseñará cuál es ese conocimiento específico, para que estemos atentos a su enseñanza que arde como fuego en la noche más oscura.  Oración.

«Padre, gracias Señor porque me amas y ese amor lo manifiestas permitiendo que te conozca en Cristo, al conocerte mi relación será más profunda y vital, pues sin ti nada podría hacer; enséñame por tanto mi Señor tu voluntad y por tu Espíritu hazme entender la plenitud de Cristo, que es el camino y la verdad y la vida para llegar a ti. Amén.