miércoles, 24 de abril de 2024
Solo Dios puede llenar el vacío espiritual
Solo Dios puede llenar el vacío espiritual“Porque satisfaré al alma cansada, y saciaré a toda alma entristecida”. Jeremías 31:25
“En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado”. Juan 7:37-39
El síntoma más obvio de un alma que no tiene a Dios es un gran vacío interior. Por lo general la mayoría de las personas se sienten insatisfechos con su vida y tratan de buscar llenar sus necesidades y deseos con cosas mundanas y pasajeras que a la postre nunca los van a satisfacer. El Señor hoy en su Palabra nos dice: “Porque satisfaré al alma cansada, y saciaré a toda alma entristecida”, Jeremías 31:25; la palabra hebrea para satisfacer es “ravá” que significa saciar la sed, llenar algo que está vacío; y la palabra saciar en hebreo es “malé” que significa llenar, abastecer, completar, desbordar. Él nos asegura que puede satisfacer y saciar nuestra alma, llenar ese vacío de nuestro ser y asegurarnos una vida abundante en la tierra.
Jesús lo dijo de la siguiente manera en Juan 10:10b “yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. El único que tiene la capacidad de llenar nuestro vacío, de saciar nuestra sed y aún desbordar en llenura y plenitud en nuestro interior, es el Señor Jesucristo y lo hace por medio de su Santo Espíritu.
Dios nos promete un amor eterno: “Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia”, (Jeremías 31:3). Nuestra mayor satisfacción y lo que más produce felicidad es sentirnos amados y aceptados; por la gracia de Dios, todos los que hemos creído en Jesús, hemos recibido su amor en nuestros corazones y es un amor eterno desde la eternidad hasta la eternidad, es un amor inagotable, invariable, que nos da seguridad porque “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”, (Hebreos 13:8)
A esto, sigue una promesa preciosa que no se cumplirá plenamente sino en la Sión celestial y dice así: “Y vendrán con gritos de gozo en lo alto de Sion, y correrán al bien de Jehová, al pan, al vino, al aceite, y al ganado de las ovejas y de las vacas; y su alma será como huerto de riego, y nunca más tendrán dolor. Entonces la virgen se alegrará en la danza, los jóvenes y los viejos juntamente; y cambiaré su lloro en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor. Y el alma del sacerdote satisfaré con abundancia, y mi pueblo será saciado de mi bien, dice Jehová”. Jeremías 31:12-14. Esta promesa no es sólo para el pueblo de Israel sino para la iglesia de Cristo, donde todos vamos a ser saciados de la bondad amorosa de Dios, nuestra alma será como “huerto de riego” y no desearemos más para ser felices. Debemos poner nuestra esperanza en la herencia eterna; cuando miremos nuestro futuro no debemos temer, ni desmayar ante las aflicciones temporales en esta tierra.
El deseo de satisfacer nuestra alma entonces, no solo es para el presente, sino para ese futuro glorioso que Dios nos dará; esto debe estimularnos a mantenernos cerca de Dios, a arrepentirnos si le hemos fallado, a pedirle al Señor que doblegue nuestra voluntad a la de Él, para vivir esa vida en abundancia que nos promete. Recordemos que Dios tiene reservada su misericordia a todos los que le buscan con sinceridad.
Pidamos al Señor que su Palabra abunde en nuestros corazones y que el Espíritu Santo se derrame con poder, como ríos de agua viva en nuestro interior. Oración.
«Amado Dios, solo tú puedes satisfacer mi alma anhelante, llenar mi vacío espiritual con la presencia de tu Santo Espíritu para que, como ríos de agua viva pueda calmar mi sed espiritual, que nada, ni nadie en este mundo puede saciar. Que tu amor derramado en mi corazón se desborde para llevarlo a otros. Señor recuérdame que tú estás conmigo, refresca mi alma y dame descanso. En el nombre de Jesús, amén.
martes, 23 de abril de 2024
Llamados a ser santos
Llamados a ser santos
“Así dijo
Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el
valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se
hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago
misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice
Jehová”. Jeremías 9:23-24
“Y el uno al
otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda
la tierra está llena de su gloria”. Isaías 6:3
Blaise
Pascal decía: “Pero hay quienes no pueden admirar más que las grandezas
carnales como si no las hubiera espirituales. Y otros que no admiran más que
las espirituales como si no las hubiera infinitamente más elevadas en
sabiduría”.
Para él,
había tres niveles de grandeza: la grandeza física superficial que se encuentra
en las riquezas, la fuerza y la belleza. La grandeza más alta es la de los
genios, la ciencia y el arte. Y un tercer tipo de grandeza que está en el orden
de la santidad; llegando a la conclusión que la grandeza de una persona no
radica en que sea fuerte o débil, rica o pobre, inteligente o analfabeta,
porque la grandeza está en un plano diferente e infinitamente superior, en lo
espiritual, y lo llama “orden de santidad”.
El Señor a
través del profeta Jeremías nos lleva a pensar en lo mismo, cuando vemos este
mundo con tanto pecado y dolor, encontramos mucho vacío en el interior del ser
humano y son necios todos aquellos que se glorían en cosas temporales y
superficiales como el conocimiento, salud, fuerza, riqueza o en cualquier cosa
que los deja bajo el dominio del pecado y lejos de nuestro Creador. Fuimos
diseñados para depender de Él, por eso anhela que nos gloriemos más en
conocerlo y entenderlo para que conozcamos su voluntad; El Señor quiere que le
demos más importancia a cultivar lo espiritual y crezcamos en santidad; porque
Dios es un Dios santo, y si creemos en su Hijo Jesucristo nos da su poder
santificador por medio de su Espíritu.
Estamos
llamados a ser santos, 1 Corintios 1:2 “a la iglesia de Dios que está en
Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos
los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor
de ellos y nuestro”. Cuando ponemos nuestra confianza en Jesús y lo recibimos
en nuestro corazón, recibimos el don del Espíritu Santo, quien nos capacita
para vivir una vida santa, que agrade a Dios.
Sólo Dios es
perfectamente santo, nosotros nunca alcanzaremos la perfección en esta vida,
pero podemos caminar en santidad como respuesta a la santidad de Dios y esto es
solo posible por la gracia de Dios, por medio del don de su Espíritu. La
Santidad nos conduce a una entrega completa de todo nuestro ser al Señor, como
dice Romanos 12:1 “así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios,
que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios,
que es vuestro culto racional”.
Cuando Dios
nos llama a ser santos, nos está diciendo que seamos completamente suyos,
quiere que nos demos voluntariamente a Él, 1 Corintios 6:19-20 “¿O ignoráis que
vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual
tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por
precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los
cuales son de Dios” Oración.
«Gracias
Padre celestial porque al creer en tu Hijo Jesucristo, enviaste a tu Espíritu
Santo a morar en mí, ahora soy templo tuyo y anhelo por tu gracia, me ayudes a
caminar en santidad, a no llenarme de vanagloria por las cosas temporales y
superficiales de este mundo. Quiero conocerte y entenderte para hacer tu
voluntad para glorificarte con todo mi ser: espíritu, alma y cuerpo, en el
nombre de Jesús, amén.
lunes, 22 de abril de 2024
El día del Señor está cercano
El día del Señor está cercano
“Porque
cercano está el día de Jehová sobre todas las naciones; como tú hiciste se hará
contigo; tu recompensa volverá sobre tu cabeza. De la manera que vosotros
bebisteis en mi santo monte, beberán continuamente todas las naciones; beberán,
y engullirán, y serán como si no hubieran sido. Más en el monte de Sion habrá
un remanente que se salve; y será santo, y la casa de Jacob recuperará sus
posesiones”. Abdías 1:15-17
Estamos
viviendo en un mundo lleno de injusticias, aproximadamente 49.6 millones de
personas viven en condiciones de esclavitud moderna, esto incluye: trabajos
forzados, matrimonios forzados, trata de personas, tráfico de niños, tráfico de
órganos y actividades delictivas. Hoy hay más gente en esclavitud que en los
350 años de tráfico de esclavos. Este libro de Abdías promete que un día este
mundo será liberado de toda injusticia, cuando el reino de los cielos venga en
su plenitud.
¿Qué sabemos
de Abdías? realmente muy poco, su nombre significa “uno que sirve y adora a
Jehová”, su libro es el más corto del Antiguo Testamento, este profeta fue
usado por Dios para advertir la caída de uno de los enemigos de Israel, la
nación de Edom, descendientes de Esaú, que siempre han vivido en rivalidad con
Israel, por el conflicto que se originó entre los dos hermanos (Esaú y Jacob);
han tenido una larga historia de guerras y problemas hasta el día de hoy.
El orgullo
fue lo que hizo caer a Edom como lo dice Abdías 1:3 “La soberbia de tu corazón
te ha engañado, tú que moras en las hendiduras de las peñas, en tu altísima
morada; que dices en tu corazón: ¿Quién me derribará a tierra?”.
También el
profeta nos cuenta que cuando Jerusalén cayó en el 586 a.C. ante Babilonia, los
edomitas no hicieron nada para ayudar a sus hermanos, por el contrario, vieron
esto como una oportunidad de saciar su sed de venganza contra Judá, así lo dice
Abdías 1:12: “Pues no debiste tú haber estado mirando en el día de tu hermano,
en el día de su infortunio; no debiste haberte alegrado de los hijos de Judá en
el día en que se perdieron, ni debiste haberte jactado en el día de la
angustia”. La retribución es una realidad, Dios es justo y castigará las
injusticias hacia los demás. Abdías advierte del inminente castigo de Edom y
confirma a Judá la constante protección de Dios, su futura victoria y su
restauración.
Nunca ha
cesado esa hostilidad contra Israel, son muchas las naciones llenas de soberbia
que quieren ver destruido al pueblo de Dios y a su ciudad sagrada, Jerusalén.
Abdías nos habla a nosotros de la gran liberación que tendrá lugar en el día
del Señor, Abdías 1:21 “Y subirán salvadores al monte de Sion para juzgar al
monte de Esaú; y el reino será de Jehová”. El remanente de los salvados
gobernará justa y rectamente honrando el reino de Dios.
Con la
Segunda Venida de Jesús, el reino de Dios irrumpirá en la historia y
administrará su justicia en esta tierra; en aquel día todas las profecías de
Abdías y otros profetas tendrán pleno cumplimiento y todos seremos liberados de
toda injusticia. Un tiempo de juicio y divina justicia llegará para todas las
naciones, es una predicción que alcanza nuestros días.
Como
enseñanza podemos decir que las relaciones difíciles entre las personas, son el
resultado inevitable de la soberbia que nos impide descubrir nuestros errores y
crea barreras que se interponen en la reconciliación. Este es el costo del
orgullo. El Señor nos exhorta a arrepentirnos y a buscar reconciliación con
aquellos con los que hemos roto relaciones y vivir una vida de perdón y
misericordia.
Recordemos
que en su soberanía Dios utiliza las circunstancias para llevar a cabo sus
propósitos, el Señor toma el futuro para realizar su plan y obrará en favor de
su pueblo. Por medio de Jesucristo, Dios pone de manifiesto su poderío y
dominio sobre toda la humanidad. Oración.
«Señor
Jesús, gracias porque un día tu justicia vendrá para todos cuando regreses en
tu Segunda Venida y veremos tu reino establecido en toda su plenitud. Mientras
llega este día ayúdame a ser un instrumento de tu justicia, llevando tu Palabra
a todo lugar y tendiendo mi mano a los que viven en injusticia. En el nombre de
Jesús, amén.
domingo, 21 de abril de 2024
La gracia triunfa sobre el juicio
La gracia triunfa sobre el juicio
“Entonces
los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y
poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el
acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres.
Tú, pues, ¿qué dices? Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero
Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como
insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin
pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo
hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados
por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los
postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose
Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los
que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús
le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más”. Juan 8: 3-11
Los fariseos
y escribas frustrados porque no tenían nada en contra de Jesús para acusarlo y
así poder juzgarlo, le llevan a una mujer sorprendida en adulterio. Según la
ley, ellos decían que Moisés los mandó a apedrear a los adúlteros, miremos
Deuteronomio 22:22: “Si fuere sorprendido alguno acostado con una mujer casada
con marido, ambos morirán, el hombre que se acostó con la mujer, y la mujer
también; así quitarás el mal de Israel”. La pregunta es ¿por qué sólo llevaron
a la mujer para enjuiciarla?
El caso es
que era una trampa; esperaban confundir a Jesús con respecto a la respuesta que
diera a su pregunta: “tú pues, ¿qué dices?”; si Él decía apedréenla, lo
acusarían de matarla, porque no era juez y si la defendía lo tacharían de
condescendiente con la inmoralidad sexual. La verdad es que eran unos
hipócritas astutos tentando al Señor, y aunque los escuchó y le insistían
preguntándole, se agacho a escribir con su dedo en la arena, aparentemente
ignorándolos.
Finalmente
se enderezó y les dijo: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en
arrojar la piedra contra ella”, en otras palabras: “aquel cuya conciencia le
absuelva de cualquier pecado, arroje la primera piedra…” Fueron sorprendidos
por su inteligencia, ahora el objeto de acusación se volvió hacia ellos y Jesús
se inclinó nuevamente a escribir en tierra, era evidente que estaba dándole a
los acusadores una oportunidad para irse sin que Él los viera y evitar así su
vergüenza. Jesús hizo que fueran redargüidos en su conciencia, y fueron
saliendo uno tras otro. La trampa para Jesús se volvió en su contra, quedaron
expuestos ellos mismos a la vergüenza pública, lo que querían hacer con la
mujer.
Es muy fácil
caer en la tentación de juzgar a otros, antes de mirarnos a nosotros mismos,
como nos recuerda Lucas 6:41 ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu
hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?”
Jesús tiene
todo el derecho de juzgar porque es Dios, sin embargo, Jesús restaura la vida
de esa mujer cuando le dice: “¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te
condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno;
vete, y no peques más”. ¡Qué ternura y gracia inimitables!, con ese acto de
amor inagotable esa mujer fue traída a la convicción de pecado, a la admiración
por el que la liberó de él y a ese llamamiento a empezar una vida nueva.
Este es un
momento para pensar un poco antes de lanzar una piedra contra alguien,
deberíamos reconocer nuestras propias faltas y mirar a aquellos que están
perdidos en el mundo con más compasión y misericordia. Santiago 2:13 dice:
“Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia;
y la misericordia triunfa sobre el juicio”.
El Señor no
nos dejó un mensaje en la arena, lo hizo en la cruz, no lo escribió con su dedo
sino con su sangre preciosa que derramó por cada uno de nosotros para
declararnos “justos”. Esa es la gracia triunfando sobre el juicio. Alguna vez
nos hemos preguntado ¿cómo reacciona Jesús frente a nuestro pecado?, sé qué
cómo con esa mujer, nos diría: “tampoco yo te condeno, vete y no vuelvas a pecar”
Oración.
«Amado
Jesús, tu gracia me envuelve de manera incontenible ante tu inagotable amor. Al
leer tu Palabra y ver tu misericordia sobre mi vida, te doy gracias, porque
derramaste tu preciosa sangre en una cruz para darme perdón de pecados,
libertad y una nueva vida. Lléname de tu Santo Espíritu para abundar en gracia,
en misericordia y compasión por los demás, porque no soy quién para juzgar a
otros. En el nombre de Jesús, amén.
sábado, 20 de abril de 2024
Preparando a otros para la obra
Preparando a
otros para la obra
“Llamó
entonces David a Salomón su hijo, y le mandó que edificase casa a Jehová Dios
de Israel. Y dijo David a Salomón: Hijo mío, en mi corazón tuve el edificar
templo al nombre de Jehová mi Dios. Mas vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
Tú has derramado mucha sangre, y has hecho grandes guerras; no edificarás casa
a mi nombre, porque has derramado mucha sangre en la tierra delante de mí. He
aquí te nacerá un hijo, el cual será varón de paz, porque yo le daré paz de
todos sus enemigos en derredor; por tanto, su nombre será Salomón, y yo daré
paz y reposo sobre Israel en sus días. Él edificará casa a mi nombre, y él me
será a mí por hijo, y yo le seré por padre; y afirmaré el trono de su reino
sobre Israel para siempre. Ahora pues, hijo mío, Jehová esté contigo, y seas
prosperado, y edifiques casa a Jehová tu Dios, como él ha dicho de ti”. 1
Crónicas 22:6-11
Qué bueno es
edificar la vida de otras personas y volverlas discípulos de Cristo. Estamos
llamados a hacerlo, como dice Mateo 28:19 “Por tanto, id, y haced discípulos a
todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del
Espíritu Santo”. Es necesario, porque otros tendrán que continuar la obra que
nosotros hemos empezado, por eso, nunca debemos sentirnos desanimados cuando
otras personas tienen el privilegio de hacer algo dentro del ministerio que
nosotros hemos hecho ya; por el contrario, siempre doy gracias a Dios por mis
mentores espirituales, por el que plantó la semilla del evangelio en mí, pero
también el que la regó con perseverancia, los que me enseñaron la Palabra de
Dios, me exhortaron y corrigieron, porque gracias a ellos, Dios me ha dado el
crecimiento para colaborar con Él en la expansión del evangelio, donde quiera
que he ido.
Debemos
sentirnos privilegiados de poder dejar un legado, lo digo porque, como pastor y
siervo de Dios, es una honra ver como no solamente dentro del ministerio donde
el Señor me ha colocado, están siguiendo los pasos de Jesús, con sus
habilidades y dones sirviendo donde Dios los ha puesto. No debemos ser
egoístas, entre más envejecemos debemos recordar que Jesús nos ha dado la orden
de hacer discípulos, y es una gran bendición ver replicadas sus enseñanzas en
otros.
David fue un
ejemplo de esto, cuando oró por su hijo y por todos aquellos que iban a
ayudarle a edificar el Templo para Dios, los animó diciéndoles en 1 Crónicas
22:19 “Poned, pues, ahora vuestros corazones y vuestros ánimos en buscar a
Jehová vuestro Dios; y levantaos, y edificad el santuario de Jehová Dios, para
traer el arca del pacto de Jehová, y los utensilios consagrados a Dios, a la
casa edificada al nombre de Jehová”.
Hay que
animar y bendecir los esfuerzos de aquellos que nos sucederán en el ministerio
para que Dios les de sabiduría, mantengan la visión dada por la revelación de
su Palabra, sigan entusiasmados en amar y servir al Señor, para que todo lo que
hagan sea prosperado y El Señor será fiel en honrarlos.
Jesús sabía
que su ministerio era corto, pues venía a cumplir la misión de entregar su vida
por nosotros; por eso su mayor esfuerzo fue ganando, edificando y enviando a
aquellos para que continuaran la extensión de su reino hasta lo último de la
tierra; un día les dijo: “De cierto, de cierto os digo, que, si el grano de
trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho
fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo,
para vida eterna la guardará. Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere,
allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará”,
Juan 12:24-26
Ese legado
de Jesús nos alcanzó a nosotros, recibimos perdón, salvación y vida eterna, por
lo que ellos hicieron para el Señor. Hoy te animo a servir a Dios, sabiendo que
ningún trabajo para Él es en vano. Toma tu arado y no desistas; y recuerda que
uno es el que siembra, otro el que riega, pero Dios es el que da el
crecimiento. El Señor del universo nos tiene para grandes cosas. ¡Anímate a
hacer discípulos, son tu legado!
Oración.
«Amado
Padre, en el nombre de Jesús oro por todos aquellos que han sido escogidos,
edificados y formados dentro de la congregación donde nos has puesto; anímalos
a coger el arado y seguir sembrando la semilla del evangelio, a seguir
regándola con la edificación y discipulado, para que puedan ser enviados a
extender el reino de los cielos donde tú quieres; dales amor, sabiduría,
prudencia, fuerza y valentía para cumplir con tu llamado. Amén.
viernes, 19 de abril de 2024
Atentos a la Verdad
Atentos a la Verdad
“Zarpando,
pues, de Troas, vinimos con rumbo directo a Samotracia, y el día siguiente a
Neápolis; y de allí a Filipos, que es la primera ciudad de la provincia de
Macedonia, y una colonia; y estuvimos en aquella ciudad algunos días. Y un día
de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la
oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido. Entonces
una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que
adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que
estuviese atenta a lo que Pablo decía. Y cuando fue bautizada, y su familia,
nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi
casa, y posad. Y nos obligó a quedarnos”. Hechos 16:11-15
Esta es una
de las mujeres que aparecen en la Biblia de las que poco se sabe. Pero lo que
se conoce de ella, es que provenía de una región que producía bronce, latón,
telas de púrpura. La Palabra dice que ella negociaba con esas telas y se
presume que era una mujer acomodada económicamente, pero también que era una
mujer que buscaba de Dios. En este caso Pablo estaba predicando el evangelio a
unas mujeres que se reunían a orar a las orillas de un río. Aquí podemos ver un
corazón dispuesto a escuchar la Palabra de Dios y a adorar a Dios. Lo
importante aquí es que no interesa el lugar, Dios está buscando personas que le
adoren, como la mujer samaritana, veamos Juan 4:21 “Jesús le dijo: Mujer,
créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al
Padre”.
Cuando
escuchamos la Palabra de Dios esta produce fe, y cuando hay fe podemos abrir el
corazón a Dios, Romanos 10:17 “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la
palabra de Dios”. El corazón de Lidia fue abierto por el Señor para que
estuviese atenta a lo que Pablo decía, lo que demuestra que la inclinación del
corazón hacia la verdad no se origina en la voluntad del hombre. La primera
disposición de inclinarse hacia el evangelio es una obra de gracia. Lidia no
sólo abrió su corazón a Jesús, sino las puertas de su casa, fue generosa y
compartió con alegría lo que tenía. Pablo vio en Lidia la gracia de Dios y
desde ese momento en que el evangelio fue predicado con tanta sencillez, se
empezaron a cosechar las primicias de Europa para Cristo. Lidia usó también sus
recursos para ayudar a fundar la iglesia de Filipos, ella no solo entendió la
gracia de Dios, sino que la puso en práctica.
¿Estamos
como Lidia atentos a la verdad? Esta mujer, no solo estuvo dispuesta a escuchar
el mensaje, sino que lo llevó a su hogar, trajo la luz de Cristo a su casa, y
fueron bautizados ella y su familia. Luego ayudó a extender el reino de los
cielos en esa región. Eso es lo que debemos hacer cuando conocemos a Jesús,
debemos llevar primeramente el evangelio a nuestra familia y luego al lugar
donde Dios nos quiera llevar.
¡Qué hermosa
fe y qué generosidad!, Lidia estuvo dispuesta a atender las necesidades de
estos misioneros Pablo y sus acompañantes, con hospitalidad; algo que muchos
hemos olvidado en estos tiempos. Qué bueno es poder ayudar a otros y más a los
hermanos en la fe. Recordemos lo que dice Romanos 12:13 “compartiendo para las
necesidades de los santos; practicando la hospitalidad” y Hebreos 13:2 “No os
olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron
ángeles”.
Pidamos al
Señor que disponga el corazón de nuestra familia y de los que nos rodean para
que escuchen el evangelio. Solo el Señor puede abrir sus corazones para que lo
reciban y crean en su Palabra. Oración.
«Señor, dame
un corazón como el de Lidia, que anhele adorarte y escuchar tu voz cada día,
quiero ser un reflejo de tu gracia, quiero entrar a tu presencia y darte
gracias por la persona que un día me compartió el mensaje de salvación,
escucharla me llevó a tener fe y a abrir las puertas de mi corazón a ti. Oro
por los misioneros en el mundo para que sean revestidos de tu verdad, amor y
gracia para alcanzar a los perdidos. En el nombre de Jesús, amén.
jueves, 18 de abril de 2024
Glorifiquemos a Dios con nuestra vida
Glorifiquemos a Dios con nuestra vida
Porque
habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y
en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. 1 Corintios 6:20
“Señor,
digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas
las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas”. Apocalipsis 4:11
Debemos dar
gloria a Dios en cada momento y con cada aspecto de nuestra vida, fuimos
creados para darle gloria y honra, y fuimos comprados por el precio de la
sangre preciosa de Cristo para glorificarlo con nuestro cuerpo y nuestro
espíritu los cuales le pertenecen a Dios. A veces pensamos que solo debemos
glorificar a Dios cuando nos congregamos, o cantamos en nuestra iglesia, pero
la verdad es que somos templo del Espíritu Santo y estamos llamados a darle
gloria a Dios con nuestra vida, nuestra manera de pensar, de hablar y de
comportarnos.
Fuimos
creados para su gloria así lo dice Isaías 43:7 “todos los llamados de mi
nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice”. Nuestro valor y
motivos para enorgullecernos no está en nuestras posesiones, o títulos, o en
nuestro círculo de amigos o en nuestros logros, son en la gracia infinita de
Dios, pues todas las bendiciones provienen de Dios y es por su amor y cuidado
que Él se glorifica en nuestras vidas. Sin Cristo no somos nadie. Todo lo que
somos y tenemos es por la grandeza, poder y habilidad de nuestro Dios, por eso,
las oportunidades que se nos presentan son para darle la gloria a Dios.
Preguntémonos
¿cómo podemos glorificar a Dios hoy? Meditando en su Palabra, reflexionando en
su poder, tomando decisiones sabias que nos acerquen a Él, alabando a Jesús y
agradeciéndole por su fidelidad. Si hay algo que nos impida acercarnos a Dios,
seamos sinceros con Él y pidámosle que nos muestre qué debemos dejar o cambiar.
Recordemos
lo que Pablo le decía a los Corintios para que llevaran una vida limpia y santa
que glorificara a Dios: “Todas las cosas me son lícitas, mas no todas
convienen; todas las cosas me son lícitas, más yo no me dejaré dominar de
ninguna”, 1 Corintios 6:12. El Señor nos ha dado la capacidad por medio del
Espíritu Santo para discernir lo justo y correcto para nuestra vida, escuchemos
su voz que nos guía cada día para hacerlo.
Pensemos en
lo grande y poderoso que es Dios con nosotros y mientras lo hacemos
reflexionemos sobre lo que vamos a hacer o los pasos que vamos a seguir para
glorificarlo hoy. “Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón, y no
endurezcáis más vuestra cerviz. Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses y
Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de
personas, ni toma cohecho”, Deuteronomio 10:16-17
Es tiempo de
cambiar para que toda nuestra vida sea un acto de adoración a Él, y recuerda
que no estamos solos porque tenemos al Espíritu Santo en nosotros “Y a Aquel
que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que
pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en
la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos.
Amén.”
“Glorificad,
pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” Oración.
«Amado Dios,
tú eres santo y digno de toda alabanza y adoración. Me creaste para alabarte,
muéstrame cómo adorarte con todo mi ser; quiero hacerlo con cada pensamiento,
palabra, intención y acción, quiero ser un sacrificio vivo y santo agradable a
ti, por eso, deja que toda mi vida te honre y te traiga gloria. En el nombre de
Jesús, amén.