La vida Cristiana se trata de Bendecir y no Maldecir. Decir
al entrar en toda casa: 'Que la paz de Dios more en este lugar'; pedir, después
de escuchar una, predica que Dios bendiga su verdad y a su mensajero. Quiero,
al ver a una persona hermosa, bendecir al Señor por sus criaturas y orar por la
belleza del alma de tal persona, a fin de que Dios la enriquezca con gracias
interiores y pueda haber una correspondencia entre lo externo y lo interno; y
al contemplar a un individuo deforme, pedir que Dios le dé la integridad del
alma, y con el tiempo le conceda la belleza de la resurrección." Abraham
recibió la promesa de que Dios lo bendeciría y sería bendición (Génesis 12:2);
y tal tendría que ser también la experiencia de cada cristiano: cuanto más nos
bendice Dios a nosotros tanto más deberíamos bendecir nosotros a los demás. La
oración es el camino seguro a la bendición, y el mejor medio de ser bendición
para otros; constituye el don de poder divino para bendecir a los demás. [Llene
sus días de oraciones de bendición y afiáncese en el tremendo poder que Dios le
ha dado!
viernes, 20 de abril de 2018
jueves, 19 de abril de 2018
Facultad de bendecir
Facultad de bendecir
El Dios de la Biblia es un Dios que bendice: su Palabra está llena de múltiples promesas de que El hará, y podemos tener la certeza de que, excepto en casos en los cuales debe disciplinar o castigar, siempre es su voluntad bendecir a la gente, y en especial a sus hijos que le obedecen. "[Jesús] anduvo haciendo bienes" (Hechos 10:38), e igual que El nosotros hemos de pasar por la vida bendiciendo a todo el que podamos. A nosotros sus discípulos debe conocérsenos por nuestras buenas obras de bendición para otros (Mateo 5:16; Efesios 2:10). Hemos de ser "ricos en buenas obras" (l Timoteo 6:18), "enteramente preparado[s] para toda buena obra" (2 Timoteo 3:17). La mejor manera en que los cristianos podemos ser mediadores de bendición es orando. Tenemos la oportunidad de pedir por aquellos con quienes nos es imposible entrar en contacto en ninguna otra forma. Desde los líderes de nuestra nación y de nuestra iglesia, hasta los pobres, los necesitados y los que sufren, todos pueden ser bendecidos por nuestra oración. Para nuestra familia y amigos más próximos, a quienes vemos a menudo, y para aquellos a quienes sólo tratamos una vez o de los que únicamente oímos hablar, tenemos la posibilidad de ser bendición como agentes de Dios. La petición que tantas veces oímos de: "Ore por mí" supone en realidad una súplica de bendición y ayuda. Siendo cristiano, usted debería pasar por la vida bendiciendo a los demás. Usted tiene la posibilidad de llevar adónde va ríos de bendición, de renovación y de aliento con sólo saltear sus días de una incesante oración por otros. Según se lo permitieran el tiempo y la oportunidad, usted debería bendecir en toda forma posible a tantos como pudiera (Gálatas 6:10). Su presencia tendría que traer bendición siempre; pero esto será más cierto si está pidiendo fielmente a Dios que bendiga a todos aquellos que le rodean. Usted puede encontrar oportunidades de llenar sus días de oraciones de bendición si es cuidadoso. He decidido orar más y orar siempre; orar en todo lugar donde la quietud invite a hacerlo -en casa, en el camino, en la calle-; y no dejar vía o pasaje alguno en esta ciudad que no pueda dar testimonio que no me he olvidado de Dios.... Cuando diviso cualquier iglesia en mi camino, me propongo aprovechar para pedir que el Señor sea adorado allí en espíritu y que las almas sean salvas en ese lugar. Pretendo pedir diariamente por los enfermos que conozco especial mente para que conozcan a Cristo y Su Palabra.
El Dios de la Biblia es un Dios que bendice: su Palabra está llena de múltiples promesas de que El hará, y podemos tener la certeza de que, excepto en casos en los cuales debe disciplinar o castigar, siempre es su voluntad bendecir a la gente, y en especial a sus hijos que le obedecen. "[Jesús] anduvo haciendo bienes" (Hechos 10:38), e igual que El nosotros hemos de pasar por la vida bendiciendo a todo el que podamos. A nosotros sus discípulos debe conocérsenos por nuestras buenas obras de bendición para otros (Mateo 5:16; Efesios 2:10). Hemos de ser "ricos en buenas obras" (l Timoteo 6:18), "enteramente preparado[s] para toda buena obra" (2 Timoteo 3:17). La mejor manera en que los cristianos podemos ser mediadores de bendición es orando. Tenemos la oportunidad de pedir por aquellos con quienes nos es imposible entrar en contacto en ninguna otra forma. Desde los líderes de nuestra nación y de nuestra iglesia, hasta los pobres, los necesitados y los que sufren, todos pueden ser bendecidos por nuestra oración. Para nuestra familia y amigos más próximos, a quienes vemos a menudo, y para aquellos a quienes sólo tratamos una vez o de los que únicamente oímos hablar, tenemos la posibilidad de ser bendición como agentes de Dios. La petición que tantas veces oímos de: "Ore por mí" supone en realidad una súplica de bendición y ayuda. Siendo cristiano, usted debería pasar por la vida bendiciendo a los demás. Usted tiene la posibilidad de llevar adónde va ríos de bendición, de renovación y de aliento con sólo saltear sus días de una incesante oración por otros. Según se lo permitieran el tiempo y la oportunidad, usted debería bendecir en toda forma posible a tantos como pudiera (Gálatas 6:10). Su presencia tendría que traer bendición siempre; pero esto será más cierto si está pidiendo fielmente a Dios que bendiga a todos aquellos que le rodean. Usted puede encontrar oportunidades de llenar sus días de oraciones de bendición si es cuidadoso. He decidido orar más y orar siempre; orar en todo lugar donde la quietud invite a hacerlo -en casa, en el camino, en la calle-; y no dejar vía o pasaje alguno en esta ciudad que no pueda dar testimonio que no me he olvidado de Dios.... Cuando diviso cualquier iglesia en mi camino, me propongo aprovechar para pedir que el Señor sea adorado allí en espíritu y que las almas sean salvas en ese lugar. Pretendo pedir diariamente por los enfermos que conozco especial mente para que conozcan a Cristo y Su Palabra.
martes, 17 de abril de 2018
El poder para mover montañas
El poder para mover montañas
En la Biblia a veces se habla de las montañas en sentido
figurado: como símbolo de fuerza y estabilidad; pero también es frecuente que
éstas representen dificultades, problemas e impedimentos. Así que, si hemos de
preparar el camino del Señor lo torcido debe enderezarse y los montes
allanarse; entonces se revelará la gloria divina (Isaías 40:3-5; Lucas 3:4-6).
Cuando el poderoso Espíritu de Dios actúa, montañas de otro modo inamovibles
resultan como nada delante de la fuerza del Señor (Zacarías 4:6, 7). El Espíritu
Santo, que es el único capaz de realizar esto, puede convertir los montes más
insuperables en caminos y calzadas para un rápido avance (Isaías 49:11). Jesús
utilizó esta ilustración del Antiguo Testamento en varias de sus enseñanzas.
Cuando los discípulos no pudieron echar. Fuer. al demonio del niño atormentado,
el Señor les dijo que SI tuvieran una fe tan pequeña como un grano de mostaza
podrían ordenar a "este monte" (símbolo de cualquier situación o
problema insuperable) y el mismo se movería. "Y nada os será imposible,
(Mateo 17:20), dijo luego; añadiendo de inmediato que aquella clase de
exhibición espectacular sería consecuencia de la oración y el ayuno (v. 21). En
otra ocasión, cuando los discípulos se asombraron del poder de Jesús para secar
la higuera estéril, Elles repitió que ellos no sólo podían hacer lo mismo, sino
que incluso tenían en su mano el ordenar a los montes que se echaran en el mar,
porque "todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis"
(Mateo 21:21, 22). Marcos refiere el mismo incidente y cita estas palabras de
Jesús: "Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo
recibiréis, y os vendrá" (Marcos 11:24).
Dios espera que sus hijos se enfrenten a montañas de dificultad y las
muevan (vea capítulo 13), no que sean detenidos por ellas. Deben aceptarlas
como un desafío: ya sea para convertirlas en caminos para la mayor gloria de
Dios; o para echarlas en el mar, quitándolas completamente de la vista como si
nunca hubieran existido. Jesús nos asegura que esto es del todo posible cuando
sus hijos se enfrentan a los montes creyendo; pero también nos recuerda que
hacerlo puede requerir una oración y un ayuno prolongados. El Espíritu Santo
hará el milagro; éste no se realizará por nuestra fuerza o nuestro poder (Zacarías
4:6). En la actualidad hay cientos de montes que estorban el avance de las
misiones y de la Iglesia de Cristo porque estamos confiando casi por completo
en nuestra propia sabiduría, nuestra propia habilidad y nuestro propio
esfuerzo. ¡Hemos hecho casi todo menos entregarnos de veras a la oración y al
ayuno! La oración tiene un gran poder para mover montañas, debido a que el
Espíritu Santo está dispuesto tanto a estimular nuestra intercesión como a
quitar de en medio los montes que nos estorban. La oración posee la fuerza
necesaria para transformar las montañas en calzadas.
lunes, 16 de abril de 2018
Asistencia angélica
Asistencia angélica
Vivimos en una época que es escéptica respecto a lo
sobrenatural. Pocos cristianos piensan a menudo en la enseñanza bíblica
concerniente a los ángeles. Hebreos 1:14 nos asegura que éstos son
"espíritus ministradores enviados para servicio" de los hijos de Dios.
No sabemos de cuántas formas nos sirven los ángeles, pero la Biblia menciona
estas cuatro: Nos protegen del peligro. Lo hicieron con Jacob después de
aquella noche que pasó orando (Génesis 32:1); y también con Elías, otro hombre
de oración (2 Reyes 6:17). Nos libran. Los ángeles sacaron a Pedro de la cárcel
(Hechos 12:1-11); y a Pablo, un ángel le aseguró que él y todos los que iban a
bordo del barco serían librados (Hechos 27:23), y que la vida de ellos le
habían sido concedidas benévolamente al apóstol, indicando con ello que él
había orado al respecto. Nos traen mensajes de Dios. Existen muchos ejemplos
bíblicos de esto. Fueron ángeles quienes dieron el anuncio a los pastores
(Lucas 2:9-13), avisaron a las mujeres cuando Cristo resucitó (Mateo 28:2-7), y
llevaron el mensaje a Cornelio en respuesta a sus oraciones (Hechos 10:1-7).
También pueden traerle sugerencias a usted o a otra gente mediante los
pensamientos. Renuevan nuestras fuerzas físicas. Así lo hicieron con Cristo
después de su terrible prueba en el huerto de Getsemaní (Lucas 22:43).
Indudablemente, la asistencia angélica para con los hijos de Dios es
generalmente invisible, pero no por ello resulta menos real. Las biografías
cristianas citan muchos ejemplos de ayuda por parte de los ángeles, tanto
visible como invisible. Tenemos la promesa divina, y todo el derecho de
reclamarla, de que a sus siervos que ministran en lugares especialmente
peligrosos -tales como los barrios bajos de una ciudad o un campo misionero
volátil- se les asignará una guardia de ángeles. Tampoco deberíamos vacilar en pedirle
a Dios una protección angélica especial para nuestros seres queridos.
domingo, 15 de abril de 2018
A CONTRACORRIENTE
A CONTRACORRIENTE
Nosotros que somos salvos, hemos de estar en un lugar aparte,
como quienes han tomado posición con Cristo rechazado, ante el mundo que le ha
crucificado; manifestados como hombres de una raza celestial: «irreprensibles y
sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y
perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo» (Fil
2:15). Esta es la misión ¡y cuán elevada! de los hijos de Dios. Pero cuesta
mucho el vivir de esta manera. Tenemos que mantenernos cual roca solitaria en
medio del ímpetu de un río caudaloso, ya que todo cuanto nos rodea está
moviéndose, está bullendo; todo tiende a hacernos vacilar, una continua e
implacable presión se ejerce sobre nosotros. Nos hallamos luchando en medio de
una interminable oposición, la cual, tarde o temprano, nos arrastraría, sino
pudiéramos contar con la firmeza de la ROCA.
Cuando vamos poniendo en práctica las palabras de Dios,
entonces es cuando se levanta la tormenta contra nosotros. Ser miembro de lo
que se llama una iglesia es cosa fácil; también lo es el hacer como todos los
demás; el ser hombre honrado y buen ciudadano no ocasiona ninguna persecución.
Uno puede reunir todas estas cualidades y, sin embargo, seguir la corriente
mundana. Pero resplandecer como luminares por Dios en el mundo es cosa que
provoca la enemistad; por doquiera que se ve al verdadero Cristo, se le odia.
Si le ven a Él en mí, me odiarán por este motivo; por lo contrario, si gozo de
buena reputación, si nadie se me opone, ¿qué significa eso para mí, como
cristiano? Muy sencillo: no siendo manifestada la vida de Jesús en mi cuerpo
mortal, no se puede ver a Cristo en mí. No hemos sido llamados solamente a ser
buenas personas también hemos sido llamados a predicar de Cristo y su Palabra
porque como creerán si no ay quien les prediquen porque la Fe viene por el oír
la Palabra de Dios.
sábado, 14 de abril de 2018
EL GRAN OBJETIVO DE SATANÁS
EL GRAN OBJETIVO DE SATANÁS
El gran objetivo de Satanás es establecer para el hombre un
sistema que sustituya enteramente la dirección del Espíritu Santo; ello será su
obra maestra de los tiempos del fin, y la característica prominente de la gran
apostasía que se acerca rápidamente. Entonces, Satanás se manifestará
abiertamente y en su misma persona, como dios de este mundo, lo que, de
momento, está aún escondido en misterio.
Queridos hermanos, es tiempo ya que los cristianos
despertemos del sueño espiritual y examinemos si de una manera o de otra no nos
hemos asociado a un sistema que madura rápidamente para el juicio.
Pero, dirán algunos, ¿cómo podemos nosotros impedir este
estado de cosas? ¿No nos hallamos sujetos a ellas, aun a pesar nuestro, por
nuestro comercio, nuestras profesiones, como miembros de la sociedad? ¡No
podemos abandonar nuestras ocupaciones diarias! Claro, es una necesidad que
cada uno admite, pero debemos notar que el hecho que cada uno la admita prueba
que no es de Dios: «Y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe»
(1 Jn 5:4), La fe no repara en las circunstancias exteriores, en lo que es
posible o en lo que sea imposible; la fe no considera lo que se ve, sino que
confía en Dios. Alrededor nuestro, muchas personas nos pueden aconsejar acerca
de lo que conviene hacer o evitar en la sociedad humana, pues lo que conviene al
mundo es su regla y medida. Puede ser que ellas vean trazado claramente el
camino que siguen, y que éste sea perfectamente razonable y satisfactorio; mas
ello no tiene ningún valor para el cristiano que anda por la fe: éste bien sabe
que lo que se considera universalmente como el buen camino será, al contrario,
el camino de perdición, pues es el camino ancho (Lc 16:15; Mt 7:13).
¿DEBE EL CRISTIANO PARTICIPAR EN POLÍTICA?
Por ejemplo, muchos estiman que un buen ciudadano, un
cristiano, debe interesarse por el gobierno de su país, y debe votar,
contribuyendo así a llevar al poder hombres honorables. Pero Dios habla muy
diferentemente. Repetidas veces en su Palabra, y de diversas maneras, Él me
dice que como hijo suyo, no soy ciudadano de ningún país ni miembro de sociedad
alguna: «Nuestra ciudadanía está en los cielos» (Fil 3:20): Desde entonces no
tenemos otro quehacer que las cosas celestiales. «En la cruz de nuestro Señor
Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo» (Gá
6:14). Si las cosas terrenales absorben mis pensamientos y mi corazón, me
constituyo en «enemigo de la cruz de Cristo» (Fil 3:18). «No os conforméis a
este siglo» (Ro 12:2).
NUESTRA CONDUCTA FRENTE A LAS AUTORIDADES
¿Qué tenemos entonces que ver con las autoridades? Pues
sujetarnos a ellas, ya que Dios las ordenó; cuando imponen sus tributos,
satisfacerlos, y hacer rogativas por los reyes y por todos los que están en
eminencia (1 Ti 2:1). Resulta, pues, que lo único que un cristiano puede
realizar en política, es someterse a las potestades superiores, «no solamente
por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia» (Ro 13:5). Sin
duda alguna, en Cristo, él (el cristiano) es heredero de todo, incluso de la
tierra en la cual el sistema mundano opera hoy en día; pero lo mismo que
Abraham en el país de Canaán, Dios no le da siquiera donde poner el pie. Como
herencia actual suya: «El justo por su fe vivirá» (Hab 2:4).
Si pues el verdadero hijo de Dios deja de tomar posición
definida en cosas de política, no es tanto que crea malo el adherirse a una
opinión, sino que ha dado su voto y su adhesión a Aquel que está en los cielos,
y que Dios ha ensalzado como Rey de los reyes y Señor de los señores. Además,
las cosas terrenales perdieron todo interés para él, porque ha hallado cosas de
mucho mayor valor y atractivo. También ve que el mundo es impío en su espíritu
y en su esencia, y que sus reformas y progresos más preciados van apartando
progresivamente de Dios el corazón del hombre. Desea dar testimonio de Dios y de
su verdad, anunciando el juicio venidero en el día de la aparición de Cristo,
cuando los hombres se congratularán creyendo estar en paz y seguridad; y espera
que, por él, algunos aprenderán a librarse de los lazos en los cuales Satanás
quiere aprisionar la humanidad entera.
viernes, 13 de abril de 2018
SATANÁS ES EL DIOS DE ESTE MUNDO
SATANÁS ES EL DIOS DE ESTE MUNDO. 1 Juan 5. 19. Sabemos
que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno.
20. Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado
entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en
su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.
A los que pregunten los motivos por los cuales tal actitud
debe caracterizarnos, contestamos: ¿No sabéis que Satanás es «el dios de este
mundo», «el príncipe de la potestad del aire», el director de aquel monstruoso
sistema? Es su energía, su genio inspirador, y su príncipe. Cuando Jesucristo
estuvo en la tierra, el diablo fue a ofrecerle «todos los reinos de la tierra y
su gloria», por cuanto decía «A mí me ha sido entregada, y a quien quiero la
doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos» (Lc 4:6-7). Estos
versículos descorren el velo, y aparece a plena luz el verdadero objeto de todo
culto religioso del hombre. La Escritura habla de Satanás como de alguien que
era «lleno de sabiduría, y acabado de hermosura» (Ez 28:12), y que se disfraza
de «ángel de luz» (2 Co 11:14). ¿Cómo extrañarse, pues, de que los hombres,
tanto los indiferentes como los más reflexivos, sean engañados y seducidos?
¡Cuán pocos son los que tienen los ojos abiertos para discernir, por la Palabra
de Dios y la unción del Espíritu Santo, el verdadero carácter del mundo!
Algunos hay que creen haber escapado al lazo de la mundanalidad porque
abandonaron lo que llamamos los placeres mundanos y se hicieron miembros de
determinadas iglesias, o de asociaciones religiosas; pero se dan cuenta de que
siguen permaneciendo en el sistema del mundo de igual modo que antes. Sólo que
Satanás, príncipe de este mundo, les haga pasar de un departamento a otro, a
fin de adormecer sus conciencias inquietas, haciéndoles sentir más satisfechos
de sí mismos.
¿CUÁL ES EL REMEDIO?
Siendo pues las cosas así, se nos presenta esta cuestión:
¿Cuál es el remedio? ¿Qué harán los que andan por el camino ancho y que hasta
hoy vivieron de conformidad al sistema del mundo, para librarse de su
influencia? ¿Cómo podrán discernir lo que es del mundo y lo que es de Dios?
Dice el apóstol: «todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son
hijos de Dios» (Ro 8:14). Normalmente, la vida cristiana ha de ser gobernada
por Cristo, tal como el cuerpo de un hombre se halla dirigido por su cabeza;
cuando se está sano, no se mueven la mano ni el pie, a no ser que lo mande la
cabeza. Es precisamente en el mismo sentido que Cristo es la cabeza del
cristiano (1 Co 11:3), el cual se halla entonces sometido a Él en todas las
cosas, sean de poca o de mucha importancia. Así es como el cristiano hiere la
mundanalidad en su propia raíz: la voluntad propia del hombre es el principio
fundamental sobre el cual se halla edificado todo el sistema del mundo,
mientras que la base de la vida cristiana no puede ser otra que la dependencia
de Dios y la obediencia a Su voluntad.
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