miércoles, 13 de agosto de 2014

Hebreos 10:30-31

Hebreos 10:30-31

Pues conocemos al que dijo: mía es la venganza; yo pagaré; y también: El Señor juzgará a su pueblo.  ¡Terrible cosa es caer en las manos del Dios vivo!




Es fácil confiar en lo que vemos y desconfiar de lo que no vemos.
Ser cristiano no significa ser un “agachado” o “dejado”.  Poner la otra mejilla no es estar carente de valor.  No somos personas sin personalidad ni tampoco vamos por la vida sin rumbo.  La diferencia radica en el pasaje de hoy.  Para aquellos que amamos a Dios y queremos que Él reine, debemos aprender a entregarle la venganza.  Leíste bien.  La venganza le corresponde al Señor.  No a ti.  No a mí.  A Él.  En el mundo nos movemos conforme a la ley de la selva donde el más fuerte o poderoso es quien termina “ganando”.  Pues debes saber que Dios es más que cualquier otro.  Sí.  Pareciera que las cosas no están a tu favor, pero debes confiar y entregar tus preocupaciones a Él.  ¿El resultado?  Paz.  Caminar con la carga de Cristo que es ligera y fácil de llevar y dejar atrás tu carga que no te dejaba siquiera dormir tranquilo.  Cada día hay injusticias en este mundo.  La gente le reclama a Dios el por qué las permite y estoy seguro que Él se entristece diciendo: ¿y por qué me reclaman cuando ni siquiera pasan tiempo conmigo?  La culpa no es de Dios sino de nosotros que nos hemos apartado de Él.  ¿Lo puedes entender?
Lo que quiero que aprendas y recuerdes el día de hoy es la importancia de no dejarse llevar por lo que sucede en este mundo.  Vas a atravesar injusticias.  Habrá gente que te lastime.  Mientras tanto debes recordar Romanos 12:12 que dice “gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración”.  No debemos vivir buscando una vida color de rosa sino una vida llena de tribulación que nos haga aumentar nuestro tiempo de oración y comunión con Dios que a su vez, nos llene de gozo pues vivimos en la esperanza de su venida.
Aquí vivimos en una lucha de egos.  No debemos caer en ese juego.  Dios nos pide que muramos a nosotros mismos para que Él crezca.  Mientras más “apagas” tu luz, más brilla la de Cristo.  Por eso el Señor vino a servir y no a ser servido.  Para que nosotros le imitemos.  He escuchado historias de pleitos que llevan a actos impensables.  El orgullo brilla y la razón se apaga.  Proverbios 11:12 dice: Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra; Mas con los humildes está la sabiduría.  El orgullo no trae nada bueno a tu vida mientras que la humildad trae sabiduría.  No te dejes llevar por esa marea tan fuerte con la que vivimos en este mundo.  Si lo mejor fuera ser el más fuerte y el más poderoso, Cristo no hubiera nacido en un pesebre y tener como profesión la carpintería.  Hubiera llegado al mejor palacio del momento y gobernado como ningún otro rey.  ¿Lo puedes ver?  ¡Ese no es nuestro objetivo como creyentes!  Servir al Rey de reyes es nuestro objetivo.  Confiar en Él.  Entregarle nuestras cargas y vivir confiados en que Él nos ama y se encarga de nosotros.  No caigas en la desesperación.  No dejes que tu orgullo y coraje reine sobre tus decisiones ni que la injusticia te haga perder la fe.  Entrega todo al Señor pues la venganza la pertenece a Él.  Él llama a cuentas y terrible cosa es caer en su manos.

Oración

Padre: gracias.  Vengo con mi corazón humillado a entregarte mis cargas.  Hay odio, coraje, impotencia y muchas cosas más que quiero entregarte y no llevar más conmigo.  Hoy aprendí que Tú eres quien hace justicia y se encarga de todo.  Yo quiero confiar en Ti y dejar atrás el vivir como en la selva.  Ayúdame a vivir humillado y agradecido.  Sirviendo y no buscando ser servido.  No permitas que este mundo me arrastre sino que pueda tener mis pies firmes en Ti.  Te lo pido en Cristo Jesús.  Amén.

martes, 12 de agosto de 2014

Hebreos 10:26-29

Hebreos 10:26-29

Si después de recibir el conocimiento de la verdad pecamos obstinadamente, ya no hay sacrificio por los pecados.  Sólo queda una terrible expectativa de juicio, el fuego ardiente que ha de devorar a los enemigos de Dios.  Cualquiera que rechazaba la ley de Moisés moría irremediablemente por el testimonio de dos o tres testigos.  ¿Cuánto mayor castigo piensan ustedes que merece el que ha pisoteado al Hijo de Dios, que ha profanado la sangre del pacto por la cual había sido santificado, y que ha insultado al Espíritu de la gracia?



Proverbios 1:7 dice: el principio de la sabiduría es el temor a Jehová.  No es casualidad que la sabiduría no se encuentra en el amor ni en la misericordia o la gracia sino exclusivamente en el temor a Jehová.  He escuchado opiniones sobre lo que significa temer a Jehová y personalmente creo que lo podemos tomar literal.  Debemos tener miedo a Jehová.  El problema radica en no entender el miedo.  Temer a algo no significa que estamos alejados de ello sino que nuestras decisiones serán distintas y probablemente mejores basadas en ese temor.  Por ejemplo: si temo a las alturas, tendré mayor cuidado al caminar por acantilados o conduciendo en carretera por montañas.  No voy a dejar de vivir por ese temor sino que tomaré precauciones y mis decisiones se verán afectadas por el mismo.  Pues así es el temor a Jehová.  No quiere decir que no vamos a hacer nada por temor a que nos caiga un rayo.  Al contrario, vamos a tomar decisiones sabiendo que a nuestro Dios le es abominación el pecado y, por consecuencia, debemos mantenernos alejados de él.  ¿Lo puedes entender mejor?  Ahora vuelve a leer el pasaje.  Si podemos parafrasearlo, a mi parecer diría: Con Dios no se juega.  Uno no puede ir pensando que tiene comunión con Dios por atender a un evento los domingos.  La comunión con Dios se demuestra a través de tus acciones.  Tu vida debe tener congruencia entre lo que dice la biblia y lo que haces en tu día a día.  De lo contrario, el pasaje de hoy te dice que estás jugando con fuego y te vas a quemar.  Dios conoce tu corazón.  Ve hasta lo más profundo de ti y no le puedes engañar.  Tu pareja, tus seres queridos y los que te rodean pueden ser engañados.  Dios no.  Él sabe dónde estás parado y las intenciones de tu corazón.  Si ya has conocido la verdad ¿qué esperas para reformar tu camino?
Si como sociedad hemos acordado que ciertos delitos se castiguen con cárcel, ¿qué castigo merece aquél que pisotea al Hijo de Dios?  ¿Qué merece aquél que desprecia el amor que se ha derramado sobre él?  ¿Qué merece aquél que da la espalda a la misericordia y gracia que le son ofrecidas?  Ningún hombre ha establecido ese castigo sino Dios: la muerte y el infierno.  No es una novela ni ciencia ficción.  Al morir habrá juicio y de ahí iremos a la presencia del Padre si nuestro “abogado” fue Cristo o al infierno si le despreciamos en este mundo.  Aunque no es fácil hablar del juicio de Dios, es necesario compartirlo pues la gente tiene que saberlo.


Señor: definitivamente no quiero estar jugando con fuego y te pido perdón por darte la espalda y no tomarte con la seriedad debida.  Te pido perdones mis pecados y sobre todo que renueves mi mente y mi corazón pues quiero cambiar.  No permitas que siga igual sino guía mis pasos conforme a tu voluntad.  En Cristo Jesús.  Amén.

lunes, 11 de agosto de 2014

Hebreos 10:25

Hebreos 10:25

No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que aquel día se acerca.



Definitivamente ninguno de nosotros es perfecto y por consecuencia las congregaciones tampoco lo son.  Es fácil caer en la crítica y juzgar lo que se hace en una u otra iglesia.  Sin embargo, ¿quiénes somos para llevar juicio?  Si bien, es importante que pongas atención a lo que se predica y buscar siempre que la palabra de Dios sea lo más importante, el resto está de más.  He oído críticas a iglesias que son muy grandes mientras que otros critican que en una iglesia pequeña están encima de uno como si fuéramos niños.  Unos piensan que las alabanzas deberían ser himnos mientras que otros quieren música más contemporánea.  También se comenta sobre el pastor o co pastores que y su estilo de predicación.  En fin, siempre hay algo sobre lo cual podríamos discutir.  Sin embargo, pocas veces reconocemos el increíble efecto que tiene una congregación sobre aquellos que quieren alabar a su Señor y tomar ánimos para seguir en la lucha de su crecimiento espiritual.  Testimonios de personas que quebrantan corazones.  Familias destrozadas que hoy cuentan cómo el Señor puso paz en donde solo había gritos, rencores y odios.  Personas adictas que hoy dan gloria a Dios por otro día más de libertad y esperanza.  Cada persona tiene una historia.  A veces unas nos impactan más que otras pero eso es simplemente por el momento que estamos atravesando.  Yo te aseguro que tu vida sirve de inspiración a alguien más.  Ni siquiera tienes que saberlo pero hay gente que te observa y ven con ánimos tu forma de servir y vivir a Cristo.  Por esto nos dice el versículo que no debemos dejar de reunirnos.  ¡Nos perderíamos de muchas bendiciones!  No podríamos escuchar historias asombrosas sobre vidas transformadas y corazones renovados.  Tampoco podríamos ir y pedir para que oren por la situación que atravesamos.  Nos perderíamos de la oportunidad de convivir con gente que quiere crecer espiritualmente y pasa por situaciones similares a las nuestras.  Dejaríamos de escuchar palabras de aliento cuando todo parece estar de cabeza.  Y, a mi parecer, lo peor sería que dejaríamos de escuchar las correcciones de aquellos que nos muestran lo que dice la palabra y cómo debemos ajustar nuestra vida basada en ella.  Es fácil minimizar a la congregación y criticarla.  Sin embargo, esto no trae ningún beneficio y no edifica.  Por el contrario, si cambiar tu perspectiva y dejas que la visión de Dios te guíe, podrás darte cuenta de que reunirte y gozarte con los hermanos en la fe es una de las más grandes dichas.  Sé que algunos pudieron haber tenido malas experiencias y por ello prefieran “mantener su distancia”.  Hoy te digo que eso se llama soberbia.  Si Jesús te perdona y te recibe con los brazos abiertos, quién eres tú para no hacerlo con tu prójimo.  No dejemos de reunirnos como familia y busquemos la bendición que resulta de este ejercicio.

Oración

Padre: perdóname.  Entiendo que estoy siendo orgulloso al juzgar y criticar a la congregación.  Hoy me humillo ante Ti y te pido que pongas amor en mi corazón para con mi prójimo.  Te pido pongas en mí el deseo de reunirme con mis hermanos y que pueda gozarme de la bendición que esto conlleva.  En Cristo Jesús.  Amén

domingo, 10 de agosto de 2014

Hebreos 10:19-21

Hebreos 10:19-21

Así que, hermanos, mediante la sangre de Jesús, tenemos plena libertad para entrar en el Lugar Santísimo, por el camino nuevo y vivo que él nos ha abierto a través de la cortina, es decir, a través de su cuerpo; y tenemos además un gran sacerdote al frente de la familia de Dios.



Al momento en que Jesús muere, nos dice la biblia que el velo del templo que dividía el Lugar Santísimo fue rasgado y quedó abierto.  No te dejes engañar por la palabra velo pues medía cuatro pulgadas de grueso lo que equivale a 10cm.  Como hemos aprendido, uno no podía simplemente entrar en el Lugar Santísimo.  Solamente el sacerdote y después de haber realizado un ritual que incluía el sacrificio de un animal inocente.  Dios se encargó de mostrarnos que el pecado nos separa de Él.  De manera tangible podían ver que no se podía entrar al Lugar Santísimo sin haber primero pedido expiación por los pecados.  Cuando Cristo muere y el velo es rasgado, no significa que nuestro pecado no nos separe más sino que el pecado ya no nos domina ni reina pues Jesús vino para darnos esperanza haciendo el sacrificio perfecto.  Ya no es necesario estar realizando sacrificios constantemente sino que el camino a Jehová quedó abierto con la sangre de Cristo.  Por esto, el pasaje nos dice: mediante la sangre de Jesús, tenemos libertad para entrar al Lugar Santísimo.  Gracias al sacrificio de Jesús, la separación entre nosotros y Dios queda anulada.  Insisto, no porque nuestro pecado deje de existir sino porque Cristo nos ha limpiado y perdonado con su sangre.  Esto es lo que yo considero la máxima expresión de amor y gracia.  Sin merecerlo.  Sin haber hecho absolutamente nada.  Cristo me amó y entregó su vida por mí.  ¡Increíble!  Como buen padre amoroso, intercambió mi condena y la sufrió por mí.  Pagó por mí.  Se entregó por mí.  ¿No te parece incomprensible tanto amor?  Pues ahora, ese amor que hemos recibido debemos vivirlo llevándolo a nuestro prójimo.  Perdona.  Ama.  Ayuda.  Comparte.  Predica.  Da testimonio.  Deja de pensar tanto en ti y piensa en tu prójimo.  ¿Cómo quiere Dios que seas utilizado?  El mundo está lleno de odios y rencores; de guerras entre familias, países e ideologías por falta de amor y perdón.  La gente se pregunta, ¿dónde está Dios en todo este caos?  La respuesta es sencilla: está presente esperando a que podamos reconocer nuestra necesidad de Él y aceptemos que su Hijo pagó por nuestros pecados.  Que no te confundan.  Dios no está alejado.  Tampoco es un Dios que no le interese lo que pasa en tu vida.  Incluso cuando existía el templo y se separaba el lugar santísimo, no significaba que Dios estaba excluido de los demás.  Él siempre te ha amado y siempre te amará.  Sin embargo, debes decidir si vas a reconocer tu naturaleza caída y pedir que Cristo limpie tus pecados y puedas ser perdonado.  Él ahora está como nuestro sacerdote frente a la familia de Dios y a la diestra del Padre.  Cristo ya cumplió su parte y ahora nos corresponde cumplir la nuestra.

Oración

Señor: perdóname.  Entiendo el gran sacrificio que hizo Jesús por mí y sobretodo que yo merecía todo ese sufrimiento.  Te pido que limpies mi vida y que ahora tenga a Jesús como mi sacerdote.  Quiero vivir conforme a tu palabra.  Te pido reines en mi vida.  En el nombre de Jesús.  Amén

sábado, 9 de agosto de 2014

VAYA TRAS QUIENES SIGUEN A CRISTO

VAYA TRAS QUIENES SIGUEN A CRISTO
  Pablo estableció el patrón para nosotros. En estos tiempos de engaño, acusación y falso discernimiento, busquemos y acatemos a aquellos que caminan tras el modelo de Pablo. Discernamos la influencia de Jesús en aquellos nos lideran. Cuando claramente vemos al Señor, vayamos tras quienes siguen a Cristo. Muchos maestros pasaran por la vida de usted. Recuerde las advertencias de Pablo al buscar dirección en oración acerca de las enseñanzas de quienes podrían influir sobre su vida. Busque aquellos que están prosiguiendo al premio de alcanzar la semejanza a Cristo. Respecto a los otros, ore por ellos, párese junto a ellos, y, según sea guiado por el Señor, incluso congréguese en sus iglesias y aliéntelos en amor y oración. Pero si ellos no están yendo a donde usted lo hace, ¡no los siga! Pablo dijo: "Una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que esta delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús" (v.13-14). ¿Qué fue lo que Pablo decidió "olvidar"? Él puso a un lado las heridas, perdonó las ofensas, y entregó en manos de Dios las desilusiones del ayer. Él prosiguió a la meta, al premio de poseer a Cristo. Pablo continuó en Filipenses: "No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús" (Fil. 3:12). Nuevamente, estamos buscando el patrón que Dios busca para cada uno de nosotros. ¡Un cristiano maduro es alguien que vive en la búsqueda de Dios! Pablo no abrazó la muerte como una entidad en sí misma; él abrazó la muerte de Cristo, la cual es no solamente lamuerte del yo, sino también el triunfo del amor. Es esta entrega "a muerte por causa de Jesús" que permite que "la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal" (2 Cor. 4:11). Y todavía, conocer a Cristo significa también participar de Sus padecimientos mientras ponemos nuestras vidas por la redención de otros. Aquellos que padecen por Jesús, recuerden: la participación de Sus padecimientos es parte del conocerlo a Él. Hay una diferencia entre conocer una colección de verdades religiosas y realmente conocer a Cristo. La verdad está en conocer a Jesús; Él mismo es el camino, la verdad y la vida. Conocerlo es la vida eterna, y vivir en comunión con Él es participar del néctar del cielo. "A fin de conocerle, y el poder de Su resurrección, y la participación de Sus padecimientos, llegando a ser semejante a Él en Su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos" (v. 10-11). Amados, comenzamos este estudio con la advertencia de Pablo: "mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros " (v. 17). En el siguiente versículo, Dios revela el patrón que querremos imitar: Pablo se separa a sí mismo aun más de la ley mosaica, revelando que su búsqueda es "ser hallado en Él (Cristo), no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo (v. 9). Habiendo sido guardado de las consecuencias de la Ley, y habiendo recibido una nueva fuente de "justicia que es de Dios por la fe", Pablo es libre de ir en pos de su verdadero destino: ¡La semejanza a Cristo! Luego de presentar su notable linaje en los versículos 5 - 6, israelita de nacimiento; fariseo de acuerdo a la Ley, perseguidor de la Iglesia y de acuerdo a la definición de justicia de la Ley, irreprensible - Pablo renuncia luego a las cosas mismas que alcanzó o logró, diciendo: "Pero cuantas cosas eran para mi ganancia, las he estimado como perdida por amor de Cristo" (v. 7). Para los maduros, ningún puesto u opinión de hombres puede reemplazar "la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús (nuestro) Señor". El más asombroso de los logros "lo tengo por basura para ganar (nosotros) a Cristo" (v. 8). Una cosa es ser capaz de discernir lo que es falso, pero de mucho más valor es conocer claramente el patrón de la verdad. Así, Pablo utiliza el capitulo tres de Filipenses para revelar la actitud de su corazón. Al hacerlo, nos da el patrón o modelo de lo que debemos buscar en un líder. La esencia de este error consistía en que la expiación de Cristo no era suficiente para la salvación; además era necesario guardar todo el conjunto de las leyes mosaicas para ser salvos. Hoy en día la gente continúa importando obligaciones religiosas a la experiencia de salvación. Al exponer y advertirnos contra la influencia de la "falsa circuncisión", Pablo estableció una protección contra la atadura de las exigencias legalistas a fin de recibir la salvación. Y mientras ciertamente el camino que lleva a la vida es angosto, el Camino es una Persona: Jesucristo. No llegamos a la meta por cumplir leyes sino al encomendarnos al cuidado de Cristo. La tercera advertencia fue dirigida contra la "falsa circuncisión" (Fil. 3:2). Estos eran los judíos cristianos que, cuando fueron salvados, trataron de hacer del cristianismo una extensión del judaísmo. Esta última enseñanza fue la más peligrosa, por cuanto parecía ser la más razonable. Parte de los esfuerzos de Pablo como apóstol era edificar una unidad Cristo-céntrica entre los cristianos. Sin embargo, los "malos obreros" estaban centrados en sÍ mismos antes que en Cristo. Antes de seguir a líder alguno, verdaderamente debemos ver la influencia de Cristo en crecimiento en el carácter de ese individuo. Busque escuchar a su pastor hablar, al menos ocasionalmente, de su visión de alcanzar la semejanza a Cristo. Busque evidencias de humildad; busque ver una carga por la oración, y ver cómo él cultiva la unidad con otras iglesias cristianas. Si su pastor o líder está creciendo en estos valores, entonces él está también creciendo en fiabilidad. Al procurar él seguir a Cristo, probablemente el fruto de su ministerio será saludable. Pablo no estaba diciendo, por supuesto, que se ignore completamente lo que está mal en las personas. Necesitamos discernimiento. Permítame decirlo lisa y llanamente: Hay serios errores doctrinales y pecados en la Iglesia moderna. Pero cuando usted observe un patrón de ira, buscadores de faltas en otras personas, cuando en ellos el punto de vista primario parece siempre negativo, cuidado. Recuerde, Jesús advirtió acerca de los fariseos quienes "confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros" (Lucas 18:9). Cuidado cuando su maestro debe con frecuencia menospreciar a otros para exaltarse a sí mismo. La Iglesia de hoy tiene personas parecidas, quienes andan buscando faltas, quienes incesantemente y en su propia justicia se alimentan de la basura de los fracasos de la condición humana. Pablo está diciendo: "Cuidado con aquellos que siempre tienen algo negativo para decir, quienes continuamente están juzgando o difamando a otros. Si usted los escucha, se volverá como ellos. Sus palabras le robaran la visión, lo dejaran sin alegría, y drenaran su energía". Al primer grupo Pablo identifica como "los perros". La frase "cuidado con el perro" nos es conocida aun hoy. Significa que aquí hay un animal perverso. La mayoría de los perros en los tiempos de Pablo eran carroñeros. Uno podía encontrar docenas de estos animales comiendo desperdicios en los basureros fuera de las ciudades. Pablo comenzó su discurso revelando tres tipos de falsos maestros. Él advirtió: "Cuidaos de los perros, cuidaos de los malos obreros, cuidaos de la falsa circuncisión" (Fil. 3:2). Estos tres tienen cada uno su homólogo moderno. El contexto dentro del cual escribió Pablo, describe su propia justicia antes de encontrar a Cristo y su posterior abandono radical de la confianza en la carne. Estudiaremos cuidadosamente estos versículos, porque en una época en la que el engaño va en aumento, no todos los que claman "verdad, verdad" están hablando en defensa de la conformidad a Jesús. El Apóstol Pablo enfrentó un grave problema en el primer siglo. Falsos maestros se habían introducido en la Iglesia. El Apóstol advirtió a los filipenses, y a nosotros por extensión, a reconocer las diferencias entre un verdadero hombre de Dios y un falso maestro o profeta. Sin ninguna pose de falsa humildad, Pablo declaró que tanto su visión y su actitud espiritual son ejemplos que nosotros debemos seguir. Él nos instruye en nuestras habilidades de discernimiento a que busquemos y "acatemos" a líderes quienes son ejemplo del eje del propósito de Dios, el cual es poseer la semejanza con Cristo. "Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros" -- Filipenses 3:17

viernes, 8 de agosto de 2014

1Pedro 1:20-21

1Pedro 1:20-21


Cristo, a quien Dios escogió antes de la creación del mundo, se ha manifestado estos últimos tiempos en beneficio de ustedes.  Por medio de Él ustedes creen en Dios, que lo resucitó y lo glorificó, de modo que su fe y su esperanza están puestas en Dios.



Si lees el capítulo 1 del evangelio de Juan, puedes complementar lo que está escribiendo Pedro con respecto al señalamiento de Cristo antes de la creación del mundo.  Desde que empezó el mundo, Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, designaron que Cristo (Dios Hijo) sería hecho hombre y se manifestaría a nosotros para poder ser reconciliados con Dios Padre a través de su crucifixión.
El Verbo (Cristo) siendo Dios, fue hecho hombre.  No se aferró a su deidad sino que tomó forma humana para que tú y yo pudiéramos ser rescatados.  Para que a través de Él, pudiéramos creer en Dios y tener comunión con el Padre.  Tristemente, muchas personas piensan que no necesitan ser perdonadas.  Piensan que todos somos “buenos”.  Creen que cualquier pensamiento está bien e incluso algunos niegan la existencia del cielo o el infierno.  Personalmente me parece algo bueno el cuestionar cualquier creencia.  Debemos ser juiciosos y no ser imitadores sin corroborar lo que estamos siguiendo.  No niego que existan otras religiones o pensamientos.  Sería absurdo.  Tampoco niego que cada persona pueda pensar y crear cualquier ideología que le parezca.  Lo que sí niego y no porque lo piense yo sino porque la biblia, la palabra de Dios, lo dice, es que cualquier persona fuera de lo que anuncia Cristo, tiene la razón.  Me explico mejor.  Podemos escuchar miles de pensamientos e ideas.  Podrán decir que el hombre proviene del chango y que al morir reencarnaremos.  No podemos negar el que alguien tenga este tipo de ideologías.  Pero lo que sí podemos hacer es ser luz en la oscuridad y predicar lo que dice el evangelio: que Dios es el creador de todo el universo, que necesitamos de Cristo para ser perdonados de nuestros pecados y que sin Él como nuestro redentor, no podemos acercarnos al Padre.  Que al morir, todos seremos llevados a juicio y seremos evaluados conforme a nuestros actos.  Si aceptamos a Cristo, seremos absueltos e iremos al cielo, si no lo reconocimos, seremos llevados al infierno.  Estos principios no los inventé yo.  No se le ocurrieron a alguien más.  Están en el libro que contiene cada detalle que Dios quiere que sepamos.  ¿Necesitas más?  Cristo cuando se hizo hombre anunció que moriría.  No termina ahí.  ¿Todos morimos cierto?  Lo que también anunció es que resucitaría al tercer día.  ¿Sabes?  Lo hizo.  No porque lo digo yo.  No porque alguien dijo que resucitó.  No.  Sino porque se presentó ante multitudes para que vieran que había vencido a la muerte.  El pasaje de hoy nos dice que por medio de Cristo nosotros podemos creer, tener fe y esperanza en Dios.  De ti depende el aceptar estas palabras y hacerlas tuyas.  De ti depende el reconocer tu necesidad de un redentor.  De ti depende el aceptar que fuiste creado de manera única y perfecta y no de una evolución de miles de millones de años.  De ti depende aceptar que el evangelio es verdadero y que Cristo es el único camino para llegar al Padre.  Deja de estar peleado con Dios.  Él está ahí.  Con los brazos abiertos.  Amándote y esperando que des la vuelta y lo reconozcas.  Deja tu orgullo que no te ha traído nada nuevo y abraza este regalo que te ofrece el Señor.

Oración
Dios Padre: creo en Ti.  Creo en tu palabra.  Creo en que tu Hijo Jesús murió por mis pecados para poder reconciliarme contigo y darme vida a tu lado después de la muerte.  Te pido me perdones y le des dirección a mi vida.  Te lo pido en Cristo Jesús.  Amén 

jueves, 7 de agosto de 2014

1 Pedro 2:1-2

1 Pedro 2:1-2


Por lo tanto, abandonando toda maldad y todo engaño, hipocresía, envidias y toda calumnia, deseen con ansias la leche pura de la palabra, como niños recién nacidos.



Recuerdo un comercial de televisión que decía: se dice fácil pero se requiere de un gran esfuerzo.  Creo que era algo relacionado con electricidad.  La frase lo dice todo.  A veces podemos hablar mucho y actuar poco.  Podemos conocer mucho y tener poco discernimiento.  El versículo de hoy no creo que contenga palabras nuevas para alguien.  Dudo que alguien piense que el engaño, la hipocresía y la calumnia son características que debamos promover.  Lo que resulta interesante es lo que sucede en la vida diaria.  Si bien, todos sabemos que debemos evitar la maldad, ¿por qué vivimos rodeados de tanta calumnia, engaños y envidias?  Porque se dice fácil pero se requiere de un gran esfuerzo.  ¿Cuál esfuerzo?  El entregar nuestra voluntad a Dios.  La mayoría de nosotros no tiene dificultad en tratar de llevar una vida “buena” mientras que no involucre compromiso alguno.  Pero, en el momento en que hay algo más de por medio, la hipocresía, las mentiras, la maldad, el engaño y todo lo que no agrada a Dios toma un lugar más importante.  Mientras todo sea fácil, podemos decir que obedecemos a Dios.  Pero cuando no decir mentiras puede meternos en problemas, entonces pensamos que decir mentiras puede ser “justificado”.  Piénsalo.  ¿Cuántas veces has puesto en duda los mandamientos de Dios por pensar que hay una mejor alternativa?  ¿Cuántas veces has dejado que la envidia surja y se promueva en lugar de limitarla y abandonarla?  Hay un dicho que dice: estar a dieta no impide ver el menú.  Cierto.  El problema es que una vez que abrimos el “menú”, estamos jugando con fuego y la probabilidad de “comer” lo que no debes, aumenta exponencialmente.  Así pasa también con nuestra vida espiritual.  Pensamos que podemos estar en la raya y seguir manteniendo “la dieta”.  La verdad es que la biblia nos dice algo distinto.  Abandona.  Aléjate.  Mantente distante y no regreses a nada que tenga que vaya en contra de mi voluntad.  ¿Qué debo hacer entonces?  Cuestionar todo lo que hago.  ¿A qué tipo de lugares voy?  ¿Quiénes me rodean?  ¿Qué principios tienen?  ¿Sus consejos están en línea con la palabra de Dios?  ¿Sus conversaciones son edificantes o están llenas de críticas, envidias, celos e hipocresías?  Debes ser sabio.  Tal vez “ver el menú” te está causando mucho más daño de lo que te imaginas.  Abandonar todo aquello que no agrada a Dios y obedecerle en todo lo que hagamos involucra una gran entrega que debe estar siendo ejercitada constantemente.  Necesitas alinear cada detalle de tu vida para poder tener congruencia entre lo que sabes que Dios te pide, lo que crees y lo que terminas haciendo.  Una vez que logras conectar estos tres puntos, el versículo de hoy toma forma y vive en tu testimonio.  De lo contrario, son puras palabras que regresan vacías.  ¿Qué vas a hacer?

Oración
Padre: no quiero vivir alejado de Ti y en contra de tu voluntad.  Hoy entiendo que debo poner atención y cuidar todo lo que hago.  Ayúdame a ser fuerte y confiar en tus mandamientos por encima de lo que yo considere mejor.  Te pido que realmente pueda abandonar toda maldad, envidia e hipocresía y pueda desear tu palabra en todo momento.  Ayúdame a mantenerme santo.  Te lo pido en el nombre de Cristo Jesús.  Amén.