lunes, 23 de diciembre de 2013

La primera batalla entre la fe y la razón humana

1 CORINTIOS 1.18-31

La primera batalla entre la fe y la razón humana tuvo lugar en el huerto del Edén. Incitada por las mentiras de la serpiente, Eva comenzó a mirar su situación desde una perspectiva puramente lógica, y juzgó que Dios le estaba impidiendo disfrutar de algo bueno. Su fe vaciló cuando ideas aparentemente lógicas llenaron su mente.

No estoy diciendo que el camino de la fe nunca sea lógico, pero al funcionar solamente sobre la base de la razón, el conflicto con el Señor es inevitable. La razón es que sus instrucciones y sus acciones no siempre parecen razonables desde la perspectiva humana. Aunque Isaías 55.8, 9 dice que los pensamientos y los caminos de Dios son más altos que los del hombre, muchas personas juzgan a las ideas divinas como inferiores a la inteligencia humana.

El apóstol Pablo enfatiza esto cuando señala que las decisiones de Dios son ilógicas según las normas del mundo. Su mensaje de salvación parece una tontería, y sus mensajeros parecen insignificantes. En una época en que se valora el reconocimiento y la admiración, la persona que cree en la Biblia es considerada débil y necesitada de una muleta religiosa para hacerle frente a la vida. Aunque esta descripción parezca burla, es en realidad bastante acertada. Al reconocer su impotencia, los creyentes se apoyan en Cristo para que Él pueda levantarlos y les ayude a mantenerse firmes.

Aquel día en el Edén, el pecado y la presunción entraron en el corazón humano. Pero toda la sabiduría mundana que alimenta nuestro orgullo es anulada por Dios. Él no está buscando personas grandes e impresionantes, sino servidores débiles y humildes que puede jactarse solamente en Cristo. Solo el Salvador es su fortaleza y su sabiduría. Dios no está buscando personas grandes e impresionantes, sino servidores débiles y humildes.

sábado, 21 de diciembre de 2013

levantar una fortaleza

EFESIOS 6.10, 11

Satanás busca lugares en la vida del creyente donde pueda
levantar una fortaleza. Una vez que la levanta, sabe que la persona justificará, defenderá y seguirá añadiendo ladrillos a esa fortaleza con un pecado a la vez. El atractivo puede ser tan fuerte que nos hace volver al pecado habitual, incluso después de haberlo reconocido delante de Dios. Satanás susurra: "Una vez más no te hará ningún daño", y caemos de nuevo en la tentación.

Al igual que en la época medieval, cuando los ejércitos peleaban desde fortalezas en las alturas rocosas, un baluarte de pecado es por lo general el terreno para un combate. Podríamos esperar que la lucha fuera básicamente entre Dios y Satanás, pero no es así. Es, más bien, una lucha que se da en nuestro espíritu: ¿Queremos que Dios destruya o no nuestro hábito?

Dejar el pecado habitual es difícil. El pecador genera satisfacción y placer al practicarlo. Pero pisándole los talones a estas emociones están el sentimiento de culpa, la vergüenza y la desesperación, que llevan a la persona a pedir ayuda. Pero Dios no limpiará la maldad hasta que la persona se arrepienta de verdad. El verdadero arrepentimiento significa que el creyente ve la iniquidad del pecado y le da la espalda. Debemos hacer esto siempre que sea necesario —una vez, cien veces, o todos los días por el resto de nuestras vidas.

El solo pensar en renunciar a un hábito pecaminoso lleva a algunas personas al borde de la desesperación. Quieren verse libres de esa fortaleza, pero la idea de resistir la tentación hace que se sientan débiles. Le tengo una buena noticia: el poder del Espíritu Santo es suficiente para impartir poder al creyente para darle la espalda al pecado. Y eso lo incluye a usted. El poder del Espíritu Santo es suficiente para impartir poder al creyente para darle la espalda al pecado. 

viernes, 20 de diciembre de 2013

Liberación de aflicciones temporales

Liberación de aflicciones temporales

Sé que por vuestra oración y la suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación.

Filipenses 1:19

El versículo de hoy muestra el valor de la plena confianza en Dios. Pablo sabía que su aflicción presente era temporal y que sería librado de ella.

¿Por qué estaba Pablo convencido de su liberación? Su declaración: "Sé que… esto resultará en mi liberación" es una cita de la versión griega de Job 13:16. Job era un hombre justo que sufrió mucho, pero fue librado porque Dios siempre libra a los justos. Job dij "Y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios" (Job 19:26). Él sabía que temporal o eternamente Dios lo libraría.

Pablo sabía que podía confiar en que Dios lo librara tal como Dios había librado a Job. Confiaba en que sus circunstancias resultarían en bien, ya fuera librado de la cárcel, justificado en su juicio y librado de la ejecución, o yendo a la gloria como un mártir. Tal vez usted no sufra las mismas pruebas que Pablo, pero cualesquiera que sean sus circunstancias la misma segura confianza está a su alcance.      Oraciones eficaces

Os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios.

Romanos 15:30

Pablo confiaba en que sería librado gracias a las oraciones de los santos, sin que importara cuál prueba estuviera soportando. Creía en la voluntad soberana y en el propósito de Dios, y sabía que Él haría que se cumplieran sus propósitos en concierto con las oraciones de sus hijos. También sabía que "la oración eficaz del justo puede mucho" (Stg. 5:16). Así como el amor y las oraciones de los santos en el primer siglo ayudaron tanto a Pablo, sus oraciones por sus guías espirituales también los ayudarán.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Lo que más importa

Lo que más importa

Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún.

Filipenses 1:18

La palabra "anunciado" en el versículo de hoy significa "proclamar con autoridad". Sin que importara el costo personal, Pablo estaba decidido a que Cristo se proclamara con autoridad.

Aun cuando los detractores de Pablo predicaran el evangelio verdadero, eso tenía un efecto. Un predicador con motivos egoístas puede ser usado por Dios porque la verdad es más poderosa que el paquete en el que viene.

Pablo vivía para ver que se proclamara el evangelio; no le importaba quién se atribuía el mérito. Esa debe ser la actitud de todo pastor, maestro, anciano, diácono, líder y laico en la iglesia. En todo lo que sufrió, Pablo no dejó de predicar, ni criticó, ni se deprimió ni perdió el gozo. Es porque la causa de Cristo seguía adelante y se proclamaba su nombre. Eso era todo lo que Pablo quería. Esa es una actitud que la gracia de Cristo infunde en todos los santos.       La actitud de un siervo

Cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.

Lucas 14:33

Pocos en la iglesia actual están consagrados a Jesucristo como lo estuvo el apóstol Pablo. Pablo ejemplifica de lo que hablaba Cristo cuando dij "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame" (Lc. 9:23). Pablo vivía tan entregado a nuestro Señor que no le importaba si vivía o moría. Esa es una actitud de la que prácticamente no se oye en nuestra época materialista y ególatra. La mayoría de las personas hoy viven para todo menos para lo que Pablo vivía.

Pablo seguía sintiendo gozo siempre que su Señor fuera glorificado, aun cuando fuera él mismo amenazado de muerte. Lo único que le importaba era que se siguiera difundiendo el evangelio, que se predicara a Cristo y que se exaltara al Señor. La fuente de su gozo estaba totalmente relacionada con el reino de Dios.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Antes de ser salvos, teníamos un problema espiritual

COLOSENSES 2.13, 14

Aunque muchos cristianos saben que son salvos, tienen preguntas en cuanto a su seguridad eterna. ¿Nuestra salvación depende de nuestra conducta? Examinar lo que sucedió cuando recibimos a Jesús como nuestro Salvador, nos dará garantía de la seguridad que tenemos en Él.

Antes de ser salvos, teníamos un problema espiritual. Nacimos con una naturaleza inclinada a rebelarse contra Dios. Nuestro ser interior rechazaba de forma habitual su autoridad, y tenía el control. Por nuestra condición pecaminosa, estábamos muertos espiritualmente (Ef 2.1), bajo el juicio de Dios, y destinados a la separación eterna de Él. Ninguna cantidad de buenas obras, de arrepentimiento, o de buena conducta podrían haber cambiado nuestra condición pecaminosa. Era necesaria una solución divina. Sabiendo esto, nuestro Padre celestial proveyó lo que necesitábamos por medio de su Hijo Jesucristo (Jn 3.16).

El día que pusimos nuestra fe en Cristo nuestra situación cambió, de condenación y muerte, a perdón y vida (Jn 5.24). Recibimos una nueva naturaleza que quería agradar a Dios, y fuimos adoptados en su familia (2 Co 5.17). El regalo divino de la salvación nos libró de la muerte eterna, y nos dio vida espiritual y vida eterna. No podemos volver a nuestro estado de muerte y falta de perdón. Nuestra nueva condición de hijos de Dios es permanente, porque se basa en lo que Jesús ha hecho.

Aunque nuestra conducta no reflejará siempre nuestra nueva naturaleza, los errores que cometamos no ponen en peligro nuestra salvación. Recuerde que no son nuestras acciones sino la obra de Cristo en la cruz lo que cambió nuestra condición. Y nada puede deshacer un renacimiento espiritual producido por la fe en Cristo (Jn 3.3). Recuerde que no son nuestras acciones sino la obra de Cristo en la cruz lo que cambió nuestra condición

martes, 17 de diciembre de 2013

¿Qué garantías tenemos de que somos salvos por la eternidad?

1 JUAN 5.1-13

Nuestro Padre celestial quiere que sepamos con certeza que tenemos la vida eterna por medio de su Hijo Jesucristo. ¿Qué garantías tenemos de que somos salvos por la eternidad?

El amor de Dios. Una razón por la que podemos estar seguros de la salvación eterna, es el amor incondicional de nuestro Padre celestial. Él demostró en la cruz lo mucho que significábamos para Él: envió a su Hijo a morir por nosotros, para que pudiéramos tener vida eterna. (1 Jn 4.9, 10).

La vida y la muerte de Cristo. Por ser el Señor Jesús sin pecado, estuvo calificado para servir como nuestro sustituto y tomar nuestro lugar en la cruz. Al morir por nosotros, Él pagó por todos nuestros pecados y completó la obra necesaria para asegurar nuestra salvación (Jn 19.30).

La promesa del Señor Jesús. Tenemos la garantía de nuestro Señor de que pasaremos la eternidad con Él. El Señor prometió que nunca podremos estar separados de Él, y que nadie podrá arrebatarnos de su mano (Jn 10.28). Él fue adelante a preparar un lugar para nosotros, y volverá para llevarnos allá (Jn 14.2, 3).

El Espíritu Santo que mora en nosotros. Otra garantía es la presencia del Espíritu de Dios dentro de cada creyente. El Espíritu Santo actúa como un sello, garantizando que pertenecemos al Señor, y como promesa de que nuestro futuro está en el cielo con Dios (2 Co 1.21-22).

La Biblia está llena de promesas de Dios, de que los que han recibido a Jesucristo como su Salvador pasarán la eternidad con Él. Si usted está batallando con la duda, medite en las Sagradas Escrituras, y pídale al Espíritu Santo que le guíe para tener una comprensión bíblica en cuanto a su salvación. Pídale al Espíritu Santo que le guíe para tener una comprensión bíblica en cuanto a su salvación.

domingo, 15 de diciembre de 2013

1 CORINTIOS 2.6-16

1 CORINTIOS 2.6-16

Después de hablar sobre la pequeñez del pensamiento humano en 1 Corintios 1, el apóstol Pablo les presenta a los cristianos la esfera más alta de la sabiduría divina. Esta clase de conocimiento y comprensión no están al alcance de la inteligencia y el razonamiento humanos; vienen estrictamente por medio de la revelación divina. Sólo aquellos donde mora el Espíritu de Dios, tienen "la mente del Señor" (v. 16) y acceso a "lo que Dios [les] ha concedido" (v. 12).

Sin este discernimiento sobrenatural, nadie puede conocer con exactitud al Señor o sus caminos. Muchas personas dicen que creen en Dios, pero no puede tener una comprensión correcta de Él porque su percepción está basada en sus propios pensamientos e ideas. Es más fácil hacerse un dios que se ajuste a sus preferencias, que cambiar para cumplir con las demandas del único Dios verdadero.

Incluso los cristianos debemos estar en guardia contra el intento de adaptar a Dios a la imagen preconcebida que tenemos de Él. La Biblia es la única fuente confiable de revelación divina, pero debemos tener la precaución de considerar a la Palabra en su conjunto; es fundamental que no seamos selectivos en cuanto a los versículos que queremos creer. Por ejemplo, al centrarnos solamente en los pasajes que enfatizan la misericordia del Señor, y excluir a los que hablan de su santidad y justicia, malinterpretamos su verdadera naturaleza.

Busquemos conocer al Señor de verdad, considerando todo lo que dice la Biblia. La sabiduría divina es accesible a todo creyente por medio del Espíritu Santo. Nunca tratemos de limitarlo para acomodarlo a nuestras preferencias. Más bien, que Él ensanche nuestras mentes para abrazar sus pensamientos. Busquemos conocer al Señor de verdad, considerando todo lo que dice la Biblia.