miércoles, 13 de mayo de 2009

Carta del Padre

Carta del Padre CELESTIAL

INMUTABILIDAD DE DIOS. 4

INMUTABILIDAD DE DIOS4 Tercero, Los propósitos y las promesas de Dios son inmutables (ver Romanos 11:29).[2] Dios termina lo que comienza. Esto fue la base de la apelación que hizo Moisés a Dios, en Éxodo 32 (versículos 11-14). Aquí, las acciones de Dios en respuesta a la apelación de Moisés, no fueron una contradicción a Su inmutabilidad; sino un trabajo accesorio de esa inmutabilidad.
Las variadas dispensaciones que vemos en la Biblia[3], no son una contradicción a la inmutabilidad de Dios. La inmutabilidad de Dios, no le impide incorporar diferentes economías en Su plan global de redención. En Romanos 9-11, el apóstol Pablo muestra cómo toda la historia es una parte del
plan eterno y único de Dios. La caída de la nación de Israel y la salvación de los gentiles, eran parte de este plan. Con frecuencia las Escrituras del Antiguo Testamento hablan de estos asuntos, aún cuando los judíos no estaban dispuestos a oir o a aprender. Muy pronto en Su ministerio terrenal, Jesús le recordó a sus hermanos judíos, el propósito de Dios de bendecir a los gentiles tanto como a los judíos, consecuentemente con el pacto abrahámico (Génesis 12:1-3) y muchos otros textos (ver Lucas 4:16-27; Romanos 9:11). Pedro y la Inmutabilidad de Dios A medida que consideraba el tema de la inmutabilidad de Dios, me impresionó el énfasis que pone Pedro en esta realidad. La inmutabilidad de Dios hace permeable su pensamiento y es la base de casi todo lo que Pedro enseña. En primer lugar, encontramos esta doctrina en el serón de Pedro en Pentecostés, registrado en Hechos 2. Pedro estaba proclamando la resurrección de Jesucristo de los muertos, no sólo como un hecho histórico del cual fueron testigos los apóstoles, sino que también como el cumplimiento de las Escrituras (ver Hechos 2:22-35). También argumenta que la resurrección de nuestro Señor fue una necesidad teológica y práctica, lo que emana de la doctrina de la inmutabilidad de Dios. “Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella, porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido. Por lo cual mi CORAZÓN se alegró, y se gozó mi lengua, y aún mi carne descansará en esperanza; porque no dejarás mi alma en el Hades. Ni permitirás que tu Santo vea CORRUPCIÓN” (Hechos 2:22-27). Pedro sostiene “que era imposible” que nuestro Señor no se levantara de los muertos (versículo 24). ¿Por qué? Después, Pedro cita el Salmo 16:8-11, donde la profecía señala: “Ni permitirás que tu Santo vea corrupción”. La corrupción es un cambio de estado, un cambio descendente. Por cuanto Jesús es Dios y Dios no puede cambiar, Dios no puede corromperse. No fue imposible que Jesús se levantara de los muertos, como alguien podría deducir. Más bien, era imposible que no se levantara, por cuanto Él es inmutable y la corrupción implica un cambio. Podemos suponer que la tumba de Lázaro, después de tres días, hedía; pero no había olor alguno en la tumba donde yació Jesús. Era imposible para Él que se corrompiera. La resurrección de nuestro Señor fue una necesidad teológica

martes, 12 de mayo de 2009

QUE SERIA DE MI- JESUS ADRIAN ROMERO

QUE SERIA DE MI- sino me u vieses alcanzado

INMUTABILIDAD DE DIOS

INMUTABILIDAD DE DIOS3 “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17). Al igual que el escritor a los Hebreos, Santiago escribe a aquellos que están sufriendo por su fe. Les instruye que deben regocijarse cuando se ven envueltos en problemas, sabiendo que eso está divinamente establecido para reforzar nuestra fe, al generar paciencia (Santiago 1:2-4; comparar con Romanos 5:3-5). Si carecemos de sabiduría para saber cómo responder a los desafíos de la vida, sólo debemos pedírsela a Dios. No debemos nadar en la duda, pues en este caso seríamos personas inestables integralmente (versículos 6-8). Quienes perseveran en los desafíos, una vez que estos hayan pasado, recibirán la corona de la vida (versículo 12). Mientras Dios nos prueba con los desafíos y tribulaciones, Él nunca nos tienta a caer en el pecado. Esa tentación viene de otra fuente. Tanto el mundo como el diablo, ciertamente se proponen alejarnos de Dios; pero también debemos ver dentro de nosotros mismos para encontrar una explicación a nuestros pecados. Un hombre que es tentado, después sus pecados lo tientan, porque ha dado rienda a sus propias lujurias. Ciertamente no debemos culpar a Dios (versículos 13-15). Dios no es la fuente del mall, sino la fuente de todo lo bueno. Todo lo bueno viene de Dios, como un don. Dios es un don. Sólo las cosas buenas tienen su origen en Dios. Él es inmutable; podemos decir que esto es una regla y que no hay excepciones la regla. El Dios que es bueno y la fuente de todo eso que es bueno, es consecuentemente bueno para quienes son Suyos (versículo 17; ver también Romanos 8:28).
En estos cuatro textos, dos de los cuales vienen del Antiguo Testamente y dos del Nuevo, vemos que la inmutabilidad de Dios es enseñada claramente en la Biblia y que es una verdad
intensamente práctica. Antes de considerar las implicaciones prácticas de la inmutabilidad de Dios, veamos brevemente dos circunstancias en las cuales se podría concluir erróneamente que Dios no es inmutable. Varias veces, las Escrituras hablan que Dios „se arrepiente‟ o que „cambia de parecer‟ (ver Génesis 6:5-6; Éxodo 32:14; Jonás 3:10; 2 Samuel 24:16). ¿Creen ustedes que estos textos restan nuestra confianza en la inmutabilidad de Dios? ¡Por cierto que no! Primero, debemos aclarar el significado de „inmutabilidad‟. La inmutabilidad se aplica a la naturaleza de Dios. Él es siempre Dios y Él es siempre poderoso. Dios nunca dejará de cumplir Su voluntad por causa a un cambio en Su poder para cumplir Sus propósitos. Segundo, Dios es inmutable con respecto a su carácter o atributos: «…Dios es inmutable en Sus atributos. Cualquiera hayan sido los atributos de Dios antes que el universo fuera llamado a existir, son exactamente los mismos hoy y serán para siempre. Necesariamente, pues son la perfección misma, las cualidades esenciales de Su ser. Semper idem (siempre los mismos) está escrito en cada uno de ellos. Su poder es imbatible, Su sabiduría no puede disminuir, Su santidad es inmaculada: Los atributos de Dios no pueden cambiar más que si la deidad dejara de ser. Su veracidad es inmutable, pues Su Palabra “permanece en los cielos” (Salmo 119). Su amor es eterno: “Con amor eterno te he amado” (Jeremías 31:3) y: “…como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Juan 131).
Su misericordia no cesa, pues es “eterna” (Salmo 100:5)»[1] Cuando Jonás protestó por el trato que Dios le daba a nos ninivitas, declaró claramente que Dios no estaba actuando inconsecuentemente con Su carácter, sino más bien Él estaba actuando previsiblemente. Jonás intentó huir de la presencia de Dios en un intento inútil para impedir que Dios actuara consecuentemente con Su carácter. “Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó. Y oró a Jehová y dijo: Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal” (Jonás 4:1-2). Cuando Dios “se arrepintió del mal que había declarado que le haría a los ninivitas”, Dios no sólo estaba actuando consecuentemente con Su carácter. También estaba actuando consecuentemente con Su Palabra: “En un instante hablaré contra pueblos y contra reinos, para arrancar, y derribar, y destruir. Pero si esos pueblos se convirtieren de su maldad contra la cual hablé, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles” (Jeremías 18:7-8). Esta esperanza fue la que hizo que el rey de Nínive se arrepintiera, junto con el resto de la ciudad (Jonás 3:5-9). Las acciones de Dios son predecibles porque Él es inmutable. Esta era la esperanza del arrepentimiento del rey de Nínive y el temor del profeta de corazón pagano, Jonás.

domingo, 10 de mayo de 2009

Llevame al lugar Santísimo

Llevame al lugar Santísimo

INMUTABILIDAD DE DIOS

INMUTABILIDAD DE DIOS2.Malaquías, el profeta está advirtiendo a la nación de Israel de la venida de la ira de Dios. Habla tanto de Juan el Bautista y de Jesús, el Mesías (3:1). El día de Su venida será un día de ira y también será un día de liberación y de salvación. Nadie podrá soportar el día de Su venida, apartados de la gracia divina (versículo 2) y aún así, de alguna manera Israel será purificada y sus sacrificios y adoración serán gratos a Dios (versículos 3-4). Dios acercará a Su pueblo para juzgarlo (versículo 6). En medio de estas palabras de advertencia y consuelo, Jehová habla de Su inmutabilidad, siendo ésta la razón por la cual el pueblo no fue consumido en el juicio divino (versículo 6).
Qué ironía cuando comparamos este texto con 1 Samuel 15:29. La „esperanza‟ de Samuel estaba en la posibilidad que Dios pudiera cambiar y no llevar a cabo las consecuencias del pecado de Saúl. La profecía de Malaquías, nos dice todo lo contrario. Al igual que Saúl, Israel ha pecado y el juicio divino es una realidad. La inmutabilidad de Dios significa que Dios seguirá con el juicio. También significa que Dios seguirá adelante con Su promesa de salvación. ¿Cómo se puede encontrar consuelo y estar seguros de la salvación si también se nos asegura que seremos juzgados? La respuesta es simple cuando se observa desde la perspectiva de la cruz de Cristo. El juicio cierto de Dios, cayó sobre Su Hijo Jesucristo y así, por tener fe en Él, los hombres son salvos de sus pecados y de la ira de Dios. Nuestra esperanza no está en desear que Dios no siga adelante castigando el pecado; nuestra esperanza está en la certeza que en Cristo, Él ha juzgado el pecado de la carne, una vez y para siempre, de manera que seamos salvos. La inmutabilidad de Dios es una parte importante de nuestra esperanza, pues Él que prometió juzgar el pecado, es
el mismo Dios que prometió salvarnos de nuestros pecados, juzgando el pecado en la persona y en la obra de Jesucristo, Su Hijo. “Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe. Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. No os dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas; porque buena cosa es afirmar el corazón con la gracia, no con viandas, que nunca aprovecharon a los que se han ocupado de ellas” (Hebreos 13:7-9). El libro de Hebreos fue escrito para los santos judíos que estaban comenzando a sufrir persecuciones, probablemente de sus hermanos judíos no creyentes. Estaban siendo tentados a renunciar a su fe en Cristo y abrazar nuevamente el judaísmo. El autor de esta epístola, ha demostrado reiteradamente que el antiguo pacto mosaico nunca intentó salvarles, sino prepararles para el nuevo pacto que se había cumplido en Cristo. Este nuevo pacto es “mejor”, palabra clave en Hebreos y no debe olvidarse para regresar al antiguo. Estos santos son exhortados a persistir en su fe, incluso en medio de la persecución. La exhortación a seguir los pasos de los hombres de fe a través de quienes llegaron a la salvación, es seguida inmediatamente por este que recuerda la inmutabilidad de Jesucristo: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8) Esta declaración es muy importante, pues es una demanda de deidad. Sólo Dios es inmutable; sólo Él puede no cambiar y no cambia. Sólo Dios es inmutable; sólo Él no puede cambiar y no cambia. La razón del autor al decirnos que Jesucristo es el mismo ayer, hoy y para siempre, es para recordarnos que Él es Dios. ¡No debe maravillarnos que Su sacrificio es superior a cualquiera de los sacrificios que vemos en el Antiguo Testamente! También es un incentivo para la fe. En quién mejor para depositar nuestra salvación y nuestro bienestar eterno que en Aquel que no sólo es Dios, sino que tampoco puede cambiar y no cambia. Nuestro destino eterno no podría estar en mejores manos. “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17)