viernes, 30 de enero de 2026

Del cielo a la tierra, de la tierra al cielo

 Del cielo a la tierra, de la tierra al cielo

“El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos. Y lo que vio y oyó, esto testifica; y nadie recibe su testimonio. El que recibe su testimonio, éste atestigua que Dios es veraz.”, Juan 3:31-33

“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.”, Juan 3:36

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;”, Filipenses 3:20

No se puede cruzar del cielo a la tierra, de la eternidad a la temporalidad. Tampoco el hombre puede pasar a lo eterno. Hay un profundo abismo entre un Dios santo y el hombre pecador, el cual nos impide pasar de un lado a otro; es en esencia un problema de naturaleza. Pero Jesús, el hombre del cielo, vino a la tierra para romper esa imposibilidad y que todos los que creen en él puedan ir de la tierra al cielo, y experimentar la vida eterna (Juan 6:47).

Podríamos decir que cuando morimos pasamos a la eternidad, pero la biblia afirma que solo en Cristo tenemos vida eterna. Una de las declaraciones más contundentes de Jesús con respecto a este viaje de un estado a otro, está en Juan 14:6 “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”, pero también lo podemos ver en 1 Juan 5:11-12 “Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”.

Es decir, ¿cómo vamos de la tierra al cielo? El transporte hacia la eternidad es Cristo mismo, nos vamos en él.

Esto lo confirma la palabra ‘conocimiento’ usada en las escrituras: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.” (Juan 17:3), es la misma palabra usada para la unión íntima de una pareja de esposos como en Mateo 1:25: “Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS”.

Este viaje lo puedes hacer hoy mismo, solo hay una única manera, un solo tiquete, solo la fe: creer en Jesús como Señor y Salvador en tu corazón.

¿Crees en el Hijo de Dios como tu Señor y Salvador?

Si en tu corazón de verdad has respondido afirmativamente, eres ahora hijo de Dios y ciudadano del cielo (Filipenses 3:20)   Oración.

«Padre, el puente es Jesús, él vino a buscarme cuando estaba perdido en mis delitos y pecados, era yo esclavo del maligno, no tenía acceso a tu presencia, pero por gracia, por medio de la fe en tu Hijo, ahora vivo en él y tú en mí, y soy tu hijo, para gloria de tu nombre, por el poder del Espíritu Santo, amén.  



jueves, 29 de enero de 2026

El segundo nacimiento

 El segundo nacimiento

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”, Juan 1:12-13

El anterior pasaje de Juan, está en el contexto de la revelación de la Palabra encarnada, el verbo que se hizo carne y habitó entre nosotros, que vino a su pueblo Israel, pero los suyos no le recibieron. Más a los que le recibimos y creímos en su nombre, nos hizo nacer de nuevo, no por voluntad de hombre, sino de Dios. Engendrados espiritualmente, por el poder del Espíritu Santo, somos bautizados en Cristo: “porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” (Gálatas 3:27-28).

Observemos, somos uno en Cristo, porque fuimos colocados en un mismo cuerpo: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.” (1 Corintios 12:13).

El segundo nacimiento es eterno, pues somos unidos al Hijo de Dios, el primero fue temporal, pero es la oportunidad que tenemos todos de conocer su amor.

Pero esta oportunidad no es para dejarla para mañana, o luego, porque no sabemos cuando podemos partir de este mundo; cuando escuchemos acerca de la necesidad de nacer de nuevo por el regalo inmerecido de Cristo, no cerremos nuestros oídos, porque puede ser la última oportunidad: “Porque dice: En tiempo aceptable te he oído, Y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.” (2 Corintios 6:2).

Un mensaje que tiene el poder de sacarte de muerte a vida, merece toda tu atención, aunque el maligno, el mundo y aun tu propio yo, intentará distraerte para que no escuches, sabemos que Dios es poderoso, para Él no hay nada imposible, pues la salvación no depende de ti, de tu esfuerzo o propia bondad, sino solamente de que escuches, prestes atención con fe y recibas el regalo de su amor: pues como dice Mateo 19:25-26 “Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible.   Oración.

«Me has salvado, no por obras de misericordia que yo haya hecho, sino por tu gracia, por medio de la fe en el único Salvador y mediador que dio su vida por mí, y resucitó para darme vida eterna en él. Gracias Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.



miércoles, 28 de enero de 2026

La fuerza de su Espíritu

 La fuerza de su Espíritu

“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.”, Efesios 4:22-24

“Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.”, Romanos 15:13

Muchas veces decimos ‘no es en nuestra fuerza’, pero lastimosamente, luchar en nuestra fuerza es lo que por defecto buscamos para hacer todo.

Oramos al Señor entregando alguna situación que nos desborda, pero salimos de la oración y resolvemos en nuestras propias capacidades, entendimiento o independencia.

Los creyentes debemos reflexionar profundamente en qué mente operamos, pues esto define el fruto y el resultado, pues todo creyente ha recibido la mente de Cristo, para ser guiado a cambiar su manera de pensar y como consecuencia, actuar de manera diferente. (Romanos 12:2, 1 Corintios 2:16)

Entonces, actuar no en nuestras fuerzas, sino en el poder de su Espíritu, depende de la naturaleza en que obramos, o en qué ámbito nos movemos, si en la vieja naturaleza heredada de Adán, o en la nueva naturaleza en Cristo, (Efesios 2:3, Efesios 4:22-24).

Observemos que el pasaje de Efesios 4:22-24, nos dice que nos despojemos de esa vieja naturaleza o viejo hombre y tomemos el nuevo, con una clave en el versículo 23: “renovaos en el espíritu de vuestra mente”. No confiar en nuestros propios pensamientos no significa renunciar a la razón, sino que sabiendo que nuestro corazón (que incluye nuestros pensamientos) es por naturaleza engañoso y perverso, no confiamos en él (Jeremías 17:9), sino que nuestra confianza es en Cristo mismo, haciendo de manera práctica lo siguiente: “derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,” (2 Corintios 10:5).

Pueden llegar pensamientos de desesperanza, que provocan ansiedad, o pensamientos de temor, incertidumbre, incluso de nuestros propios deseos malos, o malos pensamientos, pero no nos dejamos arrastrar por ellos, sino que en el poder de su Espíritu, por medio de la fe en lo que Dios dice, llevamos todo pensamiento a que se someta a la verdad que nos habita, a Cristo, derribando así toda mentira que nos esclaviza y permitiendo que el gozo y la paz abunden en nosotros. (Romanos 15:13)

En conclusión, es una batalla que si bien es espiritual y se enfrenta con armas espirituales, en el poder de su Espíritu, nuestra mente juega un papel determinante; como una puerta de entrada, pues los pensamientos moldean ideas y estructuran la creencia; la creencia es determinante en lo que finalmente hacemos. (Proverbios 23:7a, 2 Corintios 4:13).   Oración.

«Padre, la confianza que me has provisto en Jesús, en su obra maravillosa de salvación, me da la certeza que no me dejas ni me abandonas, porque él sufrió el abandono en la cruz para pagar por mis pecados, para que nosotros los creyentes experimentemos su amparo, protección por la fuerza de su Espíritu. 



martes, 27 de enero de 2026

La fe que maravilla a Jesús

 La fe que maravilla a Jesús

“Y el siervo de un centurión, a quien éste quería mucho, estaba enfermo y a punto de morir. Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo. Y ellos vinieron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno de que le concedas esto; porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga. Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero di la palabra, y mi siervo será sano. Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe”. Lucas 7:2-9

En este pasaje se cuenta la milagrosa curación a distancia del siervo de un centurión, en la ciudad de Capernaúm. Se resalta especialmente la gran fe de este gentil y la autoridad de Jesús sobre la enfermedad, aunque no estaba presente, mostrando su Omnipresencia.

Para tener una fe que maraville a Jesús, debemos acercarnos a Él con humildad, con respeto, reconociendo su autoridad y su poder. La fe del centurión fue tan profunda que solo bastaba que Jesús dijera la Palabra para que su siervo recibiera sanidad. Cuan poderoso es confesar la Palabra de Dios, creyéndola para ver el obrar sobrenatural de Dios.

Su fe se destacó porque siendo un gentil demostró una fe más grande que la de muchos judíos que conocían a Jesús. La fe es la confianza en la Palabra de Dios, no importa quienes seamos. Este centurión se consideró indigno de que el Señor entrara a su casa, mostró un profundo respeto por la ley y la cultura judía. Fue una fe que actúa, no era una fe pasiva, puesto que envió a unos ancianos judíos a buscar a Jesús y hacerle la petición de sanidad. Entendió que el poder y la autoridad de Jesús, del cual había oído, eran tan grandes que no necesitaba que Él estuviera físicamente para sanar. Precisamente su fe se basó en la autoridad que Jesús tenía sobre todas las cosas, por eso al dar una orden, se cumpliría lo que dijera; comparándose con él, cuando daba órdenes a sus soldados bajo su autoridad para que obedecieran.

Jesús se maravilló de su fe y destacó que no había visto una fe así en Israel. Por eso ante una fe de esa magnitud, Jesús la proclamó públicamente. Y su siervo fue sanado instantáneamente.

¿Qué podemos aprender de esto? el Señor anhela que tengamos una fe genuina, sin importar quienes somos y de dónde venimos, una fe humilde que se traduzca en acción y una fe que confíe en la autoridad del Nombre de Jesús, sobre todas las circunstancias, que obra sanidad, milagros y prodigios. Una fe así influye en la vida de las personas que nos rodean llevando a otros a creer en Jesús.  Oración.

«Señor Jesús, quiero acercarme a ti, con una fe verdadera, reconociendo tu soberanía y tu poder sobre todas las cosas, que pueda decir como el centurión: “no es necesario que entres en mi casa porque una sola Palabra tuya bastará para que obres en mi vida y en la vida de los que me rodean”. Señor enséñame a reconocer la autoridad de tu Nombre que es sobre todo nombre y ver obrar milagros señales y prodigios cada vez que lo confieso, amén.   



lunes, 26 de enero de 2026

¿Cual es mi propósito?

 ¿Cual es mi propósito?

“todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice”, Isaías 43:7

“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.”, Romanos 8:29-30

Hemos estado reflexionando estos días sobre las preguntas más trascendentales que tenemos que resolver los seres humanos, ¿Quién soy?, ¿dónde estoy?, ¿Cuál es mi propósito? y hemos concluido hasta el momento, que mi fe en Cristo Jesús define quién soy y en dónde estoy. Mi ser y mi posición son determinados por mi unión con Cristo, pues él es nuestra vida; (Colosenses 3:4). El mismo Señor Jesús nos profetizó acerca de este asunto, diciendo: “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.” (Juan 14:20).

Observemos que estamos en él, pero el Señor dice que en aquel día conoceremos esta verdad de nuestra unión con el Padre y con el Hijo, y aquel dia fue cuando creímos en su muerte y resurrección, cuando aceptamos el regalo de su propia vida en nosotros y por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, fuimos hechos nueva creación (Tito 3:5, 2 Corintios 5:17).

El Espíritu Santo, ejecuta la obra de hacernos uno con el Padre y con el Hijo; y su misión, mientras pasamos por la temporalidad de este mundo, es que Cristo sea formado plenamente en nosotros: “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;”(Efesios 4:13)

Fuimos renacidos o nacidos de nuevo, para ser hechos conforme a la imagen de su Hijo, para reflejar la gloria que perdimos por el pecado, para volver al seno del Eterno, por eso dice la escritura que nos llamó, nos creó, nos formó y nos hizo. (Isaías 43:7).

Esto implica que únicamente, en Cristo, recuperamos la gloria perdida, no hay otra manera de glorificar a Dios, de hacer su voluntad, sino estando en el Hijo, observemos contundentemente: “quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos”, 2 Timoteo 1:9

Esto concluye, que el propósito de mi vida no es acerca de las cosas temporales, no es mi propósito sino ‘su propósito’, que Cristo sea formado plenamente en mí: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros,”, (Gálatas 4:19) y con él en nosotros, todo el fruto de su Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; (Gálatas 5:22-23), o sea, la expresión de su carácter manifestado en nosotros, para glorificar su nombre; pues el fruto es evidencia de la presencia de Dios en mi vida y de Cristo por medio de nosotros dando gloria al Padre.   Oración.

«Padre, me has llamado con llamamiento santo, me has apartado para ti, bautizándome por el Espíritu en tu Hijo, no conforme a mis obras, sino conforme a tu propósito de reunir en Cristo todas las cosas para gloria de tu nombre, amén.  



domingo, 25 de enero de 2026

¿Dónde estoy?

 ¿Dónde estoy?

“y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,”, Efesios 2:6

“Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio”, Filipenses 1:27

Cuando hablamos de ‘mi posición’, más que hablar de un lugar, se refiere a un contexto de vida. Dónde estoy define el medio por el cual mi identidad se mueve o es expresada.

Para explicar, podemos observar cómo el ser humano quiere pertenecer a un grupo, ser aceptado y convivir siendo reconocido por lo que hace. También está físicamente muy arraigado al lugar donde nace, se cría o se desarrolla familiarmente.

Nos sentimos mal si no somos aceptados, sino nos sentimos identificados con algún grupo con afinidades o gustos comunes.

Pero la enseñanza bíblica nos plantea un cambio radical de la manera de pensar:

Todo creyente, está en los lugares celestiales juntamente con Cristo, aunque en una realidad temporal existo y estoy en este mundo, en mi espíritu, en la realidad de la eternidad, vivo en Cristo, soy y estoy en él. (, Efesios 2:6, Hechos 17:28)

Esto debe impedir que me llene de dudas y temor por las cosas temporales que pasan, también debe quitarme toda frustración o tristeza porque no soy aceptado en tal o cual lugar, pues mi ubicación real y mi verdadera posición familiar, laboral y social, está en Cristo: soy de la familia de Dios, con millones de hermanos en la fe unidos en un mismo cuerpo (bautizados), soy soldado de Cristo y soy aceptado en el: “aceptos en el amado”, como dice la escritura: “para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado” (Efesios 1:6).

No se trata de ser parte de un colectivo o grupo social, sino de una unión orgánica: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo” (1 Corintios 12:13a). Somos uno en Cristo: “un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos.” (Efesios 4:5-6)

Entonces, si nuestra patria es Cristo, cuando el mundo temporal nos intente hacer creer que debemos pertenecer a ellos, y seguir las costumbres en contra de los principios de Dios, o cuando nos sintamos rechazados, pensemos mejor que somos diferentes y que estamos en una posición radicalmente distinta y superior, como ciudadanos del cielo en Cristo Jesús: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;”, (Filipenses 3:20), ni tampoco extranjeros, sino miembros de la familia de Dios: “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios,” (Efesios 2:19)

Finalmente, nuestra identidad y posición determina nuestro comportamiento, el cual debe ser digno del evangelio de Cristo que predicamos, para alabanza de su gloria.  Oración.

«Señor Jesús, estoy en ti, y por esta razón me puedo acercar libremente al trono de la gracia, para hallar sustento y socorro en toda situación, aun en mis dificultades temporales, se que tengo toda tu provisión, amor y paz, para glorificar al Padre, en el poder y la unción del Espíritu Santo. Amén. 



sábado, 24 de enero de 2026

¿Hay espacio para Jesús en tu vida?

 ¿Hay espacio para Jesús en tu vida?

“Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón. Lucas 2:6-7

Con este pasaje entendemos que los tiempos de Dios son perfectos y que cumple sus promesas, en sus manos están los hilos de la historia. El censo romano se llevaba a cabo como una ayuda al reclutamiento militar o la recaudación de impuestos. Los judíos no tenían que servir en el ejército romano, pero no podían evitar pagar los impuestos. El decreto de Augusto César salió en el tiempo de Dios y de acuerdo a su plan perfecto para traer a su Hijo al mundo. Todo lo que sucedió fue dispuesto por Dios.

Muchos judíos fueron forzados a recorrer grandes distancias solo para pagar su impuesto. Para José y María no hubo excepción, tenían que ir a Belén, la ciudad de David, en Judea. José tomó esta decisión porque él era descendiente de David, igual que María. Ella estaba avanzada en su embarazo, su alumbramiento podría ser en cualquier momento; pero no fue en cualquier momento, sino en el tiempo establecido por Dios para que se cumpliese la profecía en Miqueas 5:2 “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad”.

Al llegar allí no hubo lugar donde hospedarse como dice el pasaje “porque no había lugar para ellos en el mesón”. En primer lugar, debemos aprender que cuando hacemos la voluntad de Dios, a veces no hay garantía de una vida cómoda, porque aún lo incómodo tiene significado dentro del plan de Dios, como sucedió con Jesús. Lucas se interesa por los pequeños detalles humanos, al contarnos que María le puso al niño pañales. Al ver el Hijo de Dios envuelto en pañales, vemos cuán perfectamente humano era Dios manifestado en un cuerpo físico.

La Biblia nos dice que Jesús nació en un pesebre, el lugar donde los animales pastaban y se alimentaban, porque no se halló otro lugar. No era el lugar más apto para el nacimiento de un bebé, era sucio y maloliente, sin embargo, allí nació el Rey Mesías. Recordemos que Dios obra donde se necesita, en la oscuridad del pecado y en lo sucio del mundo, por eso envió a su Hijo a esta tierra. No hubo sitio para Él nada más que en una cruz. Nacer en un establo simboliza la humildad y el rechazo inicial que rodearía su vida y ministerio. Esto también muestra que la verdadera riqueza no es material, sino espiritual y familiar.

Jesús quiere nacer en los corazones humanos, sin importarle que a veces parecen pesebres sucios y malolientes, es allí donde quiere vivir. Él viene a traer vida y luz a nosotros, por eso pregúntate: ¿Hay espacio para Jesús en mi vida? Porque muchas veces está tan llena de cosas terrenales, mundanas y frívolas, que no permitimos que Jesús viva en nosotros. Le hemos cerrado la puerta que Él ha tocado, no una sola vez, sino muchas, Apocalipsis 3:20. El Señor trata de entrar en los abarrotados corazones de los hombres y todavía sigue buscando, y se le rechaza, igual que entonces.

O quizás ya le abrimos la puerta y lo invitamos a entrar a nuestra vida y el Espíritu Santo vino a morar en nuestro corazón, pero lo hemos arrinconado, contristado y apagado, por vivir en la carne y no bajo el gobierno de su Espíritu, Gálatas 5:16. Pablo nos aconseja en 1 Tesalonicenses 5:19 “No apaguéis al Espíritu”. Jesús anhela nuestra unión con Él, “vosotros en mí y yo en vosotros”, Juan 14:20b. Esa vida de Jesucristo en nosotros solo es por fe, en la medida en que nos rendimos a su Señorío, Él quiere obrar libremente en y a través de nosotros para manifestar su perfecta voluntad.   Oración.

«Mi amado Rey Mesías, gracias por tocar a la puerta de mi vida, viniste a encontrarte conmigo, gracias por disponer mi corazón para recibirte y dejarte entrar en él. Me diste vida e iluminaste mi ser con tu Presencia. Qué privilegio ser el Templo de tu Santo Espíritu. Meditando en que no hubo lugar en una posada para que nacieras, viene a mi mente cada persona que no te conoce y que quizás sus vidas representan ese pesebre donde tu anhelas nacer. Hoy te pido que dispongas sus corazones, porque puedes llenarlos de tu amorosa Presencia, amén.