sábado, 19 de octubre de 2024

Cuando Dios da una orden

 


Cuando Dios da una orden

“Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado” Mateo 8:18

“Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron. “Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía. Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?” Mateo 8:23-27

Cuando Dios da una orden debemos estar dispuestos a obedecer. El salmo 107:20-21 dice: “Envió su palabra, y los sanó, y los libró de su ruina. Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los hijos de los hombres”. Aquí envió su orden y los sanó e hizo maravillas. En este casó tras la orden vino una gran bendición.

Pero, ¿qué pasó ese día con los discípulos?, El Señor dio una orden: “pasemos al otro lado” y lo primero que se levantó fue una gran tempestad. Esto se parece a esas situaciones que son invencibles, pero debemos recordar que en el trayecto de nuestra vida no vamos solos, va Jesús con nosotros y Él ya trazó la ruta hacia donde nos está direccionando.

A veces, Dios puede desatar una orden sobre nuestra vida, una promesa de bendición, pero se levantan tormentas para no dejarnos alcanzar el propósito que Dios tiene con nosotros. Su Palabra fue enviada sobre nosotros, sin embargo, las situaciones que estamos atravesando quieren interponerse para que no avancemos, vienen las pruebas que nos hacen dudar de lo que Él ya dijo; es ahí donde nuestra fe es probada. Independientemente de la circunstancia debemos obedecer lo que el Señor nos pide, para poder llegar al otro lado, a otro nivel espiritual donde Él quiere llevarnos.

El Salmo 147:18 dice: “Enviará su palabra, y los derretirá; soplará su viento, y fluirán las aguas”. Tanto su Palabra como la presencia del Espíritu Santo tienen el poder para hacernos salir de una circunstancia porque ya Dios envió su Palabra.

Recordemos cuando en Egipto se levantó Faraón contra el pueblo de Israel, Dios le dio una orden a Moisés en Éxodo 14: 15-16 “Entonces Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen. Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo, y entren los hijos de Israel por en medio del mar, en seco”. Dios peleó por su pueblo cuando obedecieron y cruzaron el mar Rojo.

Ya la orden fue desatada sobre nosotros, no hay tormenta, ni faraón, no hay gigante que se levante en nuestra contra y detenga el propósito de Dios. Habrá oposición, confusión, desorientación como la que tuvieron los discípulos ese día, nuestra fe puede menguar por dudar, habrá situaciones en las que no sabremos qué hacer, pero no nos dejemos desviar de lo que el Señor nos ha dicho, recuerda que la fe es la que vence al mundo.  Oración.

«Señor, en el Salmo 107:28-30 dice: “Entonces claman a Jehová en su angustia, y los libra de sus aflicciones. Cambia la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas. Luego se alegran, porque se apaciguaron; y así los guía al puerto que deseaban”. Ya diste la orden sobre mi vida y has establecido tu propósito para mí, acrecienta mi fe para vencer cualquier prueba que quiera apartarme del camino que ya me has trazado, amén.

viernes, 18 de octubre de 2024

Pon tu confianza en el Dios de toda gracia

 


Pon tu confianza en el Dios de toda gracia

“Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse. Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos”. Daniel 1:8-9

Este mundo en el que vivimos tiene estándares diferentes a nosotros los hijos de Dios. El ejemplo de Daniel de no contaminarse espiritualmente con las costumbres babilónicas nos sirve para aprender a desenvolvernos en nuestra sociedad sin hacer concesiones, sin comprometer nuestras creencias. Podemos estar en el mundo, pero no contaminarnos con él, estamos continuamente expuestos a todo lo que este ofrece, pero el Espíritu Santo nos ha dado dominio propio y discernimiento para tomar decisiones sabias y saber qué nos conviene y qué no. Como Pablo nos enseña en 1 Corintios 6:12 “Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, más yo no me dejaré dominar de ninguna”.

Al igual que Daniel estamos llamados a una vida de pureza y a estar en paz con todos, esto solo se logra si caminamos en una relación cercana con Dios, independientemente del lugar donde estemos. Una vida de oración consistente como la de Daniel, nos garantiza la intervención divina cuando la necesitamos. Veamos Daniel 6:10 “Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes”. Siempre oraba, pero lo hizo aún más cuando salió el edicto que obligaba a todos sin excepción a adorar la estatua del rey Nabucodonosor. Él nunca quebrantó su fe a pesar de la amenaza de muerte, sino que se arrodilló ante nuestro Dios grande y soberano, confiando en que su amor y poder lo librarían.

Si queremos dejar algo que estorba nuestra vida cristiana, la decisión debe salir de nuestro corazón, así como Daniel “se propuso en su corazón no contaminarse”. Esta determinación expresa nuestra fidelidad a los principios de Dios, de hacer lo correcto y no ceder a las presiones que nos rodean. Todos los días somos tentados a bajar nuestras normas y a vivir como el mundo nos dicta. Debemos resistirnos si queremos ser fieles y deseamos hacer primero la voluntad de Dios, obedeciéndolo en todo.   Oración.

«Alabado seas mi Dios, Creador del cielo y la tierra; quién me bendices, ayúdame como a Daniel a vivir una vida de pureza y santidad. Quiero tener una estrecha e íntima relación contigo, por medio de la oración y el conocimiento de tu Palabra. Te pido sabiduría y poder para caminar en este mundo sin contaminarme, antes hazme fiel a ti, para que sea influencia para que otros te conozcan. En el nombre de Jesús, amén.

jueves, 17 de octubre de 2024

Hambre y sed de tu Palabra

 


Hambre y sed de tu Palabra

“He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová. E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán”. Amós 8:11-12

“Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas”. 2 Timoteo 4:2-4

En tiempos del profeta Amós, la gente tenía todos los lujos que querían comprar, era una época de mucha prosperidad económica para Israel y Judá; pero sentían en su corazón un gran vacío, pues el rey Amasías había prohibido proclamar la Palabra de Dios. Las personas querían escuchar una palabra verdadera que les diera dirección a sus vidas, pero no había ninguna palabra para orientarlos; pues se levantaron profetas y sacerdotes falsos que decían siempre lo que más les agradara.

Israel, distinta a las demás naciones se había fundado sobre la Palabra de Dios, Él les había ordenado todo lo que debían comer, cómo vestir, qué animales domesticar, cómo tratar a los demás. Y ahora Dios estaba callado, había retirado su consejo, su enseñanza. Habían roto su pacto con Dios. La idolatría, la opresión de los ricos sobre los pobres, el sistema judicial corrupto y la inmoralidad generalizada, contristó el corazón del Señor y su paciencia se había agotado, el castigo era inevitable y la nación sería destruida a menos que cambiaran su corazón y se volvieran a Él.

Ahora se repite la historia, Dios ha sido sacado de todos los ámbitos y las naciones van camino a la destrucción. Hoy se nos exhorta a predicar la Palabra a tiempo y fuera de tiempo, porque muchos tienen comezón de escucharla; pero si están prestos a oír las mentiras y el engaño de las ideologías modernas que los apartan cada vez más de la verdad, Llegará el momento cuando esta generación se va a dar cuenta de la gran verdad de Mateo 4:4 “que no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”, porque el hambre más grande que podemos sentir no se satisface con pan y carne; podemos tenerlo todo y sentirnos totalmente vacíos.

Muchos todavía siguen buscando la respuesta para los problemas de la vida en otras partes excepto en las Escrituras, están buscando la dirección verdadera pero no saben dónde hallarla. Jesucristo es la respuesta porque sólo en Él y en su Palabra seremos verdaderamente libres y podremos disfrutar la vida abundante que nos ofrece. Oremos para que el deseo de buscar a Jesús y su Palabra no sea demasiado tarde para esta generación, (Isaías 55:6).    Oración.

«Señor, Gracias por tu Palabra, soy afortunado de tener toda la Escritura para leerla. Dame sed y hambre por tu Palabra. Abre mis oídos espirituales para que sean prontos para escucharla, abre mi mente para meditarla y dispón mi voluntad para ponerla por obra. Quita toda distracción que no permita que pueda asimilarla para conectarme contigo, que cada día sea mi deleite, porque con ella me guías, me enseñas, me purificas y me santificas. En el nombre de Jesús, amén.

miércoles, 16 de octubre de 2024

Jesús eres el centro de todo

 


Jesús eres el centro de todo

“A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura. Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David. He aquí que yo lo di por testigo a los pueblos, por jefe y por maestro a las naciones. He aquí, llamarás a gente que no conociste, y gentes que no te conocieron correrán a ti, por causa de Jehová tu Dios, y del Santo de Israel que te ha honrado. Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar”. Isaías 55:1-7

“En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. Juan 7:37-38

Este pasaje profético es un llamado a las naciones para que se vuelvan a Dios en arrepentimiento en estos tiempos de sequía espiritual. Él ya ha dado su provisión: la salvación por medio de su Hijo Jesucristo, quién con su obra en la cruz, ha dado perdón de pecados, salvación y vida eterna. En Jesús hay suficiente para todos los que se acercan a Él y lo invitan a ser el centro de su vida como Señor y Salvador personal.

Los que están satisfechos con el mundo no ven la necesidad de Cristo. Están secos espiritualmente y tratan de satisfacer esa sed con las cosas mundanas. Jesús nuevamente está haciendo una invitación para todos “Si alguno tiene sed venga a mí”. Él es la Fuente abierta, es la Roca golpeada, es el agua viva que trae sanidad espiritual, emocional y física, 1 Corintios 10:4.

En Isaías el Señor dice: “venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche”. Jesús nos hace una oferta gratuita, su gracia salvadora para que nos apropiemos de ella y que satisfagamos todo nuestro ser. En Cristo lo encontramos todo. Todo lo que ofrece ya fue pagado por Él, lo adquirió con el precio total de su preciosa sangre, como dice 1 Pedro 1:18-19 “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación”.

El Señor anhela que todos los hombres se salven por eso su oferta sigue en pie: “Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma”. Solo hay que aceptarla. Él conoce el corazón humano y sabe su gran necesidad, porque el mundo y sus placeres jamás darán plenitud al alma sin Dios. Que las frustraciones y la falta de propósito en la vida impulsen a las personas hacia Cristo y a buscar la satisfacción sólo en Él.

Busquemos y clamemos al Señor mientras esté cerca. Dios no planea apartarse de nosotros, pero a menudo somos nosotros los que nos apartamos de Él y sufrimos las consecuencias de alejarnos de su Presencia. Busquemos a Dios ahora, mientras podamos, antes de que sea demasiado tarde.    Oración.

«Jesús perdóname por las veces en que me he alejado de ti, si tú no estás en el centro de mi vida, entonces nada más importa. Me pides que te busque mientras puedas ser hallado, anhelo encontrarte y acercarme a ti; muéstrame cómo vivir una vida completamente dedicada a la gloria de tu nombre, gracias por llenarme completamente con tu Presencia, amén.

martes, 15 de octubre de 2024

Sal de la cueva

 


Sal de la cueva

Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender”. Salmos 139:1-6

“¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz”. Salmos 139:7-12

Este salmo nos quita las máscaras del engaño y la hipocresía que a veces estorban nuestra relación con Dios y la vida de la iglesia; pues Él sabe y conoce todo de nosotros, nuestros más íntimos pensamientos y las intenciones de nuestro corazón. Es un Dios omnisciente. Nos lo enseña no con conceptos abstractos, sino con hechos concretos de la vida cotidiana. Él nos examina y puede discernir nuestras necesidades más íntimas. Es una verdad maravillosa saber que nos conoce personalmente, no somos un número más, somos sus hijos, sabe cuándo nos levantamos, nos sentamos, caminamos y nos acostamos, es decir la totalidad de nuestro día.

Aún más, lee nuestros pensamientos, conoce nuestros proyectos, sueños, deseos, anhelos y propósitos. Nada se escapa de su conocimiento, esto debería alegrarnos, al saber que su Presencia jamás se va; como dice el salmista “Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano”, manifestando de esta manera su protección y cuidado que nos da seguridad. Nuestra mente finita no alcanza a comprender cómo sabe todas las cosas, Él conoce detalles de millones de personas a la vez.

Dios es omnipresente; está donde quiera que nosotros vayamos, donde está el Espíritu de Dios, allí también está su Presencia. No hay lugar en el universo donde uno pueda escapar de Él, su Presencia es infinita, todo hace parte del universo que Él creó y que señorea. No podemos huir de Dios, en cualquier situación por oscura que sea, nos asirá con su diestra, nos sostendrá y nos guiará.

Recordemos cuando Elías huyó porque tenía miedo y se escondió en una cueva; era un hombre de carne y hueso, sujeto a las mismas pasiones y necesidades espirituales que nosotros, estaba amenazado de muerte y perseguido por la incredulidad de Israel. Es aquí donde Elías se encuentra con Dios. Y es aquí donde Dios le hace dos veces una pregunta: “¿Qué haces aquí, Elías?”, y le ordenó: “Sal fuera y ponte sobre el monte en presencia del Señor”. (1 Reyes 19:9,11,13)

Esa misma pregunta nos la hace hoy: ¿Qué haces aquí?; no sé qué situación nos tiene escondidos en la cueva, pero es el momento de salir y escuchar su voz. Entremos en su Presencia, solo ahí encontraremos su respuesta, su dirección y su respaldo, su amor inagotable es nuestra defensa.    Oración.

«Señor gracias porque tu Presencia irá conmigo y me darás descanso; gracias por caminar a mi lado y por no dejarme. Aunque las situaciones parezcan difíciles, no puedo huir ni esconderme de los problemas, porque todo lo sabes y conoces cada pensamiento en mi mente, tengo la certeza de que tu diestra me asirá para que no resbale, ni caiga, Amén.

lunes, 14 de octubre de 2024

Un lugar tranquilo

 


Un lugar tranquilo

“Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado. Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer. Y se fueron solos en una barca a un lugar desierto”. Marcos 6:30-32

En un mundo como el de hoy, lleno de responsabilidades, de ir de un lado para el otro sin parar, es bueno que bajemos el ritmo para que el Señor nos renueve. La verdadera renovación viene de pasar tiempo en su presencia para que nos llene de su paz.

Veamos el pasaje de hoy. Los discípulos están en el punto más intenso de su experiencia al lado de su Maestro; habían viajado por largo tiempo, Él había predicado a multitudes y ministrado en sus vidas, trayendo liberación, sanidad física y restauración espiritual, en muchos lugares; y a medida que se corría la voz de que Jesús estaba ahí, el ministerio se intensificó y trabajaron mucho, pues las personas lo buscaban cada vez más.

Sin embargo, Jesús al observar a sus discípulos tan exhaustos, interviene y les hace una hermosa invitación: “Vengan conmigo ustedes solos a un lugar tranquilo y descansen un poco”. Esto es un bálsamo para nuestros oídos cuando hemos trabajado incansablemente en la obra de Dios y necesitamos un respiro para conectarnos con el dueño de la obra. Jesús sabe de nuestro trabajo y de lo fatigante que a veces puede llegar a ser, por eso, escucha su voz.

Llevar la carga espiritual de nuestra familia, orar constantemente por nuestros hijos, esposos (as), amigos, y cuidar pastoralmente a los que Dios ha colocado a nuestro cargo, implica estar recargados espiritualmente para hacer nuestra labor no en nuestras fuerzas, sino en el poder de Dios; necesitamos entonces tiempos de quietud en la presencia del Señor.

Jesús conoce nuestro nivel de cansancio espiritual, emocional y aun físico; y quiere invitarnos a renovar fuerzas, a alentarnos con su Palabra para que podamos continuar. Cuando nuestra tarea espiritual se vuelve una carga es porque la estamos haciendo en nuestra carne, y así no veremos resultados. Recordemos que la obra es de Dios y Él anhela que seamos guiados siempre por su Santo Espíritu. Es un llamado a hacer un alto y refugiarnos en su presencia amorosa, Él es nuestro lugar de descanso, es nuestro escondite en nuestras preocupaciones y del afán de la vida, Salmos 62:5-6. Hoy nos invita a buscarle primero y Él suplirá lo que nos falta. Hagamos del Señor nuestra prioridad y en nuestro agotamiento o fatiga espiritual el Señor nos dará descanso.   Oración.

«Gracias mi Dios por escogerme como tu habitación, por morada de Dios en el Espíritu; hoy le digo a mi alma: “reposa en el Dios de tu salvación”; porque Él es mi esperanza y mi roca fuerte. Quiero deleitarme en tu Presencia y renovar mis fuerzas; Espíritu Santo fortaléceme en mi interior, solo quiero estar contigo, hoy no vengo a pedir, vengo a descansar en ti. Amén.

domingo, 13 de octubre de 2024

Ser dirigidos por Dios

 


Ser dirigidos por Dios

“Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; Enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el día”. Salmos 25:4-5

Este salmo surgió de la experiencia personal de David cuando estaba pasando por problemas y dificultades y proporciona un consuelo para todos nosotros en este momento, pues hay momentos en la vida que no sabemos qué camino coger, qué decisión tomar y necesitamos depender absolutamente de Dios.

Cuando el salmista le dice a Dios encamíname en tu “verdad” esta palabra viene del hebreo “emet” y significa certeza, estabilidad, confiabilidad, lo justo; lo que implica que está buscando confianza, firmeza y seguridad en Dios. Y es lo que necesitamos en este momento en un mundo de tanta confusión, donde la verdad se ha vuelto relativa y las personas no saben en quién creer. Podemos confiar enteramente nuestra vida en la verdad de Dios, porque la verdad es Jesucristo. En Juan 14:6 “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”.

Hay dos caminos por los cuales el hombre puede transitar hoy: el camino de Dios, o su propio camino. Dios nos da la opción de elegir. Todos podemos andar por el camino que elijamos, pero recordemos lo que dice el libro de Proverbios 14:12 “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte”.

David le suplica a Dios que le muestre el camino. Oró para que la verdad de Dios lo preservara, porque la verdad constituye el sostén del principio y el fin de toda creación. Buscar la verdad es aspirar a la plenitud de Dios; conocer la verdad significa experimentar vida, que ha de traducirse en amor; poseer la verdad nos compromete a servir en amor; “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, Juan 8:32. Conocer la verdad nos libra de la mentira y el engaño del mundo.

¿Por qué este énfasis en la dirección de Dios? Todo el Salmo da la respuesta: cuando el enemigo ataca, es cuando uno más necesita una dirección específica de Dios. Indica tres aspectos indispensables de este camino: caminar en la verdad de Dios; caminar con su presencia; y una confianza constante en Él. Para ser dirigidos por Dios hace falta una mente humilde y abierta a Él.   Oración.

«Cuán grande es tu bondad Señor para conmigo, en estos momentos de incertidumbre en el mundo, donde todos parecen tener la verdad, quiero saber qué hacer. Por eso, guíame por sendas de justicia por amor de tu nombre, porque ciertamente el bien y la misericordia me guiarán todos los días de mi vida. Espíritu Santo guíame cada día a la verdad y conforta mi alma con tu Palabra y con la certeza de que eres fiel. En el dulce nombre de Jesús, amén.