jueves, 11 de noviembre de 2021

Abre tu mano al hermano y al menesteroso. Parte 1

 


Abre tu mano al hermano y al menesteroso. Parte 1

“Cuando haya en medio de ti menesteroso de alguno de tus hermanos en alguna de tus ciudades, en la tierra que Jehová tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre, sino abrirás a él tu mano liberalmente, y en efecto le prestarás lo que necesite. Guárdate de tener en tu corazón pensamiento perverso, diciendo: Cerca está el año séptimo, el de la remisión, y mires con malos ojos a tu hermano menesteroso para no darle; porque él podrá clamar contra ti a Jehová, y se te contará por pecado. Sin falta le darás, y no serás de mezquino corazón cuando le des; porque por ello te bendecirá Jehová tu Dios en todos tus hechos, y en todo lo que emprendas. Porque no faltarán menesterosos en medio de la tierra; por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra». Deuteronomio 15:7-11

En el Antiguo testamento vemos a un Dios instruyendo a su pueblo sobre las leyes sociales, dándole a cada hombre una oportunidad igual. La tierra al séptimo año se dejaba descansar, en el año sabático las deudas y las hipotecas eran perdonadas y se distribuía equitativamente la riqueza, evitando la pobreza extrema y la riqueza extrema. Este reglamento debería ser cumplido por todos los israelitas. Cada séptimo año la deuda de los pobres sería cancelada y tendrían una oportunidad de empezar de nuevo. Ahora, si Israel hubiera guardado esta regla cuidadosamente, se habría cumplido lo que dice Deuteronomio 15:4 “Así no habrá mendigos entre los tuyos, pues el Señor te bendecirá con abundancia en la tierra que el Señor, tu Dios, te da por heredad, para que la tomes en posesión».

Los sistemas políticos en la actualidad enfrentan la naturaleza pecaminosa, egoísta del ser humano, por lo cual no hay formulaciones claras sobre justicia social, cada cual quiere tener más que los demás, generando la desigualdad, trayendo pobreza y falta de oportunidad a las personas de cualquier condición.

Dondequiera que uno vaya hoy, en cualquier nación que uno visite, uno queda impresionado por los extremos de pobreza y de riqueza, esto es el resultado del pecado del ser humano. Si los israelitas hubieran obedecido a Dios en cuanto a esto, no habría ningún pobre entre los miembros de aquel pueblo, porque la sociedad se habría caracterizado por un equilibrio de la riqueza. El problema fundamental es entonces el corazón humano, mientras este no sea transformado, no habrá gobiernos justos, ni instituciones, ni sistemas que resuelvan la injusticia.

¿Qué debemos hacer nosotros como creyentes? Estamos llamados en primer lugar a predicar el evangelio, para que los corazones sean transformados, pero tenemos también la obligación de amar a nuestro prójimo. A veces tenemos la idea de que amarse a uno mismo es malo. Pero si este fuera el caso, sería vano amar al prójimo como a nosotros mismos. Este es el tipo de amor que debemos brindar a nuestro prójimo. ¿Nos preocupamos de que otros se alimenten, tengan ropa y vivienda? ¿Nos interesan los problemas de los demás? Amar a otros como a nosotros mismos significa ayudar a otros en la medida en que podamos suplir sus necesidades materiales, aprovechando también la oportunidad para llenar su vacío espiritual, compartiéndoles el amor de Cristo. Si cada uno pusiéramos un granito de arena, juntos ayudaríamos a muchos de nuestros semejantes.

El Señor nos ha dado la ley del amor que debe reemplazar las leyes civiles y religiosas. ¡Cuán fácil es disculpar nuestra indiferencia hacia otros! Por eso debemos estar dispuestos a ayudar a los demás.   Oración-

«Señor, estoy en deuda contigo por tu amor sin límites derramado en la cruz a mi favor. La única forma en que pueda empezar a pagar la deuda es amando a otros, como tú me has enseñado. En medio de tanta injusticia social, quiero aportar mi granito de arena para ayudar a los necesitados y suplir sus faltantes, al igual que me brindes la oportunidad de llevar tu mensaje de amor. En el nombre de Jesús. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 10 de noviembre de 2021

Pídeme lo que quieras que yo te de

 

Pídeme lo que quieras que yo te de

“Y aquella noche apareció Dios a Salo


món y le dijo: Pídeme lo que quieras que yo te dé. Y Salomón dijo a Dios: Tú has tenido con David mi padre gran misericordia, y a mí me has puesto por rey en lugar suyo. Confirmese pues, ahora, oh Jehová Dios, tu palabra dada a David mi padre; porque tú me has puesto por rey sobre un pueblo numeroso como el polvo de la tierra. Dame ahora sabiduría y ciencia, para presentarme delante de este pueblo; porque ¿quién podrá gobernar a este tu pueblo tan grande?” 2 Crónicas 1:7-10

“Y dijo Dios a Salomón: Por cuanto hubo esto en tu corazón, y no pediste riquezas, bienes o gloria, ni la vida de los que te quieren mal, ni pediste muchos días, sino que has pedido para ti sabiduría y ciencia para gobernar a mi pueblo, sobre el cual te he puesto por rey, sabiduría y ciencia te son dadas; y también te daré riquezas, bienes y gloria, como nunca tuvieron los reyes que han sido antes de ti, ni tendrán los que vengan después de ti”. 2 Crónicas 1:11-12

Si el Señor se nos apareciese una noche como a Salomón y nos hiciera esta pregunta ¿Qué pediríamos? ¿Nos hemos puesto a pensar en eso? Quizás pediríamos dinero, salud, un esposo o esposa, éxito, poder, o bienestar para vivir tranquilamente. Como seres humanos sería lo más lógico que fueran estas cosas las que vinieran a nuestra mente.

Ante esta pregunta Salomón pidió sabiduría para gobernar a Israel. Su desinteresado pedido agradó tanto a Dios que Él le prometió mucho más de lo que había pedido. Le dio riquezas, honor y le dio un corazón sabio y entendido para gobernar a su pueblo.

Quizás la sabiduría es lo que deberíamos pedir siempre ya que la realidad demuestra que no podemos vivir la vida cristiana por nosotros mismos y por eso Dios nunca nos ha pedido que así sea. Nos ha pedido que permitamos que Él viva esa vida, en y a través de nosotros. Recordemos que cuando oramos debemos estar seguros de que entramos a la presencia del Padre, al Dios Todopoderoso y Creador de todo, por eso debemos estar confiados que siempre está expectante y anhela que le busquemos y que le pidamos. El Señor Jesús dijo en Mateo 7:7 “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá”.

Él sabe lo que necesitamos, lo que deseamos, y lo que es bueno para nosotros, y nos lo dará. Cuando el Señor nos dé la oportunidad de tener lo que más deseamos en el mundo, no llenemos nuestra lista de oración de cosas banales y perecederas, pensemos también en lo eterno, en hacer la voluntad de Dios, pidamos crecimiento espiritual, conocimiento de Él y pidamos por la salvación de muchas almas.

No debemos pedir que haga lo que nosotros podemos hacer. Él siempre hará por nosotros lo que nosotros no podemos hacer, lo que se sale de nuestras manos. Allí es donde se manifiesta su poder sobrenatural.   Oración.

«Amado Padre, si me hicieras la misma pregunta que le hiciste a Salomón, yo sólo quiero pedirte que me des mucha sabiduría para vivir mi vida cristiana, que me enseñes a hacer tu voluntad, te pido por mi familia, por los que no te conocen, por sanidad y liberación de los que están enfermos y atados al pecado. Te pido Señor que suplas todas mis necesidades para vivir en tranquilidad, dame lo necesario para no quejarme y lo justo para no vanagloriarme y desviarme de tu camino. En el nombre de Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 9 de noviembre de 2021

Aumenta nuestra fe

 

Aumenta nuestra fe


“Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale. Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería». Lucas 17:4-6

“Auméntanos la fe”. Una sencilla oración hecha por los discípulos de Jesús que deberíamos pronunciar. ¿Qué los llevó a hacer esta petición? La dificultad de perdonar y de evitar tropiezos en la vida cristiana que desafiaban su fe.

El Señor les había dicho: “Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale”. Nuestro Señor mostró a sus discípulos la necesidad de tener una profunda humildad y capacidad de soportar las faltas de otros. Fue una genuina petición, porque igual que ellos, necesitamos la fe necesaria para perdonar de esa manera, pero también requerimos fe para los grandes desafíos que Dios nos permite enfrentar y el más grande es alcanzar este mundo para Cristo.

Jesús nos dice que no es la cantidad de fe la que importa, porque ella puede ser como un grano de mostaza, sino con qué intencionalidad la pedimos, pues puede ser simplemente para satisfacer nuestros deseos e intereses personales y no para cumplir el propósito del Señor en nuestras vidas. Nuestra fe nos debe llevar a hacer su voluntad y no la nuestra. Nuestra fe debe ser auténtica, de tal manera que no es algo que mostramos para que otros nos vean como piadosos, sino para manifestar obediencia total y humilde a la voluntad de Dios, haciendo lo que Él manda.

No es la cantidad de fe, sino la clase de fe que tenemos, que nos lleva a glorificar su Nombre, una fe que transforme profundamente nuestras almas capacitándonos para cumplir sus mandamientos y a vivir un estándar de vida espiritual alto, porque con nuestro testimonio debemos ayudar a establecer el reino de Dios en esta tierra. Que, aunque parece imposible, se hace posible por la fe, porque todas las cosas son posibles para el que cree. Dios está con nosotros por eso nos ayudará a lograr sus propósitos eternos.

Pidamos una fe más profunda con oraciones sencillas que toquen el corazón de Dios. A Él le agrada escucharnos orar. Dios no exige palabras elaboradas, ni frases rebuscadas. Dios quiere hablar de nuestros planes, pero también de los suyos, donde busquemos su gloria y poder. Una oración sencilla, pues Dios desea responder a nuestras peticiones y usarnos como instrumentos de salvación para otros.   Oración.

«Señor, aumenta mi fe, para poder depender de ti, obedecer tus mandamientos y hacer tu voluntad, dame un corazón entendido y sabiduría para saber perdonar las ofensas de otros, y el valor para continuar sin desmayar frente a los desafíos que me muestras para alcanzar este mundo para ti. Tú eres el Dios que me sustenta con tu Palabra de verdad. En Cristo Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 8 de noviembre de 2021

Misericordia quiero y no sacrificios

 


Misericordia quiero y no sacrificios

«Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, enviándonos unos a otros». Gálatas 5:22-26

«Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo». Efesios 4:26

“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia». Efesios 4:30-31

Durante situaciones tensas, nuestras emociones se descontrolan fácilmente, debido a nuestra falta de dominio propio y nuestro temperamento explosivo, caemos en enojo, ira y ofendemos a otras personas afectando nuestras relaciones con nuestros seres queridos. Igual que en una caldera, hay que mantener el nivel de agua seguro para que no explote, debemos someternos al control del Espíritu Santo para que nuestra caldera emocional esté segura, y no cause daño a otros. Por eso, entreguemos nuestras emociones al Señor para que nos ayude a controlar nuestro carácter. Pidamos al Espíritu Santo que nos llene, nos consuele, nos guíe y nos libere de todo sentimiento dañino. Si dependemos de Él nuestro punto de ebullición disminuye.

La conducta cristiana debe alcanzar la altura de la persona que nos ha amado, escogido, redimido y unido, Dios mismo. El andar cristiano en el mundo, es el único testimonio que podemos mostrar, no solo individualmente, sino como iglesia y es lo que el mundo ve. Por eso, Pablo nos exhorta a comportarnos a la altura de nuestro llamado y vocación. La receta para esto es andar en humildad, mansedumbre, paciencia y soportándoos en amor, o sea llenos del fruto del Espíritu Santo, que es el que une y consolida nuestra vida espiritual, para que controlemos nuestras emociones y seamos testimonio.

Permitamos al Espíritu Santo que tome el control absoluto de nuestro ser, para que ya no demos rienda suelta a nuestros deseos y pasiones carnales que nos llevan a la mentira, a la corrupción, a la lujuria, al rencor, a la ira, a la rabia, las quejas, la maledicencia y la malicia, pues esto contrista al Espíritu de Dios, apagándolo dentro de nosotros y evitando que fluya con su presencia y gracia. Antes bien como dice 1 Tesalonicenses 5:23 “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”  

Oración.

«Amado Señor, hoy me acerco a ti, con arrepentimiento y dolor en mi corazón por no permitir que tomes el control de mis emociones, me he llenado de ira y enojo, he dejado que mis pasiones carnales afloren. Perdóname y límpiame, lléname de tu poder. Gracias oh Dios por derramar tu amor en mi corazón por medio de tu Santo Espíritu. Fluye con tu fruto a través de mi vida, para ser testimonio vivo de ti. En el nombre de Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 7 de noviembre de 2021

 Controlados por el Espíritu

«Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, enviándonos unos a otros». Gálatas 5:22-26
«Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo». Efesios 4:26
“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia». Efesios 4:30-31
Durante situaciones tensas, nuestras emociones se descontrolan fácilmente, debido a nuestra falta de dominio propio y nuestro temperamento explosivo, caemos en enojo, ira y ofendemos a otras personas afectando nuestras relaciones con nuestros seres queridos. Igual que en una caldera, hay que mantener el nivel de agua seguro para que no explote, debemos someternos al control del Espíritu Santo para que nuestra caldera emocional esté segura, y no cause daño a otros. Por eso, entreguemos nuestras emociones al Señor para que nos ayude a controlar nuestro carácter. Pidamos al Espíritu Santo que nos llene, nos consuele, nos guíe y nos libere de todo sentimiento dañino. Si dependemos de Él nuestro punto de ebullición disminuye.
La conducta cristiana debe alcanzar la altura de la persona que nos ha amado, escogido, redimido y unido, Dios mismo. El andar cristiano en el mundo, es el único testimonio que podemos mostrar, no solo individualmente, sino como iglesia y es lo que el mundo ve. Por eso, Pablo nos exhorta a comportarnos a la altura de nuestro llamado y vocación. La receta para esto es andar en humildad, mansedumbre, paciencia y soportándoos en amor, o sea llenos del fruto del Espíritu Santo, que es el que une y consolida nuestra vida espiritual, para que controlemos nuestras emociones y seamos testimonio.
Permitamos al Espíritu Santo que tome el control absoluto de nuestro ser, para que ya no demos rienda suelta a nuestros deseos y pasiones carnales que nos llevan a la mentira, a la corrupción, a la lujuria, al rencor, a la ira, a la rabia, las quejas, la maledicencia y la malicia, pues esto contrista al Espíritu de Dios, apagándolo dentro de nosotros y evitando que fluya con su presencia y gracia. Antes bien como dice 1 Tesalonicenses 5:23 “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” Oración.
«Amado Señor, hoy me acerco a ti, con arrepentimiento y dolor en mi corazón por no permitir que tomes el control de mis emociones, me he llenado de ira y enojo, he dejado que mis pasiones carnales afloren. Perdóname y límpiame, lléname de tu poder. Gracias oh Dios por derramar tu amor en mi corazón por medio de tu Santo Espíritu. Fluye con tu fruto a través de mi vida, para ser testimonio vivo de ti. En el nombre de Jesús. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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sábado, 6 de noviembre de 2021

Aprovecha las oportunidades de Dios

 


Aprovecha las oportunidades de Dios

“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)». Efesios 2:1-5

Hace algunos años, estuve a punto de ahogarme, cayendo en el agua, en un remolino. Intenté nadar hacia unos árboles, pero no logré llegar. El agua entraba en mis pulmones y mi desesperación crecía. De pronto sentí un brazo fuerte alrededor de mi cuello, mi primo se dio cuenta que me estaba ahogando y me sacó. Comprendí lo cerca que estuve de morir, de hecho, recordé cómo me había dado por vencida al sentir el agua entrar en mis pulmones. En ese instante pasó por mi mente, como una película a toda velocidad, lo que había sido mi vida lejos de Dios. Si hubiera muerto habría vivido una eternidad fuera de la presencia de Dios, comprendí en ese momento cuan apartada estaba y decidí buscar a Dios y darle gracias por esa segunda oportunidad.

Esta experiencia debe recordarnos que no debemos desaprovechar ninguna oportunidad que Dios nos da para conocerlo y volver en amistad con Él.

Como dice Job 22:21-23 “Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás paz; y por ello te vendrá bien. Toma ahora la ley de su boca, y pon sus palabras en tu corazón. Si te volvieres al Omnipotente, serás edificado; alejarás de tu tienda la aflicción”. En esta porción, Elifaz presupone que Job se ha alejado de Dios y le da este consejo: que se haga amigo de Dios, que se vuelva en confianza íntima con Él, para que encuentre paz en medio de su aflicción y restauración de su vida. Aunque sabemos que este no era el caso de Job, porque la Biblia nos dice claramente que era un hombre temeroso del Señor, perfecto en su caminar con Él; pensemos, cuánto nos sirve este consejo a nosotros, si hemos perdido el rumbo y quizás hemos roto nuestra relación con Dios, para volver a ser perdonados, edificados de nuevo y restaurados. El Señor siempre nos deja una puerta abierta, para cambiar nuestra vida.

Quizás este testimonio nos muestra también cómo era nuestro estado antes de creer en Jesús, “estábamos muertos en nuestros delitos y pecados”, ahogados en nuestros problemas, sin esperanzas. También describe una condición de muertos espirituales, incapacitados para responder a Dios. Por eso la muerte espiritual es un estado de rebeldía que nos separa de la única fuente de vida, Jesucristo.

Una vida pecaminosa sigue las costumbres de este mundo y está bajo la influencia de satanás. Que conduce a la desobediencia a Dios y arrastra a actividades corruptas de la humanidad como: la maldad, el crimen, las guerras, la corrupción moral, las enfermedades sociales, la destrucción, la desintegración del hogar, etc.

Pero, es Dios quien va al rescate de la humanidad con su brazo poderoso cuando dice aquí: “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó”. Menciona dos características de Dios: su misericordia y amor, atributos divinos con los cuales toma la iniciativa de perdonar, restaurar al pecador, darle una nueva oportunidad como el poder que operó para levantar a Jesús de la muerte y vivificarlo juntamente con Él.   Oración.

«Señor, qué glorioso es ser amado con un amor tan compasivo y misericordioso, que a pesar del estado anterior en que vivía y merecía sólo tu indignación, me diste otra oportunidad y por eso te alabo. Gracias por rescatarme de mi vana manera de vivir, por darme salvación y vida eterna. En Cristo Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 5 de noviembre de 2021

¿Vivimos para Cristo o para dar una buena impresión a otros?

 


¿Vivimos para Cristo o para dar una buena impresión a otros?

“Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús”. Filipenses 2.1-5

“porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”. Filipenses 2:13

Hoy deberíamos preguntarnos: ¿estamos viviendo para Cristo o para dar una buena impresión a los demás? La mayoría de las personas de este mundo se preocupan por mostrar lo que los demás quieren de ellos y no son auténticos, tratan de imitar a otros que en cierta forma se convierten en su ejemplo. Si el Señor Jesucristo viviera en este tiempo, junto a nosotros, sería el mismo de siempre como lo dice su Palabra en hebreos 13:8 “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”, Él no guardaría las apariencias, mostraría su abundante amor y compasión por las personas, no buscaría su propia satisfacción sino el bienestar de los demás. Para un mundo egoísta y carente de amor, donde la gente excusa su egoísmo, orgullo y maldad, reclamando sus derechos, Jesús no sería una persona normal.

Pablo, hoy nos llama a la unidad espiritual como la iglesia de Jesucristo que milita en este siglo XXI, somos los representantes de Cristo en este tiempo. Él es la cabeza y nosotros su cuerpo y nos dio su naturaleza divina, para manifestarlo a través de nuestras vidas.

Pablo también nos dice, que si hay algún descanso, algún consuelo de amor, alguna comunión en el Espíritu, si algún afecto entrañable, si hay alguna misericordia, compasión y ternura, es por nuestra unión con Cristo. Nos exhorta a amarnos los unos a los otros y a trabajar juntos con un mismo sentir, el sentir de Cristo.

Si no estamos experimentado descanso, consuelo, comunión, compasión y ternura, es porque no estamos permitiendo que Cristo viva a través de nosotros, Él es quien puede unificarnos para que tengamos una sola mente y un sólo corazón. A veces sucede lo contrario porque estamos llenos de soberbia, discordia y porque queremos satisfacernos a nosotros mismos sin que nos importen los demás.

Considerar a los demás como superiores a nosotros mismos, nos une al sentir de Cristo, siguiendo su ejemplo de humildad, como dice Filipenses 2:6-7 “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres”. Estuvo dispuesto a negar sus derechos por obediencia a su Padre y por amor a nosotros.

Pidamos al Señor que podamos tener una actitud cristiana de siervos para servir a los demás, que la humildad nos conduzca a la unidad y entender que el Espíritu de Dios puede producir en nosotros el querer y el hacer por su buena voluntad, por eso, mantengamos nuestra comunión con Él para poder lograrlo.    Oración.

«Señor Jesucristo, si digo que te sigo, también debo decir que anhelo vivir como tú viviste, con una actitud humilde y de servicio, lleno de amor, consuelo, misericordia y ternura por los demás. Tú, siendo Dios y un hombre perfecto, moriste por mí para que yo no tuviera que sufrir la condenación eterna, que esto me motive a darme sin reservas por amor a ti y a mi prójimo. En el nombre de Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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