domingo, 11 de marzo de 2018

NO PAGAR DEUDAS ES PECADO.


NO PAGAR DEUDAS ES PECADO.      “El impío toma prestado y no paga” Salmo 37: 21.
La Biblia nos enseña a cubrir las deudas, a regresar lo prestado, debemos pagar nuestras deudas aunque no tengamos los recursos para hacerlo y si no tenemos el dinero, debemos pedir a Dios provisión para cubrir nuestras deudas.
Porque el no regresar a otro el dinero que le pedimos prestado es despojarlo del dinero que le pertenece, y eso es un robo.

Porque el robo es un pecado vemos en la Biblia la insistencia de cubrir las deudas.

“No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.

 Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

 El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.” Romanos 13: 8 – 10.



No pagar deudas y morir sin cubrirlas, es morir en pecado e ir al infierno, aún y cuando hayas alguna vez creído en Jesús y nacido de nuevo, porque Jesús establece que otro requisito para entrar al cielo es mantenerse en obediencia a Dios.

(Romanos 13: 7 – 8).  Cristianos que contraen deudas y no las pagan, no le dan importancia a devolver el dinero que no es suyo y se lo quedan (lo cual es un robo). El no tener dinero no elimina el pecado, no cubre la deuda, si llega la muerte y se cierra el expediente con una deuda con un dinero no repuesto (con un robo), es un pecado no arrepentido.

Y cómo podría perdonar Dios a alguien que no se arrepiente de su pecado de robo, de no pagar una deuda?

Dios no perdona a quién no admite su culpabilidad y no muestra remordimiento de su pecado y no muestra genuino arrepentimiento que incluye una demostración práctica de devolver el dinero que tomó prestado.



Si tiene deudas cúbralas, si no tiene dinero para hacerlo,  pídale ayuda a Dios para cubrirlas. El que el cristiano  no tenga dinero para cubrir deudas no elimina la obligación de cubrirlas.

Si como cristiano nacido de nuevo, pediste dinero prestado, tienes deudas de dinero y estás postergando el reponer lo que tomaste prestado, si ya se pasó el tiempo en que te comprometiste a regresar el dinero, estás en falta. Si ya pasó el tiempo en que prometiste reponer lo prestado, estás incurriendo ya en un robo, tomaste algo prestado y no lo regresaste.

Si mueres de repente, en esa condición, con tu pecado de robo, mueres sin arrepentimiento de pecado, sin admitir tu culpabilidad y Dios no te puede perdonar cuando mueres en pecado no arrepentido, no confesado y en el caso de las deudas monetarias, la evidencia de arrepentimiento genuino es que repongas el dinero que tomaste prestado, si te llega la muerte en tu pecado de robo por no pagar lo prestado, Dios no te puede perdonar y vas al infierno.

Aunque le digas en aquél día a Jesús, que hiciste cosas en su nombre, porque te puede decir que no todo el que le dice Señor entra al cielo sino el que obedece al Padre Celestial, y obedecer a Dios Padre es no robar al prójimo, amar al prójimo como a uno mismo y eso implica el regresar el dinero que le tomaste prestado. (Mateo 7: 21 -23).

Vemos la historia de cómo Eliseo ayudó a que la viuda cubriera las deudas que tenía con sus acreedores cuando Dios le multiplica el aceite a la viuda para venderlo y pagar sus deudas. (2 Reyes 4: 1 – 7).

Vemos otro caso en el que Eliseo mediante el poder de Dios ayudó a un muchacho que perdió un hacha que era prestada, la cabeza de hierro del hacha cayó al río y el muchacho se preocupó pues el hacha era prestada, Eliseo hizo flotar el hierro en el agua, para) que el muchacho pudiera luego regresar el hacha prestada. (2 Reyes 6: 1 – 7)

Cuando el cristiano pone su prioridad en Dios en confiar en él y en preocuparse por reponer lo prestado, por cubrir sus deudas, Dios tiene los medios para hacerlo.
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sábado, 10 de marzo de 2018

Elías subió al cielo en un torbellino». (2 Reyes 2:11)


«Aconteció que mientras ellos iban caminando y hablando, un carro de fuego, con caballos de fuego, los apartó a los dos, y Elías subió al cielo en un torbellino». (2 Reyes 2:11)

Elías contempló grandes milagros de Dios a lo largo de toda su vida. Pero el más extraordinario sucedió al final de su paso por este mundo, ya que el Señor lo arrebató en un carro de fuego donde ascendió a los cielos en un imponente torbellino. La reforma religiosa estaba prácticamente concluida, los nuevos reyes de Siria e Israel ungidos y Eliseo, su sucesor, llevaba ya en su compañía varios años. El momento de sellar su brillante ministerio había llegado, pero no como él había pedido en Horeb deseando la muerte, sino con toda la gloria que está prometida a los fieles hijos de Dios. Allí, en la soledad de la montaña, la presencia de Dios se manifestó al abatido profeta en el silbo apacible y delicado; esta vez junto al Jordán, a la vista de su siervo Eliseo, en llama de fuego y grande tempestad, anticipando como en una miniatura el glorioso regreso de Jesús a este mundo.

La verosimilitud del hecho no ofrece lugar a dudas. Hubo un testigo que lo vio, Eliseo, y que al ser separado de Elías de tan extraordinaria manera, exclamó: «¡Padre mío, padre mío! ¡Carro de Israel y su caballería! Y nunca más lo vio» (2 Reyes 2: 12). Cincuenta hombres fuertes de los hijos de los profetas lo buscaron durante tres días por todas partes, pero fue en vano. No se volvió a ver a Elías; sin embargo, apareció siglos después en el monte de la Transfiguración junto a Moisés resucitado y a Jesús glorificado. Elías no había muerto, más bien, había sido purificado y revestido de inmortalidad por el fuego divino, arrebatado a los cielos para vivir eternamente, como Pablo dice que ocurrirá en la Segunda Venida: «Luego nosotros, los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor» (1 Tesalonicenses 4: 17).

Dios, que nunca deja las cosas sin acabar, concedió a Eliseo una doble porción del espíritu de Elías. «Cuando en su providencia el Señor ve conveniente retirar de su obra a aquellos a quienes dio sabiduría, sabe ayudar y fortalecer a sus sucesores, con tal que ellos esperen auxilio de él y anden en sus caminos.
Muy pronto tú y yo seremos trasladados como Elías al reino de los cielos.       Vive hoy con esa esperanza en tu corazón.
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viernes, 9 de marzo de 2018

Elías rogó: “Oh Jehová mi Dios,


LA VIUDA DE SAREPTA.  “HAS VENIDO [...] PARA DAR MUERTE A MI HIJO” Elías rogó: “Oh Jehová mi Dios,
Ahora bien, la fe de la viuda se puso a prueba de nuevo. “Después de estas cosas —continúa el relato— aconteció que el hijo de la mujer, el ama de la casa, enfermó, y su enfermedad llegó a ser tan grave que no quedó aliento en él.” Tratando de buscar una razón para lo ocurrido, la afligida madre le dijo a Elías: “¿Qué tengo yo que ver contigo, oh hombre del Dios verdadero? Has venido a mí para que se recuerde mi error y para dar muerte a mi hijo” (1 Rey. 17:17, 18). ¿Qué motivó esas amargas palabras?

¿Recordó quizá la viuda algún pecado que le pesaba en la conciencia? ¿Pensó que Dios la estaba castigando con la pérdida de su hijo, y que Elías era el mensajero de la muerte? La Biblia no entra en detalles, pero sí queda claro que la viuda no estaba acusando a Dios de ser injusto.

A Elías lo debió sacudir la triste muerte del hijo de la viuda, y también la idea de que su propia presencia la hubiera causado. Después de llevar el flácido cuerpo del niño a la cámara del techo, Elías rogó: “Oh Jehová mi Dios, ¿también sobre la viuda con quien estoy residiendo como forastero tienes que traer perjuicio, dando muerte a su hijo?”. El profeta no podía soportar que Dios quedara desacreditado por permitir que aquella amable y hospitalaria mujer sufriera aún más. Por eso suplicó: “Oh Jehová mi Dios, por favor, haz que el alma de este niño vuelva dentro de él” (1 Rey. 17:20, 21).

“MIRA, TU HIJO ESTÁ VIVO”
Jehová lo estaba escuchando. La viuda había alimentado al profeta, había ejercido fe. Al parecer, Dios permitió que la enfermedad del niño siguiera su curso porque sabía que lo resucitaría. Aquella resurrección —la primera de la que habla la Biblia— serviría para dar esperanza a generaciones futuras. Tras la súplica de Elías, Jehová le devolvió la vida al niño. Imaginemos la emoción de la viuda cuando Elías dijo: “Mira, tu hijo está vivo”. Ella le contestó: “Ahora, de veras, sí sé que eres un hombre de Dios, y que la palabra de Jehová en tu boca es verdadera” (1 Rey. 17:22-24).

El relato no dice nada más sobre esta viuda. Pero en vista de que Jesús hizo referencia a la buena actitud que ella demostró, podemos concluir que sirvió a Jehová hasta el fin de sus días (Luc. 4:25, 26). Su historia demuestra que Dios bendice a los que tratan bien a sus siervos (Mat. 25:34-40). También prueba que da lo necesario a quienes le son fieles, incluso en circunstancias extremadamente difíciles (Mat. 6:25-34). Además, nos muestra que Jehová quiere y puede resucitar a los muertos (Hech. 24:15). Sin duda, tenemos buenas razones para acordarnos de la viuda de Sarepta.
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jueves, 8 de marzo de 2018

ELÍAS Y LA VIUDA DE SAREPTA DE SIDÓN


ELÍAS Y LA VIUDA DE SAREPTA DE SIDÓN
“Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo: Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente. Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba”, 1 Rey. 17:8.

Es necesario conocer las palabras de Dios y sus promesas, pues son fieles porque él lo es, Dios envía a Elías a Sarepta de Sidón, y allí encuentra como Dios se lo dijo a una viuda. Dios cumple sus promesas, por su naturaleza santa, él no miente, no queda mal, no engaña, ni crea falsas expectativas, puedes confiar plenamente en él.

Dios tiene planeado un gran milagro, pero requiere la obediencia de Elías y la acción obediente de la viuda, ambos oyen a Dios, ambos deben obedecer a Dios: Elías debe ir a Sarepta de Sidón y la viuda debe alimentarlo.




Ante las dificultades pueden aparecer los temores, 1 rey. 17:12 (“Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir”). El temor trae frustración y alejamiento de Dios, veamos:

1)   Ella esperaba lo peor, la muerte de ella y de su hijo.
2)   Estaba enfocada en lo poco que tenía.
3)   El temor nos roba la fuerza, el entusiasmo y la confianza.
4)   El temor nos aleja del poder de Dios.
5)   La fe es la certeza de que Dios hará, el miedo es la certeza de la catástrofe que vendrá.

Dios quiere reemplazar el temor por la fe en Jesucristo, 1 Rey. 17:13-14 (“Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta… Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá,  hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra”). Una frase muy usada por Dios la cita aquí Elías: “No tengas temor”. La fe implica avanzar en la Palabra de Dios aunque a veces suene ilógico.


Es interesante que el lugar era Sarepta de Sidón, la palabra Sidón significa: caza, pesca, venado o carne de venado, es decir era un lugar de abundante fauna y flora, pero ahora por la sequía no había nada, a veces así pasa en nuestra vida. Y entramos en un proceso de Dios, de hecho el nombre Sarepta significa: taller del orfebre, entonces es el lugar y tiempo donde Dios moldea nuestro carácter, como el orfebre moldea el oro para darle la forma que él quiere. 

La fe en Dios siempre triunfará, 1 rey. 17:15 (“Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días. Y la harina de la tinaja no escaseó,  ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías.”).

A pesar de todo, ella actuó en fe. Recordemos que: era una mujer viuda, estaban en medio de una sequía terrible, un puñado de harina y un poco de aceite era lo último que tenía y el vrs. 15 dice: “ella fue e hizo como le dijo Elías”. Y Dios cumplió su promesa, ellos fueron testigos de un milagro.

La sequía duró tres años y medio, y en la casa de la viuda, Elías estuvo dos años aprox. Cada mañana cuando ella llegaba a la cocina, allí estaba el aceite y la harina, allí estaba Dios cuidando de su siervo Elías, cuidando de la viuda y de su hijo. No importa si hay sequía, si la economía mundial se balancea de un lado a otro, miremos a Cristo, nuestro proveedor, él es quien nos sustenta, caminemos en su palabra, en sus principios, dale a Dios el lugar que le corresponde, y él actuará a tu favor, como lo hizo con Elías y la viuda de sarepta de Sidón.

Reflexión final: Dios protege a sus hijos, los bendice cada día, envía la provisión sobre sus familias, cumple sus promesas, Dios tiene cuidado de sus hijos, y él espera que sus hijos tengan cuidado de Su Palabra.
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miércoles, 7 de marzo de 2018

Hebreos 2:1-4.


Hebreos 2:1-4. EL DESVÍO ES INFINITAMENTE PELIGROSO
El desvío es infinitamente peligroso. ¡Oh, si pudiera despertarles para que estuvieran alegremente vigilantes, al vivir la vida cristiana, al mirar a Jesús, y al considerar a Jesús, y al escuchar a Jesús! Su yugo es fácil y su carga es ligera, tan fácil como escuchar, y tan ligera como mirar. Pero si descuidamos esta salvación tan grande, y nos deslizamos hacia el amor por otras cosas, entonces no escaparemos. Pereceremos. La marca característica del verdadero hijo de Dios es que no se desvía mucho tiempo. Si usted está desviado en esta mañana, una de las características de esperanza, de que ha nacido de nuevo, es que siente remordimientos a causa de lo que hemos hablado, siente un deseo cada vez más fuerte en su corazón de volver sus ojos hacia Jesús, y considerarle, y escucharle en los días y meses y años que vienen. Y una de las señales de que no ha nacido de nuevo es que escucha lo que digo y no siente deseos de cuidarse del desvío.

El argumento en el versículo 2 sobre por qué no escaparemos si nos desviamos y descuidamos nuestra gran salvación es que: "la palabra hablada por medio de ángeles resultó ser inmutable, y toda transgresión y desobediencia recibió una justa retribución". En otras palabras, en el Antiguo Testamento, Dios no había hablado todavía directamente mediante su Hijo en la Tierra. Habló mediante intermediarios y mensajeros. Hebreos dice que los ángeles estuvieron involucrados en la revelación de la Palabra de Dios. Sin embargo, la firmeza de esta Palabra mediada era tan grande que todo descuido y rechazo fue castigable con una justa retribución.

Ahora llegó alguien mucho mayor. Dios no nos habló mediante ángeles, sino directamente, sin mediador, a través del Hijo. Dios mismo se levantó desde el cielo en Jesús y habló una gran salvación con sus labios y su vida y su muerte. Ahora, dice este escritor, si descuidamos esta gran Palabra, somos mucho más culpables que el pueblo del Antiguo Testamento que desobedeció la Palabra de Dios dada mediante ángeles, y por tanto no escaparemos.

Así, como siempre ocurre en la Biblia, y en este libro, Dios nos da, por su gracia, incentivos positivos y negativos para que aceptemos nuestra gran salvación y para que escuchemos al gran Salvador. Negativamente, dice que pereceremos si nos desviamos de la Palabra de Dios y descuidamos nuestra gran salvación. Positivamente, dice que esta Palabra es tal que, ¿cómo pudiera haber alguien que no quisiera escucharla y meditar en ella y vivir en esta Palabra: Jesús, el Creador de todas las cosas, el que sostiene todas las cosas desde la diestra de la majestad, y el purificador de todos nuestros pecados? ¿Cómo pudiera usted no querer prestar atención a esta Palabra y considerarle y poner sus ojos sobre él?
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martes, 6 de marzo de 2018

El Llamado de Gedeón. Jueces. 6.


El Llamado de Gedeón. Jueces. 6.
Cuando los seres humanos hacemos las cosas bien por lo general siempre tratamos de que todo el mundo lo sepa, pero la verdad es que no siempre las cosas nos salen bien hay ocasiones donde hacemos las cosas mal y esto nos hace sentir como prisioneros. V 1 “Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová los entregó en mano de Madián por siete años”
Los temores nos llevan a meternos a cada uno en una cueva. V 2 “Y la mano de Madián prevaleció contra Israel. Y los hijos de Israel, por causa de los madianitas, se hicieron cuevas en los montes, y cavernas, y lugares fortificados.”
Que cueva utilizas tú para evadir la responsabilidad de enfrentar a los problemas. Algunos ante los problemas con la pareja prefieren enmudecer, huir de la casa y hasta renegar de Dios.
Las personas que no se atreven a salir de su cueva siempre permiten que los demás los destruyan, con sus comentarios, con la indiferencia. Etc.  V 4 “Y acampando contra ellos destruían los frutos de la tierra, hasta llegar a Gaza; y no dejaban qué comer en Israel, ni ovejas, ni bueyes, ni asnos.”
Cada vez que huyes de los problemas ellos en lugar de mermar crecen de manera innumerable. V 5 “Porque subían ellos y sus ganados, y venían con sus tiendas en grande multitud como langostas; ellos y sus camellos eran innumerables; así venían a la tierra para devastarla.”
Cuando una persona deja de luchar o deja que los temores lo invadan empieza un proceso de empobrecimiento y no solo en lo económico, el empobrecimiento es en todas sus áreas. En lo cultural, en lo moral, en lo emocional y hasta en lo espiritual, cada día en lugar de avanzar va en retroceso. Hay cristianos que por los años que dicen haber recibido a cristo ya deberían ser maestros pero cada día van peor. Hebreos 5: 12 “Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.”
Gedeón estaba hecho para lograr grandes cosas al igual que tú. Como lograrlo:
1. No temer. Tener miedo es normal lo que no es normal es dejarse dominar por el miedo, el  miedo paraliza. V 10 “y os dije: Yo soy Jehová vuestro Dios; no temáis a los dioses de los amorreos, en cuya tierra habitáis; pero no habéis obedecido a mi voz”
2. Cambiar la manera de pensar. La inutilidad y la mediocridad de una persona se generan en su mente. V 12 “Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente” Dios nos enseña que hay que llamar lo que no es como si fuera. Romanos 4: 17 “(como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen.” El débil debe aprender a declarar que es fuerte. Joel 3: 10 “Forjad espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces; diga el débil: Fuerte soy.”
3. No sentirse rechazado por Dios. Y por los demás, hay personas que sus complejos les hace creer que nadie la quiere. V 13 “Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas? que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas”
4. No menospreciarse ante los demás. Tu eres capaz lo único que necesitas es atreverte hacer las cosas. V 15 “Entonces le respondió: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre.”
5. Con lo que Dios te ha dado es más que suficiente para triunfar, no envidies lo que los demás tienen. V 14 “Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo?”
6. Cree que siempre Dios está contigo, no le creas al diablo cuando te dice que estas solo, tu nunca estas solo. V 16 “Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre.”
7. Supera el miedo esfuérzate y podrás lograrlo. V 27 “Entonces Gedeón tomó diez hombres de sus siervos, e hizo como Jehová le dijo. Más temiendo hacerlo de día, por la familia de su padre y por los hombres de la ciudad, lo hizo de noche.” busca un momento apropiado para hacerlo pero nunca renuncies a lo que tienes que hacer.
Tú solo inténtalo el resto y lo más difícil lo hace Dios, es el espíritu santo el que convence y da gracia. V 34 “Entonces el Espíritu de Jehová vino sobre Gedeón, y cuando éste tocó el cuerno, los abiezeritas se reunieron con él”
Dios no hace basura tu eres un tesoro precioso, tu eres capaz solo inténtalo y si fallas no importa vuelve a intentarlo. No es más hombre aquel que nunca cae, lo que verdaderamente distingue a un hombre es cuando sabe levantarse con dignidad las veces que  cae.
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lunes, 5 de marzo de 2018

La adversidad significa avance


 La adversidad significa avance   
Lea: Filipenses 1:12-15       


         
         
Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han contribuido más bien al progreso del evangelio. (Filipenses 1:12)                  


Pablo está en la cárcel en Roma, escribiéndoles a sus amigos que están al otro lado del mar en la lejanía en Filipos. Manifiesta una reacción que inevitablemente causa que el mundo se ponga en guardia y preste atención. Comprendió que la adversidad significa avance. La manifestación de este tipo de actitud es una prueba de la madurez cristiana. El cristiano que ha conocido bien al Dios de lo imposible al que sirve, sabe que, aunque haya una apariencia de derrota, Dios todavía es capaz de obrar. Tal cristiano ha comenzado a crecer en el Señor. Reconoce que en Dios los obstáculos son realmente oportunidades, y no hay nada que pueda realmente impedir el evangelio. Esa es una declaración asombrosa cuando lo piensas. Nada que tiene la intención de derrotar jamás trae derrota, que Dios obra a Su manera a pesar de los obstáculos, y todos los obstáculos sirven al final para extender la fe cristiana.


Esa es la gloriosa señal del cristianismo que lo ha hecho una fuerza invencible a través de todos los siglos. Aquí está Pablo, bajo arresto, encadenado día y noche a un soldado romano, incapaz de dejar la casa o la ciudad de Roma. Imagínate lo que esto debió de representar al espíritu inquieto y sobrecargado de este hombre. Dios lo había mandado bajo Su comisión que había de llevarle hasta los finales de la tierra.

Debería de haber sido fácil para Pablo estar desalentado. No cabe duda de que fue tentado muchas veces a tener pena de sí mismo y a preguntarse por qué Dios permitiría que este tipo de cosa le ocurriera cuando todo lo que estaba intentando hacer era cumplir la voluntad de Dios. ¿Alguna vez te sientes así? Debió de ser fácil para él sentirse fastidiado bajo estas circunstancias al pasar mes tras mes en esta situación y no parecer haber cambio alguno. Pero al leer las cartas que vienen de él durante esos días, no hay ni una sola palabra de queja. En lugar de eso hay un maravilloso espíritu de victoria y una expresión de confianza. ¿Por qué? Cuando se sintió tentado, sin duda recurrió en lo que sabía sobre su Dios. En otras palabras, frente a la tentación a inquietarse y fastidiarse, creyó a Dios.

Anteriormente había escrito a estos mismos cristianos romanos con quienes se estaba reuniendo ahora: “Todas las cosas los ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28b). ¡Él creyó esto! Aunque la hora inmediata no trajera alivio, creyó en Él, y en esa confianza podía ver que incluso aquellas cosas que parecían estar en contra de él estaban ayudando los propósitos de Dios.

Padre, te pido que reconozca que la confianza no viene por algún esfuerzo para convencerme a mí mismo ―algunos batallan por pensar de forma positiva― pero desde una tranquilidad que descansa sobre un hecho que no cambia: que Jesucristo vive Su vida en mí, y que Él es más que capaz de enfrentarse a cualquier situación. Sea que yo mire a Él y aprenda a regocijarme en Su victoria.




Aplicación a la vida

Los amigos de Pablo ansiosamente esperaban noticias de él, pero el enfoque de las cartas del apóstol no era en su encarcelamiento pero en el propósito invicto de Dios, que obra para cumplir Su voluntad en cada circunstancia. ¿Estamos aprendiendo a confiar en los caminos y medios de Dios para que otros sean animados por nuestra confianza en Él?
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