Nuestra misión
Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo.
2 Corintios 5:19
Dios amó a un mundo perdido y procuró ganar a los pecadores para sí para su propia gloria. Cristo vino al mundo por amor y procuró ganar a los pecadores para la gloria del Padre. Como creyentes, también nosotros debemos ir al mundo con amor y procurar ganar a los perdidos para la gloria de Dios. Así que nuestra misión es igual que la de Dios.
Somos una extensión del ministerio de Dios el Padre y del Hijo al recibir gloria por la salvación de los perdidos pecadores. Jesús dij "Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo" (Jn. 17:18). "Así como" expresa intención. Así como el Padre envió al Hijo al mundo irredento, así el Hijo ha enviado a los creyentes. ¡Lo maravilloso es que tenemos el privilegio de participar en la misión de Jesucristo para un mundo perdido! El previo requisito del éxito
Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.
Lucas 19:10
S. D. Gordon escribió un libro intitulado Quiet Talks with World Winners (Conversaciones silenciosas con los ganadores del mundo). En ese libro cuenta la historia de un grupo de personas que se preparaban para escalar el Monte Blanco en los Alpes Suizos. Los guías explicaron que, debido a lo difícil del ascenso, cada persona debía llevar consigo únicamente el equipo necesario para escalar, dejando atrás todas las pertenencias personales.
Un joven inglés no hizo caso al consejo y llevó consigo varias cosas, pero en el camino hacia la cumbre, las fue dejando atrás, una a una. Por último, cuando alcanzó la cumbre, lo había tirado todo menos el equipo esencial.
S. D. Gordon aplicó eso a la vida cristiana: "Muchos de nosotros, cuando nos damos cuenta de que no podemos alcanzar la cumbre con nuestras cargas, dejamos de subir, y levantamos en la llanura nuestras tiendas, y nos quedamos con nuestros planes y nuestras pertenencias insignificantes. La llanura parece estar llena de muchas tiendas" (55). Lo que todos debemos preguntarnos es: ¿Están mis pertenencias personales impidiéndome cumplir la misión que Dios me ha dado?
domingo, 14 de marzo de 2010
sábado, 13 de marzo de 2010
Mateo 22
Mateo 22 -
CAPÍTULO 22
Versículos 1-14. La parábola de la fiesta de bodas. 15-22. Los fariseos preguntan a Jesús sobre el impuesto. 23-33. La pregunta de los saduceos sobre la resurrección. 34-40. La esencia de los mandamientos. 41-46. Jesús interroga a los fariseos.
Vv. 1-14.La provisión hecha para las almas perecederas en el evangelio, está representada por una fiesta real hecha por un rey, con prodigalidad oriental, en ocasión del matrimonio de su hijo. Nuestro Dios misericordioso no sólo ha provisto el alimento, sino un festejo real para las almas que perecen de sus rebeldes criaturas. En la salvación de su Hijo Jesucristo hay suficiente y de sobra de todo lo que se pueda agregar a nuestro consuelo presente y dicha eterna.
Los primeros invitados fueron los judíos. Cuando los profetas del Antiguo Testamento no prevalecieron, ni Juan el Bautista, ni el mismo Cristo, que les dijo que el reino de Dios estaba cerca, fueron enviados los apóstoles y ministros del evangelio, después de la resurrección de Cristo, a decirles que iba a venir y persuadirlos para que aceptaran la oferta. La razón del por qué los pecadores no van a Cristo y a la salvación por Él no es que no puedan, sino que no quieren. Tomarse a la ligera a Cristo y la gran salvación obrada por Él, es el pecado que condena al mundo. Ellos fueron indiferentes. Las multitudes perecen para siempre por pura indiferencia sin mostrar aversión directa, pero son negligentes acerca de sus almas. Además, las actividades y el provecho de las ocupaciones mundanas estorban a muchos para cerrar trato con el Salvador. Campesinos y mercaderes deben ser diligentes, pero cualquiera sea la cosa del mundo que tengamos en nuestras manos, debemos poner cuidado en mantenerla fuera de nuestros corazones, no sea que se interponga entre nosotros y Cristo.
La extrema ruina sobrevenida a la iglesia y a la nación judía está representada aquí. La persecución de los fieles ministros de Cristo llena la medida de la culpa de todo pueblo. No se esperaba la oferta de Cristo y la salvación de los gentiles; fue tanta sorpresa como sería que se invitara a una fiesta de boda real al caminante. El designio del evangelio es recoger almas para Cristo; a todos los hijos de Dios esparcidos por todos lados, Juan x, 16; xi, 52.
El ejemplo de los hipócritas está representado por el invitado que no tenía traje de boda. Nos concierne a todos prepararnos para el juicio; y los que, y sólo los que se vistan del Señor Jesús, que tengan el temperamento mental cristiano, que vivan por fe en Cristo y para quienes Él es el todo en todo, tienen la vestimenta para la boda. La justicia de Cristo que nos es imputada y la santificación del Espíritu son, ambas, por igual necesarias. Nadie tiene el ropaje de boda por naturaleza ni puede hacérselo por sí mismo. Llega el día en que los hipócritas serán llamados a rendir cuentas de todas sus intrusiones presuntuosas en las ordenanzas del evangelio y de la usurpación de los privilegios del evangelio. Echadlo a las tinieblas de afuera. Los que andan en forma indigna del cristianismo, abandonan toda la dicha que proclaman presuntuosamente.
Nuestro Salvador pasa aquí desde la parábola a su enseñanza. Los hipócritas andan a la luz del evangelio mismo camino a la extrema oscuridad. Muchos son llamados a la fiesta de boda, esto es, a la salvación, pero pocos tienen el ropaje de la boda, la justicia de Cristo, la santificación del Espíritu. Entonces, examinémonos si estamos en la fe y procuremos ser aprobados por el Rey.
Vv. 15-22.Los fariseos enviaron sus discípulos a los herodianos, un partido de los judíos, que apoyaba la sumisión total al emperador romano. Aunque eran contrarios entre sí, se unieron contra Cristo. Lo que dijeron de Cristo estaban bien; sea que lo supieran o no, bendito sea Dios que nosotros lo sabemos. Jesucristo fue un maestro fiel, uno que reprueba directamente.
Cristo vio su iniquidad. Cualquiera sea la máscara que se ponga el hipócrita, nuestro Señor Jesús ve a través de ella. Cristo no intervino como juez en materias de esta naturaleza, porque su reino no es de este mundo, pero insta a sujetarse pacíficamente a los poderes que hay. Reprobó a sus adversarios y enseñó a sus discípulos que la religión cristiana no es enemiga del gobierno civil.
Cristo es y será la maravilla no sólo de sus amigos, sino de sus enemigos. Ellos admiran su sabiduría, pero no serán guiados por ella, y su poder, pero no se someterán.
Vv. 23-33.Las doctrinas de Cristo desagradan a los infieles saduceos y a los fariseos y herodianos. Él lleva las grandes verdades de la resurrección y el estado futuro más allá de lo que se había revelado hasta entonces. No hay modo de deducir del estado de cosas en este mundo lo que acontecerá en el más allá. La verdad sea puesta a la luz clara y se manifieste con toda su fuerza. Habiéndolos silenciado de este modo, nuestro Señor procedió a mostrar la verdad de la doctrina de la resurrección a partir de los libros de Moisés. Dios le declaró a Moisés que era el Dios de los patriarcas que habían muerto hacía mucho tiempo; esto demuestra que ellos estaban entonces en un estado del ser capaz de disfrutar su favor y prueba que la doctrina de la resurrección es claramente enseñada en el Antiguo Testamento y en el Nuevo. Pero esta doctrina estaba reservada para una revelación más plena después de la resurrección de Cristo, primicia de los que durmieron. Todos los errores surgen de no conocer las Escrituras y el poder de Dios.
En este mundo la muerte se lleva a uno tras otro y así, termina con todas las esperanzas, los goces, las penas y las relaciones terrenales. ¡Qué desgraciados son los que no esperan nada mejor más allá de la tumba!
Vv. 34-40.Un intérprete de la ley preguntó algo a nuestro Señor para probar no tanto su conocimiento como su juicio. El amor de Dios es el primer y gran mandamiento, y el resumen de todos los mandamientos de la primera tabla. Nuestro amor por Dios debe ser sincero, no sólo de palabra y lengua. Todo nuestro amor es poco para dárselo, por tanto todos los poderes del alma deben comprometerse con Él y ejecutados para Él.
Amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos es el segundo gran mandamiento. Hay un amor propio que es corrompido y raíz de los pecados más grandes y debe ser dejado y mortificado; pero hay un amor propio que es la regla del deber más grande: hemos de tener el debido interés por el bienestar de nuestra alma y nuestro cuerpo. Debemos amar a nuestro prójimo tan verdadera y sinceramente como nos amamos a nosotros mismos; en muchos casos debemos negarnos a nosotros por el bien del prójimo. Por estos dos mandamientos moldeen, nuestro corazón.
Vv. 41-46.Cuando Cristo dejó perplejos a sus enemigos, preguntó qué pensaban del Mesías prometido. ¿Cómo podía Él ser el Hijo de David y, sin embargo, ser su Señor? Cita el Salmo cx, 1. Si el Cristo iba a ser un simple hombre, que sólo existiría mucho tiempo después de la muerte de David, ¿cómo podía su antepasado tratarlo de Señor? Los fariseos no pudieron contestar eso. Ni tampoco resolver la dificultad, a menos que reconozcan que el Mesías sea el Hijo de Dios y el Señor de David igualmente que el Padre. Él tomó nuestra naturaleza humana y, así, se manifestó Dios en la carne; en este sentido es el Hijo del hombre y el Hijo de David.
Nos conviene sobre todo indagar seriamente: “¿qué pensamos de Cristo?”¿Es Él completamente glorioso a nuestros ojos y precioso a nuestros corazones? Que Cristo sea nuestro gozo, nuestra confianza, nuestro todo. Que diariamente seamos hechos más como Él, y más dedicados a su servicio.
CAPÍTULO 22
Versículos 1-14. La parábola de la fiesta de bodas. 15-22. Los fariseos preguntan a Jesús sobre el impuesto. 23-33. La pregunta de los saduceos sobre la resurrección. 34-40. La esencia de los mandamientos. 41-46. Jesús interroga a los fariseos.
Vv. 1-14.La provisión hecha para las almas perecederas en el evangelio, está representada por una fiesta real hecha por un rey, con prodigalidad oriental, en ocasión del matrimonio de su hijo. Nuestro Dios misericordioso no sólo ha provisto el alimento, sino un festejo real para las almas que perecen de sus rebeldes criaturas. En la salvación de su Hijo Jesucristo hay suficiente y de sobra de todo lo que se pueda agregar a nuestro consuelo presente y dicha eterna.
Los primeros invitados fueron los judíos. Cuando los profetas del Antiguo Testamento no prevalecieron, ni Juan el Bautista, ni el mismo Cristo, que les dijo que el reino de Dios estaba cerca, fueron enviados los apóstoles y ministros del evangelio, después de la resurrección de Cristo, a decirles que iba a venir y persuadirlos para que aceptaran la oferta. La razón del por qué los pecadores no van a Cristo y a la salvación por Él no es que no puedan, sino que no quieren. Tomarse a la ligera a Cristo y la gran salvación obrada por Él, es el pecado que condena al mundo. Ellos fueron indiferentes. Las multitudes perecen para siempre por pura indiferencia sin mostrar aversión directa, pero son negligentes acerca de sus almas. Además, las actividades y el provecho de las ocupaciones mundanas estorban a muchos para cerrar trato con el Salvador. Campesinos y mercaderes deben ser diligentes, pero cualquiera sea la cosa del mundo que tengamos en nuestras manos, debemos poner cuidado en mantenerla fuera de nuestros corazones, no sea que se interponga entre nosotros y Cristo.
La extrema ruina sobrevenida a la iglesia y a la nación judía está representada aquí. La persecución de los fieles ministros de Cristo llena la medida de la culpa de todo pueblo. No se esperaba la oferta de Cristo y la salvación de los gentiles; fue tanta sorpresa como sería que se invitara a una fiesta de boda real al caminante. El designio del evangelio es recoger almas para Cristo; a todos los hijos de Dios esparcidos por todos lados, Juan x, 16; xi, 52.
El ejemplo de los hipócritas está representado por el invitado que no tenía traje de boda. Nos concierne a todos prepararnos para el juicio; y los que, y sólo los que se vistan del Señor Jesús, que tengan el temperamento mental cristiano, que vivan por fe en Cristo y para quienes Él es el todo en todo, tienen la vestimenta para la boda. La justicia de Cristo que nos es imputada y la santificación del Espíritu son, ambas, por igual necesarias. Nadie tiene el ropaje de boda por naturaleza ni puede hacérselo por sí mismo. Llega el día en que los hipócritas serán llamados a rendir cuentas de todas sus intrusiones presuntuosas en las ordenanzas del evangelio y de la usurpación de los privilegios del evangelio. Echadlo a las tinieblas de afuera. Los que andan en forma indigna del cristianismo, abandonan toda la dicha que proclaman presuntuosamente.
Nuestro Salvador pasa aquí desde la parábola a su enseñanza. Los hipócritas andan a la luz del evangelio mismo camino a la extrema oscuridad. Muchos son llamados a la fiesta de boda, esto es, a la salvación, pero pocos tienen el ropaje de la boda, la justicia de Cristo, la santificación del Espíritu. Entonces, examinémonos si estamos en la fe y procuremos ser aprobados por el Rey.
Vv. 15-22.Los fariseos enviaron sus discípulos a los herodianos, un partido de los judíos, que apoyaba la sumisión total al emperador romano. Aunque eran contrarios entre sí, se unieron contra Cristo. Lo que dijeron de Cristo estaban bien; sea que lo supieran o no, bendito sea Dios que nosotros lo sabemos. Jesucristo fue un maestro fiel, uno que reprueba directamente.
Cristo vio su iniquidad. Cualquiera sea la máscara que se ponga el hipócrita, nuestro Señor Jesús ve a través de ella. Cristo no intervino como juez en materias de esta naturaleza, porque su reino no es de este mundo, pero insta a sujetarse pacíficamente a los poderes que hay. Reprobó a sus adversarios y enseñó a sus discípulos que la religión cristiana no es enemiga del gobierno civil.
Cristo es y será la maravilla no sólo de sus amigos, sino de sus enemigos. Ellos admiran su sabiduría, pero no serán guiados por ella, y su poder, pero no se someterán.
Vv. 23-33.Las doctrinas de Cristo desagradan a los infieles saduceos y a los fariseos y herodianos. Él lleva las grandes verdades de la resurrección y el estado futuro más allá de lo que se había revelado hasta entonces. No hay modo de deducir del estado de cosas en este mundo lo que acontecerá en el más allá. La verdad sea puesta a la luz clara y se manifieste con toda su fuerza. Habiéndolos silenciado de este modo, nuestro Señor procedió a mostrar la verdad de la doctrina de la resurrección a partir de los libros de Moisés. Dios le declaró a Moisés que era el Dios de los patriarcas que habían muerto hacía mucho tiempo; esto demuestra que ellos estaban entonces en un estado del ser capaz de disfrutar su favor y prueba que la doctrina de la resurrección es claramente enseñada en el Antiguo Testamento y en el Nuevo. Pero esta doctrina estaba reservada para una revelación más plena después de la resurrección de Cristo, primicia de los que durmieron. Todos los errores surgen de no conocer las Escrituras y el poder de Dios.
En este mundo la muerte se lleva a uno tras otro y así, termina con todas las esperanzas, los goces, las penas y las relaciones terrenales. ¡Qué desgraciados son los que no esperan nada mejor más allá de la tumba!
Vv. 34-40.Un intérprete de la ley preguntó algo a nuestro Señor para probar no tanto su conocimiento como su juicio. El amor de Dios es el primer y gran mandamiento, y el resumen de todos los mandamientos de la primera tabla. Nuestro amor por Dios debe ser sincero, no sólo de palabra y lengua. Todo nuestro amor es poco para dárselo, por tanto todos los poderes del alma deben comprometerse con Él y ejecutados para Él.
Amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos es el segundo gran mandamiento. Hay un amor propio que es corrompido y raíz de los pecados más grandes y debe ser dejado y mortificado; pero hay un amor propio que es la regla del deber más grande: hemos de tener el debido interés por el bienestar de nuestra alma y nuestro cuerpo. Debemos amar a nuestro prójimo tan verdadera y sinceramente como nos amamos a nosotros mismos; en muchos casos debemos negarnos a nosotros por el bien del prójimo. Por estos dos mandamientos moldeen, nuestro corazón.
Vv. 41-46.Cuando Cristo dejó perplejos a sus enemigos, preguntó qué pensaban del Mesías prometido. ¿Cómo podía Él ser el Hijo de David y, sin embargo, ser su Señor? Cita el Salmo cx, 1. Si el Cristo iba a ser un simple hombre, que sólo existiría mucho tiempo después de la muerte de David, ¿cómo podía su antepasado tratarlo de Señor? Los fariseos no pudieron contestar eso. Ni tampoco resolver la dificultad, a menos que reconozcan que el Mesías sea el Hijo de Dios y el Señor de David igualmente que el Padre. Él tomó nuestra naturaleza humana y, así, se manifestó Dios en la carne; en este sentido es el Hijo del hombre y el Hijo de David.
Nos conviene sobre todo indagar seriamente: “¿qué pensamos de Cristo?”¿Es Él completamente glorioso a nuestros ojos y precioso a nuestros corazones? Que Cristo sea nuestro gozo, nuestra confianza, nuestro todo. Que diariamente seamos hechos más como Él, y más dedicados a su servicio.
viernes, 12 de marzo de 2010
Exodus 33
Exodus 33 -
CAPÍTULO 33
Versículos 1-6. El Señor rehusa ir con Israel. 7-11. El tabernáculo de Moisés es sacado fuera del campamento. 12-23. Moisés desea ver la gloria de Dios.
Vv. 1-6.A quienes Dios perdona, hay que hacerles saber lo que merecía su pecado. “Que ellos se vayan solos”expresaba en gran medida el desagrado de Dios. Aunque Él promete cumplir el pacto con Abraham dándoles Canaán, les niega las señales de su presencia con que habían sido bendecidos.
El pueblo lloró por su pecado. De todos los frutos y amargas consecuencias del pecado, lo que los verdaderos arrepentidos lamentan y temen más es que Dios se aparte de ellos. La mismísima Canaán no sería una tierra agradable sin la presencia del Señor. Los que se fueron ataviados para mantener el pecado no pudieron hacer otra cosa que quitarse los atavíos como señal de pesar y vergüenza por el pecado.
Vv. 7-11.Moisés tomó el tabernáculo y lo levantó fuera del campamento. Parece haber sido un edificio temporal, armado para el culto, y en el cual él juzgaba las disputas de la gente. El pueblo miraba en pos de Moisés; tenían muchos deseos de estar en paz con Dios y les interesaba saber lo que sucedería.
La columna de nube que se había apartado del campamento cuando fue contaminado por la idolatría, ahora regresó. Si nuestro corazón sale al encuentro de Dios, Él vendrá misericordiosamente a nuestro encuentro.
Vv. 12-23.Moisés es muy honesto con Dios. Así, la intercesión de Cristo, no sólo nos salva de la ruina, además adquirimos el derecho a la eterna bienaventuranza.
Observe aquí cómo él argumenta . Nosotros hallamos gracia a ojos de Dios si encontramos gracia en nuestros corazones para guiarnos y apurarnos en el camino de nuestro deber. Moisés habla como quien teme la idea de seguir adelante sin la presencia del Señor. Las promesas de la gracia de Dios y su misericordia para con nosotros, no sólo deben alentar nuestra fe, además deben estimular nuestro fervor para orar. Observe cómo él presiona . Véase, en un tipo, la intercesión de Cristo, a la que siempre da vida para interceder en favor de todo aquello que venga a Dios por Él; y que no es por ninguna cosa que haya a favor en aquellos por los cuales Él intercede.
Moisés pide ver la gloria de Dios y también en eso es escuchado. La visión completa de la gloria de Dios, abrumaría aun al mismo Moisés. El hombre es malo e indigno de ello; débil y no puede soportarlo; culpable y no podría sino temerlo. La revelación misericordiosa que se hace en Cristo Jesús es lo único que podemos tolerar.
El Señor concedió lo que lo satisfaría abundantemente. La bondad de Dios es su gloria; y Él hará que le conozcamos por la gloria de su misericordia, más que por la gloria de su majestad.
Sobre la roca había un lugar adecuado para que Moisés viera la bondad y la gloria de Dios. La peña de Horeb era un tipo de Cristo, la Roca de refugio, salvación y fuerza. Dichosos los que están sobre esta Roca.
La hendidura puede ser un emblema de Cristo, como partido, crucificado, herido y muerto.
Lo que sigue denota el imperfecto conocimiento de Dios en el estado presente, aun según se revela en Cristo; porque esto, comparado con la visión celestial de Él, solo es como ver a un hombre que pasó, cuya espalda es lo único que puede verse. Dios en Cristo, como Él es, en las manifestaciones más plenas y brillantes de su gloria, gracia y bondad están reservadas para otro estado.
CAPÍTULO 33
Versículos 1-6. El Señor rehusa ir con Israel. 7-11. El tabernáculo de Moisés es sacado fuera del campamento. 12-23. Moisés desea ver la gloria de Dios.
Vv. 1-6.A quienes Dios perdona, hay que hacerles saber lo que merecía su pecado. “Que ellos se vayan solos”expresaba en gran medida el desagrado de Dios. Aunque Él promete cumplir el pacto con Abraham dándoles Canaán, les niega las señales de su presencia con que habían sido bendecidos.
El pueblo lloró por su pecado. De todos los frutos y amargas consecuencias del pecado, lo que los verdaderos arrepentidos lamentan y temen más es que Dios se aparte de ellos. La mismísima Canaán no sería una tierra agradable sin la presencia del Señor. Los que se fueron ataviados para mantener el pecado no pudieron hacer otra cosa que quitarse los atavíos como señal de pesar y vergüenza por el pecado.
Vv. 7-11.Moisés tomó el tabernáculo y lo levantó fuera del campamento. Parece haber sido un edificio temporal, armado para el culto, y en el cual él juzgaba las disputas de la gente. El pueblo miraba en pos de Moisés; tenían muchos deseos de estar en paz con Dios y les interesaba saber lo que sucedería.
La columna de nube que se había apartado del campamento cuando fue contaminado por la idolatría, ahora regresó. Si nuestro corazón sale al encuentro de Dios, Él vendrá misericordiosamente a nuestro encuentro.
Vv. 12-23.Moisés es muy honesto con Dios. Así, la intercesión de Cristo, no sólo nos salva de la ruina, además adquirimos el derecho a la eterna bienaventuranza.
Observe aquí cómo él argumenta . Nosotros hallamos gracia a ojos de Dios si encontramos gracia en nuestros corazones para guiarnos y apurarnos en el camino de nuestro deber. Moisés habla como quien teme la idea de seguir adelante sin la presencia del Señor. Las promesas de la gracia de Dios y su misericordia para con nosotros, no sólo deben alentar nuestra fe, además deben estimular nuestro fervor para orar. Observe cómo él presiona . Véase, en un tipo, la intercesión de Cristo, a la que siempre da vida para interceder en favor de todo aquello que venga a Dios por Él; y que no es por ninguna cosa que haya a favor en aquellos por los cuales Él intercede.
Moisés pide ver la gloria de Dios y también en eso es escuchado. La visión completa de la gloria de Dios, abrumaría aun al mismo Moisés. El hombre es malo e indigno de ello; débil y no puede soportarlo; culpable y no podría sino temerlo. La revelación misericordiosa que se hace en Cristo Jesús es lo único que podemos tolerar.
El Señor concedió lo que lo satisfaría abundantemente. La bondad de Dios es su gloria; y Él hará que le conozcamos por la gloria de su misericordia, más que por la gloria de su majestad.
Sobre la roca había un lugar adecuado para que Moisés viera la bondad y la gloria de Dios. La peña de Horeb era un tipo de Cristo, la Roca de refugio, salvación y fuerza. Dichosos los que están sobre esta Roca.
La hendidura puede ser un emblema de Cristo, como partido, crucificado, herido y muerto.
Lo que sigue denota el imperfecto conocimiento de Dios en el estado presente, aun según se revela en Cristo; porque esto, comparado con la visión celestial de Él, solo es como ver a un hombre que pasó, cuya espalda es lo único que puede verse. Dios en Cristo, como Él es, en las manifestaciones más plenas y brillantes de su gloria, gracia y bondad están reservadas para otro estado.
jueves, 11 de marzo de 2010
La emoción de la gracia
La emoción de la gracia
Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.
Juan 1:16
¿Es la experiencia de la gracia de Dios en su vida algo emocionante? ¡Lo es para mí! Es conmovedor el solo pensar en el hecho de que Dios, por su propio plan soberano, decidió tener misericordia conmigo.
Él derramó su gracia sobre mí. Él perdonó todos mis pecados. Me dio la presencia interior del Espíritu Santo. Me dio el entendimiento de su Palabra. Me llamó al ministerio espiritual. Todos los días me da abundante comunión con los santos, y me gozo en ser parte de su pueblo redimido. Él me permite ver el mundo como la obra de sus manos. Soy su hijo, y Él me ama de una forma personal.
No hay nada mejor que recibir gracia sobre gracia. Pido a Dios que esa sea la experiencia de usted. Prioridades correctas
Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.
Colosenses 3:2
¿Dónde están sus prioridades? ¿Se está concentrando en las cosas de este mundo o en las cosas espirituales? ¿Si Cristo viniera mañana se estropearían los planes de usted? Lamentablemente, muchos cristianos esperan que Él no se aparezca por algún tiempo.
¡Qué comentario tan triste! Si prefiere estar en la tierra que estar en el glorioso hogar de Cristo en el cielo, entonces usted no ama su venida. Dios se aflige cuando no vivimos esperando su gloriosa presencia y estamos más interesados en las cosas efímeras de este mundo.
¿Dónde está su corazón? Es tiempo de hacer un examen minucioso de sus prioridades. Cuando verdaderamente se está agradecido por la salvación que Dios ha dado, se vive con la esperanza de la plenitud de esa salvación aun por venir. Haga suyo el deseo de Juan: "Sí, ven, Señor Jesús" (Ap. 22:20).
Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.
Juan 1:16
¿Es la experiencia de la gracia de Dios en su vida algo emocionante? ¡Lo es para mí! Es conmovedor el solo pensar en el hecho de que Dios, por su propio plan soberano, decidió tener misericordia conmigo.
Él derramó su gracia sobre mí. Él perdonó todos mis pecados. Me dio la presencia interior del Espíritu Santo. Me dio el entendimiento de su Palabra. Me llamó al ministerio espiritual. Todos los días me da abundante comunión con los santos, y me gozo en ser parte de su pueblo redimido. Él me permite ver el mundo como la obra de sus manos. Soy su hijo, y Él me ama de una forma personal.
No hay nada mejor que recibir gracia sobre gracia. Pido a Dios que esa sea la experiencia de usted. Prioridades correctas
Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.
Colosenses 3:2
¿Dónde están sus prioridades? ¿Se está concentrando en las cosas de este mundo o en las cosas espirituales? ¿Si Cristo viniera mañana se estropearían los planes de usted? Lamentablemente, muchos cristianos esperan que Él no se aparezca por algún tiempo.
¡Qué comentario tan triste! Si prefiere estar en la tierra que estar en el glorioso hogar de Cristo en el cielo, entonces usted no ama su venida. Dios se aflige cuando no vivimos esperando su gloriosa presencia y estamos más interesados en las cosas efímeras de este mundo.
¿Dónde está su corazón? Es tiempo de hacer un examen minucioso de sus prioridades. Cuando verdaderamente se está agradecido por la salvación que Dios ha dado, se vive con la esperanza de la plenitud de esa salvación aun por venir. Haga suyo el deseo de Juan: "Sí, ven, Señor Jesús" (Ap. 22:20).
miércoles, 10 de marzo de 2010
Mateo 21
Mateo 21 -
CAPÍTULO 21
Versículos 1-11. Cristo entra en Jerusalén. 12-17. Echa del templo a los que lo profanaban. 18-22. Maldición de la higuera estéril. 23-27. El sermón de Jesús en el templo 28-32. La parábola de los dos hijos 33-46. La parábola del padre de familia.
Vv. 1-11. Esta venida de Cristo fue descrita por el profeta Zacarías, ix, 9. Cuando Cristo aparezca en su gloria, es en mansedumbre, no en majestad, en misericordia para obrar salvación. Como la mansedumbre y la pobreza externa fueron vistas plenamente en el Rey de Sion, y marcaron su entrada triunfal en Jerusalén, ¡cuán equivocados estaban la codicia, la ambición y la soberbia de la vida en los ciudadanos de Sion! Ellos llevaron el pollino, pero Jesús no lo usó sin el consentimiento del dueño. Los aperos fueron los que había a mano. No debemos pensar que son muy caras las ropas que vestimos para abandonarlas por el servicio de Cristo. Los sumos sacerdotes y los ancianos después se unieron a la multitud que lo trató mal en la cruz; pero ninguno de ellos se unió a la multitud que le rindió honores. Los que toman a Cristo como Rey de ellos deben poner a sus pies todo lo que tienen. Hosanna significa: ¡Salva ahora te rogamos! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Pero de cuán escaso valor es el aplauso de la gente! La multitud inestable se une al clamor del día, sea ¡Hosanna! o ¡crucifícalo! A menudo, las multitudes parecen aprobar el evangelio, pero pocos llegan a ser discípulos coherentes.
Cuando Jesús iba a entrar en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió; quizá algunos fueron movidos por el gozo, los que esperaban el Consuelo de Israel; otros, de los fariseos, fueron movidos por la envidia. Así de variadas son las motivaciones de la mente de los hombres en cuanto a la cercanía del reino de Cristo.
Vv. 12-17.Cristo encontró parte del atrio del templo convertido en mercado de ganado y de cosas que se usaban en los sacrificios, y parcialmente ocupados por los cambistas de dinero. Nuestro Señor los echó del lugar, como había hecho al iniciar su ministerio, Juan ii, 13–17. Sus obras testificaban de Él más que los Hosannas, y las curaciones que hizo en el templo fueron cumplimiento de la promesa de que la gloria de la última casa sería más grande que la gloria de la primera. Si Cristo viniera ahora a muchas partes de su iglesia visible, ¡cuántos males secretos descubriría y limpiaría! ¡Cuántas cosas que se practican a diario bajo el manto de la religión, demostraría Él que son más adecuadas para una cueva de ladrones que para una casa de oración!
Vv. 18-22.La maldición de la higuera estéril representa el estado de los hipócritas en general, y así nos enseña que Cristo busca el poder de la religión en quienes la profesan, y el sabor de ella en quienes dicen tenerla. Sus justas expectativas de los profesos que florecen suelen frustrarse; viene a muchos buscando fruto y encuentra sólo hojas. Una profesión falsa se marchita corrientemente en este mundo, y es el efecto de la maldición dada por Cristo. La higuera que no tenía fruto pronto perdió sus hojas. Esto representa en particular el estado de la nación y pueblo judío. Nuestro Señor Jesús no encontró en ellos nada sino hojas. Después que rechazaron a Cristo, la ceguera y la dureza se acrecentaron en ellos hasta que fueron deshechados, y desarraigados de su lugar y de su nación. El Señor fue justo en eso. Temamos mucho la condenación pronunciada para la higuera estéril.
Vv. 23-27.Como ahora nuestro Señor se manifestó abiertamente como el Mesías, los sumos sacerdotes y los escribas se ofendieron mucho, en especial porque expuso y eliminó los abusos que ellos estimulaban. Nuestro Señor preguntó qué pensaban ellos del ministerio y bautismo de Juan. Muchos se asustan más de la vergüenza que produce la mentira que del pecado, y, por tanto, no tienen escrúpulos para decir lo que saben que es falso, como sus propios pensamientos, afectos e intenciones o sus recuerdos y olvidos. Nuestro Señor rehusó responder su pregunta. Mejor es evitar las disputas innecesarias con los impíos oponentes.
Vv. 28-32. Las parábolas que reprenden, se dirigen claramente a los ofensores y los juzgan por sus propias bocas. La parábola de los dos hijos enviados a trabajar en la viña es para mostrar que los que no sabían que el bautismo de Juan era de Dios, fueron avergonzados por los que lo sabían y lo reconocen. Toda la raza humana es como niños a quienes el Señor ha criado, pero ellos se han rebelado contra Él, sólo que algunos son más convincentes en su desobediencia que otros. A menudo sucede que el rebelde atrevido es llevado al arrepentimiento y llega a ser siervo del Señor, mientras el formalista se endurece en orgullo y enemistad.
Vv. 33-46.Esta parábola expresa claramente el pecado y la ruina de la nación judía; y lo que se dice para acusarles, se dice para advertir a todos los que gozan los privilegios de la iglesia externa. Así como los hombres tratan al pueblo de Dios, tratarían al mismo Cristo si estuviera con ellos. ¡Cómo podemos, si somos fieles a su causa, esperar una recepción favorable de parte de un mundo impío o de los impíos que profesan el cristianismo! Preguntémonos si nosotros que tenemos la viña y todas sus ventajas damos fruto en la temporada debida, como pueblo, familia o individuos. Nuestro Salvador declara, en su pregunta, que el Señor de la viña vendrá, y que cuando venga destruirá a los malos con toda seguridad.
Los sumos sacerdotes y los ancianos eran los constructores y no reconocían su doctrina ni su leyes; lo desecharon como piedra despreciada. Pero el que fue desechado por los judíos, fue abrazado por los gentiles. Cristo sabe quién dará frutos del evangelio en el uso de los medios del evangelio. La incredulidad de los pecadores será su ruina, aunque Dios tienen muchas maneras de refrenar los remanentes de la ira, como los tiene para hacer que eso que quebranta redunde en alabanza suya. Que Cristo llegue a ser más y más precioso para nuestras almas, como firme Fundamento y Piedra angular de su Iglesia. Sigámosle aunque seamos odiados y despreciados por amor a Él.
CAPÍTULO 21
Versículos 1-11. Cristo entra en Jerusalén. 12-17. Echa del templo a los que lo profanaban. 18-22. Maldición de la higuera estéril. 23-27. El sermón de Jesús en el templo 28-32. La parábola de los dos hijos 33-46. La parábola del padre de familia.
Vv. 1-11. Esta venida de Cristo fue descrita por el profeta Zacarías, ix, 9. Cuando Cristo aparezca en su gloria, es en mansedumbre, no en majestad, en misericordia para obrar salvación. Como la mansedumbre y la pobreza externa fueron vistas plenamente en el Rey de Sion, y marcaron su entrada triunfal en Jerusalén, ¡cuán equivocados estaban la codicia, la ambición y la soberbia de la vida en los ciudadanos de Sion! Ellos llevaron el pollino, pero Jesús no lo usó sin el consentimiento del dueño. Los aperos fueron los que había a mano. No debemos pensar que son muy caras las ropas que vestimos para abandonarlas por el servicio de Cristo. Los sumos sacerdotes y los ancianos después se unieron a la multitud que lo trató mal en la cruz; pero ninguno de ellos se unió a la multitud que le rindió honores. Los que toman a Cristo como Rey de ellos deben poner a sus pies todo lo que tienen. Hosanna significa: ¡Salva ahora te rogamos! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Pero de cuán escaso valor es el aplauso de la gente! La multitud inestable se une al clamor del día, sea ¡Hosanna! o ¡crucifícalo! A menudo, las multitudes parecen aprobar el evangelio, pero pocos llegan a ser discípulos coherentes.
Cuando Jesús iba a entrar en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió; quizá algunos fueron movidos por el gozo, los que esperaban el Consuelo de Israel; otros, de los fariseos, fueron movidos por la envidia. Así de variadas son las motivaciones de la mente de los hombres en cuanto a la cercanía del reino de Cristo.
Vv. 12-17.Cristo encontró parte del atrio del templo convertido en mercado de ganado y de cosas que se usaban en los sacrificios, y parcialmente ocupados por los cambistas de dinero. Nuestro Señor los echó del lugar, como había hecho al iniciar su ministerio, Juan ii, 13–17. Sus obras testificaban de Él más que los Hosannas, y las curaciones que hizo en el templo fueron cumplimiento de la promesa de que la gloria de la última casa sería más grande que la gloria de la primera. Si Cristo viniera ahora a muchas partes de su iglesia visible, ¡cuántos males secretos descubriría y limpiaría! ¡Cuántas cosas que se practican a diario bajo el manto de la religión, demostraría Él que son más adecuadas para una cueva de ladrones que para una casa de oración!
Vv. 18-22.La maldición de la higuera estéril representa el estado de los hipócritas en general, y así nos enseña que Cristo busca el poder de la religión en quienes la profesan, y el sabor de ella en quienes dicen tenerla. Sus justas expectativas de los profesos que florecen suelen frustrarse; viene a muchos buscando fruto y encuentra sólo hojas. Una profesión falsa se marchita corrientemente en este mundo, y es el efecto de la maldición dada por Cristo. La higuera que no tenía fruto pronto perdió sus hojas. Esto representa en particular el estado de la nación y pueblo judío. Nuestro Señor Jesús no encontró en ellos nada sino hojas. Después que rechazaron a Cristo, la ceguera y la dureza se acrecentaron en ellos hasta que fueron deshechados, y desarraigados de su lugar y de su nación. El Señor fue justo en eso. Temamos mucho la condenación pronunciada para la higuera estéril.
Vv. 23-27.Como ahora nuestro Señor se manifestó abiertamente como el Mesías, los sumos sacerdotes y los escribas se ofendieron mucho, en especial porque expuso y eliminó los abusos que ellos estimulaban. Nuestro Señor preguntó qué pensaban ellos del ministerio y bautismo de Juan. Muchos se asustan más de la vergüenza que produce la mentira que del pecado, y, por tanto, no tienen escrúpulos para decir lo que saben que es falso, como sus propios pensamientos, afectos e intenciones o sus recuerdos y olvidos. Nuestro Señor rehusó responder su pregunta. Mejor es evitar las disputas innecesarias con los impíos oponentes.
Vv. 28-32. Las parábolas que reprenden, se dirigen claramente a los ofensores y los juzgan por sus propias bocas. La parábola de los dos hijos enviados a trabajar en la viña es para mostrar que los que no sabían que el bautismo de Juan era de Dios, fueron avergonzados por los que lo sabían y lo reconocen. Toda la raza humana es como niños a quienes el Señor ha criado, pero ellos se han rebelado contra Él, sólo que algunos son más convincentes en su desobediencia que otros. A menudo sucede que el rebelde atrevido es llevado al arrepentimiento y llega a ser siervo del Señor, mientras el formalista se endurece en orgullo y enemistad.
Vv. 33-46.Esta parábola expresa claramente el pecado y la ruina de la nación judía; y lo que se dice para acusarles, se dice para advertir a todos los que gozan los privilegios de la iglesia externa. Así como los hombres tratan al pueblo de Dios, tratarían al mismo Cristo si estuviera con ellos. ¡Cómo podemos, si somos fieles a su causa, esperar una recepción favorable de parte de un mundo impío o de los impíos que profesan el cristianismo! Preguntémonos si nosotros que tenemos la viña y todas sus ventajas damos fruto en la temporada debida, como pueblo, familia o individuos. Nuestro Salvador declara, en su pregunta, que el Señor de la viña vendrá, y que cuando venga destruirá a los malos con toda seguridad.
Los sumos sacerdotes y los ancianos eran los constructores y no reconocían su doctrina ni su leyes; lo desecharon como piedra despreciada. Pero el que fue desechado por los judíos, fue abrazado por los gentiles. Cristo sabe quién dará frutos del evangelio en el uso de los medios del evangelio. La incredulidad de los pecadores será su ruina, aunque Dios tienen muchas maneras de refrenar los remanentes de la ira, como los tiene para hacer que eso que quebranta redunde en alabanza suya. Que Cristo llegue a ser más y más precioso para nuestras almas, como firme Fundamento y Piedra angular de su Iglesia. Sigámosle aunque seamos odiados y despreciados por amor a Él.
domingo, 7 de marzo de 2010
Mateo 20
Mateo 20 -
CAPÍTULO 20
Versículos 1-16. La parábola de los trabajadores de la viña. 17-19. Jesús vuelve a anunciar sus sufrimientos. 20-28. La ambición de Santiago y Juan. 29-34. Jesús da la vista a dos ciegos cerca de Jericó.
Vv. 1-16.El objeto directo de esta parábola parece ser demostrar que, aunque los judíos fueron llamados primero a la viña, en el largo plazo el evangelio será predicado a los gentiles que deben ser recibidos con los privilegios y ventajas en igualdad con los judíos. La parábola puede aplicarse también en forma más general y muestra, que: -1. Dios no es deudor de ningún hombre.
2. Muchos que empiezan al final, y prometen poco en la religión, a veces, por la bendición de Dios, llegan a mucho conocimiento, gracia y utilidad.
3. La recompensa será dada a los santos, pero no conforme al tiempo de su conversión. Describe el estado de la iglesia visible y explica la declaración de que los últimos serán los primeros, y los primeros, últimos, en sus diversas referencias.
Mientras no seamos contratados en el servicio de Dios estamos todo el día de ociosos: un estado pecaminoso, aunque para Satanás sea un estado de esclavitud, puede llamarse estado de ociosidad. El mercado es el mundo y de él fuimos llamados por el evangelio. Venid, salid de ese mercado. El trabajo para Dios no admite bagatelas. El hombre puede irse ocioso al infierno, pero quien vaya al cielo debe ser diligente.
El centavo romano era siete centavos, medio penique del dinero inglés, pagaba entonces suficiente para el sostén diario. Esto no prueba que la recompensa de nuestra obediencia a Dios sea de obras o de deuda; cuando hemos hecho todo, somos siervos inútiles; significa que hay una recompensa puesta ante nosotros, pero que nadie, por esta suposición, postergue el arrepentimiento hasta su vejez. Algunos fueron enviados a la viña en la hora undécima, pero nadie los había contratado antes. Los gentiles entraron a la hora undécima; el evangelio no había sido predicado antes a ellos. Quienes han tenido la oferta del evangelio en la hora tercera o sexta, y la han rechazado, no tendrán que decir en la hora undécima, como éstos: Nadie nos contrató.
Por tanto, no para desanimar a nadie sino para despertar a todos, es que se recuerda que ahora es el tiempo aceptable.
Las riquezas de la gracia divina son objetadas en voz alta por los fariseos orgullosos y por los cristianos nominales. Hay en nosotros una gran inclinación a pensar que tenemos demasiado poco, y los demás mucho de las señales del favor de Dios; y que hacemos demasiado y los demás muy poco en la obra de Dios. Pero si Dios da gracia a otros, es bondad para ellos, y no injusticia para nosotros. Las criaturas mundanas carnales están de acuerdo con Dios en cuanto a su riqueza en este mundo, y optan por su porción en esta vida. Los creyentes obedientes están de acuerdo con Dios en cuanto a su riqueza en el otro mundo, y deben recordar que estuvieron de acuerdo. ¿No acordaste tú tomar el cielo como porción tuya, como tu todo, y buscas tu felicidad en la criatura? Dios no castiga más de lo merecido, y premia cada servicio hecho por Él y para Él; por tanto, no hace mal a ninguno al mostrar gracia extraordinaria a otros.
Véase aquí la naturaleza de la envidia. Es una avaricia descontenta por el bien de los demás y que desea su mal. Es un pecado que no tiene placer, provecho ni honor. Dejemos irse todo reclamo orgulloso y procuremos la salvación como dádiva gratuita. No envidiemos ni murmuremos; regocijémonos y alabemos a Dios por su misericordia hacia los demás y con nosotros.
Vv. 17-19.Aquí Cristo es más detallado que antes para predecir sus sufrimientos. Aquí, como antes, agrega la mención de su resurrección y su gloria, a la de su muerte y sus sufrimientos, para dar ánimo a sus discípulos, y consolarlos. Una manera de ver a nuestro Redentor una vez crucificado y ahora glorificado con fe, es buena para humillar la disposición orgullosa que se justifica a sí misma. Cuando consideramos la necesidad de la humillación y sufrimientos del Hijo de Dios, para la salvación de los pecadores perecederos, ciertamente debemos darnos cuenta de la liberalidad y de las riquezas de la gracia divina en nuestra salvación.
Vv. 20-28.Los hijos de Zebedeo usaron mal lo que Cristo decía para consolar a los discípulos. Algunos no pueden tener consuelo; los transforman para un mal propósito. El orgullo es el pecado que más fácilmente nos acosa; es una ambición pecaminosa de superar a los demás en pompa y grandeza. Para abatir la vanidad y la ambición de su pedido, Cristo los guía a pensar en sus sufrimientos. Copa amarga es la que debe beberse; copa de temblor, pero no la copa del impío. No es sino una copa, pero seca y amarga quizá, pero pronto se vacía; es una copa en la mano del Padre, Juan xviii, 11. El bautismo es una ordenanza por la cual somos unidos al Señor en pacto y comunión; y así es el sufrimiento por Cristo, Ezequiel xx, 37; Isaías xlviii, 10. El bautismo es señal externa y visible de una gracia espiritual interior; así es el padecimiento por Cristo, que a nosotros es concedido, Filipenses i, 29. Pero no sabían qué era la copa de Cristo, ni qué era su bautismo. Comúnmente los más confiados son los que están menos familiarizados con la cruz. Nada hace más mal entre los hermanos que el deseo de grandeza. Nunca encontramos disputando a los discípulos de Cristo sin que algo de esto se halle en el fondo de la cuestión. El hombre que con más diligencia labora, y con más paciencia sufre, buscando hacer el bien a sus hermanos, y fomentar la salvación de las almas, más evoca a Cristo, y recibirá más honra de Él para toda la eternidad.
Nuestro Señor habla de su muerte en los términos aplicados a los sacrificios de antaño. Es un sacrificio por los pecados de los hombres, y es aquel sacrificio verdadero y esencial, que los de la ley representaban débil e imperfectamente. Era un rescate de muchos, suficiente para todos, obrando sobre muchos; y, si por muchos, entonces la pobre alma temblorosa puede decir, ¿por qué no por mí?
Vv. 29-34.Bueno es que los sometidos a la misma prueba o enfermedad del cuerpo o de la mente, se unan para orar a Dios por alivio, para que puedan estimularse y exhortarse unos a otros. Hay suficiente misericordia en Cristo para todos los que piden. Ellos oraban con fervor. Clamaban como hombres apremiados. Los deseos fríos mendigan negaciones. Fueron humildes para orar, poniéndose a merced de la misericordia del mediador y refiriéndose alegremente a ella. Muestran fe al orar por el título que dieron a Cristo. Seguro que fue por el Espíritu Santo que trataron de Señor a Jesús. Perseveraron en oración. Cuando iban en busca de la misericordia no había tiempo para la timidez o la vacilación: clamaban con fervor.
Cristo los animó. Nos sensibilizamos rápidamente ante las necesidades y las cargas del cuerpo, y nos podemos relacionar con ellas con prontitud. ¡Oh, que nos quejásemos con tanto sentimiento de nuestras dolencias espirituales, especialmente de nuestra ceguera espiritual! Muchos están espiritualmente ciegos, pero dicen que ven. Jesús curó a estos ciegos y cuando hubieron recibido la vista, lo siguieron. Nadie sigue ciegamente a Cristo. Primero, por gracia Él abre los ojos de los hombres, y así atrae hacia Él sus corazones. Estos milagros son nuestro llamamiento a Jesús; podemos oírlo y hacerlo nuestra oración diaria para crecer en gracia y en el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo.
CAPÍTULO 20
Versículos 1-16. La parábola de los trabajadores de la viña. 17-19. Jesús vuelve a anunciar sus sufrimientos. 20-28. La ambición de Santiago y Juan. 29-34. Jesús da la vista a dos ciegos cerca de Jericó.
Vv. 1-16.El objeto directo de esta parábola parece ser demostrar que, aunque los judíos fueron llamados primero a la viña, en el largo plazo el evangelio será predicado a los gentiles que deben ser recibidos con los privilegios y ventajas en igualdad con los judíos. La parábola puede aplicarse también en forma más general y muestra, que: -1. Dios no es deudor de ningún hombre.
2. Muchos que empiezan al final, y prometen poco en la religión, a veces, por la bendición de Dios, llegan a mucho conocimiento, gracia y utilidad.
3. La recompensa será dada a los santos, pero no conforme al tiempo de su conversión. Describe el estado de la iglesia visible y explica la declaración de que los últimos serán los primeros, y los primeros, últimos, en sus diversas referencias.
Mientras no seamos contratados en el servicio de Dios estamos todo el día de ociosos: un estado pecaminoso, aunque para Satanás sea un estado de esclavitud, puede llamarse estado de ociosidad. El mercado es el mundo y de él fuimos llamados por el evangelio. Venid, salid de ese mercado. El trabajo para Dios no admite bagatelas. El hombre puede irse ocioso al infierno, pero quien vaya al cielo debe ser diligente.
El centavo romano era siete centavos, medio penique del dinero inglés, pagaba entonces suficiente para el sostén diario. Esto no prueba que la recompensa de nuestra obediencia a Dios sea de obras o de deuda; cuando hemos hecho todo, somos siervos inútiles; significa que hay una recompensa puesta ante nosotros, pero que nadie, por esta suposición, postergue el arrepentimiento hasta su vejez. Algunos fueron enviados a la viña en la hora undécima, pero nadie los había contratado antes. Los gentiles entraron a la hora undécima; el evangelio no había sido predicado antes a ellos. Quienes han tenido la oferta del evangelio en la hora tercera o sexta, y la han rechazado, no tendrán que decir en la hora undécima, como éstos: Nadie nos contrató.
Por tanto, no para desanimar a nadie sino para despertar a todos, es que se recuerda que ahora es el tiempo aceptable.
Las riquezas de la gracia divina son objetadas en voz alta por los fariseos orgullosos y por los cristianos nominales. Hay en nosotros una gran inclinación a pensar que tenemos demasiado poco, y los demás mucho de las señales del favor de Dios; y que hacemos demasiado y los demás muy poco en la obra de Dios. Pero si Dios da gracia a otros, es bondad para ellos, y no injusticia para nosotros. Las criaturas mundanas carnales están de acuerdo con Dios en cuanto a su riqueza en este mundo, y optan por su porción en esta vida. Los creyentes obedientes están de acuerdo con Dios en cuanto a su riqueza en el otro mundo, y deben recordar que estuvieron de acuerdo. ¿No acordaste tú tomar el cielo como porción tuya, como tu todo, y buscas tu felicidad en la criatura? Dios no castiga más de lo merecido, y premia cada servicio hecho por Él y para Él; por tanto, no hace mal a ninguno al mostrar gracia extraordinaria a otros.
Véase aquí la naturaleza de la envidia. Es una avaricia descontenta por el bien de los demás y que desea su mal. Es un pecado que no tiene placer, provecho ni honor. Dejemos irse todo reclamo orgulloso y procuremos la salvación como dádiva gratuita. No envidiemos ni murmuremos; regocijémonos y alabemos a Dios por su misericordia hacia los demás y con nosotros.
Vv. 17-19.Aquí Cristo es más detallado que antes para predecir sus sufrimientos. Aquí, como antes, agrega la mención de su resurrección y su gloria, a la de su muerte y sus sufrimientos, para dar ánimo a sus discípulos, y consolarlos. Una manera de ver a nuestro Redentor una vez crucificado y ahora glorificado con fe, es buena para humillar la disposición orgullosa que se justifica a sí misma. Cuando consideramos la necesidad de la humillación y sufrimientos del Hijo de Dios, para la salvación de los pecadores perecederos, ciertamente debemos darnos cuenta de la liberalidad y de las riquezas de la gracia divina en nuestra salvación.
Vv. 20-28.Los hijos de Zebedeo usaron mal lo que Cristo decía para consolar a los discípulos. Algunos no pueden tener consuelo; los transforman para un mal propósito. El orgullo es el pecado que más fácilmente nos acosa; es una ambición pecaminosa de superar a los demás en pompa y grandeza. Para abatir la vanidad y la ambición de su pedido, Cristo los guía a pensar en sus sufrimientos. Copa amarga es la que debe beberse; copa de temblor, pero no la copa del impío. No es sino una copa, pero seca y amarga quizá, pero pronto se vacía; es una copa en la mano del Padre, Juan xviii, 11. El bautismo es una ordenanza por la cual somos unidos al Señor en pacto y comunión; y así es el sufrimiento por Cristo, Ezequiel xx, 37; Isaías xlviii, 10. El bautismo es señal externa y visible de una gracia espiritual interior; así es el padecimiento por Cristo, que a nosotros es concedido, Filipenses i, 29. Pero no sabían qué era la copa de Cristo, ni qué era su bautismo. Comúnmente los más confiados son los que están menos familiarizados con la cruz. Nada hace más mal entre los hermanos que el deseo de grandeza. Nunca encontramos disputando a los discípulos de Cristo sin que algo de esto se halle en el fondo de la cuestión. El hombre que con más diligencia labora, y con más paciencia sufre, buscando hacer el bien a sus hermanos, y fomentar la salvación de las almas, más evoca a Cristo, y recibirá más honra de Él para toda la eternidad.
Nuestro Señor habla de su muerte en los términos aplicados a los sacrificios de antaño. Es un sacrificio por los pecados de los hombres, y es aquel sacrificio verdadero y esencial, que los de la ley representaban débil e imperfectamente. Era un rescate de muchos, suficiente para todos, obrando sobre muchos; y, si por muchos, entonces la pobre alma temblorosa puede decir, ¿por qué no por mí?
Vv. 29-34.Bueno es que los sometidos a la misma prueba o enfermedad del cuerpo o de la mente, se unan para orar a Dios por alivio, para que puedan estimularse y exhortarse unos a otros. Hay suficiente misericordia en Cristo para todos los que piden. Ellos oraban con fervor. Clamaban como hombres apremiados. Los deseos fríos mendigan negaciones. Fueron humildes para orar, poniéndose a merced de la misericordia del mediador y refiriéndose alegremente a ella. Muestran fe al orar por el título que dieron a Cristo. Seguro que fue por el Espíritu Santo que trataron de Señor a Jesús. Perseveraron en oración. Cuando iban en busca de la misericordia no había tiempo para la timidez o la vacilación: clamaban con fervor.
Cristo los animó. Nos sensibilizamos rápidamente ante las necesidades y las cargas del cuerpo, y nos podemos relacionar con ellas con prontitud. ¡Oh, que nos quejásemos con tanto sentimiento de nuestras dolencias espirituales, especialmente de nuestra ceguera espiritual! Muchos están espiritualmente ciegos, pero dicen que ven. Jesús curó a estos ciegos y cuando hubieron recibido la vista, lo siguieron. Nadie sigue ciegamente a Cristo. Primero, por gracia Él abre los ojos de los hombres, y así atrae hacia Él sus corazones. Estos milagros son nuestro llamamiento a Jesús; podemos oírlo y hacerlo nuestra oración diaria para crecer en gracia y en el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo.
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