Oraciones eficaces
Os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios.
Romanos 15:30
Pablo confiaba en que sería librado gracias a las oraciones de los santos, sin que importara cuál prueba estuviera soportando. Creía en la voluntad soberana y en el propósito de Dios, y sabía que Él haría que se cumplieran sus propósitos en concierto con las oraciones de sus hijos. También sabía que "la oración eficaz del justo puede mucho" (Stg. 5:16). Así como el amor y las oraciones de los santos en el primer siglo ayudaron tanto a Pablo, sus oraciones por sus guías espirituales también los ayudarán. Sustento de los justos
No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu.
Zacarías 4:6
La Palabra de Dios, la oración y el Espíritu Santo obran juntos por el bien de los siervos de Dios. La parte especial del Espíritu es dar todo lo necesario para sustentar al justo.
Al Espíritu Santo se le llama "el Espíritu de Cristo" y "el Espíritu de Dios" (Ro. 8:9). Se le puede llamar por cualquier de los dos títulos porque Él está en la Trinidad y procede del Padre en el nombre de Cristo (cp. Jn. 14:26).
El apóstol Pablo conocía al Espíritu Santo como su maestro, intercesor, guía, fuente de poder y proveedor todopoderoso. Eso es el Espíritu para todos los creyentes. La confianza de Pablo en saber que todo obra para bien (Ro. 8:28) se basaba en la provisión del Espíritu, que "nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles" (v. 26).
El saber que el Espíritu provee lo ayudará a afrontar con gran confianza cualquiera cosa que se cruce en su camino.
lunes, 14 de diciembre de 2009
domingo, 13 de diciembre de 2009
Exodus 9
Exodus 9 -
CAPÍTULO 9
Versículos 1-7. Mortandad en el ganado. 8-12. La plaga de forúnculos y úlceras. 13-21. Anuncio de la plaga del granizo. 22-35. La plaga del granizo.
Vv. 1-7.Dios quiere que Israel sea liberado; Faraón se opone, y está en juego de quién es la palabra que prevalecerá. La mano del Señor cae de inmediato sobre el ganado, mucho del cual, algunos de todas las clases, muere por un tipo infeccioso de enfermedad. Esto fue una gran pérdida para sus dueños; ellos habían empobrecido a Israel y, ahora, Dios los empobrecía a ellos. Debe verse la mano de Dios aun en la enfermedad y la muerte del ganado, porque no cae un gorrión a tierra sin la voluntad de nuestro Padre. Nada del ganado de los israelitas moriría; el Señor iba a marcar la diferencia. El ganado murió. Los egipcios adoraban a su ganado. Lo que nosotros idolatramos Dios considera justo quitárnoslo.
Este tirano orgulloso y cruel opresor merecía un trato ejemplar de parte del justo Juez del universo. Nadie que sea castigado conforme a lo que merece, puede quejarse con justicia. La dureza del corazón denota un estado mental en el cual no hacen impresión perdurable las amenazas ni las promesas, los juicios ni las misericordias. La conciencia está endurecida y el corazón lleno de orgullo y presunción, de modo que ellos persisten en la incredulidad y la desobediencia. Este estado mental también se llama el corazón de piedra. Muy diferente es el corazón de carne, el corazón contrito y humillado. Los pecadores no tienen que culpar a nadie, sólo a sí mismos, por el orgullo e impiedad que abusa de la generosidad y la paciencia de Dios. Porque sea como fuere que el Señor endurece los corazones de los hombres, siempre es como un castigo de pecados previos.
Vv. 8-12.Cuando los egipcios no fueron conmovidos por la muerte del ganado, Dios mandó una plaga que los atacó en sus propios cuerpos. Si los juicios menores no hacen la obra, Dios manda uno mayor. A veces, Dios muestra a los hombres su pecado mediante el castigo. Ellos habían oprimido a Israel en los hornos, y ahora las cenizas de los hornos se constituyen en terror para ellos. La plaga misma era muy molesta. Los mismos magos fueron atacados por los forúnculos. El poder de ellos fue refrenado antes; pero ellos siguieron oponiéndose a Moisés y confirmando al Faraón en su incredulidad, hasta que se vieron obligados a ceder. El Faraón insistió en su obstinación. Había endurecido su corazón y, ahora, Dios justamente le dio en conformidad a las lujurias de su corazón, permitiendo que Satanás lo cegara y endureciera. Si los hombres cierran sus ojos a la luz, es justo que Dios les cierre sus ojos. Este es el juicio más doloroso bajo el cual puede estar un hombre fuera del infierno.
Vv. 13-21.Aquí se ordena a Moisés que lleve a Faraón un mensaje espantoso. La Providencia lo ordenó: que Moisés tuviera que vérselas con un hombre de espíritu tan feroz y porfiado como este Faraón; y todo convierte en un señalado ejemplo del poder que Dios tiene para humillar y derrumbar al más orgulloso de sus enemigos. Cuando la justicia de Dios amenaza ruina, al mismo tiempo su misericordia muestra una salida. Dios no solamente hizo distinción entre los egipcios y los israelitas sino entre uno y otro egipcio. Si Faraón no se rendía y así impedía el juicio mismo, quienes habían acatado la advertencia, podían buscar refugio. Algunos creyeron, tuvieron temor y albergaron a sus siervos y ganado en sus casas y esa fue una decisión sabia. Hasta entre los siervos de Faraón hubo algunos que temblaron ante la palabra de Dios, ¿y los hijos de Israel no tendrán temor? Pero otros no creyeron y dejaron el ganado en el campo. La incredulidad obstinada es sorda a las mejores advertencias y a los consejos más sabios, lo que deja que la sangre de los que perecen caiga sobre sus cabezas.
Vv. 22-35.Este granizo hizo una terrible destrucción: mató hombres y ganado; el trigo brotado fue destruido y solamente el que aún no había brotado fue preservado. La tierra de Gosén fue pasada por alto. Dios hace que llueva o granice sobre una ciudad y no en otra, por misericordia o por juicio.
Faraón se humilló a Moisés. Ningún hombre podía haber hablado mejor: él reconoce haber errado; reconoce que Jehová es justo; y Dios debe ser justificado cuando habla, aunque lo haga por medio de truenos y rayos. Pero su corazón seguía endurecido. Moisés ruega a Dios: aunque tiene razón para pensar que Faraón se arrepentirá de haberse arrepentido, y así se lo anuncia, promete ser su amigo. Moisés salió de la ciudad, a pesar del granizo y los rayos que mantuvieron adentro a Faraón y sus sirvientes. La paz con Dios hace a los hombres a prueba de truenos. El Faraón estaba asustado por el tremendo juicio, pero cuando pasó, sus buenas promesas fueron olvidadas. Quienes no mejoran por los juicios y las misericordias, ordinariamente empeoran.
CAPÍTULO 9
Versículos 1-7. Mortandad en el ganado. 8-12. La plaga de forúnculos y úlceras. 13-21. Anuncio de la plaga del granizo. 22-35. La plaga del granizo.
Vv. 1-7.Dios quiere que Israel sea liberado; Faraón se opone, y está en juego de quién es la palabra que prevalecerá. La mano del Señor cae de inmediato sobre el ganado, mucho del cual, algunos de todas las clases, muere por un tipo infeccioso de enfermedad. Esto fue una gran pérdida para sus dueños; ellos habían empobrecido a Israel y, ahora, Dios los empobrecía a ellos. Debe verse la mano de Dios aun en la enfermedad y la muerte del ganado, porque no cae un gorrión a tierra sin la voluntad de nuestro Padre. Nada del ganado de los israelitas moriría; el Señor iba a marcar la diferencia. El ganado murió. Los egipcios adoraban a su ganado. Lo que nosotros idolatramos Dios considera justo quitárnoslo.
Este tirano orgulloso y cruel opresor merecía un trato ejemplar de parte del justo Juez del universo. Nadie que sea castigado conforme a lo que merece, puede quejarse con justicia. La dureza del corazón denota un estado mental en el cual no hacen impresión perdurable las amenazas ni las promesas, los juicios ni las misericordias. La conciencia está endurecida y el corazón lleno de orgullo y presunción, de modo que ellos persisten en la incredulidad y la desobediencia. Este estado mental también se llama el corazón de piedra. Muy diferente es el corazón de carne, el corazón contrito y humillado. Los pecadores no tienen que culpar a nadie, sólo a sí mismos, por el orgullo e impiedad que abusa de la generosidad y la paciencia de Dios. Porque sea como fuere que el Señor endurece los corazones de los hombres, siempre es como un castigo de pecados previos.
Vv. 8-12.Cuando los egipcios no fueron conmovidos por la muerte del ganado, Dios mandó una plaga que los atacó en sus propios cuerpos. Si los juicios menores no hacen la obra, Dios manda uno mayor. A veces, Dios muestra a los hombres su pecado mediante el castigo. Ellos habían oprimido a Israel en los hornos, y ahora las cenizas de los hornos se constituyen en terror para ellos. La plaga misma era muy molesta. Los mismos magos fueron atacados por los forúnculos. El poder de ellos fue refrenado antes; pero ellos siguieron oponiéndose a Moisés y confirmando al Faraón en su incredulidad, hasta que se vieron obligados a ceder. El Faraón insistió en su obstinación. Había endurecido su corazón y, ahora, Dios justamente le dio en conformidad a las lujurias de su corazón, permitiendo que Satanás lo cegara y endureciera. Si los hombres cierran sus ojos a la luz, es justo que Dios les cierre sus ojos. Este es el juicio más doloroso bajo el cual puede estar un hombre fuera del infierno.
Vv. 13-21.Aquí se ordena a Moisés que lleve a Faraón un mensaje espantoso. La Providencia lo ordenó: que Moisés tuviera que vérselas con un hombre de espíritu tan feroz y porfiado como este Faraón; y todo convierte en un señalado ejemplo del poder que Dios tiene para humillar y derrumbar al más orgulloso de sus enemigos. Cuando la justicia de Dios amenaza ruina, al mismo tiempo su misericordia muestra una salida. Dios no solamente hizo distinción entre los egipcios y los israelitas sino entre uno y otro egipcio. Si Faraón no se rendía y así impedía el juicio mismo, quienes habían acatado la advertencia, podían buscar refugio. Algunos creyeron, tuvieron temor y albergaron a sus siervos y ganado en sus casas y esa fue una decisión sabia. Hasta entre los siervos de Faraón hubo algunos que temblaron ante la palabra de Dios, ¿y los hijos de Israel no tendrán temor? Pero otros no creyeron y dejaron el ganado en el campo. La incredulidad obstinada es sorda a las mejores advertencias y a los consejos más sabios, lo que deja que la sangre de los que perecen caiga sobre sus cabezas.
Vv. 22-35.Este granizo hizo una terrible destrucción: mató hombres y ganado; el trigo brotado fue destruido y solamente el que aún no había brotado fue preservado. La tierra de Gosén fue pasada por alto. Dios hace que llueva o granice sobre una ciudad y no en otra, por misericordia o por juicio.
Faraón se humilló a Moisés. Ningún hombre podía haber hablado mejor: él reconoce haber errado; reconoce que Jehová es justo; y Dios debe ser justificado cuando habla, aunque lo haga por medio de truenos y rayos. Pero su corazón seguía endurecido. Moisés ruega a Dios: aunque tiene razón para pensar que Faraón se arrepentirá de haberse arrepentido, y así se lo anuncia, promete ser su amigo. Moisés salió de la ciudad, a pesar del granizo y los rayos que mantuvieron adentro a Faraón y sus sirvientes. La paz con Dios hace a los hombres a prueba de truenos. El Faraón estaba asustado por el tremendo juicio, pero cuando pasó, sus buenas promesas fueron olvidadas. Quienes no mejoran por los juicios y las misericordias, ordinariamente empeoran.
sábado, 12 de diciembre de 2009
La actitud de un siervo
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La actitud de un siervo
Cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.
Lucas 14:33
Pocos en la iglesia actual están consagrados a Jesucristo como lo estuvo el apóstol Pablo. Pablo ejemplifica de lo que hablaba Cristo cuando dij "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame" (Lc. 9:23). Pablo vivía tan entregado a nuestro Señor que no le importaba si vivía o moría. Esa es una actitud de la que prácticamente no se oye en nuestra época materialista y ególatra. La mayoría de las personas hoy viven para todo menos para lo que Pablo vivía.
Pablo seguía sintiendo gozo siempre que su Señor fuera glorificado, aun cuando fuera él mismo amenazado de muerte. Lo único que le importaba era que se siguiera difundiendo el evangelio, que se predicara a Cristo y que se exaltara al Señor. La fuente de su gozo estaba totalmente relacionada con el reino de Dios. Liberación de aflicciones temporales
Sé que por vuestra oración y la suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación.
Filipenses 1:19
El versículo de hoy muestra el valor de la plena confianza en Dios. Pablo sabía que su aflicción presente era temporal y que sería librado de ella.
¿Por qué estaba Pablo convencido de su liberación? Su declaración: "Sé que... esto resultará en mi liberación" es una cita de la versión griega de Job 13:16. Job era un hombre justo que sufrió mucho, pero fue librado porque Dios siempre libra a los justos. Job dij "Y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios" (Job 19:26). Él sabía que temporal o eternamente Dios lo libraría.
Pablo sabía que podía confiar en que Dios lo librara tal como Dios había librado a Job. Confiaba en que sus circunstancias resultarían en bien, ya fuera librado de la cárcel, justificado en su juicio y librado de la ejecución, o yendo a la gloria como un mártir. Tal vez usted no sufra las mismas pruebas que Pablo, pero cualesquiera que sean sus circunstancias la misma segura confianza está a su alcance.
viernes, 11 de diciembre de 2009
Exodos 8
Exodos 8 -
CAPÍTULO 8
Versículos 1-15. La plaga de ranas. 16-19. La plaga de piojos. 20-32. La plaga de moscas.
Vv. 1-15.Faraón está plagado con ranas; la enorme cantidad de ellas las hizo plagas irritante para los egipcios. Dios podría haber infestado Egipto con leones, osos, lobos, o aves rapaces, pero Él eligió estas criaturas despreciables. Cuando le place, Dios puede atacarnos con las partes más pequeñas de su creación. De esta manera humilló a Faraón. No podían comer, beber ni dormir tranquilos; donde estuvieran, eran molestados por las ranas. La maldición de Dios sobre un hombre lo perseguirá donde quiera que vaya, y le pesará en todo lo que haga.
Faraón cedió bajo esta plaga. Él promete que dejará ir al pueblo. Quienes desafían a Dios y la oración, temprano o tarde, tendrán que entender que los necesitan. Pero cuando Faraón vio que había alivio, endureció su corazón. Mientras el corazón no sea renovado por la gracia de Dios, no durarán los pensamientos provocados por la aflicción; las convicciones se desgastan y se olvidan las promesas formuladas. Mientras el estado del aire no cambie, lo que se deshiela al sol volverá a congelarse en la sombra.
Vv. 16-19.Los piojos fueron hechos del polvo de la tierra; de cualquier parte de la creación, Dios puede sacar un azote para corregir a los que se rebelan en su contra. Hasta el polvo de la tierra le obedece. Los piojos fueron muy molestos e ignominiosos para los egipcios, cuyos sacerdotes se vieron obligados a trabajar mucho para que ninguno fuera jamás hallado en ellos. Todas las plagas infligidas a los egipcios se referían a sus crímenes nacionales o fueron agravadas particularmente por sus costumbres. Los magos trataron de imitarlas pero no pudieron. Los forzó a confesar: ¡Este es el dedo de Dios! Los controles y las restricciones que se nos imponen deben venir necesariamente de un poder divino. Tarde o temprano, Dios forzará aun a los enemigos a reconocer su poder. A pesar de esto, Faraón se ponía más obstinado.
Vv. 20-32.Faraón iba temprano a sus falsas devociones al río; y ¿nosotros dormiremos más y seguiremos adormecidos cuando debe hacerse un servicio al Señor? -Los egipcios y los hebreos iban a ser distinguidos en la plaga de las moscas. El Señor conoce a los que son suyos y, quizás en este mundo, pero seguro en el otro, hará evidente que los ha apartado para sí.
Faraón, sin quererlo, hizo un tratado con Moisés y Aarón. Se contenta con que ellos hagan sacrificios a su Dios, siempre que lo hagan en la tierra de Egipto. Pero sería una abominación ante Dios que ofrecieran sacrificios egipcios; y sería una abominación para los egipcios si ellos ofrecieran a Dios objetos de adoración de los egipcios, a saber, sus becerros o bueyes. Los que ofrecen un sacrificio aceptable a Dios, deben apartarse de los impíos y profanos. También deben apartarse del mundo. Israel no podía clebrar una fiesta de Jehová entre los hornos para cocer ladrillos o entre las ollas de carne de Egipto. Debían hacer los sacrificios como Dios manda, no de otro modo. Aunque eran esclavos de Faraón, no obstante, tenían que obedecer los mandamientos de Dios. Faraón consiente que vayan al desierto, con tal que no vayan muy lejos, para poder traerlos de vuelta. Así, pues, algunos pecadores, en un ataque de convicción, se apartan de sus pecados, aunque no se alejan mucho, para que cuando pase el miedo, poder volver nuevamente a ellos.
Moisés prometió eliminar la plaga. Pero que Faraón no vuelva a hacer tratos engañosos. No os engañéis, Dios no puede ser burlado: si pensamos engañar a Dios con un arrepentimiento fingido y una falsa rendición a Él, ponemos un engaño fatal sobre nuestra alma.
Faraón volvió a endurecerse. Las lujurias que gobiernan al hombre rompen los lazos más firmes y hacen que los hombres sean presumidos y no cumplan su palabra. Muchos parecen sinceros, pero hay una reserva, algún pecado secreto muy amado. No tienen la voluntad de considerarse como que corren el riesgo de la miseria eterna. Se refrenarán de otros pecados; hacen mucho, dan mucho y hasta se castigan mucho. Dejarán el pecado a veces y, es como si dejaran que su pecado se vaya un poco de tiempo, pero no se deciden a terminar del todo para seguir a Cristo llevando la cruz. En vez de eso, lo arriesgan todo. Sienten pesar, pero se alejan de Cristo decididos a conservar el mundo presente, y esperan, un futuro, cuando puedan obtener la salvación sin sacrificios tan costosos; pero, finalmente, el pobre pecador es arrastrado por su impiedad y se queda sin esperanzas, para lamentar su necedad.
CAPÍTULO 8
Versículos 1-15. La plaga de ranas. 16-19. La plaga de piojos. 20-32. La plaga de moscas.
Vv. 1-15.Faraón está plagado con ranas; la enorme cantidad de ellas las hizo plagas irritante para los egipcios. Dios podría haber infestado Egipto con leones, osos, lobos, o aves rapaces, pero Él eligió estas criaturas despreciables. Cuando le place, Dios puede atacarnos con las partes más pequeñas de su creación. De esta manera humilló a Faraón. No podían comer, beber ni dormir tranquilos; donde estuvieran, eran molestados por las ranas. La maldición de Dios sobre un hombre lo perseguirá donde quiera que vaya, y le pesará en todo lo que haga.
Faraón cedió bajo esta plaga. Él promete que dejará ir al pueblo. Quienes desafían a Dios y la oración, temprano o tarde, tendrán que entender que los necesitan. Pero cuando Faraón vio que había alivio, endureció su corazón. Mientras el corazón no sea renovado por la gracia de Dios, no durarán los pensamientos provocados por la aflicción; las convicciones se desgastan y se olvidan las promesas formuladas. Mientras el estado del aire no cambie, lo que se deshiela al sol volverá a congelarse en la sombra.
Vv. 16-19.Los piojos fueron hechos del polvo de la tierra; de cualquier parte de la creación, Dios puede sacar un azote para corregir a los que se rebelan en su contra. Hasta el polvo de la tierra le obedece. Los piojos fueron muy molestos e ignominiosos para los egipcios, cuyos sacerdotes se vieron obligados a trabajar mucho para que ninguno fuera jamás hallado en ellos. Todas las plagas infligidas a los egipcios se referían a sus crímenes nacionales o fueron agravadas particularmente por sus costumbres. Los magos trataron de imitarlas pero no pudieron. Los forzó a confesar: ¡Este es el dedo de Dios! Los controles y las restricciones que se nos imponen deben venir necesariamente de un poder divino. Tarde o temprano, Dios forzará aun a los enemigos a reconocer su poder. A pesar de esto, Faraón se ponía más obstinado.
Vv. 20-32.Faraón iba temprano a sus falsas devociones al río; y ¿nosotros dormiremos más y seguiremos adormecidos cuando debe hacerse un servicio al Señor? -Los egipcios y los hebreos iban a ser distinguidos en la plaga de las moscas. El Señor conoce a los que son suyos y, quizás en este mundo, pero seguro en el otro, hará evidente que los ha apartado para sí.
Faraón, sin quererlo, hizo un tratado con Moisés y Aarón. Se contenta con que ellos hagan sacrificios a su Dios, siempre que lo hagan en la tierra de Egipto. Pero sería una abominación ante Dios que ofrecieran sacrificios egipcios; y sería una abominación para los egipcios si ellos ofrecieran a Dios objetos de adoración de los egipcios, a saber, sus becerros o bueyes. Los que ofrecen un sacrificio aceptable a Dios, deben apartarse de los impíos y profanos. También deben apartarse del mundo. Israel no podía clebrar una fiesta de Jehová entre los hornos para cocer ladrillos o entre las ollas de carne de Egipto. Debían hacer los sacrificios como Dios manda, no de otro modo. Aunque eran esclavos de Faraón, no obstante, tenían que obedecer los mandamientos de Dios. Faraón consiente que vayan al desierto, con tal que no vayan muy lejos, para poder traerlos de vuelta. Así, pues, algunos pecadores, en un ataque de convicción, se apartan de sus pecados, aunque no se alejan mucho, para que cuando pase el miedo, poder volver nuevamente a ellos.
Moisés prometió eliminar la plaga. Pero que Faraón no vuelva a hacer tratos engañosos. No os engañéis, Dios no puede ser burlado: si pensamos engañar a Dios con un arrepentimiento fingido y una falsa rendición a Él, ponemos un engaño fatal sobre nuestra alma.
Faraón volvió a endurecerse. Las lujurias que gobiernan al hombre rompen los lazos más firmes y hacen que los hombres sean presumidos y no cumplan su palabra. Muchos parecen sinceros, pero hay una reserva, algún pecado secreto muy amado. No tienen la voluntad de considerarse como que corren el riesgo de la miseria eterna. Se refrenarán de otros pecados; hacen mucho, dan mucho y hasta se castigan mucho. Dejarán el pecado a veces y, es como si dejaran que su pecado se vaya un poco de tiempo, pero no se deciden a terminar del todo para seguir a Cristo llevando la cruz. En vez de eso, lo arriesgan todo. Sienten pesar, pero se alejan de Cristo decididos a conservar el mundo presente, y esperan, un futuro, cuando puedan obtener la salvación sin sacrificios tan costosos; pero, finalmente, el pobre pecador es arrastrado por su impiedad y se queda sin esperanzas, para lamentar su necedad.
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